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Sin lugar a dudas, la mejor muestra pictórica del gótico que se conserva en La
Rioja son dos puertas de retablo pintadas, procedentes de San Millán
de la Cogolla, hoy en el Museo Provincial. Se trata de dos puertas
gemelas que debieron servir para cerrar algún retablo, y aparecen
pintadas por sus dos caras. La técnica empleada es el temple sobre
tabla, preparada previamente con una fina capa de estuco y una
pequeña trama de tela.
Comenzaremos el análisis de estas tablas por los
frentes exteriores. Estos frentes acusan la moldura del marco de la
puerta, que la divide en dos mitades: la superior, con una gran
escena, y la inferior, cuartelada. La escena superior es la
Epifanía, y así, de izquierda a derecha, podemos observar a los tres
Magos en una tabla, y a la Virgen con el Niño y un grupo de ángeles
músicos en la otra. Juntando los cuarteles inferiores de ambas
tablas y comenzando por el registro superior y de izquierda a
derecha, pueden verse las siguientes escenas: San Millán con una
cítara pastoreando, un ángel se aparece a San Millán.; el santo
orando en el campo; San Millán visitando a San Felices; San Millán
llegando a Suso y haciendo que unas serpientes salgan de sus cuevas;
el santo siendo visitado por un grupo de personas; San Millán
construyendo el monasterio, y al santo ante el obispo de Tarazona,
Didimo, quien le aconseja que se ordene preste. Las cuatro escenas
inferiores llevan una inscripción alusiva que dicen lo siguiente:
1.Aquí viene San Millán a Suso. 2.Aquí vienen las gentes a buscarle,
3.-Aquí face la iglesia en la Cogolla. 4.-Aquí va ante el obispo e
recibe las órdenes. La representación de estas escenas aparece con
el mismo orden y descripción que sobre ellas hizo Gonzalo de Berceo,
en su obra acerca de la vida de San Millán.
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La técnica pictórica utilizada es la siguiente: todas las escenas
aparecen representadas bajo arquillos góticos lobulados que apean en
finas columnillas corintias, haciendo una especie de pórtico que se
extiende detrás de las figuras. Por encima de las arquerías se
simula muro, utilizando el convencionalismo de alternar paños de
sillares de color rojo y verde. Los fondos son neutros.
En toda la obra se utilizó el recurso de esbozar las
figuras antes de ser pintadas, con una incisión a punzón,
coloreándose luego las siluetas. Para dar sensación de volumetría,
rugosidad de paños, gesticulación, etc., intervienen los toques de
línea de dibujo en blanco, marrón o negro. En el tratamiento de la
escena principal, la Epifanía, destaca la dignidad, gracia y nobleza
de los personajes, a la vez que una búsqueda de gesticulación
expresiva, a través del tratamiento de los rostros o la movilidad de
los dedos. Sin embargo, en las pinturas de la vida de San Millán la
pintura es más rápida, pueril y anecdótica, sin duda por la
participación de un pintor subordinado al primer maestro, el cual
dio también, en ocasiones, sus personales toques de dibujo
expresivo. Destacan algunos toques de anecdotismo costumbrista, como
el vivo genio del perro, el pellejo colgado del árbol o el mismo
detallismo de la cítara.
Los frentes principales que permanecerían ocultos hacia
el interior al cerrarse el retablo aparecen divididos
horizontalmente en cuatro registros historiados sobre fondos
dorados. Cada registro presenta dos escenas. Las dos superiores de
cada tabla aluden a la vida la Virgen y los dos inferiores a la de
San Millán. Las escenas alusivas a la Virgen son las siguientes: en
el primer registro, la matanza de los inocentes ante Herodes y un
ángel avisando a San José esta matanza; en el segundo, un ángel
entregando a María la palma de la Asunción, muerte de la Virgen y
ascensión de su alma al seno de Dios. En la otra tabla se
representan: en el primer registro, Jesús ante los doctores y Jesús
en sus juegos infantiles; en el segundo, Asunción de la Virgen y
entrega del cíngulo a Santo Tomás, y la Coronación de la Virgen por
Dios Padre.
Los dos registros inferiores de cada tabla van
referidos a la vida y milagros de San Millán, según los narra
Gonzalo de Berceo. Las escenas representadas son las siguientes: San
Millán predicando al pueblo de Berceo, repartiendo limosna, sanando
a unos tullidos, echando al diablo del palacio del senador Honorio,
luchando con el diablo, sanando a los enfermos, los diablos
quemándole la cama y muerte de San Millán con la ascensión de su
alma al cielo.
La pintura de estos frentes fue realizada con el mismo
sistema y técnica que los anteriores, si bien la incisión del punzón
es más profunda y genérica, realizada en gran medida para delimitar
el pan de oro aplicado a los fondos. Las figuras también se pintaron
al temple, si bien aquí hay un tratamiento más minucioso y
miniaturesco en los rostros. Las pocas arquitecturas que aparecen
recuerdan los doseles y la arquitectura en madera de la época;
algunas, a modo de ermitas o torres-fortaleza, son similares a las
de la miniatura de la época.
Algunos autores, como Camón Aznar, ya hicieron notar el
influjo de la corriente franco-gótica en estas tablas, que,
efectivamente, podemos constatar a través de la peculiar utilización
del dibujo que nos presentan. Pero, además del dibujo, tanto la
concepción espacial como el ademán y gesticulación de manos de
ciertos personajes hacen que estas tablas puedan ser puestas en
relación con otra de las grandes obras maestras de la pintura gótica
castellana del siglo XIII, en la que también ha sido visto cierto
influjo francés; nos referimos a la pintura mural de la cabecera de
la capilla de San Martín de la catedral vieja de Salamanca. Esta
pintura aparece fechada en 1262. Estas semejanzas observadas nos
hacen pensar que las tablas de San Millán fueron realizadas en el
último tercio del siglo XIII y no en el siglo XIV, como
tradicionalmente vienen siendo datadas. (Texto extraído de HISTORIA
DE LA RIOJA, Edad Media,1983, El arte gótico en La Rioja
de Adita Allo Manero).
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