La doble tarea de la imaginación.

Lo bueno y lo malo del cuento.

“El cuento de héroe”.

Un cuento de mi infancia.

EL PRINCIPE AMED Y EL HADA

Un cuento de mi vida adulta.

DAYOUB, EL CRIADO DEL RICO MERCADER.

 

 

La doble tarea de la imaginación.

 

La fantasía, la imaginación, es una facultad humana que trabaja en dos planos muy distintos:

1.   Sirve para  penetrar en el fondo de una realidad y mostrarnos cómo es su estructura interna o cuál es su comportamiento real o qué conexiones tiene con otras realidades que  aparentemente no tienen nada que ver con ella. Eso son las hipótesis. Copérnico supuso que  los planetas, girando alrededor del sol, formaban el sistema solar. La hipótesis de Copérnico se confirmó y hoy es una verdad que nadie niega. Pasteur nos acostumbró a relacionar suciedad con peligro de infección. Hoy la necesidad de una correcta higiene nadie la discute.

2.   Sirve para crear una realidad alternativa donde podamos descansar sana o morbosamente del esfuerzo exigido por la vida real. Un sano erotismo oxigena una sexualidad bien vivida. La pornografía es el enfermizo refugio de una sexualidad impotente, enferma.

 

Lo bueno y lo malo del cuento.

 

En el cuento, en el relato corto, en la novela…, en una palabra, en el arte, en cualquiera de sus formas,  la fantasía del creador crea una realidad imaginaria  para ofrecer  una alternativa a la realidad objetiva.

 Todo va bien si esa realidad fantástica creada sirve como descanso placentero en la pelea por sobrevivir. Todo va mal si, como ocurre en la locura, esa realidad fantástica  se convierte en el falso refugio donde se esconden los que no se atreven a dar la talla en la necesaria pelea con el mundo de lo real que es la vida y el dolor de vivir.  “Los libros de caballerías” fueron un excelente pasatiempo del agrado de mucha gente. Pero don Quijote, en cambio,  creyó que  aquellas desbocadas fantasías eran  el verdadero mundo real e hizo el mayor de los ridículos en su intento de vivir según esa creencia.

 

“El cuento de héroe”.

“El cuento de héroe” es un género literario, un tipo de narración fantástica, que ha producido muy abundantes obras maestras de un éxito pleno en todos los tiempos. Su estructura es muy sencilla. La describió Vladimir Propp, un formalista ruso, autor de Morfología del cuento, (1928):
 

1.     En un preciso momento, una  desgracia hace ponerse en crisis una determinada realidad.

2.     Aparece el héroe que quiere solucionar esa crisis.

3.     El héroe tiene grandes dificultades para hacerlo.

4.     A pesar de todo, lo logra,

5.     La crisis queda resuelta, la realidad mejorada y el héroe es recompensado. Es el “happy ending”. El final feliz.

 

Ese es el esquema de los “relatos” más universales e intemporales, de los “mitos” mas inolvidables, de la “épica” más celebrada, de las “vidas de santos” de más éxito, de los “milagros” más celebrados. Es el relato de “el chico bueno”, “el primo-zumosol”, “la oportuna llegada del 7º de Caballería”, “el Superman”, el mesías, el salvador, el hombre providencial, el líder carismático…

Lo malo del “cuento de héroe” es que nos lo creamos y suspiremos por tener, de verdad, alguien  así, divino o humano, que nos saque las castañas del fuego sin que nosotros tengamos algo más que hacer que suplicar.

Yo creo que el catolicismo ha abusado y mucho  del uso del “cuento del héroe”. El “dios-métome-en-todo”, y “tapa-agujeros” (Dietrich Bonhoeffer) la virgen-soluciona-problemas-y templa-gaitas”,  los santos “milagreros”, los ritos, talismanes y objetos mágicos… han contribuido a crear sociedades de “eternos-menores- de- edad”.

La idea de un líder carismático, de  un hombre providencial, como el ideal del gobernante… no favorece precisamente el desarrollo de una sociedad liberal, de ciudadanos adultos, libres y responsables, y por ello, democrática.

Sin embargo, la propaganda usa, con creciente éxito, el estereotipo del “héroe salvador”, del “objeto con poderes mágicos”, en una sociedad donde la “masa” cada vez  es más poderosa. “Hombre-Masa” y “Superman” se necesitan y se buscan angustiosamente.

Pero el verdadero motor de la Historia, la burguesía europea, lleva, desde su nacimiento en el fecundo siglo XI, esforzándose en  dar a luz un “hombre nuevo” capaz de solucionar sus problemas individual y colectivamente,  a base de pensar y de esforzarse en un ambiente de sana convivencia en responsable libertad. Sin dioses, sin magos y sin amos.

Primero fue la creación de la Ciudad, luego vino la Universidad, el fortalecimiento de la Monarquía y del Derecho Civil; después el Humanismo y el Renacimiento; luego La Reforma y la Gloriosa Revolución Inglesa (Bill of Rights (Declaración de Derechos). 13 de febrero de 1689); después La Ilustración,  la Declaración de Independencia y la Constitución de USA, la Democracia Liberal y su hermana siamesa La Revolución Industrial; más tarde la lucha a muerte contra los totalitarismos fascista, nazionalsocialista y comunista del s. XX, hasta finalizar en la Declaración Universal  de Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948.

En ese ambiente de sociedad liberal, adulta, de individuos- ciudadanos libres y responsables, “el primo-zumosol” y “la varita mágica”  más parecen una regresión a la más remota época infantil que otra cosa. “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba (juzgaba) como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño. ...” 1Co 13,11.

 

 

Un cuento de mi infancia.

 

Recientemente en Internet me encontré con una variante del cuento fantástico que me viene a la memoria como un apremiante  “desiderátum”, como un preciado objeto de deseo, cada vez que tengo problemas serios en la vida. Es mi tentación de recurrir a “el primo-zumosol” y a “la varita mágica”:

 

 

  EL PRINCIPE AMED Y EL HADA

 

“La princesa Fazilé quedó huérfana de muy joven, de manera que su tío, el sultán de Agadir, la llevó a su palacio y la cuidó como una hija más, pues él tenía tres varones. Cuando Fazilé cumplió los dieciséis años, era una joven dotada de una belleza excepcional, y sus tres primos, Saud, Faisal y Ahmed, se disputaban su amor.

Después de profundas reflexiones, el sultán llamó, cierto día, a sus tres hijos, y Fazilé se hallaba presente en la entrevista.

El sultán empezó así:

-Fazilé, hija mía, mis hijos se disputan tu amor, y creo conveniente que te decidas por uno de los tres.

El hermoso rostro de la joven se entristeció, pues aún no sabía por cuál decidirse.

Al cabo de un rato, dijo: -Tío mío, los tres son buenos y arrogantes, no sé a cuál de ellos escoger...; no obstante, propongo un viaje, y aquel que me traiga el regalo más valioso, será el elegido de mi corazón.

Los príncipes se inclinaron ceremoniosamente, y a caballo se dirigieron al País de la Magia, donde existían objetos de propiedades maravillosas. Los mercaderes hacían alabanzas de sus misteriosas mercancías:

-¡Alfombra mágica viajeraaaaaaa...!

-¡Catalejo misterioso que todo lo veeeeeee....!

-¡Manzana maravillosa que cura todas las enfermedades...!

Saud compró la alfombra; Faisal el catalejo, y Amed la manzana. Algún tiempo después, ya de camino hacia Agadir, Faisal confesó a sus hermanos:

-Siento curiosidad por ver qué hace, en estos momentos, nuestra preciosa prima.

Los otros aprobaron la idea, y aguardaron intrigados a que Faisal les comunicara lo que veía a través del catalejo. Observaron que palidecía, y luego aclaraba: -¡Nuestra prima está gravemente enferma y necesita de un remedio; si no, pronto morirá!

Amed dijo emocionado: -¡Mi manzana la curará!

Entonces subieron los tres hermanos a la alfombra mágica y, en un instante, se presentaron en el palacio real de Agadir. La princesa comió la manzana y sanó, y entonces dijo Amed a su padre:

-Mi regalo ha sido el más valioso y se casará conmigo Fazilé.

Pero el sultán era justo y respondió: -Sin el catalejo no habríais visto a vuestra prima enferma; sin la alfombra de nada hubiera servido el remedio..., de modo que los tres regalos son igualmente maravillosos.

Los tres hermanos comprendieron que tenía razón, y Fazilé, con los ojos húmedos de lágrimas, confesó:

-Dejadme pensar unos días; tal vez encuentre una solución para tan delicado problema.

Aquella noche, Fazilé lloraba amargamente en su habitación; de pronto se le apareció, radiante de belleza, el Hada Raisa.

-Fazilé, tu llanto me conmueve y voy a revelarte un secreto que quizá contribuya, en parte, a facilitarte tu difícil elección. Estoy enamorada del príncipe Amed, y trataré de conquistar su amor.

La princesa se enjugó el llanto y sonrió:

-Gracias...., pero aún quedan Faisal y Saud... ¿Qué debo hacer?

-Te aconsejo que elijas a Saud, el mayor de los tres; heredarás el trono y tú serás una excelente reina...En cuanto a Faisal, he adivinado que, en su mente, se entremezclan confusos tu imagen y los bergantines de la flota del rey; creo que sería un magnífico capitán.

Fazilé saltó del lecho y abrazó al Hada; esta la apartó con suavidad, y luego dijo a la princesa:

-Propondrás a los príncipes un lanzamiento de flechas, cuyo blanco será el corazón de una orquídea.

Al día siguiente, Fazilé propuso cuanto el Hada le había aconsejado y, ante una gran muchedumbre, se celebró la competición.

Saud clavó la flecha en el corazón de la flor, que misteriosamente no se marchitó. La flecha de Faisal fue hallada, inexplicablemente, junto al catalejo que trajera del País de la Magia, y Amed se internó en el bosque, en busca de la suya, que se extravió.

Junto a un árbol le aguardaba el Hada; al verla, quedó prendado de su hermosura. Ella le dijo:

-A mis pies está la flecha que te ha guiado hasta mí...

Emocionado, Amed añadió:

-Escrito estaba que mi corazón hallaría la paz y el verdadero amor.

Fazilé se casó con Saud, y el Hada con Amed. Faisal fue capitán de los bergantines del sultán, y reinó la felicidad”[1].

¿Qué más se puede desear que una alfombra mágica, un catalejo mágico y una manzana mágica, sumado todo ello a la protección de una previsora hada madrina?

Pero en la vida no hay lámparas mágicas, ni trajes que te hagan invisible, ni espadas invencibles, ni madres protectoras omnipotentes que nos protejan de por vida… Lo que hay es inteligencia, previsión, organización, disciplina, esfuerzo y riesgo que se debe asumir de forma individual y personal. Si alguien quiere peces…ya sabe lo que tiene que hacer….

 

Un cuento de mi vida adulta.

 

Puesto a escoger “cuentos de héroe”, prefiero esta maravilla de Bernardo Atxaga[2] que he descubierto ya sesentón:

 

DAYOUB, EL CRIADO DEL RICO MERCADER.

 

  “Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra.

     Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto.
    Aterrado, el criado volvió a la casa del mercader.

    —Amo —le dijo—, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.


    —Pero ¿por qué quieres huir?


    —Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.


    El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.

    El caballo era fuerte y rápido, y, como esperaba, el criado llegó a Ispahán con las primeras estrellas. Comenzó a llamar de casa en casa, pidiendo amparo.


    —Estoy escapando de la Muerte y os pido asilo —decía a los que le escuchaban.


    Pero aquella gente se atemorizaba al oír mencionar a la Muerte y le cerraban las puertas.

    El criado recorrió durante tres, cuatro, cinco horas las calles de Ispahán, llamando a las puertas y fatigándose en vano. Poco antes del amanecer llegó a la casa de un hombre que se llamaba Kalbum Dahabin.


    —La Muerte me ha hecho un gesto de amenaza esta mañana en el mercado de Bagdad, y vengo huyendo de allí. Te lo ruego, dame refugio.


    —Si la Muerte te ha amenazado en Bagdad —le dijo Kalbum Dahabin—, no se habrá quedado allí. Te ha seguido a Ispahán, tenlo por seguro. Estará ya dentro de nuestras murallas, porque la noche toca a su fin.


    —Entonces, ¡estoy perdido! —exclamó el criado.


    —No desesperes todavía —contestó Kalbum—. Si puedes seguir vivo hasta que salga el sol, te habrás salvado. Si la Muerte ha decidido llevarte esta noche y no consigue su propósito, nunca más podrá arrebatarte. Ésa es la ley.


    —Pero ¿qué debo hacer? —preguntó el criado.


    —Vamos cuanto antes a la tienda que tengo en la plaza —le ordenó Kalbum cerrando tras de sí la puerta de la casa.


     Mientras tanto, la Muerte se acercaba a las puertas de la muralla de Ispahán. El cielo de la ciudad comenzaba a clarear.
     La aurora llegará de un momento a otro —pensó—. Tengo que darme prisa. De lo contrario, perderé al criado.
    Entró por fin a Ispahán, y husmeó entre los miles de olores de la ciudad buscando el del criado que había huido de Bagdad. Enseguida descubrió su escondite: se hallaba en la tienda de Kalbum Dahabin. Un instante después, ya corría hacia el lugar.
    En el horizonte empezó a levantarse una débil neblina. El sol comenzaba a adueñarse del mundo.
    La Muerte llegó a la tienda de Kalbum. Abrió la puerta de golpe y... sus ojos se llenaron de desconcierto. Porque en aquella tienda no vio a un solo criado, sino a cinco, siete, diez criados iguales al que buscaba.
    Miró de soslayo hacia la ventana. Los primeros rayos del sol brillaban ya en la cortina blanca. ¿Qué sucedía allí? ¿Por qué había tantos criados en la tienda?
    No le quedaba tiempo para averiguaciones. Agarró a uno de los criados que estaba en la sala y salió a la calle. La luz inundaba todo el cielo.
    Aquel día, el vecino que vivía frente a la tienda de la plaza anduvo furioso y maldiciendo.


    —Esta mañana —decía— cuando me he levantado de la cama y he mirado por la ventana, he visto a un ladrón que huía con un espejo bajo el brazo. ¡Maldito sea mil veces! ¡Debía haber dejado en paz a un hombre tan bueno como Kalbum Dahabin el fabricante de espejos!
[3]

 

Confieso que envidio el corazón, la inteligencia y el arrojo de Kalbum Dahabin. Un amigo así  sí que es una valiosísima hada madrina. No hay magia más poderosa que la astucia. Quiero terminar con dos gotitas de sabia filosofía.

El “dolor de vivir”, descrito genialmente por Rubén Darío en Lo Fatal, es lo que nos obliga a buscar “héroes fantásticos, con poderes sobrenaturales” y “soluciones mágicas”:

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

 

Pero fue la Declaración de Independencia de USA , 4 de julio de 1776,la que  definió con absoluta claridad quiénes somos los humanos:

“Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad…”


El camino verdadero para hacer fecundas esa vida y esa libertad, para buscar con éxito nuestra propia y personal felicidad y con ella, la de los demás, es el marcado por Immanuel Kant:

“La Ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. Él mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la Ilustración.”


 

NOTAS

[1]  http://anacrigonzalez.blogspot.com/2007_01_01_archive.html

[2] Bernardo Atxaga, Obabakoak (1993).

[3] Es un desarrollo de un relato de  Jean Cocteau.

El gesto de la Muerte.
     Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
     _¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.
     El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
     _Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
     _No fue un gesto de amenaza _le responde_ sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.

 

 

 
 

 

De los cuentos de niño a los de adulto

Antonino M. Pérez Rodríguez
C
atedrático del IES Lope de Vega de Madrid