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I. Origen e investigaciones
Hace ya más de un siglo que se
sabe de la existencia de un códice, proveniente del viejo monasterio de San
Millán de la Cogolla en La Rioja, con una serie de anotaciones y apuntes
denominadas «glosas», las cuales -sobre un texto latino de mayor importancia-
están escritas mayoritariamente en un incipiente romance, que gran parte de los
investigadores ha solido considerar como las primeras señales del idioma
castellano, mientras que otro grupo más minoritario pero no peor armado
técnicamente, pretende que corresponden al romance navarro-aragonés, el cual
también estuvo presente en La Rioja antigua.
Tales anotaciones las
realizaban los monjes para ayudarse a entender el texto latino, puesto que
cuando fueron escritas (hacia los siglos X ó XI d.C.) se había perdido ya la
lengua culta desde hacía mucho, y la mayor parte de la población hablaba lenguas
románicas antepasadas de los idiomas modernos como el castellano, el gallego, el
catalán, etc...
No obstante, lo que nos
interesa para este estudio, es el hecho de que sobre los folios denominados 67v
y 68v, aparecen entremezcladas con las glosas romances dos frases en un idioma
que sin ninguna duda es vascuence o «euskera» antiguo. (fig.1)
Pero lo que parecía en un
primer momento relativamente fácil de traducir, pues en teoría corresponden en
su sentido al texto del sermón latino que comentan, se ha convertido en una
especie de nudo enrevesado de la filología, que nadie parece haber desatado con
total seguridad.
La primera gran publicación de
estas glosas, realizada por un buen especialista en el tema, y que buscó el
apoyo de varios filólogos vascos, fue la realizada en 1926 por Menéndez Pidal2.
Éste, asociando la segunda frase a la glosa romance «nos non kaigamus» (=no nos
caigamos), pensó que había que transcribirla como «guec cayutu ez dugu», con un
participio «cayutu»= “caído”, de tipo latino.
Tal teoría fue ya desde el
principio rechazada, por autores como J. de Urquijo (1933)3, C. de
Echegaray (consultado personalmente por Pidal en 1916), o P. Lafitte (1933)4.
Todos ellos consideraron que la lectura correcta era «guec ajutu...», y no
«cayutu» ni nada parecido.
En cuanto a la otra glosa,
Menéndez Pidal la relacionó con el vizcaino «izio», que quiere decir “encender
un fuego”, mientras que un colaborador suyo, Eustaquio de Ugarte, pensó que
«izioki dugu» quería decir “nosotros lo hemos ardientemente”. Con el paso de los
años otros autores como Policarpo de Iráizoz (1951)5, L. Michelena
(1964)6, o A. Irigoyen (1975 y 1988)7, se han ocupado del
tema, y aportado teorías. De hecho, estos tres autores se aproximan mucho en el
significado que le dan a «guec ajutu...», aunque ninguno parece traducir con
claridad la otra glosa, la del «izioki dugu».
A fin de que veamos todo esto
con más claridad, vayamos directamente a los textos, y repasemos en detalle
todos los datos disponibles.
II. Las glosas en sí mismas
Las glosas se hallan anotadas
en ambos casos en el margen izquierdo de los folios 67v y 68v del manuscrito nº
60 del monasterio de S. Millán, siendo el tema de este manuscrito un sermón, y
estando redactadas tanto las glosas como el texto dominante en letra visigótica.
En concreto, veamos a continuación parte del discurso latino:
«INCIPIUNT SERMONES COTIDIANI BEATI AGUSTINI
(67v) Gaudeamus fratres karissimi et Deo gratias agimus, quia uos,
secundum desideria nostra, jncolomes inueniri mêruimur. Et uere fratres juste et
merito pater gaudet quotiens filios suos et corpore sanos et Deo deuotos jnuenerit;
(…)
(68v) Si uero, quod Deus non patiatur et mala opera exercimus et plus
pro carnis luxuria quam pro salute anime laboramus, timeo ne quando boni
cristiani cum angelis acceperint uitam eternam nos, quod absit, precipitemur,
jngeena.
Non nobis sufficit quod christianum nomen accepimus si opera christiana non
facimus...»
Lo cual, haciendo una
traducción libre -si se hiciera literal no se entendería bien el sentido, debido
a lo relativamente desordenado del latín medieval-, quiere decir en castellano
moderno:
«Aqui comienzan los sermones diarios del beato Agustín.
Hermanos queridísimos, nos alegramos8 y damos gracias a
Dios, porque vosotros, según nuestros deseos, hemos merecido encontrarnos sin
daño alguno. Y verdaderamente, hermanos, justa y naturalmente el Padre se alegra
por cuántos hijos suyos y corporalmente sanos y devotos a Dios encontró.(...)
Verdaderamente, quien por causa de Dios no padece y si realizamos malas
obras, y trabajamos más por la lujuria de la carne que para la salud del alma,
temo que -Dios no lo quiera- cuando los buenos cristianos accedan con los
ángeles a la vida eterna, seamos precipitados al infierno. No nos es bastante
con adoptar el nombre de cristianos, si a la vez no hacemos obras cristianas...»
A la izquierda de este texto,
es donde aparecen las célebres glosas. La primera se lee claramente, y lleva
encima una especie de acento circunflejo ( ).
La segunda se halla sumamente deteriorada, pero aún es posible leerla
perfectamente.(fig.l)
Figura 1
Teniendo en cuenta que el
signo « »
es una abreviatura de «qui», la transcripción exacta de las dos glosas sería:
«Içioqui dugu», «Guec ajutu eç dugu», lo que adaptado a la ortografía moderna
del vascuence sería: «Izioki dugu» y «Guek aiutu ez dugu».
Para entender su significado
exacto lo mejor es comenzar por la primera de ellas, que es con mucho la más
compleja y la que más problemas ha causado a los investigadores, dejando la otra
para el final, pues como veremos enseguida saldrá muy fácilmente.
III.
La traducción
En la transcripción del texto
latino que acabo de realizar he marcado un acento circunflejo sobre la «e» de
«mêruimur», porque en efecto así sucede también en el manuscrito original. Esta
señal ha sido sin ninguna duda el principal motivo por el cual nunca se ha
precisado claramente el valor de «Izioki dugu».
En efecto, cuando los monjes
que leían estos manuscritos en lengua latina realizaban sus comentarios y
glosas, solían marcar las palabras o expresiones que no entendían con alguna
raya, acento o señal, que luego se repetía a un lado del texto, sobre la
traducción al romance o al vascuence del pasaje de difícil interpretación.
Así, el circunflejo que
aparece sobre «mêruimur», tiene una correspondencia exacta con el que surge
sobre el «Izioki», por lo cual, lógico sería afirmar -y de hecho así se ha
pensado siempre sin plantearse dudas-, que la glosa en euskera traduce la idea
del latino «meruimur» = “merecimos, o lo hemos merecido”.
Sin embargo, existen graves
obstáculos para poder armonizar al «Izioki dugu» con la más mínima expresión
dentro de la lengua vasca, moderna o antigua, que se refiera a la idea de
“merecer algo”.
Michelena, en su análisis al
respecto, intentó asociarlo a verbos arcaicos (s. XVI) como «itzeuki» =
«considerar, estimar», u otro como «itzeradoki» = “obligar o llevar a mantenerse
en la palabra dada9”. Pero al margen de las muchas discusiones que se
podrían aportar sobre el tema, lo cierto es que es muy difícil asociarlos con
ideas de merecimiento. Por ello, cuando un camino de investigación no da
resultado, no queda más solución que tratar de buscar otro nuevo que produzca
mejores frutos.
De base, se pueden dar dos
cosas por seguras:
1º: al ser «dugu» una flexión
verbal hoy en día en pleno uso con el significado de “lo hemos” o “lo tenemos”,
encontramos en él un punto seguro, con el que coinciden sin dudarlo todos los
investigadores.
2º: a «Izioki» se le han
intentado buscar muchos significados, pero creo firmemente que es exactamente la
misma palabra que el actual «ixioki / isioki» del dialecto vizcaino, que posee
el sentido de “incentivo” o “material que sirve para encender un fuego”, una
palabra que se ha originado claramente del verbo «izio / ixiotu», que quiere
decir “prender un fuego”, y del sufijo «-ki», que en este caso significa materia
o cosa.
Teniendo en cuenta estos dos
puntos firmes, planteemos una pregunta: ¿verdaderamente todas las anotaciones o
marcas realizadas sobre las palabras del gran texto latino, son «llamadas» para
indicar que al margen del pergamino se realiza una traducción o comentario del
pasaje? El análisis del original nos dice que en efecto, no siempre se hace una
transcripción literal de la frase.
Sobre el sermón, a la par que
pequeñas marcas que sirven para señalar la equivalencia en la lengua romance
viva anotada a un lado del texto, aparecen infinidad de pequeñas abreviaturas y
palabras -a veces tan solo letras sueltas-, que fueron insertadas para conseguir
una mejor comprensión del discurso; no para realizar una traducción exacta.
Así por ejemplo, dentro de la
gran “G” de «Gaudeamus» (fig. 2), aparece un diminuto «nos» (= nosotros), que
aunque no era necesario ni es parte de la versión original del texto latino,
permitía a los monjes que lo leían y que ya no entendían bien el original en
latín, no tener dudas de que «Gaudeamus» era una flexión de primera persona
plural y no otra cosa.
Figura 2
Anotaciones de este tipo
aparecen a decenas, pudiéndose encontrar ejemplos muy repetidos como este mismo
«nos», u otros como «domino», «qui», «est» o «dominus est», que contextualizan
cada una de las expresiones del texto original.
Pienso que «Izioki dugu» es
otra frase de este mismo tipo, que por ser demasiado larga para escribirla sobre
el original, se ha anotado a un margen, y que por tanto no es una traducción
exacta de «meruimur», sino una expresión que daba a ojos del monje que escribió
la glosa un sentido pleno a lo que acababa de leer. Una glosa que a la vez -y
sin que sea contradictorio con esta primera idea- también es traducción exacta
de otra parte del mismo texto.
He utilizado esa expresión de
«a ojos del monje», porque encierra una noción de gran importancia para salir de
este nudo lingüístico, pues fue precisamente la forma, la manera de construir el
orden de las palabras en la frase la que hizo que el «Izioki dugu» se colocase
sobre «meruimur», y no sobre «Gaudeamus», que es a lo que verdaderamente
corresponde.
En muchas ocasiones, se ha
calificado de una forma muy gráfica que el euskera es respecto al castellano y
otras lenguas latinas una lengua «zurda»10 o «especular» -sin que
tengan estas palabras ninguna connotación negativa-, puesto que el orden de
colocación de las palabras en la frase suele ser casi siempre inverso al del
castellano.
Por otra parte, el vascuence
tiene desde hace siglos un sistema extraordinariamente productivo de crear
nuevas expresiones a través de la unión de un sustantivo o adjetivo con un verbo
adecuado. Así, encontramos formas como «nahi dugu» , «atsegin dugu», «maite
dugu» , «behar dugu» , formados respectivamente por «nahi» = “deseo”; «atsegin»
= “placer, gusto”; «maite» = “amor, cariño”; «behar» = “necesidad u obligación”;
y la flexión verbal «dugu» = “lo tenemos”, traduciéndose todo ello por
“queremos”, “nos gusta”, “lo amamos”, “lo necesitamos”, (literalmente “tenemos
deseo”, “tenemos placer”, “tenemos amor”, “tenemos necesidad”, etc...) Por todo
ello, una expresión como «Izioki dugu» tiene que corresponder por fuerza a una
construcción muy similar.
«Izioki» quiere decir
“incentivo”, “materia inflamadora”, luego no sería exagerado pensar que -como
sucede paralelamente en todas las lenguas del mundo en tantos y tantos ejemplos
de otras palabras y expresiones-, en un momento muy antiguo su significado se
hubiese extendido metafóricamente, pudiendo haberse utilizado con la idea de
algo que “anima” o “estimula” a una persona. Digamos que “encendería” el “fuego
interno” o alma de alguien, correspondiendo muy bien a una idea de excitación o
alegría.
Existen datos muy fiables de
que tal extensión metafórica se realizó en ese sentido, al menos en el dialecto
vizcaino, pues se documenta en alguna comarca de esta área la palabra «irisigi /
irizigi» con el sentido de sentirse “alegre” o “satisfecho”.
Dado que tal término es un
claro derivado -en concreto un “factitivo” del verbo «izigi / itzeki / izio», el
mismo que dio lugar al sustantivo «izioki»-, parece demostrada esta teoría.
A todo ello añadamos la
existencia en varios dialectos de palabras como «izi / izu / uzi / uzu», que
expresan la idea de “miedo”, “susto”, “ansiedad”, “anhelo”, y que
morfológicamente tienen un casi seguro origen en la misma raíz verbal. Raíz
también presente en elementos como «bizi» = “vivo”, o «piztu / biztu» =
“encender, animar”, «bizkor» = “vital”, etc.
Parece pues que la extensión
de la idea de “arder / encender” hacia sentimientos humanos fue muy habitual en
el pasado, de un modo similar a lo que sucede con el castellano
“enardecerse-enardecido”, en el que una idea originaria de incendio se deriva un
concepto enteramente espiritual.
De tal manera, «Izioki dugu»
vendría a querer decir “nos alegramos” (literalmente “lo tenemos como incentivo,
como inflamante”), correspondiendo muy apropiadamente a «Gaudeamus» -que en
latín tiene este mismo sentido-, y no a «meruimur». Ahora bien, teniendo en
cuenta lo que acabamos de decir de que las frases en euskera se componen
exactamente al revés que en castellano o su antepasado el latín, ¿cómo
construiríamos una frase del tipo de “nos alegramos de que merecimos tal cosa u
otra”?
Tomando para la idea de
“merecer” el verbo actual «irabazi», que tiene exactamente el mismo doble
sentido11 del verbo latino «mereo(r)», de “ganar” y “merecer”, tal
frase vendría a ser algo así como «irabazi izioki dugu», o forzando aún más la
estructura «irabazi genegielako izioki dugu»12. Es decir,
literalmente “merecer aliciente tenemos”, o “porque merecimos tal cosa,
aliciente tenemos” = “nos alegramos de merecer, nos alegramos de que merecimos
hallarnos de tal manera”. En ambos casos, si aplicamos tajantemente las reglas
de gramática vasca13, «izioki dugu» va siempre detrás de la idea
de “merecer”.
Aquí es donde se explica por
qué el circunflejo está sobre «meruimur», cuando quizás debiera estar sobre
«Gaudeamus»: el glosador pensaba en euskera, y puso la frase en ese punto porque
para su mente, para su forma de entender el orden de las palabras, la frase que
es inicio del texto latino, tenía que ir al final.
Hablando en términos técnicos:
«meruimur» es el verbo que compone una oración «subordinada causal» de
«Gaudeamus». O lo que es lo mismo: nos indica la causa por la cual el escritor
se siente alegre. Ambas flexiones verbales se hallan en una íntima relación de
dependencia, unidas en el texto latino por la conjunción «quia» = “que, porque”.
Así, era lógico que el monje colocase la señal del «Izioki dugu» sobre
«meruimur», porque en efecto existe una profunda ligazón entre ambas ideas.
Por tanto, lo que hizo el
glosador fue a la vez aclarar el contexto de la frase -tal y como ocurre con la
gran cantidad de pequeñas anotaciones sobre el sermón-, aplicándole el orden de
su lengua natal, y a la par traducir el «Gaudeamus» -igual que sucede con las
glosas anotadas a un lado-.
En cuanto a la otra glosa,
«Guek aiutu ez dugu» , su estructura coincide por completo con la otra. «Guek»
es una forma del pronombre de primera persona plural “nosotros”, atestiguada
tanto en el dialecto vizcaino-alavés de Zigoitia, como en el recientemente
descubierto manuscrito del alavés Lazárraga (s.XVI), donde se encuentran frases
tan curiosas como «yc jaquingo doc eçe guec goaçela dueroco Riberara», “tú has
de saber que nosotros vamos a la ribera del Duero”.
«Aiutu» es una palabra
vizcaina que expresa la idea de “adecuado”, “ajustado”, “apto”, “afilado”, lo
cual unido al «ez» que no es otra que la negación, nos permite asegurar con gran
fiabilidad que esta segunda glosa corresponde al «non nobis sufficit» = “a
nosotros no nos es bastante, no basta, no nos es adecuado”.
En este caso no tenemos ni
sobre el «non nobis...» ni sobre el «Guek...» ningún acento ni marca que nos
establezca directamente que la glosa es traducción de esa frase, pero la gran
claridad de la expresión en euskera, junto al hecho de que aparezca en el texto
a una altura muy similar a la que el «Izioki...» lo está de «meruimur», nos
permite dar por segura esta relación.
Fue Policarpo de Iráizoz14
quien primero se dio cuenta de la identidad entre el «non nobis...» y el «Guek
aiutu...», que supo explicar correctamente, teoría a la que años después se
adhirieron Michelena e Irigoyen.
Resulta por tanto que las dos
frases mantienen una idéntica estructura gramatical, a pesar de que en el texto
latino las expresiones originales son por completo diferentes en cuanto a su
forma. Todo esto nos revela que en aquella época (s.X-XI), tal sistema de
construcción de frases de sustantivo más flexión verbal se hallaba en su punto
álgido, con una intensidad de uso muy superior a la actual. Incluso se puede
afirmar que era una de las estructuras fundamentales del habla cotidiana, junto
a la clásica perífrasis de “participio verbal + flexión auxiliar”, que es la que
ha dominado en los últimos siglos de historia documentada del euskera.
De hecho, a pesar de su
brevedad, podemos incluso precisar que estas glosas pertenecían a un tipo de
dialecto «vizcainoide», entendiendo por este término no que su autor hubiese
venido de Vizcaya, sino más bien que el dialecto vizcaino moderno es el último
superviviente de un conjunto de hablas íntimamente emparentadas, que en la Edad
Media se extendían por un área muy amplia que abarcaba zonas como Álava, Rioja,
regiones de Burgos y Cantabria, etc...
Pero el análisis de los muchos
datos que existen al respecto, que nos hacen pensar que tal extensión viene de
muy antiguo, y que la presencia del euskera en La Rioja no fue consecuencia de
simples repoblaciones medievales, es ya un tema que excede a las intenciones de
este artículo.
IV.
Conclusiones
Para finalizar
podemos señalar una serie de ideas básicas:
1.- Las conocidas como “Glosas Emilianenses” en euskera, son dos frases que traducen el texto latino de un
viejo sermón, y que corresponden a «Gaudeamus» y a «non nobis sufficit»,
habiéndose colocado la marca correspondiente a «Izioki dugu» sobre la expresión
«meruimur», en vez de encima del propio «Gaudeamus», porque la sintaxis vasca
que tenía el glosador en su mente, le obligaba a colocar tal frase al final,
exactamente después del concepto expresado por «meruimur».
2.- Ambas se componen de una
perífrasis formada por “sustantivo / adjetivo” -la diferencia entre ambos
conceptos siempre ha sido muy escasa en vascuence- más una flexión verbal de
primera persona de plural en presente simple. Tal estructura quizás fuera en los
s.X-XI incluso más abundante que la fundamental hoy en día de “participio verbal
+ flexión auxiliar”.
3.- Son las primeras frases en euskera moderno halladas hasta el momento, y se las puede asignar claramente a
un área dialectal «vizcainoide», por lo que el glosador era seguramente
originario de algún lugar próximo al monasterio.
V.
Notas
1. Núñez Astrain, Luis:
El euskera arcaico. Extensión
y
parentescos.
Pg. 50. Ed. Txalaparta. Tafalla
2004.
2. Menéndez Pidal, Ramón:
Orígenes del español.
Madrid, 1926.
3. De Urquijo, Julio:
“Les vieux textes basques”,
en “Gure Herria”, XIII, 1933.
4. Lafitte, Pierre:
“Autour d'une glose basque du Xème
siécle”. En “Gure
Herria”, XIII, 1933.
5. De Iráizoz, Policarpo:
“Las palabras vascas en las
Glosas Emilianenses”.
BRS VAP, VII, 1951.
6. Michelena, Luis:
Textos arcaicos vascos.
Ed Minotauro. Madrid, 1964.
7.Irigoyen, Alfonso:
“Done Miliaga Kukullakoa eta
euskara”. Euskera XX,
1975. Junto a éste señalemos también su artículo
“Las Glosas Emilianenses
y
la lengua vasca”.
FLV nº51, 1988. Estos
dos textos quizás sean
los mejores estudios realizados hasta
el momento sobre el
tema.
8. Aunque la flexión latina es de
presente de indicativo, también admite en este caso un cierto valor de
imperativo. Es decir, podría traducirse también como “alegrémonos”. Recordemos
que en latín clásico no existía una
forma específica de imperativo en la primera persona plural, para lo cual se
solía usar la forma de presente simple que aparece aquí. En todo caso ambos
matices -el presente y el imperativo- son perfectamente compatibles en el
contexto del texto.
9. Ambos aparecen en las obras de
Leizarraga (1571): «moldezcoago itzeuquiz» = “considerándolo más adecuado” (pg.
1206 según la edición facsímil de Euskaltzaindia de 1990). «Eztu deus
galdeguiten, gu eguitera itzeradoqui ezgarenic» = “no nos requiere nada, a lo
que no se nos haya hecho dar la palabra -o mantenernos a la palabra dada- de
hacer” (pg. 1326).
10. Núñez Astrain, Luis: op. cit.
1, pg. 309.
11. O por lo menos lo ha tenido
junto a su variante «ibazi» en algunos textos. En este caso el contexto permite
ese doble sentido, pues en efecto el hecho de hallarse “sanos y salvos” se
consiguió, luego además de ser merecido fue obtenido y ganado por la fe de los
monjes.
12. Para el primer ejemplo sigo
el modelo de expresiones modernas como «ikusi nahi dugu» = “queremos verlo”,
mientras que para el segundo caso hago ya una traducción literal del «Gaudeamus
(...) quia (...) meruimur», tomando una flexión verbal auxiliar como «genegielako»,
que por lo menos al final de la Edad Media tuvo el valor de “preterito
perfecto”o “aoristo” en el dialecto vizcaino, paralelamente a construcciones
como “genezalako” de otros dialectos. De hecho, como la fecha de realización de
las glosas es muy antigua (s.X-XI), podríamos hacer una reconstrucción aún más
atrevida, y -tal y como se debió realizar en aquellos tiempos- conjugar como
verbo sintético el «irabazi», con lo cual nos quedaría algo así:
GAUDEAMUS QUIA MERUIMUR
1 2
3
GINIRABAZA-LAKO
IZIOKI DUGU
3 2
1
De esta forma.,
nos quedan las dos estructuras, la latina y la vasca puestas frente a frente,
apareciendo el «izioki dugu» bajo «meruimur», con lo que queda muy evidente el
porqué del circunflejo en ese punto.
13. O por lo menos las vigentes
en el s. X. Pensemos que la otra glosa, la del «Guek...», a pesar de ser
negativa respeta al detalle la estructura de frase SOV típica del euskera
antiguo, fenómeno que hoy en día ha desaparecido en los dialectos modernos, en los
que el «ez» sería el que aparecería en primer lugar. Nótese que también en el
anterior caso que hemos comparado con el latín se sigue la estructura SOV,
adaptada a una oración subordinada.
14. De Iráizoz, Policarpo: op.
cit. 5.
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