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1. El nacimiento de
los romances peninsulares
La aparición de los romances peninsulares a partir
del latín está ligada muy estrechamente a la historia de la Península
Ibérica de los siglos VIII al XIII, a la configuración de los distintos
reinos cristianos peninsulares y al proceso de Reconquista (y
consecuente repoblación); es decir, los primitivos romances (hayan o no
perdurado hasta la actualidad) se originan a partir de un cambio social,
económico, cultural, religioso y político que afecta a todos los
órdenes, transformación que tiene su punto de partida en la llegada de
los musulmanes a la Península Ibérica en el siglo VIII (concretamente en
el 711
d. C.).
1.1. La aparición de
los musulmanes en la Península Ibérica
La invasión territorial de la Península Ibérica
por parte de los musulmanes en el siglo VIII motivó el replegamiento del
mundo cristiano al norte de la Península, zona montañosa que los nuevos
conquistadores decidieron no dominar directamente debido al escaso
rendimiento económico que se deriva de la explotación de un territorio
que, por su orografía, resulta de difícil ocupación.
Sin embargo, esta situación no implica que no
hubiera cristianos (que se conocen como mozárabes) en las zonas
controladas por musulmanes: excepto aquellos que huyeron, los cristianos
siguieron viviendo donde siempre lo habían hecho y gozaron de ciertas
libertades religiosas, culturales y lingüísticas, aunque con una
creciente islamización a medida que pasaba el tiempo. Por el contrario,
otros grupos de cristianos, que también permanecieron en tierras
musulmanas, acogieron la religión y la cultura de los recién llegados
para obtener con ello ciertas ventajas fiscales y sociales, si bien, en
un principio, mantuvieron el uso del romance.
1.2. Una sociedad en
cambio
Así pues, al norte de la Península se localizan
los núcleos humanos cristianos que continúan las tradiciones visigodas,
sociedades autónomas (constituidas por habitantes autóctonos y
cristianos que huyen del sur peninsular) que, a causa de la aparición de
los musulmanes, experimentan un cambio ingente en su estructuración
(política, social, económica,
etc.) y necesitan reorganizarse, lo cual les ocasiona múltiples
problemas de todo tipo (económicos, sociales, culturales...).
La primera consecuencia evidente de este proceso
radica en el hecho de que estas sociedades cristianas se van a
desarrollar sin el mantenimiento de contactos o vínculos con el resto de
comunidades cristianas de la Península o de fuera, con la excepción de
la Marca Hispánica (ubicable al norte de la actual Cataluña), que se
convierte en un territorio de frontera del Imperio carolingio respecto
del mundo musulmán.
Culturalmente, se vive un momento de decadencia,
puesto que se persigue la supervivencia en detrimento de la cultura, a
lo que hay que sumar el distanciamiento entre sí de los distintos
núcleos del norte, factor que no permite un flujo de ideas. En cuanto a
los sentimientos religiosos, también se produce una separación en
relación con el devenir del resto de reinos cristianos de Europa, lo
que, de un modo claro, supone un caminar por independiente que motiva
una continuidad de las antiguas tradiciones hispanogodas en todos los
sentidos.
Esta incomunicación se refleja, de una forma
patente, en el ámbito lingüístico del romance, ya que se fractura la
antigua unidad lingüística de la Península -aunque es posible que
existieran diferencias dialectales entre algunas zonas-, por dos causas
relevantes:
-
al norte de la Península, a partir del siglo
VIII, el distanciamiento entre las diversas fuerzas cristianas
origina el nacimiento de distintas tendencias lingüísticas dentro
del romance unitario peninsular y, así, cada una de estas tendencias
va a evolucionar por su cuenta;
-
en los territorios ocupados por los musulmanes
van a permanecer numerosísimos cristianos que mantienen vivo su
romance (conocido como mozárabe) a pesar de la creciente
islamización, si bien este se va a caracterizar por su carácter
conservador y poco innovador (puesto que los contactos con otras
sociedades que hablen romance son escasos), por lo que no evoluciona
en el mismo grado que el resto de romances peninsulares.
Aparte, hay que recordar que en una extensión
mayor a la del actual País Vasco se hablaba el vasco (lengua no
emparentada con el latín), que ya estaba en la Península antes de la
llegada de los romanos. A pesar de que el vasco no constituye un
romance, sí ejerció influencias en los romances vecinos, muy
especialmente en el castellano.
1.3. Los reinos
cristianos peninsulares
Con el tiempo, al norte de la Península se
configuran distintos núcleos políticos y también lingüísticos: aunque
unos y otros no coinciden exactamente, sí se produce cierta vinculación
debido a la fuerza unificadora de las capitales y de las fronteras. En
el contexto histórico tratado estos reinos van a sufrir diversas
transformaciones territoriales a lo largo del tiempo, de modo que
algunos de ellos desaparecen y se integran en unidades políticas
superiores.
En general, y a lo largo de los siglos, estas son
las unidades políticas cristianas que se aprecian en el norte
peninsular:
-
Reino de León: nacido en las montañas
asturianas, amplía su territorio en los siglos VIII y IX mediante la
repoblación de marcas que estaban prácticamente despobladas tras la
marcha de los bereberes que las ocupaban -los cuales se enfrentaron
en una guerra civil contra los árabes del centro y sur peninsular-,
de modo que abarca la zona cantábrica, que supone Galicia, Asturias,
Cantabria y norte de Castilla y León. Si bien en un principio
Castilla pertenecía a esta unidad política, se independizará en el
siglo X: aunque más tarde volverá a producirse la unión de ambos
reinos, en esta ocasión será Castilla la que se anexione el Reino de
León.
Desde un punto de vista lingüístico, en este
territorio se hablaba gallego, en el área de
Galicia, y leonés (o asturiano-leonés) en el resto
de tierras. En general, ambos romances se caracterizan por su
carácter conservador, y muy especialmente el gallego, entre otros
factores porque la zona geográfica de Galicia no recibió las
influencias del árabe. Asimismo, otro factor favorece en este reino
el mantenimiento de determinados rasgos lingüísticos del romance
primitivo: se trata de la participación, a mediados del siglo IX, de
un gran número de mozárabes (que hablaban mozárabe, el dialecto
romance más tradicional, conservado mayoritariamente por cristianos
en tierras musulmanas del centro y sur peninsular) en la repoblación
(junto con gallegos, asturianos, leoneses...) de los territorios
antes pertenecientes a los bereberes. Así, este grupo de cristianos
huían de las tierras islamizadas en una época en la que se limitaron
sus libertades religiosas.
Además, los mozárabes, como herederos de las
antiguas tradiciones visigodas (por el hecho de haber mantenido su
religión y sus costumbres entre musulmanes), ayudan a incrementar el
sentimiento de conservadurismo que se despierta en este reino (y que
atañe también al romance). De esta forma, en la segunda mitad del
siglo IX la monarquía adquiere más poder, se opone al emirato y se
vincula a la Iglesia, momento en el que se considera heredera
directa del reino visigodo (Lleal 1990: 119).
-
Castilla: denominada así por sus numerosos
castillos en la frontera con el Reino de León, fluctúa en sus
inicios entre el poder de los reinos vecinos (Reino de León y Reino
de Navarra), hasta que logra su independencia; incluso en el siglo
XI alcanza tal poder que se anexiona el Reino de León y el oeste del
Reino de Navarra (que incluye La Rioja y zonas vascohablantes
-Álava, Vizcaya y Guipúzcoa-). Nacido en Cantabria, constituye un
reino de gran personalidad y proporciona una mayor libertad a sus
habitantes, a diferencia de otras zonas cristianas, debido al menor
apego a las tradiciones visigodas: este territorio se caracteriza
por una menor romanización y por una penetración retrasada del
cristianismo (en el siglo VII), como sostiene Lleal (1990: 118); de
hecho, Castilla rechaza el Liber
Iudicum o conjunto de leyes leonesas heredadas de los
visigodos (Lleal: 1990: 120). En suma, este carácter va a favorecer
la llegada de guerreros y repobladores y, por tanto, el aumento de
sus fronteras.
En este territorio se hablaba originariamente
el castellano y el vasco, lengua
no románica que, por la proximidad espacial y los frecuentes
contactos con el castellano, influye en el devenir lingüístico del
romance; asimismo, hay que tener en cuenta que un gran componente
vasco participa en las repoblaciones efectuadas por Castilla ya en
el siglo IX.
Además, en el período de máxima extensión de
este reino, se incluyen en su territorio los romances del Reino de
León, que perderán, poco a poco, su papel político en la sociedad y
cederán ante el mayor poder social del castellano, sobre todo el
leonés, que reduce su ámbito de uso geográfico a causa de su
proximidad espacial con el castellano, el romance de la élite de
Castilla. En cuanto al gallego, se produce, además, un hecho
relevante: en el siglo XII el Reino de Portugal se separa de
Castilla y, por ello, el gallego de este territorio (actualmente
conocido como portugués) no recibe las influencias
del castellano en el mismo grado que el gallego de Castilla y sigue
un camino por independiente, especialmente al establecerse la
capital en Lisboa, área alejada de Galicia. Sin embargo, hoy en día
se considera que el gallego-portugués representa la misma lengua, a
pesar de las diferencias dialectales.
-
Reino de Navarra: nacido en el siglo IX en
tierras vascas, alcanzó su momento de máximo apogeo en el siglo XI,
en el que controlaba Castilla y Aragón, repobló territorios al sur
(como La Rioja) y mantuvo contactos políticos, culturales y
religiosos con los francos. Sin embargo, diversos avatares motivaron
su desaparición como fuerza política a finales del siglo XI, puesto
que fluctúa entre los poderes de los reinos vecinos, que se reparten
su territorio: el oeste (con las zonas vascas) para Castilla y el
este para Aragón. Si bien el Reino de Navarra se separa en el siglo
XII de Aragón, su extensión es bastante reducida: el avance de la
Reconquista y de la repoblación de Castilla y del Reino de Aragón
por el sur impide la posibilidad de expansión ante los musulmanes,
de modo que se estancan políticamente y han de frenar sus intereses;
además, su existencia depende de alianzas con los reinos vecinos. Lingüísticamente, en este reino se hablaba en
un principio vasco y navarro, e
incluso algunas hablas de transición entre los romances más
próximos. Así, se puede señalar la existencia de un temprano romance
navarro (ubicable en las zonas no vascófonas), que desapareció por
la presión de los romances vecinos y especialmente del aragonés, ya
que el Reino de Navarra y el de Aragón constituyeron durante una
época la misma entidad política. Por esta razón, se podría hablar de
un romance navarro-aragonés.
-
Reino de Aragón: se origina en los Pirineos,
en el área de Jaca, y mantiene hasta el siglo XII distintos vínculos
con el Reino de Navarra; hasta finales del siglo IX se observan,
igualmente, relaciones culturales y religiosas con el mundo franco,
hasta el punto de que los francos colaboran en las primeras
repoblaciones. Su extensión abarca aproximadamente lo que
actualmente conocemos como Aragón; sin embargo, tras la muerte del
monarca Alfonso I «el Batallador», sin herederos, se cierne una
crisis en el reino que conduce al compromiso matrimonial de
Petronila I, su sobrina, con Ramón Berenguer IV, de modo que en 1137
nace la Corona de Aragón, a partir de la unión del Reino de Aragón y
de los condados catalanes. Antes de constituirse la Corona de Aragón, en
el Reino de Aragón se hablaba el aragonés (o
navarroaragonés si se tiene en cuenta que absorbe el romance
denominado navarro). A pesar de la creación de la Corona de Aragón,
los territorios integrantes mantuvieron cierta independencia en
todos los ámbitos, tanto política como cultural, y entre ellas la
lingüística, por lo que el aragonés se continuó utilizando en su
espacio originario y el catalán, en el suyo.
-
los condados catalanes (o Cataluña):
constituye la entidad cristiana más diferente a las restantes, ya
que no se trata, en un principio, de un reino independiente, sino
que forma parte del Imperio carolingio, que crea en los Pirineos una
Marca Hispánica para frenar los deseos de conquista de los
musulmanes. Así pues, los condados catalanes, en contraposición a
las restantes fuerzas del norte peninsular, no se caracterizan por
un aislamiento cultural, sino que desde su origen están dentro de
las influencias culturales, religiosas y políticas del Imperio
carolingio. Con el tiempo logran independizarse, constituir su
propia diócesis y extender sus territorios hacia el norte de los
Pirineos (lo que sería el Rosellón francés) y hacia el sur; una vez
constituida la Corona de Aragón se inician también proyectos de
extensión por el Mediterráneo.En el ámbito lingüístico, en este territorio
se habla catalán, que recibe constantemente
influencias lingüísticas del sur de lo que actualmente es Francia,
puesto que se mantienen los contactos culturales a pesar de que, con
el tiempo, se independicen los condados catalanes del Imperio
carolingio.
Así pues, tiene lugar en la Península, para el
período que abarca desde el siglo VIII hasta el XIII, la siguiente
configuración lingüística, la cual atañe tanto a romances (y, por ello,
derivados del latín) como a lenguas no romances:
-
En los territorios musulmanes, conocidos como
Al-Andalus, la lengua de cultura y de poder tanto para musulmanes
como para cristianos es el árabe (el árabe
hispánico en la comunicación oral y el árabe clásico para la
escritura), aunque los cristianos que permanecen en estas tierras (y
también los recién convertidos al Islam) usan entre ellos el
mozárabe, que va poco a poco reduciendo su radio de acción:
a) porque se trata de un romance conservador que sufre la influencia
y la presión continúas de la lengua y de la cultura del Islam: se
utilizan numerosísimas palabras del árabe en la comunicación
cotidiana y se recurre al uso del alifato árabe (y no del alfabeto
latino) para la escritura; y b) porque, a medida que avance la
Reconquista y la repoblación de los territorios, sus hablantes son
subsumidos por el romance de los habitantes repobladores del norte,
con un habla más evolucionada después de varios siglos de separación
y adaptada a las necesidades de la nueva sociedad: a pesar de que se
vuelve a escribir con caracteres latinos, la búsqueda de una mayor
integración social motiva, asimismo, el empleo de rasgos dialectales
propios de los repobladores recién llegados. En este contacto, los hablantes de mozárabe
aportan a los romances peninsulares (sobre todo portugués,
castellano y catalán, por ser los romances que se extienden más
hacia el sur) un gran caudal léxico propio del árabe hispánico,
palabras que atañen especialmente a los nuevos ámbitos de la vida
que la sociedad musulmana introduce en la Península.
-
Al norte de la Península, en los reinos
cristianos, la lengua de la cultura y de la escritura, al igual que
en los tiempos de los visigodos, sigue siendo el latín. En cambio,
en la comunicación oral cotidiana, aparte del vasco, se producen
distintas evoluciones del antiguo romance peninsular (a las que
habría que sumar algunas hablas de transición), que se pueden
agrupar de la siguiente manera, desde el oeste hacia el este:
En este sentido, tal y como sostiene
Bustos
Tovar
(2004a), se puede aducir que, en un principio, surgieron en los reinos
cristianos peninsulares distintos romances con entidad propia, y no que
se hablara un único romance hasta entrado el siglo XIII. Sin embargo,
algunos romances podrían compartir características y evoluciones en
común según se avance de este a oeste, o de oeste a este, lo cual quiere
decir que los límites entre los romances en el norte peninsular no
resultan tan nítidos; así, por ejemplo, dos romances podrían seguir una
misma evolución o cambio lingüístico, pero este no se compartiría de
manera general en todo el territorio en el que se utilizara cada uno de
los romances.
No obstante, con la Reconquista y la repoblación,
y la subsiguiente unificación de características lingüísticas, se puede
observar que los romances se extienden de norte a sur normalmente en
línea recta y que, bajo estas circunstancias, las fronteras entre los
romances sí se presentan más claras o definidas en el centro y sur
peninsular. En este contexto, hay que tener en cuenta dos aspectos en la
configuración de la entidad de un romance: por un lado, la unificación
de características que se produce en los territorios repoblados cuando
se mezclan habitantes de diversas procedencias dentro del mismo reino;
por otro, el papel de los monasterios a la hora de fijar por escrito los
rasgos comunes del romance de un área determinada.
1.4. Algunos rasgos
lingüísticos de los romances peninsulares (Lleal, 1990)
Ante todo, hay que considerar que ciertas
características lingüísticas evolutivas pueden presentar un carácter
general a todos los romances, mientras que otras solo son compartidas
por varios o solamente dos romances vecinos; también es posible que un
romance muestre rasgos evolutivos idiosincrásicos.
A continuación, se esbozan algunas características
de los romances peninsulares:
2. La expansión de
los romances en la Península: el proceso de Reconquista y
repoblación
Si bien los romances tienen su origen en el norte
peninsular, estos se extienden de norte a sur, normalmente en línea
recta, a medida que los reinos van ocupando territorios que
anteriormente pertenecían a los musulmanes.
Así pues, este avance en el espacio se relaciona
con un sentimiento de Reconquista, que se revitaliza y engrandece debido
a numerosas cuestiones (Bustos
Tovar,
2004a):
-
Tras la llegada de los musulmanes el Reino de
León se consideró el auténtico y único heredero de la cultura y de
las tradiciones visigodas que deseaba recuperar y continuar, sentir
que se reforzó con el contingente de hablantes de mozárabe que se
refugió en sus tierras, grupo que había mantenido vivas las antiguas
costumbres debido a su aislamiento.
-
Los primeros contactos con la sociedad, la
cultura y la religión cristiana de otros reinos europeos más allá de
los Pirineos se desarrollan especialmente en el siglo XI, en este
caso con los francos, gracias a la intervención del rey Sancho II el
Mayor, rey del Navarra. Se producen así algunas alianzas
matrimoniales y la llegada del modelo religioso cluniacense vigente
en el Imperio carolingio; a ello hay que sumar el desarrollo del
Camino de Santiago y la llegada de numerosos peregrinos. Es evidente
que estos contactos van a favorecer la entrada de numerosos
elementos léxicos de los romances de la actual Francia.
En este sentido, la nueva visión cristiana del
modelo cluniacense despierta un sentimiento de cruzada que va a
favorecer el deseo de recuperar las tierras cristianas que los
musulmanes habían ocupado.
Asimismo, hay que recordar que los condados
catalanes ya participaban desde sus orígenes del contacto religioso
y cultural con el Imperio carolingio; sin embargo, el resto de
reinos peninsulares había intentado distanciarse de estas
influencias para mantener así su autonomía política.
-
Al sentimiento de cruzada se le alía también
un interés económico por ganar tierras, con el fin de crear negocios
y obtener ganancias económicas.
Por consiguiente, estos factores impulsan el
desarrollo de la Reconquista, que va ganando poco a poco territorios
para los reinos cristianos, sobre todo cuando los musulmanes padecen
crisis, como puede ser la caída del Califato de Córdoba (hacia el 1031):
con ello, los romances van extendiendo de norte a sur su espacio vital.
No obstante, es necesario tener en cuenta que para los romances
peninsulares resulta tan importante la Reconquista como la repoblación:
con esta se producen movimientos hacia el sur de numerosos repobladores
y en los núcleos donde se agrupan tiene lugar una nivelación de los
rasgos lingüísticos diferentes de los diversos repobladores, de manera
que los romances de cada reino van tomando forma propia.
3. Expansión del
castellano
En el proceso de Reconquista y repoblación, el
castellano alcanza una extensión enorme en comparación con el resto de
romances peninsulares, ya que su avance geográfico no es únicamente de
norte a sur de modo lineal, sino que Castilla ocupa territorios
lateralmente a medida que desciende hacia el sur; además, el poder
político y social de este reino va a presionar intensamente a los
romances vecinos (como el leonés y el aragonés) y así amplía todavía más
el área espacial de uso: reduce los límites del leonés y castellaniza el
aragonés. Este modelo de expansión descrito para el castellano es el que
se ha calificado de «cuña».
En este contexto, es posible que los fueros o las
leyes para los repobladores de las tierras tomadas por Castilla fueran
más generosos con las libertades de dichos individuos y que, por tanto,
este hecho animara a la gente a participar en el proceso de Reconquista
de este reino y a expandir Castilla y el castellano.
Asimismo, esta cuña se refleja en otras
cuestiones, como es en la evolución de determinadas características
lingüísticas. De esta forma, el castellano, a causa de su carácter más
innovador (debido a un menor apego a la norma culta del latín, lo que se
liga también a la falta de centros culturales próximos al área de
Castilla), se decanta por soluciones lingüísticas que rompen la
continuidad en el norte peninsular, ya que algunas de las evoluciones
son comunes a los romances del este y del oeste, pero no al castellano.
4. Los primeros
textos en romance
Tradicionalmente, se ha considerado que las
Glosas Emilianenses (datado entre principios del siglo X y mediados
del XI) constituyen el primer reflejo escrito del español; con
exactitud, no se puede afirmar que sea castellano, aunque sí un romance
con características de diversos romances peninsulares. Además, junto a
las glosas en romance, aparecen también las primeras palabras escritas
en vasco.
Estas glosas son anotaciones en latín, en romance
y en vasco escritas al margen de un texto religioso en latín que
pertenecía al Monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja); en
ellas, su autor apunta sinónimos o paráfrasis a palabras del latín que
resultan complejas de entender o que son desconocidas con el objeto de
intentar dilucidar el contenido del texto.
Así, la existencia de estas glosas se relaciona
con una larga tradición europea de realizar anotaciones en un latín más
inteligible a los márgenes de los textos difíciles en latín, y también
con la tradición de recopilar dichas glosas y crear glosarios
latín-latín. Por ello, la aparición de las Glosas Emilianenses
puede sugerir la existencia previa de glosarios latín-romance que
habrían permitido que el autor de las Glosas tomara de ellos la
información pertinente para realizar sus anotaciones al margen e
interpretar el contenido del texto.
Bustos
Tovar, J. J. de
(2004a): «La escisión latín-romance. El nacimiento de las lenguas
romances: el castellano», en Cano Aguilar, R. (coord.):
Historia de la lengua española, Barcelona, Ariel, 257-290.
Bustos
Tovar, J. J. de
(2004b): «Las Glosas Emilianenses y Silenses», en Cano Aguilar, R. (coord.):
Historia de la lengua española, Barcelona, Ariel, 291-307.
Cano Aguilar, R. (coord.)
(2004): Historia de la lengua española, Barcelona, Ariel.
García de Cortázar, J. Á. (2004): «Resistencia
frente al Islam, Reconquista y repoblación en los reinos hispanocristianos (años 711-1212)», en Cano Aguilar, R. (coord.):
Historia de la lengua española, Barcelona, Ariel, 239-256.
Lleal, C. (1990): La formación de las lenguas
romances peninsulares, Barcelona, Barcanova.
<http://www.geocities.com/urunuela26/turza/glosarios.htm>
<http://www.vallenajerilla.com/glosas>
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