Sennores e amigos, por Dios e caridat,

od otro miraclo, fermoso por verdat

(182a,b)

 

 

Amigos, si quississedes un poco atender,

un precioso miraclo vos querra leer,

quando fuere ledo avredes grand placer,

preciarlo edes ms que mediano comer

(625)

 

-

Coronacin de la Virgen Mara en el esquinazo de un edificio de la localidad de Cuzcurrita de Ro Tirn (La Rioja).

 

LENGUA Y ESTILO DE LOS MILAGROS

Debido principalmente a la lengua y el estilo de los Milagros, la crtica de nuestro siglo se ha inclinado a considerar a su autor como un sencillo clrigo rural de escasa formacin libresca. Se ha venido comentando a menudo el cndor de la devocin popular25 y la piadosa ingenuidad del clrigo riojano intuidas por medio de su expresin. Segn las tendencias generales de esta crtica la obra de Berceo, como toda la literatura espaola, goza, pues, de una orientacin y origen populares. El encanto de la expresin potica de Berceo, como afirma Jorge Guilln en un ensayo sobre el poeta, surge de su sencilla personalidad popular, la cual le permite transformar lo trivial y cotidiano en poesa 26. Carente de originalidad temtica, segn esta misma veta crtica, y movido por el deseo de vulgarizar y no crear, Berceo se destaca como poeta solamente en el nivel lingstico, puesto que no busca alterar el relato de su fuente, slo adornarlo con imgenes y fraseologa nuevas 27. La realidad del caso no puede ser ms contraria.

Aunque la tradicin crtica a que nos referimos ha hecho bien en resaltar los motivos populares, el humor, lo pintoresco de la lengua, el grafismo, la localizacin familiar y el personalismo como firma autntica y fuente del encanto inolvidable de Berceo 28, el origen de estos rasgos estilsticos no yace en la personalidad rstica, del poeta. Los Milagros de Nuestra Seora, as como todas las otras obras de Berceo, no son literatura forjada por una imaginacin popular, sino literatura para la imaginacin popular creada por un hbil artista de amplia formacin libresca quien adapta su expresin a la mentalidad del pueblo que busca influir. Berceo rebaja, concreta y coloquial iza los hechos que narra, infundiendo su expresin de popularismo, para aproximarlos a un pblico no erudito. Este es, como dijimos, uno de los rasgos fundamentales del tono potico del Mester de Clereca, y su origen se encuentra sin duda en la teora y prctica de la predicacin medieval.

Aunque a primera vista, la lengua y el estilo de Berceo puedan parecer a los lectores del siglo XX de origen legtimamente popular, su verdadera razn de ser se encuentra en la problemtica de la literatura didctica de la Edad Media: la necesidad de adoctrinar el pblico ms vasto y variado posible. El sabor de lo familiar, prximo y cotidiano que se encuentra en los Milagros de Nuestra Seora, coincide con los aspectos estilsticos ms notables de la predicacin medieval en lengua verncula, y lo recomendado en las artes praedicandi medievales. Si Berceo domina la retrica, la que domina no es exclusivamente la de las artes poetriae como ha demostrado Artiles, sino tambin la expuesta en los manuales de preceptiva homiltica que se difundieron por todo el Occidente a partir del siglo XII 29.

El intento de aproximacin al pblico que caracteriza el estilo de Berceo nos ofrece, adems, la razn por la cual nuestro poeta en toda su obra explota tcnicas de la literatura oral contempornea. Si encontramos frmulas, giros, y expresiones asociadas con el llamado Mester de Juglara en la expresin potica de Berceo 30, stas se explican por su eficacia comunicativa y por el hecho de que evocaban contextos narrativos familiares que entusiasmaban y captaban la atencin de un vasto pblico compuesto de las secciones ms representativas de la sociedad de su poca. Si por una parte Berceo mina los recursos expresivos de la literatura juglaresca, por otra parte, como demuestra Brian Dutton, exhibe un claro desprecio por los juglares y comparte la actitud censorial de la Iglesia ante ellos 31.

Si hay sencillez, ingenuidad y rusticidad estilsticas en la obra de Gonzalo de Berceo, stas son una sencillez, ingenuidad y rusticidad deliberadamente cultivadas. Son indicios de la existencia de una complicada y sutil esttica literaria que rige el proceso creador del autor de los Milagros, y refuerzan la evidencia que nos permite definirlo como uno de los poetas y propagandistas eclesisticos ms expertos de la temprana literatura espaola.

 

ESTRUCTURA Y TEMAS DE LOS MILAGROS DE NUESTRA SEORA

La opinin compartida por la mayora de la crtica frente a la estructura de los Milagros de Nuestra Seora, coincide con la que expresa Carmelo Gariano. La estructura general de los Milagros nos dice Gariano, consiste en una coleccin de episodios casi independientes, aunque el marco hispnico que los encierra y el alegorismo que los introduce son rasgos estilsticos individuales 32. Obra aparentemente de escasa unidad artstica, pues, se sigue justificando su carencia de disposicin estructural por medio de la rudeza artstica de Berceo. Sin embargo, la apreciacin de los Milagros como una obra episdica compuesta con un esfuerzo mnimo de lograr coherencia y unidad artsticas cae en un subjetivismo anacrnico. Si se mira la obra entera a la luz de la teologa mariana y las tcnicas exegticas disponibles a la clereca para su explicacin, sobre todo la tipologa bblica, se percibe que los Milagros gozan de una ceida organizacin temtica cuya clave se encuentra en la Introduccin 33.

La Introduccin a Los Milagros ha recibido harta atencin crtica. Los eruditos, por ejemplo, han comentado su tcnica alegrica 34, y, desde principios de este siglo, se ha discutido tanto su originalidad como el problema de sus fuentes (vase el libro de Richard Becker citado arriba). Aunque la Introduccin no parece basarse en ninguna fuente textual precisa, Brian Dutton ha podido rastrear un gran nmero de motivos anlogos en ciertos textos latinos medievales 35. As, el famoso prado senido, las flores que representan los nombres de Mara, las aves laudatorias, y las fuentes que simbolizan los cuatro evangelios, todos pertenecen a una bien difundida tradicin medieval de literatura alegrica. Sin embargo, a pesar del inters que ha suscitado esta parte de la obra, son pocos los esfuerzos que se han llevado a cabo para explicar su tcnica, su sentido comprensivo y su relacin con los veinticinco milagros que la siguen. Con la excepcin de un breve y sustancioso trabajo de James F. Burke 36, nadie se ha planteado el examen de la unidad figurativa de la Introduccin y su relacin con el resto de la obra.

Para llegar a una apreciacin del sentido y la funcin de las primeras cuarenta y seis estrofas de los Milagros es preciso aproximamos al texto con el respeto y la curiosidad debidos a cualquier maestro de tcnicas y estructuras literarias. Hemos de buscar, as, un principio unificador que transforme la alegora que el mismo poeta expone en un sistema coherente de asociaciones e ideas.

Hasta ahora, la crtica se ha limitado a descifrar el sentido de las diversas alegoras individuales que componen la Introduccin sin percibir el ms profundo significado global de su organizacin temtica. Es decir, no se ha seguido la lnea sugerida por Northrop Frye cuando ste declara que la alegora es un elemento estructural de la literatura, y se cultiva no slo para adornar, sino para organizar, unificar y explicar el sentido de una obra 37.

La alegora en la Introduccin a los Milagros urde un complejo tejido simblico cuyo sentido total y relacin al resto de la obra se pueden aclarar por medio de una aproximacin tipolgica. La tipologa, o la elaboracin figurativa, era una tcnica de composicin e interpretacin textual ampliamente practicada durante la Edad Media. Segn K. J. Woollcombe, sta se define como el proceso que establece conexiones histricas entre ciertos personajes o acontecimientos del Antiguo Testamento y eventos y personajes similares en el Nuevo Testamento38. En su libro The Great Code, Northrop Frye ha puntualizado recientemente la definicin de Woollcombe, sealando el hecho de que las relaciones entre los dos testamentos percibidas por los autores y exegetas medievales seguan siempre un esquema conceptual esencialmente reversible, puesto que los mitos y acontecimientos del Antiguo Testamento se repetan en el Nuevo, aunque en la mayora de los casos de manera inversa. De este modo, el advenimiento de Cristo no slo marca la salvacin del hombre y cumple con las profecas del Antiguo Testamento, sino que simboliza la repeticin invertida de la historia de Adn. En la literatura medieval religiosa la tipologa fue, pues, un estilo de composicin explotado para reforzar la estructura, iluminar la organizacin conceptual, y crear sutiles correspondencias temticas entre las diferentes partes de una misma obra. Ciertamente, de todos los mtodos hermenuticos, la tipologa tuvo la ma yor difusin y prctica 39.

Ahora bien, al examinar la Introduccin a los Milagros a la luz de la tipologa descubrimos en ella un intricado y coherente sistema de asociaciones que unifica, estructura y presta sentido no slo a la misma Introduccin, sino al resto de la obra. Se evidencia que Berceo organiza su obra segn un esquema que evoca el amplio tipo bblico de la Cada y Redencin del Hombre. Esto lo logra por medio de las figurae que emplea en su texto y las correspondencias de imgenes que forja entre la Introduccin y los milagros subsiguientes.

El buen aveniment que menciona Berceo en la primera cuaderna tiene grandes implicaciones doctrinales y humanas, puesto que se refiere metafricamente no slo a su propio encuentro con la devocin mariana, sino a la salvacin universal del Pecado Original a travs de Cristo y, sobre todo, ,al instrumento de su encarnacin, su madre la Virgen Mara. Como queda dicho, desde los tiempos de San Ireneo se vena identificando a la Virgen directamente con la redencin del Pecado Original. Ms que en el mismo Jess, se perciba en la virginidad de su madre la prueba fidedigna del derrocamiento de la ley natural post-ednica. En su castidad, segn los Santos Padres, Mara triunfaba sobre la maldicin de Adn y Eva. San Ambrosio, por ejemplo, reconoce que Cristo se habra corrompido si naciese de manera ordinaria; y San Jernimo interpreta su inmaculado nacimiento como el signo definitivo de la salvacin humana de la deuda de Eva. Este ltimo, en su Epstola 22, declara que ahora que ha concebido una virgen y nos ha dado un nio... ahora se ha roto la cadena de la maldicin. Vino la muerte por medio de Eva, y la vida por medio de Mara 40. Durante toda la Edad Media se desarroll en torno a esta idea una tipologa en que se simbolizaba la historia universal del hombre desde su Cada hasta su Redencin.

El concepto teolgico del Pecado Original y su conquista por medio de Cristo y Mara se expresaba en la Edad Media a. travs de ciertos motivos e imgenes explcitamente derivados de la Biblia. Por su carcter iconogrfico, stos ilustraban la prdida y vuelta del hombre al Paraso. La Cada representa sustancialmente la enajenacin de la humanidad de la naturaleza; la Redencin supone la reconciliacin del hombre con el esquema natural. Todas las interpretaciones artsticas medievales de la Cada y Redencin humanas se impregnan directamente de un simbolismo naturalstico. Nuestros progenitores, Adn y Eva, son expulsados del Paraso en que vivan armnicamente en un estado natural. Por haber transgredido la Ley de Dios, conocen la verguenza, cubren su naturalidad y sufren el dolor, el hambre, la fatiga, y la muerte. A partir de este momento, hasta el advenimiento de Cristo, los hombres se consideraban miembros de la massa peccati. Se concluye que por culpa de la desobediencia de Adn y Eva se perdi el Paraso. Sin embargo, por el advenimiento de Cristo, encarnado por medio de la Virgen, se recobra lo perdido, se invierte la historia del Gnesis. La prdida y la restitucin del Paraso se expresan en la imaginacin medieval ligando estrechamente los motivos simblicos del jardn del Gnesis y los de la Anunciacin de la Virgen, y muchas veces forman una dualidad que se presenta simultneamente en una misma obra. As lo vemos en el cuadro de la Anunciacin de Giovanni di Paolo, en que la expulsin del Paraso da la accin de fondo para el encuentro del ngel con Mara 41.

Esta tipologa que ligaba la Virgen a Eva estaba tan difundida durante la Edad Media que lleg a constituirse en torno a ella una especie de paranomasia anagramtica entre la clereca. Sabemos que la dualidad Ave / Eva, Eva / Ave se conoca en la Espaa del siglo XIII. La Cantiga LX de Alfonso el Sabio se desarrolla precisamente en torno al estribillo Entre Ave Eva / gran departiment'a, y se declara all Ca Eva nos tolleu / o Parays' e Deus / Ave nos y meteu42.

Dicho esto, podemos volver nuestra atencin a la Introduccin de los Mtlagros y analizar el complejo sistema figurativo que Berceo explaya, y cmo ste evoca la historia universal del hombre a base de una tcnica alusiva fundada en la tipologa. La imagen de peregrinatio vitae que informa toda la Introduccin de la obra es la tipologa ms reconocible del texto y se deriva directamente de la biblia. Esta imagen es, segn Juergen Hahn, una que circunscribe el exilio del hombre del Paraso y su inestable estancia peripattica sobre la tierra43. Al aludir a su romera (cuadernas 2 y 17), Berceo no slo se identifica estrechamente con su pblico de romeros, sino que se convierte en homo viator, el hombre cado que anda en busca de la gracia perdida. La entrada de este narrador al prado bien senido, de flores bien poblado (cuaderna 2) es mucho ms, pues, que la evocacin de un simple locus amoenus: representa el retorno del narrador ejemplar, el everyman y yo potico, al Paraso perdido. Esto, por supuesto, se logra por medio de su devocin mariana. Su actuacin en el prado se desarrolla frente al fondo tipolgico del mito del Gnesis y representa figurativamente la anulacin de la Cada del Hombre. Las cuatro fuentes que manan de los extremos del prado (cuaderna 3) son la representacin perifrstica de la fons vitae y los cuatro ros del Paraso mentados en el Gnesis. El grand abondo de buenas arboleadas (cuaderna 4) es el smbolo iconogrfico de la abundancia perdida, mientras que la especfica mencin de las frutas, ningunas podridas nin azedas (cuaderna 4), redunda en la mente medieval con ecos de la amarga fruta que caus nuestra Cada. En la tradicin medieval se conceba la manzana (a veces la pera o el higo) de Eva como amarga y maldita, mientras que Jess en el Ave Mara funciona como su antitipo y denomnase el benedictus fructus de la Virgen 44. Insistiendo, pues, en la relacin inversa de su jardn al del Edn, Berceo hace explcita la conexin repitiendo que:

El fructo de los rbores era dulz e sabrido,
si don Ad
m oviesse de tal fructo comido,
de tan mala manera no seri
decibido,
ni tomari
n tal dannto Eva nin so marido (15).

La analoga es clara: el paraso a que ha entrado el narrador es el antitipo de aquel en que el hombre pec y cay. Al contrario del paraso del Gnesis, el de Berceo es el prometido que cierra el crculo de la historia universal de la humanidad. Su Paraso es el de la redencin cristiana, el cumplimiento ineludible de la profeca del Edn del Antiguo Testamento.

Ahora bien, es en y por medio de Mara que encontramos la gracia perdida por nuestros primeros padres. Si Eva comi del rbol de la Ciencia y pudo distinguir, as, el bien del mal sintindose avergonzada, la Virgen en la obra de Berceo simboliza la inversin de este hecho y reconstituye la inocencia perdida. Mara se identifica con los rboles en la Introduccin de nuestro poeta, y suscita, as, la comparacin con el arbor vitae, el cual tambin se sita en el paraso descrito en el Gnesis (3.24). Para Berceo Mara es el rbol cuya sombra le protege, cuyas frutas son los milagros, o ejemplos, de su redencin. Las frutas de la Virgen son, por consiguiente, antitipos de aquella primera fruta que fue la causa de nuestra perdicin, evocando as la dicotoma del pecado y la salvacin. Berceo adopta la imagen del hortus conclusus, cuyo origen se halla en el otro jardn del Antiguo Testamento, el del Cantar de Salomn, puesto que ste simboliza el poder purificador de Mara y su conquista del pecado. A travs de su devocin por la Gloriosa, el poeta recobra figurativamente el Edn derrochado por Adn y Eva.

Al entrar el narrador en el prado mariano nos dice que descarg su ropiella por yazer ms viioso (6). No es un detalle pintoresco de la narracin, sino un acto que se integra en el esquema tipolgico que desarrolla el poeta, y tena para la mente medieval un profundo sentido simblico de orgenes bblicos. En el Libro de Alexandre, por ejemplo, Alejandro hace que sus huestes se desnuden durante su encuentro con las serpientes (cuadernas 216-62), puesto que stas no hacen dao a los hombres cuando se les recuerda la inocencia humana en el Edn. La desnudez de las tropas del emperador macedonio es la mejor arma contra el pecado. El Physiologus medieval incorpora esta idea al disertar sobre la naturaleza de las serpientes, y nos dice que ... mientras el primer hombre, nuestro padre Adn, estuvo desnudo en el Paraso, la serpiente no se atrevi a abalanzarse sobre l; mas cuando Adn visti la tnica (es decir la mortalidad del carnal cuerpo pecaminoso), se abalanz contra l. Si t conservas la vestidura mortal, es decir, el hombre viejo, y quieres perpetuar inveteradamente los das malos, la serpiente se abalanzar contra ti; mas si te despojas del ropaje de los prncipes y de las potestades que gobiernan este siglo y del espritu de iniquidad que est en los cielos (como dijo el apstol), entonces la serpiente no podr abalanzarse sobre ti45. Al vestirse, Adn reconoci la tentacin y su estado pecaminoso. Al quitarse su ropiella el narrador de los Milagros se plantea el retorno a la inocencia y la conquista del pecado por medio de la Virgen.

Una vez acomodado el narrador bajo el rbol protector, su comentario sobre las noblezas del huerto es seguido por una interesante imagen que sin duda evoca sutilmente la idea de muerte y resurreccin:

Manamano que fui en tierra acostado,
de todo ellazerio fui luego folgado;
oblid
toda cuita e lazerio passado,
Qui all
se morasse seri bienventurado! (12)

Aunque Berceo no hace patente el sentido tipolgico del prado en su glosa a la alegora (16 y ss.), el significado no puede ser ms obvio. En su explicacin nos dice el narrador que:

Semeja esti prado egual de Paraso,
en qui Dios tan grand gra
ia, tan grand bendiin miso;
l que cri tal cosa maestro fue anviso,
omne que y morasse nunqua perdri
el viso (14) .

Con esto, queda claro que la Virgen representa los aspectos positivos presentes en el Edn desde la Creacin -en Ella y su manifestacin paradisiaca percibimos la luz espiritual y la posibilidad de la salvacin y vida eterna.

Como queda dicho, el mito de la Cada usa imgenes que simbolizan la alienacin de la Humanidad de la Naturaleza. El retorno del narrador de los Milagros al Paraso marca la reconciliacin del Hombre con el esquema natural efectuado por la gracia de la madre de Dios. Cuando el peregrino de la Introduccin se desnuda y se duerme bajo la sombra del rbol mariano, rechaza la vergenza y recobra la vida eterna perdida con la Cada del primer hombre y la primera mujer. La relacin del narrador al prado y, por lo tanto, a la Virgen, subvierte la historia de Adn y Eva y comunica la idea de la restitucin de la gracia por medio de Mara.

Berceo refuerza la estructura de esta tipologa al integrar en su Introduccin el tema de la profeca mariana. Para el hombre medieval, la profeca bblica comprenda una visin total de la Humanidad, y cubra la Historia del Hombre desde su Creacin hasta su Redencin. Por lo tanto, la evidencia de la salvacin universal efectuada por Mara se repite y se manifiesta simblicamente en las diferentes generaciones de los hombres hasta el advenimiento de Cristo. El poeta riojano recurre, as, a los otros testimonios de la venidera redencin en el Antiguo Testamento tal como fueron establecidos por la tradicin exegtica medieval.

Berceo comienza su recorrido de las profecas marianas del Antiguo Testamento aludiendo a la ms importante de ellas, la de Isaas (7.14), repetida por San Mateo (1.23) al explicar el nacimiento virgen del Redentor. Segn el narrador, Isaas se encuentra en el prado en onrrada companna, y es l que de todos cant mejor (cuaderna 28). Dentro de esta misma veta, se alude al vellocino que fue de Geden (34), que segn los exgetas medievales prefiguraba la espontnea concepcin de Cristo, puesto que la Virgen Mara fue fecundada por el Espritu Santo de la misma manera que el vellocino se empap de roco en medio de la sequedad (Jueces, 6.36-40). Adems, se recuerda que el ngel saluda a Geden con las mismas palabras empleadas por Gabriel en la Anunciacin (cfr. Jueces, 6.12, y Lucas, 1.34); palabras que, dicen los exegetas, la Virgen reconoci como alusin a la bella Sin, ltimo vestigio de Israel (Sophonio, 3.14-17; Jeremas, 4.31,18.13, 15; Lamentaciones, 1.15, 2.13; Miqueas, 4.10; Isaas, 62.11 ; Zacaras, 2.10) y que Berceo invoca al declarar que Ella con grand derecho es clamada Sn (37)46.

Berceo sigue elaborando la milagrosa inmaculada concepcin de Jess por medio de otras referencias a episodios profticos del Antiguo Testamento: la pirtega en que sovo la serpiente alzada y el fust que Moses enna mano portava (39, 40) que recuerdan Exodo, 7.9; la Virga Aaron (Nmeros, 17.8) que, como el vientre de Mara, floreci espontneamente, y que tambin figura dentro de la paranomasia exegtica Virga / Virgo (41); la puerta en s bien encerrada (36) que evoca la porta clausa del jardn de Salomn (Cantar, 5.18), que contiene la fons signatus, o la fuent de qui todos bevemos (35), y cuya trtola (2.12) prefigura la visita del Espritu Santo a Mara, acontecimiento que para Berceo la convierte en la palomba de fiel bien esmerada (36).

El poeta sigue reforzando la estructura tipolgica de la Introduccin cuando asevera que Ella:

Es dicha vid, es uva, almendra, malgranada,
que de granos de gra
ia est toda calcada,
oliva, cedro, b
lssamo, palma bien ajumada,
pi
rtega en que sovo la serpiente alzada (39).

Aqu, sin embargo, las imgenes profticas se derivan no del Antiguo Testamento, sino del Evangelio Apcrifo de Ben Sira, conocido por el otro nombre de Ecclesiasticus, el cual dedica el captulo 24 enteramente a una elaboracin alegrica de la Virgen 47.

Es evidente, pues, que en su Introduccin Berceo busca reconstituir y restituir el Paraso perdido por medio de una sistemtica elaboracin de imgenes potico-tipolgicas. Es por esta razn por lo que adopta el motivo del hrtus conclusus y urde alusiones a las profecas marianas del Antiguo Testamento dentro de su descripcin. El poeta desea establecer la clara tipologa entre el mundo de la Vieja Ley, el del pecado y el de Adn y Eva, y el de la Nueva Ley, el de la posibilidad de la salvacin del Pecado Original por el medio de Cristo y el instrumento humano de su advenimiento, su madre. Utiliza Berceo las imgenes del llamado protoevangelium (el jardn ednico, las profecas, etc.) 48 para plantear la legitimidad del Nuevo Testamento y su promesa de redencin y vida eterna. Una vez desarrollada imagsticamente esta idea, los milagros que siguen a la Introduccin se revelan como miniaturas de su esquema temtico bsico: todos son elaboraciones particulares del tema de Cada y Salvacin por medio de la gracia.

En el Milagro XXII, como en tantos otros, encontramos un claro indicio del estrecho vnculo forjado por el poeta entre la ancdota contada y la Introduccin. Al concluir la historia del nufrago salvado, Berceo abandona la fuente latina para concluir que:

Los que por Eva fuemos en perdicin cados,
por ella recombramos
los solares perdidos;
si por ella non fuesse
yazrimos amortidos,
mas el so sancto fructo
nos ovo redemidos.

Por el so sancto fructo que ella concibi,
que por salud del mundo passi
n e muert sufri,
issiemos de la foya que Ad
n nos abri,
quando sobre deviedo del mal muesso mordi
(621-22).

Este eplogo, ausente, como ya dijimos, de la fuente latina, es testimonio de la intencin de Berceo de situar los Milagros dentro de un patrn formal de Cada y Redencin; evidencia su disciplinado deseo de elaborar un esquema temtico que sirva de sustento a la obra entera desde la Introduccin hasta la ltima lnea del ltimo milagro. Si en la Introduccin se ejemplifica por medio de figurae la Historia Universal del Hombre, en los milagros que la siguen, se presenta la historia individual de los hombres. La una traza un ejemplo de pecado y redencin dentro de un marco claramente bblico y mtico, mientras que los otros explayan esa idea en un contexto menos lejano, ms actual, cotidiano e individual. Los personajes de los milagros, a travs de su conocido y comentado cotidianismo, encarnan y aproximan al pblico de Berceo el concepto de la gracia y redencin y el valor de la peregrinacin marianas.

La impecable naturaleza de la Virgen, su plenitud de gracia, sus virtudes y, finalmente, su confirmacin en la gracia al final de su vida, constituyeron los factores ms notables de su santidad para la iglesia medieval. Concebida inmaculadamerte, se considera como el mayor recipiente de la gracia divina que ha tenido la humanidad. Las palabras iniciales del Arcngel Gabriel en la Anunciacin (Ave Mara plena de gracia, San Lucas, 1.28) implican el grado de gracia que posee la Virgen. Lo que la Providencia haba dado en menor grado a los santos y profetas aparece en su forma plena en Mara. Por otra parte, si nuestros primeros padres recibieron gracia excepcional al ser creados, Mara, quien recobra la gracia perdida de la humanidad, debi poseer un grado de gracia infinitamente superior al de Adn y Eva.

Para la teologa medieval la Virgen sobrepasa en gracia a todas las dems criaturas y fue recipiente de las virtudes teologales y morales adems de los dones especiales del Espritu Santo. Entre stos ltimos estn las gracias especiales llamadas gratiae gratis datae, o las gracias para la santificacin de otros 49. Sin duda, este es el principio operante en los Milagros de Nuestra Seora ya que stos no se detienen en contemplar la santidad de la Virgen sino en la representacin de la salvacin de pecadores confirmados por la dispensacin de la gracia mariana.

El tema de la plenitud de gracia de Mara es uno de los que se reconfirma constantemente a lo largo de los Milagros y uno que est ntimamente relacionado con el concepto del pecado del hombre y la subsiguiente salvacin. Desde la cuaderna 46 que cierra la Introduccin hasta la 911 en que el poeta termina la obra pidiendo la gracia de Mara para s mismo, se hace eco de la gracia mariana por lo menos cuarenta veces (46, 60, 73, 74, 98, 119, 141, 159, 181,228, 261,272,277,298,339,374,375,432,450,475,499, 545, 582, 611, 624, 744, 848, 889, 911, y passim). Por otra parte, si comparamos estos pasajes elaborados por Berceo con sus fuentes latinas, se hace patente que ni la mencin ni la preocupacin por la gracia aparecen en stas ltimas. Berceo, por lo tanto, ajusta las historias latinas a un contexto temtico, el de la gracia salvadora de la Virgen.

En el Milagro XXI, por ejemplo, se percibe claramente el deseo del poeta de vincular estrechamente las narraciones de su fuente latina a la temtica de las gratiae gratis datae de la Virgen. Aqu Berceo omite deliberadamente el eplogo del cuento (Accedant itaque ad tam potentis medicine Dominam omnes egroti, veniant et sanentur, sanati beatam Mariam correctis moribus, studiosis Jaudibus venerentur. Nescit erga misero deficere pietas sua, que nos omnes misericordie dulcissimi Filii sui commendet, Domini nostri Ihesu Christi, qui cum Patre et Spiritu Sancto vivit et regnat per omnia secula seculorum, Amen), y lo sustituye con su propia interpretacin que, adems de ofrecer una paranomasia sobre la palabra gracia, subraya la posesin y dispensacin de la gracia como los ms importantes atributos taumatrgicos de Mara:

A la Virgo gloriosa todos gracias rendamos,
de qui tantos miraclos leemos e pro vamos ;
ella nos d
su gracia que servida podamos,
e nos gu
e fer cosas por ond salvos seamos. (Amen.) (582)

El anlisis tipolgico de la Introduccin de los Milagros, de Berceo revela que el pecado, la redencin y la gracia mariana son las ideas subyacentes que unen y estructuran la obra entera. En la Introduccin encontramos una amplia declaracin temtica elaborada a travs de una tcnica que depende en alto grado de la tipologa, mtodo de composicin e interpretacin textual empleado por los autores medievales. Por medio de imgenes que evocan el Paraso del Gnesis, y a travs de alusiones a las profecas del Antiguo Testamento que anunciaban a la Virgen Mara se evoca la posibilidad de la restitucin de la Humanidad a la gracia perdida, la posibilidad de un retorno al Edn.

La Introduccin del poeta riojano es un intrincado sistema de imgenes unidas entre s por medio de asociaciones tipolgicas latentes en ellas que, vistas en su totalidad, establecen una semntica simblica que por un lado evoca la historia de la Cada del hombre y por otro asegura su salvacin por medio de la devocin y fe marianas. Es, a la vez, la clave al resto de la obra, puesto que cada milagro de la coleccin repite esta idea bsica, pero en miniatura, en una forma menos abstracta y ms particularizada. Mientras que la Introduccin cuenta por medio de figurae la historia de la Cada y Redencin del primer hombre, los milagros que la siguen reflejan metonmicamente el mismo concepto en su plano individual. Estos ltimos narran no el drama de la Cada y Salvacin del hombre arquetpico, sino el de los hombres, los peregrinos, nuestros vecinos y nuestros contemporneos. Por consiguiente, cada milagro ejemplifica y reafirma la validez actual de la gracia redentora de la Virgen. Los Milagros y su Introduccin gozan, por esto, de una estrecha unidad temtica cuya funcin es la de evocar y resolver por medio de Mara el problema tanto del Pecado Original como el del pecado en todas sus manifestaciones.

 

RASGOS GENERALES DE LA LENGUA DE BERCEO

El rasgo morfolgico ms notable del lenguaje de Berceo es la disinencia -i en el imperfecto de los verbos -ir, -er, excepto en la primera persona. Adems, el fenmeno se encuentra en el condicional de todos los verbos. En su obra, por otra parte, se hallan a menudo las formas derivadas del latn sedere con el valor de estar, mientras que el apcope es muy frecuente. As encontramos formas como sedi (estara) y diz (dice). En el dialecto riojano del siglo XIII ciertas palabras como Re eran bislabas, a menos que se encontraran en un hemistiquio de seis slabas. En algunos casos hay hemistiquios que se completan por pronombres pleonsticos que son, ms bien, recursos prosdicos y no caractersticas del dialecto. Las formas esti, essi, -sti, -i (desinencia de la primera persona de los pretritos irregulares y los imperativos derivados de formas con una i larga, final en latn), tanto como li, lis (dativos) sealan la tendencia del dialecto riojano a conservar toda -i final larga del latn vulgar. La contraccin enna (en la) se conserva en el dialecto de la Rioja por mucho tiempo. Hay instancias cuando vemos la conservacin de la -d- intervoclica (veden, por ven), fenmeno muy comn en el dialecto de la Rioja. No obstante, aunque raras veces, encontramos casos cmo mores (sudores). En Berceo adems se hallan las formas pronominales ielo o gelo tpicas del castellano, que se conservan hasta el siglo XVI. Qui es la forma habitual de que, sujeto con antecedente personal, mientras que abunda la terminacin -iella como diminutivo (-illa en castellano) y la diptongacin de la o(breve) del latn, como, por ejemplo, confuerto < confortum. Ciertos grupos consonnticos, sobre todo -m'n-, que pasa a -mbr- en castellano, se conservan en riojano, y por lo tanto se hallan formas como allumnar y lumnera en Berceo.

Adems de sus caractersticas dialectales, la lengua de Berceo contiene muchos cultismos, la mayora de los cuales son latinismos de tipo ortogrfico. As encontramos formas como pleg (lleg), clamar (llamar), y otras. El estudio ms autorizado y detallado referente a la dialectologa de la Rioja es el de Manuel Alvar, El dialecto riojano, Mxico, 1967.

 


 

 

NOTAS

 

25 Marcelino Menndez y Pelayo, Antologa de poetas lricos castellanos, Madrid, Viuda de Hernando, 1890, l, 168.

26 Lenguaje potico: Berceo, en Lenguaje y Poesa, Madrid, Revista de Occidente, 1962, 13-39.

27 Ramon Menndez Pidal, Poesa juglaresca y orgenes de las literaturas romnicas, 6. ed., Madrid, Espasa-Calpe, 1964, 274.

28 Damaso Alonso, Berceo y los Topoi, en De los siglos oscuros al de oro, 2.- ed., Madrid, Gredos, 1964, 82.

29 El influjo del sermn medieval en el desarrollo de las literaturas vernculas es un tema de gran extensin y abundante bibliografa fuera del Hispanismo. Para una orientacin en la incipiente crtica hispnica, vase el artculo de Alan D. Deyermond, The Sermon and Its Uses in Medieval Castilian Literature, La Cornica, 8, 2, 1980, 127-45. Este contiene el repaso bibliogrfico ms completo sobre el asunto en un contexto ibrico.

30 Vase Ramn Menndez Pidal, loc. cit.,. y Camillo Guerrieri Crocetti, La lingua di Gonzalo de Berceo Studi Medievali, 15, 1942, 163-88.

31 Vase la Vida de San Milln de la Cogolla, ed. cit. de Brian Dutton, 175-92.

32 Anlisis estilislico de los Milagros de Nuestra Seora de Berceo, 2.- ed., Madrid, Gredos, 1971, 201. Gariano vuelve a insistir en que la esencia artstica de los Milagros de Nuestra Seora consiste en la emocin lirica en ellos depositada, y por eso se trata de un valor discontinuo, fragmentario, 194.

33 Lo expuesto aqu en algunas instancias sigue mi estudio La Tipologia bblica y la Introduccin de los Milagros de Nuestra Seora, BHS, 62, 1985, 7-14. Quisiera expresar mi gratitud a la redactora de esta revista, la profesora Dorothy Sherman Severin, por el permiso de reproducirlo.

34 Sobre la alegora en las obras de Berceo, vanse Agustn del Campo, La tcnica alegrica en la Introduccin a los Milagros de Nuestra Seora, RFE, 38,1944,15-57, Y Chandler R. Post, Medieval Spanish Allegory, Cambridge, Harvard University Press, 1915, 118-28. Vase tambin Fr. Alejandro UIi Ballaz, Es original de Berceo la Introduccin a los Milagros de Nuestra Seora?, Berceo, 86, 1974, 98-117; Jol Saugnieux, Los Milagros y la tradicin mariana, en op. cit., 45-71; Gaudioso Gimnez Resano, El mester potico de Gonzalo de Berceo, Logroo, Instituto de Estudios Riojanos, 1976; Elizabeth Drayson, Some Possible Sources for the Introduction to Berceo's Milagros de Nuestra Seora, MAe, 50,1981,274-83.

35 Ed. cit., 36-45.

36 The Ideal of Perfection: The Image of the Garden-Monastery in Gonzalo de Berceo's Milagros de Nuestra Seora, en Medieval Renaissance and Folklore Studies in Honor of John Esten Keller, ed. de Joseph R. Jones, Newark, Del., Juan de la Cuesta, 1980,29-38. Vase tambin el interesante artculo de Erika Lorenz, Berceo, der Naive (Ueber die Einleitung zu den Milagros de Nuestra Seora, Romanistisches Jahrbuch, 14, 1963,255-68; Y Germn Orduna, La Introduccin a los Milagros de Nuestra Seora de Berceo, en Actas del Segundo Congreso de la Asociacin Internacional de Hispanistas, Nimega, Holanda, Asociacin Internacional de Hispanistas, 1965, 447-56.

37 Anatomy of Criticism: Four Essays, Princeton, Princeton University Press, .1957,54.

38 Essays on Typology, Londres, SCM Press, 1957,39. Segn Erich Auerbach, la interpretacin figurativa "establishes a connection between two events or persons in such a way that the first signifies not only itsolf but also the secand, while the second involves or fulfills the first. The two poles of a figure are separated in time, but both, being real events or persons, are within temporality. They are both cantained in the flowing stream which is historicallife, and only the comprehension, the intellectus spiritualis, of their interdependence is a spiritual act". In practice we almost always find an interpretation of the Old Testament whose episodes are interpreted as figures or phenomenal prophecies of the events of the New Testament. Vase su Mimesis: The Representation of Reality in Western Literature, traducido por Willard R. Trask, Princeton, Princeton University Press, 1953, 73.

39 Northrop Frye, The Great Code: The Bible and Literature, Nueva York, Harcaurt, Brace and Jovanovich, 1982, 105-38. Vanse tambin Erich Auerbach, Scenes from the Drama of European Literature, trad. Ralph Manheim, Nueva York, Meridian Books, 1959, 11-76, Y C. A. Patrides, The Grand Design of God: the Literary Form of the Christian View of History, Londres, Routledge and Kegan Paul, 1972. Para la tipologa en la literatura medieval espaola, vanse James F. Burke, History and Vision: The Figural Structure of the Libro del cavallero Zifar, Londres, Tmesis, 1972; David W. Foster, Christian Allegory in Early Hispanic Poetry, Lexington, Kentucky, University of Kentucky Press, 1970, sobre todo 105-35; P. A. Bly y A. D. Deyermond, The Use of Figura in the Libro de Alexandre, JMRS, 2, 1972, 151-81, e Ian Michael, The Treatment of C/assical Material in the Libro de Alexandre, Manchester, Manchester University Press, 1970, 42-46. La tipologa en la obra de Berceo ha sido examinada por Alan D. Deyermond, La estructura tipolgica del Sacrificio de la Misa, Berceo, 94-5, 1978, 97-104, Y por Hejen Boroland, Typology in Berceo's Milagros: The Judiezno and the Abadesa preada, BHS, LX, 1983, 15-29.

40 En The Nicene and Post Nicene Fathers of the Christian Church, trad. Philip Schaff y Henry Wace, Oxford, Clarendon Press, 1896, VI, 30. Vase tambin Joan M. Ferrante, Woman as Image in Medieval Literature, Nueva York, Columbia University Press, 1975,43-46.

41 E. Guldan, Eva und Maria: Eine Antithese als Bildmotiv, Graz/Kln, Bhlau, 1966; el cuadro de di Paolo se encuentra en la Galera Nacional, Washington, D. C., y lleva el nmero 334. En la Anunciacin de Fra Anglico, que se encuentra en el Museo del Prado, tambin encontramos la expulsin del Paraso como la accin de fondo. En este ltimo aparecen detalles pictricos, particularmente las flores esmaltadas del prado junto a un rbol claramente simblico, que coinciden con muchos de los elementos grficos de la alegora de Berceo. Debo agradecer a la Galera Nacional el permiso de publicar aqu el cuadro de di Paolo.

42 Alfonso X, o Sabio, Cantigas de Santa Mara, ed. Walter Mettmann, ed. Xerais de Galicia, 1981, 1, 273.

43 The Origins of the Baroque Concept of Peregrinatio, University of North Carolina Studies in Romance Languages and Literatures 131, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1973, 114.

44 Sobre este tema, vase James F. Burke, Love's Double Cross: Language Play as Structure in the Libro de buen amor, UTQ, 43,1973-74,256.

45 El Fisilogo: bestiario medieval, traducido por Marino Ayerra Redn y Nilda Guglielmi, Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1971,50-51. .

46 Para la profeca mariana en el Antiguo Testamento, vase el libro de Marina Warner citado arriba, 3-33. Sobre la imagen del vellocino, vase Rosalie Gimeno, The Episode of Gideon's Fleece in Biblical, Patrisric and Spanish Literary Accounts, SIs, 1980, 9-25.

47 Para el texto, vase Geoffrey Ashe, The Virgin, Londres, Routledge and Paul, 1976,27-28.

48 Vase el citado libro de Hilda Graef, 1, 1-100.

49 Para los fundamentos de la teologa marana, vanse Juniper B. Carol, Fundamentals of Mariology, Nueva York, Benziger Brothers, 1956; P. G. Rhodes Our Lady's Endowments, en Our Blessed Lady, ed. C. Lattey, Londres, Burns, Oates, and Washbouroe, Ltd., 1934, y Emile N. Neubert, Mary in Doctrine, Milwaukee, Bruce, 1954.

 

 

 

MILAGROS DE NUESTRA SEORA
(pags. 31-48)
Michael Gerli

CATEDRA
Letras Hispnicas
Madrid, 1992
 

     Para saber ms:
En torno a Gonzalo de Berceo: "los Milagros de Ntra. Seora" y el culto a la Virgen     RICO MANSILLA, A.

Biblioteca Gonzalo de Berceo
Catlogo general en lnea