Biblioteca Gonzalo de Berceo Construcciones de Contrebia Leukade (La Rioja). Más fotografías de esta ciudad celtibérica en http://www.vallenajerilla.com/musica/catalogo_pps.htm

 

 

RESUMEN

    Las primeras fuentes escritas sobre los berones surgen a propósito de la campaña de Sertorio contra ellos en el 76 a. C. Tito Livio (fr. lih. XCI) y Estrabón (III, 4, 12) se originan en este hecho, pese a ser texto histórico y geográfico respectivamente. La diferenciación literaria de los berones sobre el conjunto de pueblos celtibéricos se origina en este hecho político, pues étnica y arqueológicamente eran muy similares. Posidonio es ¡a fuente de Estrabón, pero también de Diodoro Sículo (XXXV, 5) donde no atribuye a los celtíberos origen celta, como Estrabón, sino mixto, de iberos y celtas.

Les premières sources écrites sur les «Berones» paraissent à propos de la campagne de Sertorius en 76 a. C. contre eux. Tite-Live (fr. liv. XCI) et Strabon (III, 4, 12) s'originent sur ce fait, bien qu'ils soient texte historique et géographique respectivement. La distinction littéraire entre «Berones» et celtibères a son origine dans ce fait politique, car ils étaient pareils autant ethniquement que archêologiquement. Posido-nius est la source de Strabon, mais aussi celle de Diodore de Sicilie (XXXV, 5) où il n'atribue pas aux celtibères l'origine celtique, mais métis des ibères et celtes.

Palabras claves: Autorística, berones.

Key works: Sources écrites, Berones.

 

 

 

 

 

La útil distinción metodológica entre fuentes geográficas e históricas se atenúa si se considera la cronología y génesis autorística de varias de ellas, el uso que los recolectores posteriores hicieron de las mismas y en definitiva, el hecho concreto que motivó su aparición.

En el caso de los berones, la fuente «histórica» de Livio (frg. lib. XCI) y la fuente «geográfica» de Estrabón (III, 4, 12) se originan en un mismo acontecimiento: la guerra sertoriana de 76 a. C. Ambas han sido recogidas por Villacampa.1

Dice Estrabón; «Al Norte de los celtíberos habitan los berones, vecinos de los cántabros llamados coniscos y que formaron parte de la emigración céltica, cuya ciudad es Varia, sita junto a un puente (o vado) del Ebro» (Str. III, 4,12).

Diábasis» (διάβασις) significa tanto «vado» (Tucid. VII, 74, 78; Xen. como «puente» (Xen. «An»2, 3, 10).

Por «vado» o «paso» traducen Schulten2, Villacampa-3 y Magallón4.

Por «puente» traducen García y Bellido5, Pascual Fernández Dupré6 y Liz Guiral7 señalándose la posibilidad de que estuviese un poco arriba de Varea, en Logroño. Por otro lado, Magallón8 acepta que hubiese un puente romano en «Varea», pese a que su traducción de Estrabón no va en este sentido.

Otros comentarios al texto de Estrabón han hecho Rodríguez Colmenero9, García Bellido10, y Taracena11.

Este texto procede en nuestra opinión de la «Historia de Pompeyo» de Posidonio, filósofo estoico de lengua griega, natural de Apamea, en Siria12. Pompeyo fue el personaje histórico que más interesó a Posidonio13. El Senado había enviado a Pompeyo a España en 77 a. C. para combatir a Sertorio, último jefe de los populares en armas. Siguiendo literariamente las andanzas de Pompeyo, Posidonio se ocupó de Sertorio en la mencionada «Historia de Pompeyo», libro que se perdió, como el resto de las «Historias» de Posidonio. De este libro desaparecido se nutrió Estrabón para describir geográficamente el interior de Hispania, concretamente la Celtiberia y los berones.

Estrabón se queja de las escasas fuentes sobre los pueblos de Celtiberia, imputando a los romanos desinterés total por la geografía de estas regiones, afirmando que los conocimientos sobre ella proceden exclusivamente de los griegos (Str. III, 4,19). Los dos autores fuente que cita para estas regiones son Polibio y Posidonio (Str. III, 4, 13). Obsérvese que Polibio era exclusivamente historiador.14

La actividad de Pompeyo en Iberia implicaba continuas referencias a Sertorio, que se movía con mucha mayor facilidad que Pompeyo por la península. Nuevo caudal de noticias sobre Pompeyo y sus hijos proporcionó la guerra civil contra César, que vino después.

Así los párrafos siguientes provendrán de la «Historia de Pompeyo»: Afranio en Ilerda (Str. III, 4, 10), Pompeyo, citado a propósito de las ciudades de Turdetania, Itálica, Astigis, etc. (Str. III, 2, 2), los Trofeos Pompeyanos en los Pirineos (Str. III, 4, 1; III 4, 7; III, 4, 9). Directamente a La Rioja atañe el dato de que Calagurris, una de las ciudades de los vascones, así como Ilerda y Osea, de los ilergetes, fueron las últimas en ser fieles a Sertorio (Str. III, 4, 10). Sertorio es el agente histórico que, debido a sus batallas junto a «Segobriga» y «Bilbilis» (Str. III, 4, 13) le proporciona la única posibilidad de nombrar estas ciudades; en otra ocasión se refiere al dominio que ejerció Sertorio sobre los iberos globalmente (Str. III, 4, 6).15

La génesis del texto estraboniano referente a la posición de los berones, «bérones» literalmente, es la misma que los anteriores, con la ventaja de poder fijarse cronológicamente con precisión, si se combina con el fragmento citado de Tito Livio (Liv. frg. lib. XCI).

Otras pinceladas del texto estraboniano, como el puente -o vado— sobre el Ebro en «Vareia» están motivadas por la estrategia militar. Sertorio quería afianzar la linea del Ebro para defenderse de los ataques senatoriales procedentes del Norte, pues Pompeyo se hallaba bien asentado en «Gallia, Pirineo, Lacetania y los indigetes» (Sall. II, 98, 5).

El fragmento del libro XCI de Tito Livio, en el segmento que nos interesa, dice: «...El mismo (Sertorio) determinó avanzar contra los berones y autrigones, de quienes había comprobado que, mientras él sitiaba las ciudades de la Celtiberia, habían implorado el auxilio de Pompeyo, habían enviado guías al ejército romano y muchas veces habían hostilizado con sus jinetes a sus propios soldados, cuando durante el asedio de Contrebia salían del campamento para recoger forraje o provisiones. También habían osado solicitar de los arevacos que se pasasen a su partido...»16

Estos hechos se habían desarrollado durante la campaña de 77 a.C. Sertorio duda sobre dónde dirigirse en la subsiguiente de 76 a.C: o bien a la costa ilercavona-contestana o bien a la Lusitania. Continúa Livio:

«En estas consideraciones Sertorio guió a su ejército pacificamente sin ningún daño por territorios tranquilos, más allá del Ebro. Marchando seguidamente contra las tierras de los bursaones, de los cascantinos y de los graccuritanos, las devastó todas y, asoladas sus cosechas, se dirigió a Calagurris Nasica, ciudad aliada; pasó un río cercano a la ciudad y, después de construir un puente, instaló allí un campamento. Al día siguiente mandó al cuestor Marco Mario a los pueblos de los arevacos y cerindones para reclutar tropas, y de allí a Contrebia Leucada para reunir provisión de trigo; desde esta ciudad la salida al territorio de los berones era facilísima, dondequiera pensase llevar el ejército; asimismo envió al prefecto de la caballería Cayo Insteyo a Segovia y al país de los vacceos para reclutar fuerzas de caballería, ordenándole que le esperase en Contrebia. Enviados éstos, salió él mismo con su ejército a través del territorio de los vascones y acampó en los confines de los berones. Al día siguiente, adelantándose con la caballería a explorar el camino y ordenando a la infantería que lo siguiese en formación de cuadro, llegó a la ciudad de Vareia, la más fuerte de la región. No fue de improviso su llegada, durante la noche, y por todas partes con sus jinetes y con los de los autricones...».17

Los «Bursaones» o «Bursavonenses» son los de «Bursao» hacia Borja (Zaragoza). Los cascantinos, los de «Cascantum», Cascante (Nav.). Los graccuritanos, de «Gracchuri», Eras de San Martín en Alfaro. «Calagurris Nasica» es Calahorra, ciudad de gran importancia.18

El texto de Livio hace referencia nuevamente a las obras de infraestructura necesarias para la operatividad de un gran ejército en campaña, construcción de campamento y puente cerca de Calahorra, probablemente sobre el Cidacos, que sería de materiales poco durables, dada su construcción en una jornada y a la vez que el campamento. Los restos del actual puente romano deben de ser posteriores.19

Calagurris aparece prosertoriana a diferencia de las vecinas ciudades del área ebreña, pues la Celtiberia Citerior ribereña del río (Aragón y Sur de Navarra), así como todos los berones, es pompeyana. Los vascones, entre los que Pompeyo fundó «Pompaelo» (Str. III, 4, 10), también son pompeyófilos.20

Los de «Calagurris» son citados generalmente en este siglo sin un marco étnico superior. Es una comunidad política en sí misma. Incluso en los reclutamientos que hacían los romanos de indígenas, «socii», no son incluidos en marcos superiores: así la guardia de Augusto (Suet. «Aug.» 49) hasta el año 31 a.C. que estaba compuesta de «Calagurritani»21.

Schulten resaltó que ésta fue una campaña «por la línea interior»22 para afianzar su línea de defensa. Parece como si desde un principio, Sertorio supiese qué territorio iba a proporcionarle mayor apoyo, la Celtiberia y sus aledaños, y tratase de consolidar su dominio sobre ella y sus accesos, manteniendo la línea del Ebro.

Lo único que alcanza a conocer Estrabón de esta campaña, por medio de Posidonio, son las operaciones en torno a Varea, pero nada del avance de Sertorio desde Contrebia Belaisca, a la que no cita, como tampoco a las otras ciudades.

La diferencia de información entre Livio y Posidonio es de bulto. Tampoco se puede suponer que Posidonio, aunque hubiese tenido mucha información sobre Sertorio, lo elogiase en exceso, so pena de hacer desmerecer a Pompeyo.23

La información posidoniana sobre «Calagurris» no se origina en esta campaña, sino en la heroica resistencia posterior a la muerte de Sertorio.24

En realidad, si Sertorio no hubiese combatido en las cercanías de Varea no creo que Posidonio y Estrabón hubiesen escrito una palabra sobre los berones. La información posidoniana es hija de la coyuntura, del hecho de que tal personaje pasase por allí. Los berones eran una etnia pequeña, menor que la mayoría de sus vecinas, a las que Posidonio-Estrabón ignoran: autrigones, carietes y vennenses, pelendones, turmogos, todos ellos muy parecidos lingüística y culturalmente a los berones.25 Plinio26, autor bastante completo y con verdadera experiencia sobre Hispania, ignoró totalmente a los berones. En Ptolomeo aparecen los berones con tres ciudades tan sólo, «Tritium Metallum» (sic)27, «Oliva» y «Varei (Ptol. II, 6, 54).

De todas maneras la estratégica posición que ocupaban guarneciendo el último puente o vado importante sobre el Ebro (los autrigones sólo poseían un oppidum, «Deobriga» que estaba probablemente sobre el río2S sin que se mencione ruta, puente o vado allí, quedando en cualquier caso demasiado excéntricos) su unanimidad política interna, su audacia e iniciativa al frente de los pueblos pompeyanos de la zona29, merecen ser destacados.

García y Bellido se extrañaba de que Estragón hablase de celtíberos y berones como si fuesen la totalidad de celtas30 -de etnias de origen celta, diríamos- emigrados. La explicación venía condicionada por la endeblez de las fuentes informativas estrabonianas, no por la importancia absoluta de los berones, que además García y Bellido situaba mal.31

Es difícil saber hasta qué punto los indígenas comprendían los planteamientos políticos de los diferentes generales romanos, quienes usaban, tanto optimates como populares, parecidas técnicas de atracción de los indígenas. En todo caso, los problemas internos de la República Romana en sí mismos, no parecen haber influido en el alineamiento indígena en un bando u otro. En cualquier caso, los berones estaban sometidos a Roma y su guerra contra Sertorio no puede interpretarse como más contraria a la causa romana32 que la actitud prosertoriana de arévacos o calagurritanos. Los contrebienses belaiscos, amigos de los berones y de Pompeyo, aparecen unos años antes en buenas relaciones con el gobernador romano Valerio Flaco, que interviene en cuestiones jurídicas entre varias ciudades indígenas.33 No veo a los pompeyanos más antirromanos que a los sertorianos.

Las monedas con la leyenda «Uaracos» en celtibérico34 fueron acuñadas por los de Varea, y como recuerdan Simón y Tovar / Blázquez35, sólo los celtíberos sometidos a Roma acuñaron moneda. Algo parecido podría decirse de las monedas con «Teitíacos», posiblemente de los de «Tritium»36

Ciertamente, los de Termancia y todos los vacceos (Palantia, Intercatia, Cauca, etc.) así como otros celtíberos de localización indeterminada, que resistían aún a principios del siglo I a.C., no acuñaron.

La única información adicional que nos ofrece Posidonio-Estrabón respecto a «Calagurris» y no referente específicamente a esta campaña, es que «Calagurris» es una de las «poleis» de los vascones (Str. III, 3, 10), atribución que falta sistemáticamente en Livio y sus epitomadores (Orosio, Floro, Valerio Máximo, etc.) por lo que puede ser una reinterpretación estraboniana.

Por otra parte Estrabón incluye a «Calagurris», en tanto que perteneciente a los vascones así como a ilergetes y iaccetanos en la «mesogea», entre el «Pyrene» y la «Idubeda» (Str. III, 4, 10), es decir, la región interior de la Citerior, mientras que a los berones los menciona como un pueblo norteño respecto a los celtíberos, en otra región (Str. III, 4, 12), la Celtiberia.37

Por lo tanto, su visión de la actual Rioja está compartimentada en función de criterios étnicos, pero también condicionada por el origen de su texto.

De hecho Estrabón ignora casi todo sobre Celtiberia y los berones. Ni siquiera le es posible identificar las cuatro partes en que están divididos los celtíberos. El texto menciona a los arévacos con Numancia, vecinos de los carpetanos y de las fuentes del Tajo; a los lusones, luego a los celtiberos con las ciudades de «Segobriga» y «Bilbilis» y luego cita a Polibio quien «al hablar de los pueblos meceos y celtíberos» menciona las poleis de «Segesama» e «Intercatia». No cita más etnias en este párrafo dedicado a ello. Por tanto, para concretar la cuarta parte, o nos quedamos con los carpetanos, que son «vecinos», o con los vacceos, que es lo que Estrabón quiere indicar solapadamente, pero no directamente, pues si Polibio los da junto a los celtíberos, otros autores no. En época posterior, los vacceos en su mayoría estaban en la Ulterior38, por tanto Estrabón, evitando contradecirse, pues ya ha hablado de los vacceos como «lusitanos» (Str. III, 3,3) se muestra deliberadamente ambiguo.

Los autores contemporáneos que se han aplicado a la intelección del texto varían sus conclusiones: Sánchez Albornoz indicaba que Estrabón silencia a los «arévacos, pelendones, olcades, lusones y celtíberos para agruparles en una denominación genérica común de Celtiberia...»39, palabras que suscribe literalmente Blázquez40 en un trabajo. Sin embargo Estrabón sí menciona a arévacos, lusones y celtíberos, como se acaba de ver, mientras que el mismo Blázquez en otro trabajo41 aplica a Estrabón una división en celtíberos, arévacos, lusones y pelendones, más ajustada al texto, aunque los pelendones no son citados por Estrabón.

Schulten opina que esas cuatro «partes» literales, «tribus» en la imprecisa traducción schulteniana eran arévacos, lusones, bellos y tittos.42 Es pues, una interpretación que se funda en la comparación con los datos polibiánicos del siglo II a.C. que Estrabón conoció de segunda mano, vagamente. El hecho es que en el siglo I a.C. bellos y tittos no aparecen ya en ningún texto como etnia (los bellos como apelativo de Contrebia Belaisca posiblemente, los tittos tal vez los de algún epígrafe monetal, «Titum» o «Titiacos»43; en definitiva, ciudades). Blázquez en un tercer trabajo cita como las cuatro «naciones» celtíberas a arevacos, lusones, bellos y tittos.44

Caro Baraja cree que las cuatro unidades son, celtíberos, «por derecho propio», arevacos, lusones, y pelendones. Los últimos que indica, Estrabón no cita.45

Solana por su parte, siguiendo a Sánchez Albornoz dice que Estrabón silencia a arevacos, pelendones y olcades, lo que no es así en el caso de los primeros.46

Rodríguez Colmenero intenta que el cuarto pueblo sean los berones, junto a arevacos, lusones y celtíberos.47 Realmente, los berones eran muy similares a los celtíberos, pero si se acepta que sean el cuarto pueblo, con el mismo criterio pueden competir para el puesto cualquier otro de los pueblos limítrofes citados como tales al par de los berones: astures, callaicos, vacceos, vettones y carpetanos. (Str. III, 4, 12).

Lo que ocurre es que el caudal estraboniano debe desglosarse por fuentes. Si estudiamos a Polibio separadamente de Estrabón (Pol. XXXV, 2, 2-3), vemos citados a arevacos, bellos y tittos. Estos dos últimos no vuelven a citarse desde 147 a.C. (Apiano, «Iber.» LXIII) y es dudoso que sobreviviesen a la reorganización administrativa de los decemviros del 133 a.C. (Apiano «Iber». XCIX),48 al estar por otra parte, intensamente urbanizados (Contrebia Belaisca, etc.).

Por tanto, Posidonio no debió conocerlos, ni incluirlos en sus textos. Además había habido otras etnias de lengua celtibérica: ólcades, (Pol. III 13, 5; Liv. XXI, 5, 2) no citados después de Aníbal, lobetanos, citados en el siglo II d.C. por Ptolomeo (II, 6, 59), incluso los carpetanos, según los textos indígenas (cf. monedas de «Ikesankom» de «Conbouto»: «Complutum»49) que normalmente no aparecen política y gentiliciamente asociados a los celtíberos.

De las combinaciones entre la información polibiánica recogida por Posidonio y la posidoniana propiamente dicha, o bien de una sola de éstas, nació el número de las cuatro partes de los celtíberos.

Pero lo más interesantes que Estrabón, tan ambiguo por su falta de información, no quiere engañar a sus lectores: se queja de la apatía romana y más adelante se refiere (Str. III, 4, 19) a las cuatro divisiones de «esta región», pero que otros dan cinco; pero ¿qué región? En medio ha introducido una parrafada sobre los pueblos del Norte, uno de sus mayores timbres de gloria, que obviamente es posterior a las guerras cantábricas. Parece que después, vuelve a tomar el hilo descriptivo de matiz posidoniaca, con varios polibiánicos, y esta región debe ser la celtíbera.50

Respecto a Polibio, es evidente -pues ya estaba muerto hacía muchos años- que no puede ser informador sobre hechos de Sertorio y todos los datos que estamos manejando proceden manifiestamente de esta guerra. Opinan los actuales estudiosos que Estrabón -que seguramente había leído a Polibio directamente- no manejó datos directos de Polibio referentes a Iberia,51 sino que los tomó de Posidonio. Ahora bien, se debe añadir: no serían éstos muy densos, cuando Posidonio tuvo a su vez que copiar a Polibio, como en el dato sobre Tiberio Sempronio Graco.52 Munz había observado que el estilo del párrafo es posidoniano, mientras de Schulten apunta el importante contraste de que Str. III, 4, 12 dice que el origen del Betis está en la Oróspeda, mientras Polibio dice que está en Celtiberia (Pol. XXXIV, 9, 12 = Str. III, 2, II).53

Posidonio había relatado en griego la campaña de Sertorio a través de La Rioja. Los analistas lo hicieron en latín y Livio trasladó esta narración a su «Historia». El destino de ambos textos fue disparejo a partir de aquí. El latino se perdió en buena parte, salvo un fragmento, bastante substancioso por otra parte. El texto griego transformó su género literario: de Historia se convirtió en Geografía a manos de Estrabón. Es de admirar que con tan pocos datos de autoria y cronología diversas, Estrabón urdiese su libro tercero de la «Geografía» que se lee con continuidad y sin fatiga.

Ciertamente Posidonio se había ocupado de la Geografía, pero no tanto de la descripti­va como de la general. A él le interesaba principalmente el Océano, la ecúmene y el problema del alma planetaria en relación con su pensamiento estoico. Fruto de ello fue su tratado «Sobre el Océano».

La mayor parte de la información posidoniana contenida en Estrabón es de origen cronistico-militar: es el caso de los berones.

En definitiva, la conquista romana no era capaz de movilizar un caudal ni siquiera mínimo de información geográfica accesible a los estudiosos de esta época republicana -a diferencia de la imperial- y además, tampoco aportaba materiales estadísticos sobre ciudades, etnias, demografía, agrimensuras, etc.: la Geografía y Etnografía resultantes, aunque amenas y bien entramadas, son renqueantes y llenas de anacronismos.54

Origen posidoniano parece tener también otro párrafo donde Estrabón menciona a los berones, en el que se van enumerando los diversos dominadores que padecieron los íberos, desde los fenicios y cartagineses, pasando por los celtas «los mismos que ahora se llaman celtíberos y berones», hasta los recientes Viriato y Sertorio, caudillos que se opusieron a los romanos. Sertorio no aparece en su verdadera dimensión romana, sino como jefe de los iberos. Esta enumeración de dominadores, al ser diacrónica e interpretativa en la parte de jefes militares (cf. Sertorio, pero no Pompeyo, que gobernó ambas provincias en ausencia, por medio de legados, ilegalmente),55 debe provenir de Posidonio.

La exclusión de cualquier referencia a guerras césaro-pompeyanas o cántabras es indicativa del tope cronológico final de la fuente, que se ajusta estrictamente a la cronología de Posidonio, 135-51-50 a.C. El propio Estrabón (XI, 1, 6) atestigua que Posidonio escribió la historia de Pompeyo.56

En esta relación aparecen los celtas (celtiberos y berones) como uno de los pueblos dominadores de los íberos, quienes resultan ser en esta consideración los hispanos que no eran de origen celta-celtibérico (el baremo para la consideración del celtismo es aquí lo «galo»), ni colonizador.

Los berones como dominadores es un planteamiento excesivo sacado de contexto, pero son mencionados por ser la única etnia hispana de origen celta, además de los genéricos celtíberos, que Posidonio-Estrabón aciertan a saber.

Aquí «celta» tiene claro sentido etnológico y no político, al rebasar el concepto de celtiberos como única y global etnia celta de «Iberia», que había tenido una parcial traducción a lo político en la alianza que formaron arevacos, bellos y tittos (App. «Iber» XLIV-XLV, Pol. XXXV, 2, 2) frente a Roma. Los berones, al haber militado en bando distinto de los celtíberos, durante la guerra sertoriana, no son computados como «celtíberos», sino como «celtas». El que unos y otros fuesen «celtas» implicaría una dimensión lingüística: hablaban la misma lengua, el celtibérico.57 La cultura material presenta múltiples paralelos con la de los celtíberos, las comparaciones se han solido hacer principalmente en una dirección, el yacimiento de Cortes de Navarra que perteneció al territorio de los celtíberos estrictos.58

Se ha destacado en varias ocasiones el celtismo de los berones59 su mayor pureza, etc., con acierto, pero para redondear la afirmación es preciso destacar que en la misma medida que eran celtas los berones, lo eran los celtíberos y que dada la naturaleza casi «casual» de su aparición en el texto estraboniano, no cabe pensar en una concepción posidoniana sobre bipartición de los celtas de Iberia, sino un desconocimiento de las gentes vecinas, de caracteres muy similares. Respecto a este párrafo estraboniano dice Tovar60 «...que un grupo étnico (los celtas) se dividió y tomó nombres diferentes al instalarse en sus sedes». Se refiere a celtíberos y berones.

Tampoco el distinto posicionamiento político en la guerra sertoriana de celtíberos (en su mayor parte sertorianos) y berones (pompeyanos) debe derivar esa cierta oposición entre uno y otros, —que Rodríguez Colmenero cree advertir61—, a términos etnológicos, sino estric­tamente políticos. Esta observación de Rodríguez es por otra parte, muestra de la honestidad de sus planteamientos, pues choca con la consideración de los berones como cuarto pueblo estraboniano.62

Si Posidonio es la fuente del origen celta de celtíberos y berones ¿cómo puede ser posidoniano el texto de Diodoro de Sicilia (V, 33) sobre el origen de los celtíberos de matriz posidoniana según dedujo brillantemente Müllenhoff y le ha seguido toda la investigación?63

En este documento se explica el origen de los celtíberos por una invasión de los celtas sobre los íberos que primero lucharon y luego realizaran matrimonios mixtos y recibieron un nombre común. Nos interesa aquí la etnogénesis celtibérica, porque además de afectar directamente a la Rioja Baja, cualquier conclusión es «afortiori» aplicable a los berones.

Como se ve, hay discrepancia notable en la explicación del origen de los celtíberos. ¿Proceden ambos de Posidonio?

Pudieron existir informaciones contradictorias en el texto posidoniano, tal como ocurre en Polibio, que llama «Iberia» en una ocasión a la costa mediterránea (Pol. III, 37, 10-11) y otras al total peninsular (Pol. III, 57, 2-3; Pol. XXXIV, 8 = Athen. 302 C; Pol. XXXIV, 6, 2 y 3 = Str. II, 4, 2: 104 y 105).64

Sin embargo, no deja de ser problemático el hecho de que los textos de los presuntos recolectores de Posidonio, Estrabón y Diodoro de Sicilia, referentes a la etnogénesis de los celtíberos no se solapan en absoluto, no coinciden.65

Así pues ¿quién atribuyó a los celtíberos y berones origen celta? ¿quién arregló, en cambio, un origen mixto de los celtíberos?

Por todo lo que hemos ido hilvanando, Posidonio fue la fuente donde Estrabón leyó lo del origen celta. Eso por lo que respecta a la primera cuestión.

En lo que respecta a la segunda, es interesante comprobar que Apiano («Iber» L) establece el mismo origen étnico mixto que Diodoro da a los celtíberos, en un párrafo que, debido a la orientación que da a los Pirineos (errada, pues irían de Norte a Sur), se revela de origen polibiánico.66

La misma paternidad polibiánica, a través de Posidonio probablemente o quien fuere, tienen otros puntos del texto de Diodoro de Sicilia (V, 35, 2), donde orienta los Pirineos de Norte a Sur, tal como el correspondiente texto estraboniano sobre la cadena (Str. III, I, 3).67 Sin embargo, no es posible sostener que, salvo este párrafo inicial, Apiano proceda de la misma fuente que Diodoro.68

Estas observaciones no resuelven el problema autorístico de las clasificaciones étnicas, pero pueden ayudar a perfilar algún aspecto.

 

 

 

NOTAS

1.   M.A. VILLACAMPA, «Los berones a través de las fuentes literarias», Caesaraugusta 45-46, 1978, p. 43; Id. «Los berones según las fuentes escritas», IER. Exma. Dip. de La Rioja, Logroño, 1980, p. 76 s.

2.   A. SCHULTEN «Fontes Hispaniae Antiquas VI. Estrabón. Geografía de Iberia», Barcelona, 1952, p. 112, desde ahora,FHA VI.

3. VILLACAMPA, c.c. 1980, p. 44.

4.   M.A. MAGALLÓN BOTAYA, «La red viaria romana en La Rioja», Cuadernos de Investigación, Historia IX, I Coloquio sobre historia de La Rioja (desde ahora, CIHª IX) Logroño, 1983, p. 165 (todo, p. 153-166).

5.   A. GARCIA Y BELLIDO; «España y los españoles hace dos mil años según la Geografía de Estrabón», Madrid, 1968, (4a) p. 148.

6.   J. M.° PASCUAL FERNANDEZ, «En torno a los orígenes de la ciudad de Logroño» Berceo n.° 100, 1981, p. 172 (todo, p. 167-181); id. «La cronología de Vareia (Varea, Logroño) CI Hª.-IX 1963, p. 127 (todo, p. 127-134); N. DUPRE, «La place de la vallée de l'Ebre dans l'Espagne romaine», Mélanges de la Casa de Velázquez(MCV)IX, 1973 p. 168.

7.   J. LIZ GUIRAL, «Los puentes romanos en La Rioja» CIHª.-IXp. 750(todo p. 147-151).

8.   MAGALLON, 1980, p. 158.

9.  A. RODRÍGUEZ COLMENERO, «Augusto e Híspania. Conquista y organización del Norte peninsular», Bilbao, 1979, p. 206.

10.  GARCIA Y BELLIDO, o.c.p. 145 y 149 n. 261.

11.  B. TARACENA, «Restos romanos en La Rioja», Archivo Español de Arqueología (AEArq) XXIII, 1950, p. 35, quien prefería «paso» a «puente».

12.  M. LAFFRANQUE, «Poseidonios d'Apamée. Essai de mise au point». París, 1965, con bibliografia.

13.  Str. XI, 1, 6; M. LAFFRANQUE, «Poseidonios historien»; Pallas XI, 1962, p. 103 s.; K. VON FRITZ, «Posidonios ais historiker», Historiographia Antiqua 1977, Lovaina, p. 163 s.; F. LASSERRE, «Strabon. Géographie II. Livres III-IV», París, 1966, p. 5 s.

14. A. DÍAZ TEJERA, «Polibio. Historias I», vol. I/I. Madrid-Barna., 1972, con bibliografía.

15. Sobre Sertorio y «Calagurris» J, L. RAMÍREZ SADABA, «Limitaciones inherentes a las fuentes literarias: consecuencias de la guerra sertoriana para Calagurris», Gerión 3, 1985, p. 231; M. L. NEIRA «Aportaciones al estudio de las fuentes literarias antiguas de Sertorio», Gerión 4,1986, p. 189 s.;

16. Traducción basada en E. VALENTI, «Fontes Hispaniae Antiquae» (FHA) IV, 1937, p. 362, 363; tb. VILLACAMPA, o. c, 1890, p. 76 s., resumido en «Caesaraugusta» 45-46, o. c, p. 43 y 47 s.; esta «Contrebia» es la llamada «Belaisca» en Botorrita, Zaragoza: G. FATAS, «Contrebia Belaisca II. Botorrita (Zaragoza)», Zaragoza, 1980, no pudiendo identificarse con «Contrebia Leukade», como creyó B. TARACENA, o. c, AEArq. XXIII, 1950, p. 21 s. que parece identificable con Inestrillas en el curso del rio Alhama, ruinas estudiadas por J.A. HERNÁNDEZ VERA, «Las ruinas de Inestrillas. Estudio Arqueológico», Logroño, 1982.

17.  Traducción: v.n. 15, además aparece el texto latino con comentario para los vascones en J.M. BLAZQUEZ, «Los vascos y sus vecinos en las fuentes literarias griegas y romanas de la Antigüedad», IV Simposium de Prehistoria peninsular (IVSPP), Pamplona, 1966 p. 179-180.

18.  Por razones de espacio, remitimos su localización a L. SANCHO ROCHER, «EL convento jurídico cesaraugustano», Zaragoza, 1980, p. 27, 40, 60, 66, 87, 118, 119 para «Gracchuri»; ID. p. 41, 60, 80, 106, 118, 127, 135, para «Cascantum»; ID. p. 41, 60, 66, 75, 106 s. para «Bursao»; además sobre «Gracchuri» v. tb. J. A. HERNÁNDEZ VERA y M. P. CASADO, «Graccurris: la primera fundación romana en el valle del Ebro», Simposion de Ciudades Augusteas de Hispania II (SCAH), Zaragoza, 1976, p. 23 s. M.J. PEREX AGORRETA, «Los vascones» Gob. de Navarra, 1980 ,p. 139 s. para «Cascantiun» y p. 150 para Graccurris. Sobre «Calagurris», l GÓMEZ PANTOJA, «La ciudad romana de Calahorra», SCAH ll, p. 185; G. RUIZ TRAPERO, «Las acuñaciones hispano-romanas de Calahorra», Barcelona 1968; A. DOMINGUEZ-ARRANZ, «Las cecas ibéricas del valle del Ebro», Zaragoza, 1979, p. 100 «Bursau»; p. 106 s. «Caiscata» (que no es seguro que sea «Cascantum») y p. 111 s. «Calagoricos»; P. LUCAS DE LA CRUZ, «Historia de Calahorra y sus glorias», Valencia, 1925; U. ESPINOSA, «.Calagurris Iulia», Logroño 1984; PEREX, o. c, p.91 s.

19.  P. GUTIÉRREZ DE ACHUTEGUI, «Calagurris Iulia Nassica, Estudio de investigación de objetos arqueológicos encontrados en la Ciudad...», Berceo n.° VII, 1948, p. 189 s.;J. LIZ, o. c, p. 148.

20.  M. A. MEZQUIRIZ, «La excavación estratigráfica de Pompaelo I», Pamplona, 1958; J. UNTERMANN «Pompaelo», Beiträge zur Namenforschung Xl 1976, p. 121-135.

21.  F. MILLAR, «The emperor in the Roman world.31 BC-AD 337», Londres, 1977, p. 62,

22.  A. SCHULTEN, «Sertorius» o. c., p. 89 s.; ID., FHA IV, o. c, p. 189.

23.  Posidonio era pro-optimate respecto a las pugnas de la República tardía, H. STRASBURGER, «Posidonios and the problems of the Roman Empire», Journal of Roman Studies (JRS) 55, 1965, p. 40 s.; H. VOLKMANN, «Griechische Rhetorik oder römischen Politik», Hermes 82, 1954, p. 465 s.; LAFFRANQUE, o. c. Pallas, p. 103 s.; M. CRAWFORD, «La república romana», Historia del mundo antiguo Taurus, Madrid, 1982, (1978 ed. orig.) p. 139; SCHULTEN, FHA II, 1925, p. 163; A. MOMIGLIANO, «La Historiografía griega, Barcelona, 1984, p. 226 s.

24.  A. GARCÍA Y BELLIDO, «La península Ibérica en los comienzos de su historia», Madrid, 1953, p. 676-679; ID. «Astapa, Numancia y Calagurris: tres casos asombrados de resistencia», Veinticinco estampas de la España antigua, Madrid, 1967, p. 90-92; A. GONZALEZ BLANCO, «El hambre de Calahorra del año 72 a.C», Simposium bimilenario Calahorra, Min. de Cultura, 1984, p. 207 s.

25.  J. M. SOLANA, «Los autrigones a través de las fuentes literarias», Colegio Universitario de Álava, 1974, p. 1.415; ID., «Los turmogos durante la época romana I, Las fuentes literarias». Anejos de Hispania Antigua, Valladolid, 1976, p. 10 y 18; J.M. UGARTECHEA, «Etnología prerromana del Pirineo occidental», Estudios de Arqueología Alavesa IV, 1970, p. 79 s.; B. TARACENA, «Tribus celtibéricas: pelendones» Homenagem a Martins Sarmentó, Guimaráes, 1933, p. 393 s.; P. BOSCH GIMPERA, «Etnología de la Península Ibérica», Barcelona, 1932, p. 514-552, turmódigos y 558-580, pelendones.

26.  R. SYME, «Pliny, the procurator», Harvard Studies in Classical Philology, 73, 1968, p. 215 s., fuentes de Plinio sobre Hispania.

27.           La epigrafía ofrece la forma «Tritium Magalum», CIL II, 4.227, más correcta.

28.  J. GOROSTLAGA «Flavióbriga, colonia romana, hoy Forua-Guernica en Vizcaya», Helmantica XVI, p. 20; SOLANA, «Los autrigones...» o. c. p. 82-85.

29.  A. FERNANDEZ GUERRA, «Cantabria», Boletín de la Real Sociedad Geográfica IV, 1878, p. 112 opinaba que berones propiamente dichos y autrigones eran dos ramas del pueblo berón, teniendo ambas como capital a «Vareia», opinión sin fundamento, pero que debe haberse originado en el papel dirigente de los de Varea en esta campaña.

30.  GARCÍA Y BELLIDO, «España...» o. c, p. 137 n. 221.

31.  ID, p. 137 n. 221; ¡en el Sur de Santander! J. CABRÉ «Acrópoli y necrópoli cántabras de los celtas berones, del monte Bernorio», Arte Español V, I, 1920, p. 1-30, incurría en el mismo error de situar demasiado al Norte y Oeste a los berones: Norte de la provincia de Palencia.

32.  Como cree J. M.a PASCUAL FERNANDEZ; «La cronología de Varea», CIH.a, I, 1983, p. 129 (todo p. 127-134).

33.  G. FATAS «Contrebia Beiaisca (Botorrita, Zaragoza) II. Tabula Contrebiensis», Zaragoza 1980, s.tp. 111 s.

34.  A. VIVES, «La moneda hispánica II», Madrid 1924, ceca n.° 42, p. 109-110; J. UNTERMANN, «Monumento linguarum Hispanicarum I,I: Dle Münzlengenden», Wiesbaden, 1975, ceca A 59, p. 276-277, con toda la bibliografía anterior (MLH).

35.  H. SIMÓN, «Roms Kriege in Spanien», Francfort, 1962, p. 12 n. 4; A. TOVAR y J. M. BLAZQUEZ, «Historia de la España romana», Madrid, 1975, p. 350 n. 13.

36. A. VIVES, o. c, II ceca n.° 70, p. 142; VILLACAMPA, Caesaraugusta 45-46, p. 40 e ID., o. c, 1980; UNTERMANN, MLH l, 1 ceca A. 57, p. 273-274, diferente de «Titiacos». Su ubicación en «Tritium» no es aceptada. M. LEJEUNE «Celtibérica», Salamanca 1955, M62 p. 91, certifica su adscripción a la lengua celtibérica; UNTERMANN, o. c, A 58 p. 275 cree que las monedas de «Tritium» son las de «Titiacos».

37.  RODRÍGUEZ COLMENERO, o. c, p. 197 s. es el primero en utilizar criterios diacrónicos para explicar las regiones estrabonianas; J. M. BLÁZQUEZ, «La Iberia de Estrabón», Hispania Antiqua (Hisp. Ant.) I, 1971, p. 37 s. presenta una visión sincrónica de los pueblos y las regiones estrabonianas.

38.  K. J. R. Me. ELDERRY, «Vespasian reconstruction of Spain», Journal of Román Studies 8, 1918, p. 105 n. 5; RODRÍGUEZ COLMENERO, o. c, p. 144.

39.  C. SÁNCHEZ ALBORNOZ, «Divisiones tribales y administrativas del solar del reino de Asturias en la época romana», Boletín de la Real Academia de la Historia (BRAH) XCV, 1929, p. 371 (todo, p. 315-395).

40.  BLÁZQUEZ, o. c, IV SPPp. 188, sin citar a Sánchez Albornoz.

41.  J. M. BLÁZQUEZ, «La Romanización I», Madrid, 1974 p. 39.

42.  A. SCHULTEN, «FHA VI. Estrabón. Geografía de Iberia», Barcelona, 1952, p. 248.

43. LEJEUNE, o. c. M 76 y M 109, las da como lingüísticamente celtibéricas: «Titum»: VIVES, o. c, II n.° 79, p. 147; UNTERMANN, MLH A92 p. 319 las atribuye a los «Titti» de los textos; «Titiacos»
según A. BELTRAN, «Las monedas hispánicas antiguas», IV Congreso Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas, Zaragoza, 1953, p. 26 y J. CARO BAROJA, «La escritura en la España prerromana. Epigrafía y numismática», HEMP. I o. c„ p. 716-734.

44.  BLAZQUEZ, «La Iberia...» o. c, p. 36: no cita a Schulten.

45.  J. CARO BAROJA, «Los pueblos de España I», 1976 (2o) p. 153.

46. J. M. SOLANA SAINZ, «Los autrigones a través de las fuentes literarias», Colegio Universitario de Álava, 1974, p. 144.

47. RODRÍGUEZ COLMENERO, o. c, p. 206.

48. J. SÁNCHEZ-ARCILLA BERNAL, «Temas de Historia de la Administración. Tomo I. Hispania romana y visigoda», Madrid, 1983, p. 52-53.

49. VIVES, o. c, II, ceca n.° 28; UNTERMANN, MLHl, I, o. c, ceca A 74, p. 294.

50.  Sigo a CARO BAROJA, o. c, I, p. 153 y RODRÍGUEZ COLMENERO, o. c, p. 209, aunque BLAZQUEZ, «La Iberia..» p. 13, cree que es dato de época imperial.

51.  SCHULTEN, FHA VI, o. c, p. 2-4, 140 s., 250 s.; LASSERRE, o. c, p. 4 s.; BLAZQUEZ «La Iberia...» p. 12.

52. G. FATAS, «Hispania entre Catón y Graco», Hisp. Ant. V, 1975, p. 301 s.

53.  R. MUNZ, «Posidonios und Strabo I: Voruntersuchungen», Gotinga, 1929, p. 40, 46 y 318 s.; SCHULTEN, FHA VI, o. c., p. 248.

54.  F. SCHÜHLEIN, «Untersuchungen über der Posedonios Schrifts, περί ώρκεανου» Freising, 1901, p. 5 s.; H. BERGER, «Geschichte des wissenschaftlichen Erdkunde der griechen», Leipzig, 1903 (2.°) p. 564 s.; M. LAFFRANQUE, «Poseidonlos...», 1965, o. c, p. 77; G. AUJAC, «Strabón. Geographie. Livres I-Il» I, Paris, 1969, p. 284 s.; GARCIA Y BELLIDO, «España...» 1945, p. 123 s.; I. GRANERO, A. A. ROIG, «Estrabón. Geografía. Prolegómenos», Madrid, 1980, p. 379 (contiene notas de AUJAC).

55. Cf. supra, Str. III 4, 19.

56.   E. MEYER, «Cäsars Monarchie und das Principal des Pompeius», Leipzig, 1891, p. 142, 169; M. CRAWFORD, «La República Romana», Madrid, 1981 (1978), p. 177.

57.   A. TOVAR, «Estudios sobre primitivas lenguas hispánicas», Buenos Aires, 1949, p. 39, 124, 170, 171, téseras que mencionan a Libia de los berones; «Uaracos» monedas de Varea p. 34; M. LEJEUNE, «Celtibérica», Salamanca, 1955, M. 55 m. 63, «Libiacos», moneda de Libia, que Vives da como falsa, pero ¿cómo hizo el falsario que tuviese el rótulo pleno sentido, antes de que se leyese correctamente la escritura ibérica?; «Uaracos», LEJEUNE, o. c, p. 60, 83, 103, 120; M. ALMAGRO BASCH, «Tres téseras celtibéricas de bronce de la región de Segóbriga. Saelices (Cuenca)», En Homenaje a Conchita Fernández-Chicorro. Ministerio de Cultura, 1982, p. 195 s., téseras de «Libiaca»; v. tb. n. 34. Algún autor ha situado la ceca de «Sekisamos» en Canales de la Sierra, TOVAR, o. c, p. 156, lo que no parece probable y desde luego es rechazable su identificación con la «Segeda» de los textos.

58.   Materiales recogidos en A. CASTIELLA, «La edad del Hierro en Navarra y Rioja». Pamplona 1977; U. ESPINOSA, «Estudios de bibliografía arqueológica riojana. Prehistoria e H.ª Antigua», Logroño, 1981 y los trabajos más recientes en U. ESPINOSA, A. GARCÍA ECIJA, S. GARCÍA RAMÍREZ, «Nuevos yacimientos de la primera Edad de Hierro en el Valle del Ebro (zona riojano-navarra)» CI Hª IX, I, p. 81-89. Estos materiales son anteriores a la aparición de los celtíberos bajo tal nombre.

59.   P. E. FLOREZ, «La Cantabria», 1877, reed. R. TEJA, J. M. IGLESIAS, 1981, Santander, p. 243-244; P. BOSCH GIMPERA, «Etnología de la Península Ibérica», Barcelona, 1932, p. 514-522, 606 s.; GARCÍA Y BELLIDO, o. c. p. 137; A. SCHULTEN, FHA VI, o. c, p. 229; J. CARO BAROJA «Las pueblos de España I, Madrid, 1976 (2°) p. 154; TARACENA, AEArq 42, o. c, p. 46; RODRÍGUEZ COLMENERO, o. c. p. 206-207; TOVAR «Estudios...» o. c, p. 58; J. M. AZAOLA «Vasconia y su destino II. Los vascos ayer y hoy» I, Madrid 1976, p. 170-171; A. DOMÍNGUEZ MONEDERO, «Reflexiones acerca de la sociedad hispana reflejada en la «Geografía» de Estrabón», Lucentum III, 1984, p. 212.

60.  TOVAR, «El nombre de celtas...» o. c, p. 173.

61.  RODRÍGUEZ COLMENERO, o.e., p. 207 n.° 119 bis, advierte que esta oposición se refiere a una época anterior a la redacción estraboniana.

62.  v.n.45

63.   K. MÜLLENHOFF, «Deutsche Altertumskunde II», Leipzig, 1870, s. 310; A. SCHULTEN, «FHA II. 500 a. de J.C. hasta Cesar», Barcelona 1925, p. 167-168; F. JACOBY, «Die Fragmente der Griechicher Historiker», Berlín, 1923, n.° 87, Kommentar p. 155; en contra, M. LAFFRANQUE, «Poseidonios d´Apamée...», Paris, o. c., p. 111.

64.   Cf. P. PEDECH, «Structure et contenu du livre XXXIV des Histories de Polybe», Revue des Etudes Grecs 68, 1955, p. 13 s.; ID., «La Géographie de Polybe: structure el contenu du livre XXXIV des Histories», Revue des Etudes Classiques 24, 1956, p. 3 s.; F. W. WALBANK, «The Geography of Polybius», Classica et Medioevalia 9, 1947-1948, p. 155 s.

65.   A. SCHULTEN, «Polybius und Posidonius über Iberien und die iberischen Kriege», Hermes 46, 1911, p. 586 s. lo observó de pasada.

66. J. CARO BAROJA, «La Aquitania y los Nueve pueblos», AEArq. XVII, 1944, p. 118 s.; A. SCHULTEN; «Geografia y etnografia antiguas de la Península Ibérica I». Madrid 1959, p. 37 s. y 142; P.
CAMENA D'
ALMEIDA,
«Les Pyrénées, développement de la conaissance géographique de la Chaîne», Paris s. f. p. 61 s.

67. CARO BAROJA, AEArq. o. c., p. 118 s.

68. A. SANCHO ROYO, «En torno al «Bellum Numantium» de Apiano», Habis 4, 1973, p. 23 s.; ID., «Consideraciones en torno al testimonio de Apiano y Diodoro como fuente para las guerras celtíbero-lusitanas», Actas del VI Congreso Español de Estudios Clásicos II, ed. 1983, Madrid, p. 19 s.

 

 

GÉNESIS AUTORÍSTICA DE LAS FUENTES DEL SIGLO I
a. C. SOBRE LOS BERONES

Luciano PEREZ VILATELA
Doctor en Historia. Instituto Nac. Bachillerato. c/Obispo Amigo, s/n. Torrente (VALENCIA).

 

BERCEO

114-115

39-50

Logroño

1988