En el prólogo de su obra Poesía española, un crítico de tanta experiencia como Dámaso Alonso resume treinta años de repetido contacto con algunas de las obras maestras de la literatura española exclamando: "¡Quiera Dios que de todo este camino no sea lo único bueno la primera y candorosa lectura!" (pág. 10). Añade también, en otra parte del libro, el comentario de que "hay por todo el mundo gentes de buena fe que se ponen delante del poema y aspiran a estudiar todos sus elementos, y a esto llaman estudio estilístico" (pág. 409). Todo esto no hace sino recordamos la eterna cuestión: ¿acaso destruiremos la frescura del poema, su fragancia original, al intentar someterlo a un tipo de escrutinio que, de hecho, atenta contra la esencia de la obra literaria? Más aún: ¿existe, en realidad, algún tipo de análisis literario del que podamos valemos con provecho para decidir con exactitud qué es lo que da a un autor un estilo característico? ¿Será verdad que todo el problema estriba, ni más ni menos, en que no podemos confiar en ninguna teoría o descripción de la poesía que no resulte demasiado complicada para poder utilizada? 1. Por otra parte, no hay duda de que, si bien hay casos en que no conseguimos volver a sentir la emoción que despertó en nosotros una primera lectura, también son muchas las ocasiones en que cada nueva lectura parece enriquecer nuestra comprensión y nuestro goce del poema. Y por lo que se refiere a nuestros esfuerzos por transmitir nuestra propia reacción a un tercero, probablemente no se trate tanto de destruir el contenido emotivo de un poema como de sentir la fatiga de los convencionalismos de la crítica literaria y, en consecuencia, desconfiar de nuestra capacidad expresiva. Hace ya años, J. Middleton Murry resumió el problema acertadamente al principio de un conocido ensayo: Resulta, me parece, una experiencia bastante usual de todos los que han dedicado muchos años a la crítica literaria asumir, casi sin darse cuenta, una postura de desconfianza hacia toda la terminología que más corriente y familiar les resulta. El crítico se siente insatisfecho de la vaguedad de su actividad o arte, y acaricia el sueño fantástico de que podría ser reducido a la firme precisión de una ciencia 2. En cierto modo, la referencia podría aplicarse a lo que no deja de ser una experiencia corriente en tantos aspectos de nuestra vida; es decir, el cansancio que llegamos a sentir ante todo lo que ha llegado a sernos excesivamente familiar. Aquí, sin embargo, lo que nos concierne es el ansia de hallar un nuevo medio de expresión por medio del cual pudiésemos comunicar nuestros sentimientos de manera lingüísticamente original, a la par que precisa cual fórmula matemática. Añadamos, de pasada, que en ese cansancio de lo familiar radica frecuentemente el germen de los cambios lingüísticos; y digamos también que, sin negarle méritos a la Estilística, las corrientes actuales parecen favorecer cada vez más la interpretación de que la crítica literaria como ciencia exacta no es sino un "sueño fantástico". Pero, inmediatamente después de lo citado anteriormente, Murry prosigue de manera aún más interesante: Durante este período de insatisfacción, el crítico puede incluso olvidar que la mitad del atractivo de su labor se halla en el hecho de que los términos que emplea son fluidos y vagos, y que el éxito dependerá de la fuerza con que sepa imbuirles un significado que resulte exactamente adecuado a sus intenciones e inequívoco ante su público 3. Así que ahora se han vuelto las tornas y ya no se trata de llegar a una ciencia exacta; ahora es la falta de precisión lo que presta su atractivo a la tarea, y todo depende de la pericia del crítico en hacer que su público entienda precisamente lo que se quiere que entienda. Por otra parte, la cuestión podría ahora plantearse de otra manera: si los términos con que trabaja son, por naturaleza, "fluidos y vagos", ¿hasta qué punto conseguirá el crítico hacerla s inequívocos para el público? Puesto que nos disponemos a examinar el uso que hace Berceo del idioma en uno de sus poemas, sirva lo dicho basta aquí de comentario preliminar indispensable. Con ello, tan sólo se ha querido recordar con qué cuidado deberemos andar si pretendemos obtener un resultado medianamente satisfactorio y que se aparte tanto del seco catálogo de aspectos "estilísticas" como de vaguedades y generalizaciones escudadas en la conveniencia de evitar un formulismo pseudomatemático. La intención, como se ha dicho anteriormente, es la de efectuar una serie de calas en la obra y comentar ciertos aspectos lingüísticos que llegan a nuestra sensibilidad como lectores, aunque, creemos, llegarían poco más o menos igual si fuéramos oyentes. Cierto es que el comentario no puede hacerse si no es valiéndonos del mismo medio de que se valió e] poeta, o sea del idioma; pero cierto es también que las circunstancias no son las mismas, pues lo que sin duda guía tanto al artista como al crítico en la expresión de sus sentimientos no es otra cosa que una especie de intuición sometida a disciplina, aunque sea la cantidad de disciplina e intuición, así como la proporción en que estén mezcladas, lo que les llevará al éxito o al fracaso en sus campos respectivos.
1. La metáfora, el símil, las imágenes
Si aceptamos la premisa de que cualquier aspecto lingüístico puede servimos de punto de partida para el estudio del estilo de un autor, de que la elección de cualquier forma o rasgo estilística y su estudio minucioso constituye ]a varita mágica que nos abrirá el camino 4, parece aconsejable empezar por la presente rúbrica como introducción a la lengua y el estilo de la Vida de Santo Domingo. Dicha rúbrica, no sólo cubre un aspecto básico de cualquier análisis estilística, sino que, además, nos permitirá dar principio a la tarea con un buen ejemplo del cuidado que ha de tener el crítico con la terminología que maneja, si desea que su trabajo se vea libre de ambigüedades e inconsistencias. Tratemos de precisar su significado. Tan pronto como nos ponemos a examinar con algún detalle obras de crítica literaria, en seguida nos damos cuenta de que varios vocablos, cuyo uso como términos de referencia habíamos creído claro y bien determinado -"imagen", "metáfora", "símil", "comparación" -, son, en realidad, una especie de tierra de nadie donde cada cual campa a su antojo. Para algunos, "imagen" es una palabra que define cualquier tipo de impresión o sensación comunicada por medios literarios. Otros restringen su significado al propio de la metáfora. Otros, en fin, emplear indistintamente "imagen" y "metáfora" sin ninguna diferencia. "Símil" es un vocablo relativamente poco usado, que suele ser reemplazado por "comparación"; pero "comparación" también aparece a veces en lugar de "metáfora". Ni siquiera la diferencia entre "metáfora" y "símil" parece demasiado clara. Así, por ejemplo, después de haber mencionado el "símil o comparación", Carmelo Gariano cita un verso de los Milagros, "Tenie por el sol al Fijo, la Madre por estrella" (117b), con el comentario de que "el símil referido a los cuerpos celestiales a veces está recargado de sentido metafórico" 5, lo cual, por lo que se refiere al símil, me parece que no es interpretar acertadamente el significado de tener por; pero todavía es más evidente la faIta de precisión en el ejemplo siguiente:
En fin,
cuando Jorge Manrique asegura que: que van a dar en la mar que es el morir ("Coplas a la muerte de su padre")
el símil se apoya en el comportamiento físico de vidas y ríos, pues ambos son fugaces y terminan en la aniquilación, sin que haya ni pueda haber parecido formal entre ellos 6. En principio, lo más sencillo y adecuado es decir que tanto la metáfora como el símil son una comparación; explícita éste, e implícita aquélla. Una frase como, por ejemplo, "asi los delibraua commo lobo corderos" (Alexandre, 515d) fácilmente puede ser definida como un símil, mientras que el hecho de que la Virgen "a lo bonos da trigo, a los malos avena" (Milagros, 374c) evidentemente hay que entenderlo como la manera metafórica de indicar la recompensa y el castigo. Con todo, la cuestión se complica al tener que considerar también la imagen, así como los límites precisos del lenguaje metafórico. Puesto que el tema es de crucial importancia para el estudio del lenguaje figurado, tratemos de definir el alcance de la palabra "metáfora". Más que la definición de la palabra en sí, el problema radica en decidir qué es lenguaje literal y qué es lenguaje figurado -o acaso hubiera que decir lenguaje "aparentemente" figurado-. Sabemos todos muy bien que los idiomas contienen un sinnúmero de metáforas muertas o moribundas que los hablantes ya no suelen sentir como tales; de ahí que haya podido decirse que el diccionario no es sino un cementerio de metáforas. Normalmente, nos damos cuenta de estos cambios semánticos cuando se nos llama la atención sobre ellos; pero, ¡cuántas veces nos resulta difícil, si no imposible, decir si una palabra o expresión determinada hay que tomada en sentido literal o en sentido figurado! Recordemos las conocidas líneas del Poema de Fernán González:
Estonçe era
Casty[e]lla vn pequenno rryncon, ¿Es verdaderamente fácil decidir si rryncon y mojon son metáforas o lenguaje literal? Recordemos también las palabras de la paralítica de Castro Cisneros, después de haber sido curada por Santo Domingo: ca sé que por tu graçia só del lecho exida. (310d) Cierto es que la mujer ha podido "exir" del lecho, en el sentido literal del verbo; pero ¿no será el segundo hemistiquio una manera metafórica de decir "he recuperado la salud"? Normalmente, aceptamos que el empleo de la palabra "pata", refiriéndonos a una silla o a una mesa, es metafórico; pero parece claro que el sentido traslaticio que pueda tener esta palabra es prácticamente nulo, si lo comparamos con, por ejemplo, lo que en nuestros días ha ocurrido con la "pajita" que nos sirve para sorber un refresco (hecha de todo, menos de paja). Un crítico inglés ha expuesto las características del problema de modo bien claro: De hecho, si consideramos aquellos ejemplos difíciles e imprecisos de lo literal y lo figurado, como "el ala de un avión" o "la pata de una mesa", en los que la categoría "ala" y "pata" resulta dudosa no a causa de ningún proceso histórico que les ha envuelto, sino sencillamente en sí mismas, la complejidad esencial de la metáfora empieza entonces a asumir las proporciones de la complejidad del propio lenguaje. Ni siquiera la línea entre lo literal y lo analógico puede trazarse con precisión, y no porque la línea no haya sido descubierta aún, sino más bien porque no existe 7. Lo cierto parece ser que, como dice también Watson, el lenguaje que solemos considerar literal es ya analógico en alto grado, y que el problema estriba en decidir no lo que es una metáfora, sino más bien lo que no lo es. De modo parecido, y según nuestro sentir con respecto a palabras como "ala" y "pata", nos sentiremos más o menos inclinados a la interpretación plenamente metafórica de una palabra como "carrera" en: "Por yr a parayso buscávalis carrera" (464a), aplicada a Santo Domingo en el pasaje en que predica a los moradores de Monte Rubio. Quizá la solución más fácil fuera ceñirse al empleo de la palabra "imagen" para designar tanto las metáforas declaradas como las descripciones efectuadas por medio de lenguaje poético 8, Esto resolvería el caso de las comparaciones expresas que son, al mismo tiempo, metáforas ("qual simiença fizier'des, tal era pararedes", S. Dom., 467d), y zanjaría la cuestión del uso indiscriminado de los términos "metáfora", o "símil" e "imagen". Con todo, en las páginas que siguen nos valdremos de los tres vocablos. Si definimos la imagen como cualquier forma de lenguaje evocativo o descriptivo, cualquier tipo de lenguaje que nos hace imaginar una escena o situación, ya tendremos, en principio, las demás formas de lenguaje figurativo comprendidas en la definición. Al mismo tiempo, si estudiamos en primer lugar las comparaciones implícitas ("metáforas") y estudiamos a continuación las comparaciones explícitas ("símiles"), tendremos la ventaja de haber hecho una exposición sistemática que puede ser redondeada mediante el estudio de las demás imágenes del poema que no sean, ni metáforas ni símiles (es decir, comparaciones de ninguna clase), incluyéndolas en una sección que podemos llamar, sencillamente, "otras imágenes". En resumen, pues, considero estas dos formas de comparación, la metáfora y el símil, como aspectos de la imagen, si bien las imágenes poéticas no son necesariamente metáforas o símiles. De ahí la progresión formada desde el lenguaje plenamente figurativo, pasando por la comparación explícita de dos términos, hasta el tipo de lenguaje literal capaz de sugerir una impresión.
A) LA METAFORA
Después de haber definido la palabra, y después de haber mencionado la dificultad de establecer sin lugar a dudas ni opiniones desacordes la frontera entre lenguaje literal y lenguaje figurado, tratemos ahora de evaluar el uso que hace Berceo de este recurso estilístico, cuyas definiciones se extienden a lo largo de una gama que va desde "el supremo agente por medio del cual lo distinto y anteriormente desconectado se ve reunido en poesía buscando los efectos sobre actitud e impulso que nacen de su colocación y de las combinaciones que la mente establece entonces entre ambos" 9, hasta "lenguaje que no puede ser interpretado literalmente" o, simplemente, "comparación tácita". Sin pretender agotar las posibilidades, intentaré clasificar el lenguaje metafórico que aparece en la Vida de Santo Domingo valiéndome de unos cuantos epígrafes que sirvan de referencia general, pero que se aparten del tipo de clasificación atomística basada en aspectos muy específicos. A fin de cuentas, no hay que olvidar que muchas expresiones metafóricas se prestan a ser estudiadas desde diversos ángulos. Por otra parte, con el objeto de no omitir algunos aspectos de la lengua de Berceo que merecen ser mencionados aquí, complemento a veces las observaciones sobre la metáfora por medio de referencias a recursos estilísticos y semánticos que recuerdan, una vez más, cuán difícil resulta separar lo literal de lo figurado. En todo caso, cada uno de los apartados que siguen resultará lo suficientemente explícito para que quede claro el principio que lo informa 10. i. Metáforas relacionadas con guerras, luchas y cárceles Uno de los aspectos del lenguaje figurado que aparece en la Vida de Santo Domingo de Silos y que el lector no tarda en descubrir es el uso de palabras y expresiones relacionadas con la guerra, cuyo eco tiene que haber llegado hasta Berceo procedente tanto de la vida real como de los cantares de gesta 11. Ya al comenzar el poema, Berceo nos advierte que se dispone a narrar la historia de Santo Domingo de Silos, "que salva la frontera" (3d), metáfora que amplía y precisa en 48c, "bien sabié al diablo tenerli la frontera". Es decir, que del mismo modo que los soldados del Rey guardan la frontera contra las incursiones del invasor musulmán, el santo -soldado de Cristo- guarda la tierra contra los ataques del demonio. Para Claudio Sánchez-Albornoz, la imagen es característica del "cristianismo militante de los españoles" 12. Como nos dice Berceo en uno de los últimos milagros del poema, todos rezaban a Santo Domingo agradecidos porque gracias a él "teniése la frontera toda por más segura" (730d), y en relación con el episodio de los moros fugados el santo es descrito como "el adalil caboso" (441a) 13. El demonio, por descontado, también es un guerrero, pero un guerrero que simboliza las fuerzas del mal. A veces ataca a cristianos inocentes, como la piadosa Oria, "guerreávala mucho" (329a), y a veces lucha contra sus enemigos declarados: "ambos vienen ... para mí guerrear" (695d), dice refiriéndose a San Martín y a Santo Domingo. También hay ocasiones en que no lucha por sí mismo, sino que invita astutamente a otro para que lo haga: "por esso te ençiende que barages conmigo" (151d), le dice Santo Domingo al Rey Garçía cuando éste cae en la tentación y trata de despojar a los monjes de San Millán. Por otra parte, Garçía, como buen rey de su tiempo, no dejaba de ser excelente guerrero y había matado gran cantidad de moros, "fizo a mucha mora bidua de su esposo" (128c). Sin embargo, se hallaba ahora en poder del demonio: "en cadena te tiene el mortal enemigo" (151c). Los torneos, otro aspecto del combate, también contribuyen al lenguaje metafórico. Cuando muere Santo Domingo y su alma sube al cielo, San Millán se desvive por honrarlo, ya que había sido por causa del monasterio de éste que Domingo había hecho frente a la codicia del Rey García sin dejarse intimidar, "ca metióse por elli en un fiero torneo" (526d) 14. En un pasaje anterior del poema, Santo Domingo lucha en combate singular contra la "gota mortal" que aflige a Garçi Muñoz de Gomiel. No se hace aquí referencia específica a ningún torneo, aunque podría tratarse muy bien de un encuentro de este tipo, dada la descripción que hace el poeta: ca non quiso el canpo elli desanparar fasta que non exó ella a todo su pesar. (416cd) Ya hemos visto que el Rey Garçía había caído en poder del demonio. Otras metáforas relacionadas con la idea de prisión o encarcelamiento son la de la paralítica de Castro Cisneros, "esta dueña que yaz' en tal prisión" (305b); la mano enferma de Jimena de Tordomar, que la tenía "en cadena" (618d); Y el tradicional concepto del cuerpo como cárcel del alma, "fata que salga mi alma d'esta carnal prisión" (247d). La declaración de que Santo Domingo libera a los cristianos cautivos de los moros, "quebrántalis las cárçeles" (374c), podría ser interpretada en sentido literal, pero se incluye también aquí porque la idea de "quebrar" parece indicar además que las puertas se abrían de manera milagrosa e incluso, quizá, que las cadenas dejaban de ser pesadas:
Abriéronse
los fierros en que yazié travado; Se encuentra una referencia a la caballería cuando Santo Domingo entra en el monasterio de San Millán, "aprisa bien la orden el novel cavallero" (84a), así como varias referencias al mundo de guerreros y combates según aparecen en la antigua tradición juglaresca: cuando Berceo pasa a describir la muerte de Santo Domingo, habla de "una gesta cabdal" (487c); tanto el Rey David en la Biblia como el castellano Fernando son descritos como "fardida lança" (25c, 264a); y también -aunque ya no en lenguaje metafórico estricto- el codicioso Rey Garçía de Nájera es "un firme cavallero, noble canpeador" (127c). Finalmente, para poner fin a este apartado, podemos incluir aquí la palabra "victoria" en el sentido de "recompensa", cuando Santo Domingo está a punto de expirar, "era çerca de la victoria" (491d), y dos ejemplos de frase desiderativa que dirige Berceo al santo, uno en el que "guardar" y "defender" se emplean con el sentido general de "proteger", y otro en el que se impetra también protección contra los golpes y saetas del pecado o demonio:
él nos guarde
las almas, los cuerpos nos defienda, (375c) que de la su saeta non me vea colpado. (761cd)
ii. Metáforas relacionadas con la luz y la claridad Otro grupo de expresiones metafóricas usuales en Berceo es el formado por las referencias a la luz y a la claridad. Desde muy antiguo, la luz se ha tomado como sinónimo de bien, de verdad y de belleza; mientras que lo contrario, las tinieblas, han simbolizado la ignorancia y la maldad. Ya nos dice el principio del Génesis que Dios vio cómo era buena la luz y la separó de las tinieblas, y las imágenes de este tipo se suceden a lo largo del Antiguo y del Nuevo Testamento. Hasta el propio Dios, perfección suprema, se caracteriza por representar la claridad total 15. Berceo, hijo de su época, no podía dejar de valerse de un recurso estético que aparece en las diversas manifestaciones artísticas del siglo XIII 16, Y así recurre a metáforas relacionadas con la luz tanto para expresar la idea de excelencia como para designar, sencillamente, el sentido corporal de la vista; sentido, por otra parte, tan estrechamente vinculado a la idea del bien y del mal, a su vez simbolizados en la luz y las tinieblas. A este segundo caso pertenecen los ejemplos correspondientes a los milagros de Santo Domingo cuando algún ciego solicita su ayuda: "tú me gana la lumne" (576c), como suplica la ciega de Cornejana de hinojos ante el sepulcro del santo. Ejemplos parecidos de la ecuación luz = vista se hallan en 343d, 345c, 348d, 395b, 541d Y 624d; todos con "lumne", menos 395b, que emplea la palabra "luz". "Lumne de los ojos" aparece en 546a. La angustia y la desesperación provocadas por la ceguera se describen de manera pintoresca también en el milagro de Sancha, la ciega de Cornejana: ca omne que non vede yaz' en grand angostura, nin sabe d6 yaz' Burgos nin dó Estremadura, (573cd) si bien el encanto del último verso del tetrástrofo acaso no consiga hacemos olvidar del todo que el poeta puede haber tenido alguna dificultad en formar la rima adecuada. Al mismo tiempo, nos ofrece también un claro ejemplo de verso repetitivo, tan frecuentes en la poesía medieval, y que no son sino una ampliación o amplificatio de palabras básicas tales como "nada", "nadie", "todos", "siempre", etc.: "tanto vedié a viésperas quanto enna mañana" (572c) 17. En cambio, en el ya citado verso 541d, el sufrimiento se describe de manera más sobria, "non avié sin la lumne nulla consolaçión". La idea de la luz, muchas veces por medio de una forma verbal, sirve también para expresar la recuperación de la vista. Así, por ejemplo, Santo Domingo "enbióli la lunbre" (611b) al ciego cuya ciudad no logró descifrar Berceo a causa del "ençerrado latino" del manuscrito; ciego que había pasado doce días junto al sepulcro, rezando y esperando el momento en que pudiese sentir "los ojos allunbrando" (610d); María de Agosín pidió que la llevasen "ond' los que foron çiegos allumnados tornaron" (623b), y, en efecto, regresó a su hogar como "çiega allumnada" (626a). Por último, dos metáforas distintas, relacionadas con la recuperación de la vista, se hallan en los milagros 3 y 6 realizados en vida por Santo Domingo. En el primero de 'ellos, un ciego llamado Juan reza ayudado por Santo Domingo "que li deñasse Dios los ojos abrir" (346d); en el segundo, el milagro del Conde Pelayo de Ga]icia, la metáfora inicial formada con "luz", "cobró la luz el conde" (395b), se ve reforzada con otra a modo de complemento antitético, "fo luego de la cara la tiniebla tollida" (395c). Los casos en que la idea de "luz" se emplea como sinónimo de excelencia hacen referencia al santo protagonista del poema, estableciéndose así un vínculo con la tradición de las artes visuales según la cual la luz es símbolo de santidad que se manifiesta en el halo convencional con el que se adorna a los santos. Berceo llama a Santo Domingo "lumme de los abbades" (223b), "lumne de las Españas" (248a), y "lumne de los perlados" (433a). Poco después del comienzo del relato, cuando se describe la infancia y la juventud de Domingo, una de las estrofas termina con uno de los versos más afortunados de la obra, "fue salliendo afuera la luz del corac;ón" (40d), y después, al alcanzar Domingo el sacerdocio, toda la santidad que se desprende de su persona es ya como los rayos bienhechores del sol que ilumina la tierra y ahuyenta las tinieblas, "fue toda la tierra por elli allunbrada" (45b) 18. La metáfora de la luz prosigue después de la muerte del santo. Así, al ser enterrado:
metieron
grand' tesoro en muy grand' angostura, y más tarde, con motivo de los milagros que obra después de muerto, todos hablan de "tal tesoro, candela tan lumnosa" (673c). Finalmente, también pueden ser incluidos aquí dos o tres ejemplos donde aparece la idea de encender o apagar, o la de relucir. Haciendo referencia a] escarmiento de la mujer de Palencia, Berceo nos dice que "oro majada luze" (570d); al vengativo Rey Garçía, que no lo había perdonado desde la escena del monasterio de San Millán, Santo Domingo le dice "cutiano más mucho te ençiendes" (l74b); y al finalizar ya el poema, Berceo suplica al santo que ruegue a Dios que "la error amate, ]a caridad ençienda" (774b). iii. Metáforas que encierran la idea de sufrimiento o desagrado Como puede suponerse, la Vida contiene abundantes referencias a diversos tipos de dolor físico y mental. No sólo nos encontramos con los innumerables personajes cuyos padecimientos desaparecen gracias a los poderes taumatúrgicos del santo, sino que el propio Santo Domingo constituye el elemento central de varios ejemplos que pertenecen a este epígrafe. Los casos más elementales son los de palabras como "angostura" (430c, 453d); "presura" (517c); "ardura" (453b); "majamiento" (313d); "puntas mortales" (490b); e incluso "novenas" y "quarentenas" (415bc) en el sentido general de sufrimiento o aflicción. A esta categoría pertenece la expresión "mal tañido" (50ge), cuando los monjes de Santo Domingo empiezan a creer que éste, en su lecho de muerte, está delirando. En su edición, en nota explicativa, Orduna interpreta dicha expresión como "dicho en voz baja" (pág. 145), pero es evidente que el antecedente de "tañido" no es lo que comentan los monjes, sino el propio Santo Domingo. Es decir, que el derivado de tangere hace referencia al santo moribundo y significa "gravemente enfermo". El verso siguiente, a modo de amplificatio, repite y no refuerza la idea: "demandólos a todos, maguer que era quexado". Además, compárense estos tres ejemplos de otras obras de Berceo: Comidió su fazienda, viose mal tannido, (Milagros, 150b)
Padre de la
reclusa que yazia mal tanjda,
(Sta. Oria,
164d) qe era mal tannida de fiera malabtía. (Duelo, 112c) 19
Otro grupo que podemos incluir aquí es el formado a base de expresiones con "pesar" en sentido metafórico. En el transcurso del primer encuentro entre Domingo y el Rey Garçía encontramos "díxol' unos dichos pesados" (135d), "lo que dezirte quiero, non te sea pesado" (136b) 20, "pesávale sobejo porque el rey peccava" (147d), y "grand' carga de peccado echas a las tus cuestas" (148c). Al ser nombrado Domingo abad de Silos, "nin fo pesante dello nin villa nin conçejo" (209d); más adelante, en relación con sus milagros, hallamos "pesol' de voluntat" (405c), "cadióli de los ojos toda la pesadumbre" (611c), y "si pesado fo ante, después fo bien liviado" (621c), lo cual se dice de un brazo paralizado que, evidentemente, no podía pesar menos, en el sentido literal de la expresión, después de haber sido curado. Recordando que uno de los sentido figurados de "pesado" es "aburrido", podemos citar aquí también el empleo de "sofrir" en sentido de "soportar una cosa aburrida", cuando Berceo se dirige a su público (315a, 335c). Una forma más pintoresca de metáfora, que incluiremos también aquí, aparece en expresiones como "tú en loguer prométesme assaz mala sollada" (144d), "quantos aquí sedemos yazemos en mal baño" (152d), y "en quál fuego se vio, cómmo fue socarrado" (257d), las tres pertenecientes al episodio del Rey Garçía; "non me quiero en cabo del río enfogar" (387d), cuando el poeta anuncia a su público que sólo le falta un poco para terminar 21; y algunas más relacionadas con la salud y las enfermedades: "si tú tal menge eres que me vienes guarir" (658c), "la dolor de las piernas fo toda amansada" 546d), "non ovo el malato mester otro padrino" (477d), "tan mal a las orejas, que mordí las paredes" (337d), así como "non tenién los demonios sanos los coraçones" (642d). Dentro de la presente categoría, y por lo que respecta a Santo Domingo, hallamos metáforas como "prendié el omne bueno de sus carnes derecho" (68b) 22, "este vaso, que sin grado lo bevo" (102d), y "el debdo de la missa" (347a), si bien en este último caso evidentemente se trata de un deber u obligación cumplido de buena gana. Finalmente, mencionemos "cordojo" y su derivado "cordojoso" (340d, 366c), cuyo significado etimológico "dolor del corazón" ya había dado lugar al metafórico de "pena" o "pesar", ampliado después para incluir la idea de "piedad, misericordia"23; "aterrado" (393b), no en su sentido actual, sino en el más antiguo relacionado con "tierra", es decir, "caído, destruido" 24; y tres interesantes ejemplos que combinan efectos de sinestesia y catacresis: "ypocrisías ... amargas" (179cd); "males de diversas colores" (349b), y "veer grand' amargura" (517b). iv. Metáforas relacionadas con partes del cuerpo Reúno bajo este epígrafe un conjunto de expresiones metafóricas que hacen referencia al cuerpo en general o a alguna de sus partes. Muchas de estas metáforas podrían clasificarse también desde otros puntos de vista, tales como lo que se dice de la parte del cuerpo, o incluso el aspecto de la salud y de la enfermedad, que ya hemos visto; pero me atengo aquí al aspecto corporal más bien que, por ejemplo, a la idea de sufrimiento -ya estudiada- o a referencias personales -que se estudiarán en el epígrafe siguiente-. Al mismo tiempo, permítaseme insistir una vez más sobre la dificultad de establecer grupos o categorías bien delimitadas, sin perder parte del contenido metafórico o sin tener que recurrir a una larga lista de epígrafes en los que abundan las repeticiones y las llamadas 25. En primer lugar, relacionadas con el tema de la recuperación de la salud hallamos expresiones como "por ti cobré los mienbros, el seso e la vida" (310b), y "lis dava los piedes, los ojos o las manos" (418b), ésta dicha por Berceo refiriéndose a Santo Domingo, y aquélla puesta en boca de María de Castro Cisneros, después de su curación. Otro ejemplo parecido es "soltóseli la lengua, que tenié mal travada" (608b), y, en distinto contexto, encontramos también la palabra "lengua" en "oymos la lengua, mas el cuer non sabemos" (95d), y "pusieron en su lengua virtud de propheçía" (260c). Un verso cuya interpretación había creado problemas a varios estudiosos del poema es "que de menbres agenos quieres fer tales puestas" (148d), en el episodio de Santo Domingo y el Rey Garçía. En su edición de la Vida, Sánchez glosó "menbre" como "mimbre", y "puesta" como "canasta, espuerta, cesta" 26, explicación que siguió Janer en la Biblioteca de Autores Españoles 27. Más adelante, en su propia edición, Fitz-Gerald glosó las dos palabras como "miembro" y "apuesta" 28, interpretación que Brian Dutton se inclinaba a aceptar medio siglo después 29. Sin embargo, el significado está ya claro. La edición de Orduna explica "menbre" como "miembro" en el glosario, aunque no dice nada sobre "puestas"; pero tanto la edición de Labarta de Chaves 30, como la de Ruffinatto 31, como la del propio Dutton 32, aclaran que se trata de "miembros" y de "tajadas", y que el verso hace referencia a la amenaza de cortarle la lengua a Domingo proferida por el Rey Garçía. Por lo demás el correcto significado de "puestas", con referencias bibliográficas, está explicado también en el Diccionario de Corominas (s.v. "poner") y lo único que hace falta, añadir aquí es que el citado verso evidentemente corresponde al campo semantico que estamos examinando. Lo curioso -dada la relatlva frecuencia de la palabra "puestas" en la literatura medieval- es que se haya tardado tanto tiempo en llegar a la interpretación correcta. Diversas partes de la cabeza aparecen en "teniélos bien nodridos" (12b), donde "teniélos" se refiere a los ojos, y en "los labros de la boca teniélos bien cosidos" (12c), dicho del joven Domingo cuando solía andar con la vista baja, "por no catar folías", y con la boca cerrada, "por non dezir folías nin dichos corronpidos", según la descripción que nos da Berceo en la estrofa 12. En el contexto de las oraciones, hallamos "la lengua nol' folgava" (750b), dicho de uno de los caballeros de Hita, así como "paladares" (776d), cuando Berceo, al terminar el poema, le pide a Santo Domingo que rece por él. Otras expresiones propias de esta categoría son "su cara alinpiada" (546c), dicho del ciego que recobra la vista, y "las orejas abrir" (644b), súplica que dirige Berceo a sus oyentes. En cuanto a la cabeza en su conjunto, la encontramos en "tornar la cabeça atrás nunqua quesiste" (767c), que alude a la determinación por parte de Santo Domingo de vivir santamente; "a otras vanidades cabeça non tornava" (249d), referencia semejante a la anterior; y la curiosa metonimia "nin mandado nin parte non sabié de su toca" (293c), dicho de María de Castro Cisneros, primera en la larga lista de los que sanan gracias al santo. El cerebro, en el sentido de razón o inteligencia, y el corazón, en varios de sus sentidos figurados usuales, aparecen en "de seso más menguado" (136c), "tóvolo por buen seso" (268c), "que li torne su seso" (305c), "de seso acabada" (317c) -"acabada" en el sentido de "perfecta"-, "abrid los coraçones" (20ld), "de buen cuer" (210d), "de coraçón" (305a), y"de firme coraçón" (706a), los dos últimos ejemplos en el contexto de "rogar" (= "rezar"). Al cuerpo en general se refieren "yazié grand' tesoro so el su buen pellejo" (92b), "c;:eladas las tova dentro en sus entrañas" (248d), y de manera indirecta en "solo non las osaron tañer de los polgares" (276d), donde se habla específicamente de "polgares", pero se hace referencia al hecho de que no tocaron ninguna parte del cuerpo de los santos mártires, es decir, "ni siquiera los pulgares" 33. Por último, podemos terminar este apartado con un ejemplo de sinestesia parecido a los tres ejemplos ya visto en el epígrafe anterior: "sabroso de oyr" (335b), que es la descripción hecha por Berceo del milagro que va a narrar.
v. Metáforas relacionadas con gente, con Dios, con santos y con el demonio
Reúno aquí una serie de aspectos lingüísticos que van desde lo plenamente metafórico hasta expresiones que, más bien que lenguaje figurado, emplean lo que podríamos llamar amplificación perifrásica o, sencillamente, sintagmas calificativos, como puede ser "el pobre peccador" (547d) -un enfermo curado-, "essos bonos christianos" (555c) -gente alabando a Dios.--, Y "perfectos christianos" (633a) y "ordenados barones" (642a) -aplicados ambos a los monjes de Silos-. En este contexto religioso, y más propiamente dentro de la metáfora, hallamos la referencia a quienes fueron los "cimientos" de la Iglesia, "nuestros anteçessores, / qui de sancta eglesia fueron gimentadores" (54ab), y la descripción de la Joven Oria cuando entra en el convento y se convierte en "soror toca negrada" (325b) para vivir en reclusión, "fa end a pocos días fecha enparedada" (325c). Fuera del contexto religioso, podemos notar "cosa tan entecada" (403d 606d), que Orduna extrañamente explica (¿acaso por haber leído mal el artículo "entecarse" en el diccionario de Corominas?) como "cosa tan obstinada, persistente", en el primer caso, y "enfermedad tan grave", en el segundo, pero que claramente significa "persona debilitada, enfermo sin fuerzas", como puede verse tanto por el significado de "entecada" en "guareçió de la mano que tenié entecada" (608a) 34 como por el hecho de que siempre ha sido corriente el empleo de "cosa" por "persona" 35. Pertenecen también aquí la idea de la "barba temblorosa", como sinónimo de miedo, "tenblavan muchas barbas de cabeças fardidas" (743b) -por añadidura, con la sinécdoque de "cabezas" por "personas" -, y la clara metáfora de "este león bravo" (l60d) con que se designa al Rey Gan;ía. Incluimos también los tres casos, mencionados ya en la Segunda Parte, en que Berceo se llama "joglar" a sí mismo (289d, 759d, 775b), así como el interesante ejemplo de las connotaciones sociales de la palabra "merino", que aparece en 58d, donde se describe el Paraíso como el lugar "do non entra merino" 36. Un grupo bien definido es el formado por Berceo en relación con su tratamiento lingüístico de los moros, a los que llama "canes" dos veces (365b, 648c; en el segundo caso añadiendo "ereges e arlotes"); "cosas malas" (353c) -otro ejemplo de "cosa" = "persona", como ya se ha visto-, y diversos peyorativos relacionados con su fe: "essa gent' renegada" (354b), "los grandes traydores" (434d), "los enemigos de la cruz" (651a). Hace también mención de su astucia, "cabeças arteras" (439d), y por dos veces recurre al concepto de "malaventurado" que, en el sentido general de "desgraciado", parece haber sido empleado en todo tiempo y en todos los lugares para designar a quienes no comparten nuestras propias creencias religiosas: "fadamalientos" (374d) y "cosas fadeduras" (480a). Otro grupo parecido es el formado por las referencias al demonio, el espíritu maligno cuya intervención en la vida del hombre medieval era tan destacada 37. Berceo lo caracteriza también mediante nombres de animales: "can traydor" (768d), "draco traydor" (333c), "bestia percodida" (680a), "vípera mala" (693a), así como el interesante "lobo maleíto, de las almas contraria" (123c), que contiene la doble metáfora de "lobo" y de "enemigo del alma". El poema menciona una vez más al diablo como traidor, "el traydor provado" (328a), y tres veces como al enemigo por antonomasia, "el mortal enemigo" (68c, 327a), "el mal enemigo" (172d) 38, Se encuentra también una referencia al demonio como cizañero, "el mal revolvedor" (218c), y una que hace mención al hedor que llenó el aire cuando el espíritu del mal se vio obligado a abandonar el cuerpo de una mujer, "exió el suzio malo más pudient' que çiguda" (698c). Otras dos referencias están relacionadas con la idea de vivir o habitar: "el vezín malo" (332d), y "el mal huésped" (627d). Está también la circunlocución "aquel que Dios maldiga" (329a) y, finalmente, a este grupo de expresiones que nombran al demonio de modo indirecto podemos añadir la palabra "peccado", que se encuentra en varias partes del poema, y cuyo empleo con este significado es normal en las obras de clerecía 39. La Vida contiene también numerosas referencias a Dios, Padre e Hijo, expresadas por medio de combinaciones y perífrasis donde aparece el lenguaje figurado. La palabra que de manera más consistente se aplica a la divinidad es "rey": "Rey Celestial" (120a), "Rey omnipotent" (364d, 392b), "Rey devinal" (486c), "Rey de Magestat" (368c), "Rey de gloria" (405d, 411b), "buen Rey de gloria" (491c), "Rey de los reyes" (225a) y "Rey de los cielos, cabdal enperador" (345b). Otras referencias de tipo tradicional son "Padre Spirital" (178d), "padre que abre e que çierra" (181 a), "pan de vida" (451 a); la conocida metáfora del pastor, "El Pastor que non duerme en ninguna sazón" (24a); y una circunlocución con una metáfora de tipo forense, "el que las almas judga" (153d). Las referencias que hacen mención concreta de Dios Hijo son "padre de piedat" (501 a), "El Salvador del mundo" (62a), "el Don que dijo Siçio" (53d), y la circunlocución "al que nasco de la Virgen María" (185d). "Señor del mundo" (l03c) es interesante por el modo en que sintetiza la referencia al Padre y al Hijo, "del Señor del mundo fue Madre e Esposa" (es decir, la Virgen María). Para redondear este grupo, mencionemos también alguna que otra aparición del usual "creador", en la grafía normal de la época ("criador"). El otro grupo que hay que considerar es el formado por la Virgen y los Santos; aquélla designada únicamente, como es normal en Berceo, "la Gloriosa" (103a, 103a, 410d), pero San Sebastián, San Millán y Santo Domingo mencionados mediante una serie de recursos lingüísticos. En la oración de Liçiniano, San Sebastián es llamado "del lagar vocaçión, / mártir de Dios amado" (195ab), "siervo del Criador" (196a) y "mártir de bon sentido" (198c). San Millán aparece en el poema como "confessor preçioso" (58a), "sancto confessor" (154b), "confessor" a secas (160a), "buen padre" (619b), "de los pobres padrino" (58b), "padrón del lagar" (155c), "de la tierra padre ... e manto" (159a), y tres veces como "cuerpo sancto" (98c, 118a, 158a), cuando se hace referencia a los restos del santo. Santo Domingo merece un enfoque algo distinto porque, aparte de la terminología propiamente metafórica con la cual se le designa, es también conveniente examinar las demás expresiones empleadas por Berceo cuando habla del protagonista de la Vida. Bajo los epígrafes i) y ii) lo hemos ya visto como "adalil" y como "lumne"; otras metáforas procedentes de cambios semánticos fácilmente reconocibles son "pastor de buen derecho" (518c)- "maestro de las almas" (254d), "la boca berdadera" (281 a), "tan buen manto" (520d) -metáfora aplicada también, como acabamos de ver, a San Millán- y "vaso era pleno de graçia çelestial" (486b). Sin embargo, uno de los aspectos de la Vida de Santo Domingo que por fuerza ha de llamar la atención del lector es la variedad de expresiones empleadas por Berceo para referirse al santo, incluso cuando no corresponden propiamente al campo de la metáfora. A causa del interés estilística de tan numerosas referencias, y para que quede bIen completa esta área semántica, las catalogo a continuación según la palabra principal utilizada en cada caso. padre: aparte de la palabra aislada "padre", que aparece once veces (324a, 341a, 763a, 766a, 767a, 168a, 169a, 770a, 771a, 775a, 776a), se emplea "padre sancto" (323a, 360b, 37lc, 427a, 488a, 517c. 520b, 624b), "sancto padre" (423d 447a, 450a, 490c), "padre beneíto" (343a), "padre benedicto" (408b, 484d), "padre piadoso" (363a, 477a), "padre prodigioso" (586c), "padre verdadero" (370a), "padre pleno de graçia" (764a), "padre de buen sentido" (324c), "padre de los laz'rados" (342a), "padre de muchos" (762a), "padre de la preçiosa vida" (604b), "padre de la grand' sanctidat" (368a), "padre del bon tiento e de bon coñoscer" (428a), "buen padre" (315d, 436a, 635c, 644d), "buen padre de la grand sanctidat" (632b), "señor e padre" (309b, 321a, 618b, 670a, 722a; todos estos ejemplos, menos el último, que aparece así mismo, se encuentran en el poema como "Señor, dixo, e padre"). señor: aparte del último ejemplo mencionado, y de una vez que se emplea la palabra sola (766c), aparece en "donoso señor" (443c), "buen señor" (577a), y "señor de la posada [= 'monasterio']" (608c). confessor: diez veces por sí sola (564d, 594a, 600c, 601a, 605a, 625b, 643c, 673a, 750c, 754c), más "confessor acabado" (761a), "confessor cabdal" (585c), "confessor caboso" (405a, 416b), "confessor derechero" (536b), "confessor glorioso" (226a, 253:1, 442d, 602b), "confessor nomnado" (599c), "confessor onrrado" (157a, 359b, 393a, 542c, 669d), "confessor tan onrrado" (252a), "confeçsor pre<;ioso" (475a), "prcc;ioso confessor" (705b), "confessor sancto" (1d), "sancto confessor" (296a, 333a, 338d, 345a, 385b, 409a, 5'21a, 577b, 671b), "confessor tan sancto" (375a), "confessor preçioso de los fechos cabdales" (299a), "buen confessor" (545a, 621a, 730c), "bon confessor" (580b, 592c, 611a, 663a, 731d), "bon confessor de las mañas conplidas" (634c), "tan noble confessor" (749b). sancto: además de hallarse acompañando a "confessor", aparece una vez por sí sola, "el sancto" (461d), y, como nombre o como adjetivo, en "buen sancto" (752b), "sancto maravilloso" (602c), "sancto perlado" (396b), "sancto mensagero" (657a, 661a), "cuerpo sancto" (574c, 575a, 596a, 614a, 641d; la referencia es siempre a su cuerpo después de muerto). En este grupo podemos incluir también "essa sanctidat" (593d). cuerpo: adémás de "cuerpo sancto", ya mencionado, esta palabra aparece una vez como final de hemistiquio (612b: "despidióse del cuerpo por yr a su posada"; se trata de un ciego que ha recobrado la vista después de haber rezado doce días ante el sepulcro del santo), y en "cuerpo tan palaçiano" (485a). padrón: "padrón de Silos" (731b), "padrón de los Silos" (424c), "padrón de la Castiella" (624b), "padrón de los claustreros" (479a), "padrón de las mongías" (640d), "padrón de los abbades" (770c) , varón.' "claro barón" (397a), "preçioso varón" (126c), "preçiado barón" (463a), "barón adonado" (437a). "varón benedicto" (105a), "varón de buen seso" (107a), "barón del bon tiento" (493a), "barón de prestar" (384d). referencias varias: "omne bueno" (411a), "omne beneýto" (481a), "monge beneíto" (727b), "buen escapulado" (630b), "leal escapulado" (86a), "buen missacantano" (478a), "perfecto christiano" (344c), "perfecto christiano de la grand' paçiençia" (119a), "siervo del Criador" (762a), "del Criador amigo" (151a), "de los çielos casero" (536d: "el muerto de los çielos casero", al comienzo de la tercera parte de la Vida), "el glorioso" (441d. Por último, la lista puede completarse mencionando a!gun coloquialismo como "serrano" (675b); algún caso en el que el sentido solo es propiamente inteligible dentro de su contexto, como "el trotero" (716a) y "el feliz en contrado" (725b), en el episodio de la aparición de Santo Domingo a Pedro de Llantada; y el empleo de "consejo", en su antigua acepción de "ayuda", cuando Berceo finaliza su narración diciendo que hay que dar gracias a Dios, "qui nos dio tal consejo, tan nuestro natural" (777b) 40. vi. Metáforas basadas en alusiones religiosas o eclesiásticas Otro grupo metafórico que podemos formar es el de las expresiones cuyo origen se encuentra en la visión del mundo a través de la religión. Ya nos ha salido al paso el ejemplo constituido por la idea de que el cuerpo es la cárcel del alma, "fata que salga mi alma d'esta carnal prisión" (247d). Casos semejantes son el también tradicional concepto de la madre tierra como principio y origen, "cubrió tierra a tierra, commo es su natura" (531b), que aparece con motivo de la muerte de Santo Domingo; la idea de vender el alma, "la tu alma non vendas" (l41c); el empleo del verbo caer acompañado de palabras como "pecado", "tentación" u otras semejantes, como, por ejemplo, en "a los que bien quieres non los dexas caer" (99b); el familiar "repaire" (243c) en sentido figurado; y la expresión "ome de carne" (234d), que -a caballo entre sinécdoque y redundancia- refuerza el concepto de "ser mortal" ("nunqua ome de carne vio tan bella cosa"). Otra palabra característica del vocabulario eclesiástico es "sieglo", como sinónimo de "mundo". Berceo la emplea sola (100b, 321c) o calificada por "este": "desque Santo Domingo fa dest' sieglo pasado" (537a); también la opone a veces al "otro siglo", en sentido de "vida eterna": "exir deste mal sieglo, en el bono caer" (488b), "esti sieglo pobre, que poco durará, / ... el otro, que nunqua finará" (246ab). La equiparación del pecado o de la deshonra a un borrón o mancha aparece en "la peor mançiella cadié ennos parientes" (561d), y la imagen del demonio "tejiendo" el pecado surge un par de veces en "el diablo lo urde" (152b) y "ya la iva urdiendo la tela el peccado" (l86b) 41; una alusión parecida es la que se hace al "mal lazo" del demonio (769d). Dos versos que hacen referencia concreta a la Biblia son el relacionado con los Hechos de los Apóstoles, ix, 5, "contra la aguijada coçear non me trevo" (102c), y la alusión al pecado original de comer el fruto del árbol prohibido y sus consecuencias, "sentímosla los nietos aún essa dentera" (330d). De modo parecido al correspondiente pasaje del Nuevo Testamento 42, Berceo se vale humorísticamente de la palabra "dentera", como queriendo dar a entender que la sensación desagradable que experimentaron nuestros primeros padres al morder el fruto prohibido -"la devedada pera", según las palabras del poeta riojano- fue tal que todabía perdura en nosotros mismos. La misma palabra aparece en su normal acepción figurada de "celos, envidia" en "non ayades dentera" (281c) 43. El lenguaje litúrgico-eclesiástico aparece combinado con un par de metáforas basadas en metales preciosos y perlas. cuando Berceo describe las diversas categorías o grados por los que pasa el joven Domingo al recibir las órdenes sagradas:
la plata tornó oro quando fue epistolero, el oro margarita, quando evangelistero. (44bc) Por último, podemos mencionar aquí el sepulcro de Santo Domingo como fuente de milagros, "de qui manava tanto miraclo prec;ioso" (586b), y la antigua superstición, familiar en la literatura castellana desde el Poema del Cid, de ver buenos o malos agüeros en el vuelo de las aves, cuyo eco encontramos en "auze mala" (420c). vii. Metáforas basadas en la idea de ponerse en camino Incluyo bajo este epígrafe un grupo de expresiones metafóricas pequeño pero bien determinado, al cual caracteriza la idea de empezar o continuar la marcha, el empleo de nombres con el significado básico de "vía, camino", o de verbos que indican también la idea de progresión. En el aspecto semántico, vemos una transición clara desde los casos en que esta clase de expresiones tienen un sentido básicamente literal -"entraron en carrera" (297b), "metióse en carrera" (331d), "prisieron las carreras" (439a) 44_ hasta aquéllos en que el lenguaje pertenece ya netamente al campo de la metáfora; por ejemplo, la declaración de los propósitos de Berceo con respecto a su público, "metervos en carrera" (3b), o, de modo semejante, lo que dice de Santo Domingo con respecto a las gentes a quienes predicaba, "por yr a parayso buscávalis carrera" (464a). De hecho, los pasajes más adecuados para encontrar esta clase de metáfora son aquéllos en los cuales el poeta se dirige a su público. A veces se limita a la simple exhortación, "movamos adelante" (93c). Otras veces, la idea de seguir y no apartarse del camino se expresa con mayor insistencia, "nos sigamos el curso, tengamos nuestra vía" (8d), "non vos querría mucho en esto detener, / querría adelante aguijar e mover" (222ab). Por otra parte, hay veces también en que, a pesar de que la digresión se hace necesaria, el poeta ofrece ya de antemano la seguridad de que no hay miedo a extraviarse, "por que nos alonguemos, bien sabremos tornar" (186d). El mejor ejemplo de esta técnica tal vez sea la estrofa 33: Movamos adelante, en esto non tardemos, la materia es grand', mucho non demoremos, ca de las sus bondades, maguer mucho andemos, la millésima parte dezir non la podremos, en la cual las tres primeras líneas insisten en la idea del avance, aunque la insistencia ("movamos adelante ... mucho non demoremos ... maguer mucho andemos ... "), con la gracia característica del orador que sabe adornar la exhortación con buenas razones, se suaviza por medio de una explicación que aclara por qué no hay tiempo que perder: no sólo se trata de un tema grande o largo ("la materia es grand' "), sino que la bondad del santo es de tal magnitud que, por mucho que andemos (es decir, hablemos), "la millésima parte dezir non la podremos". La estrofa se cierra así por medio de una hipérbole y de una metáfora mixta que resulta al añadir la explicación de que no será posible relatar todas las bondades del santo "maguer mucho andemos". Queda por añadir un ejemplo más, el uso figurado de "sendero" cuando el demonio incita al Rey Garçía a dar rienda suelta a su rencor, "demostróli al rey un sendero podrido" (164c). También podemos fijamos aquí en la metáfora doble con que termina el verso: el demonio ha mostrado al Rey el camino que tiene que seguir (v. gr., lo que tiene que hacer), pero este camino o sendero no es el camino "falso" "errado" "tortuoso" ni nada parecido. No. Es un sendero podrido.
viii. Metáforas relacionadas con la idea de residencia Así como, según acabamos de ver, existe en la Vida un grupo de metáforas caracterizadas por expresar la idea de ponerse o estar en camino, también es posible formar otro pequeño grupo al que caracteriza la idea de permanecer en un sitio, querer entrar en él, o, por el contrario, tener que abandonado. Estas son las expresiones metafóricas que agrupo bajo el presente epígrafe. Hemos visto ya, en el apartado v), "el vezín malo" y "el mal huésped"; otros ejemplos se encuentran en el milagro de la "demoniada" de Peña Alba y el demonio que por fin tiene que salir de su cuerpo. El primer indicio de la inminente derrota aparece cuando el demonio se da cuenta de que seguramente tendrá que marcharse, "ca contava que era fuera de la maysón" (686d), lo cual va adquiriendo mayor certidumbre algunas estrofas después, cuando comprende que no hay más remedio, "que avié la posada que tenié a perder" (691d), "quando vida que era a mover de la siella" (692a). La idea opuesta, la de querer entrar en un sitio, la expresa Santo Domingo al reflexionar sobre la ira del Rey Garçía, "buscará entrada por algún mal forado" (161b), y aparece también en el milagro de Gaçi Muñoz, cuya terrible gota se había posesionado tan firmemente de su cuerpo que ni las oraciones y el ayuno ni los médicos y las medicinas servían de nada, "por ninguna manera nol' trobavan entrada" (403c). Por último, Santo Domingo, en su lecho de. muerte, les dice a los monjes que Dios y la Virgen lo han invitado "que a pocos de días prenda su ospedado" (512d). ix. Metáforas de la vida pastoril Forman este grupo las expresiones donde aparecen, en sentido figurado, palabras como "pastor", "rebaño" u otras relacionadas; expresiones muy corrientes en Berceo y, de hecho, en multitud de textos religiosos. Fácilmente podrían incluirse bajo el epígrafe vI), o incluso el v), pero prefiero agrupadas por separado, ya que el lenguaje pastoril, aplicado a la religión, ha sido un convencionalismo usual a partir de la Biblia y constituye un campo semántica bien delimitado. En realidad, hemos visto ya dos ejemplos de este uso metafórico; uno al examinar las referencias metafóricas a Dios, "El Pastor que non duerme en ninguna sazón" (24a), y otro dentro del conjunto de referencias a Santo Domingo, "pastor de buen derecho" (518c). Los demás ejemplos que aparecen en el poema son la palabra "pastor" sin calificativos (218a); el afectuoso apelativo con que designa Santo Domingo a sus monjes, "la mi grey querida" (494c); la oración de Liçiniano rogando por un pastor "Señor, ande que sea, enbíanos pastor" (194a); y un verso que combina la referencia al que guía y a quienes le siguen cuando Berceo habla de Don Garçía, abad de San Pedro de Arlanza, "la grey demostrava quál era el pastor" (266d). x. Metáforas del reino vegetal Otro grupo que representa una zona semántica bien establecida es el formado por metáforas relativas a las actividades campesinas, productos agrícolas o cualquier cosa que evoque la vida vegetal. En primer lugar, tenemos el empleo metafórico de la idea de la siembra, como en "los ereges falsos que semnan mal venino" (77b), "semnado bendiçión" (463b), y "qual simiença fizier'des, tal era pararedes" (467d). Otro aspecto es el de la vid, metáfora tradicional que Berceo conocería a través de los Evangelios -y que los viñedos de La Rioja seguramente le ayudarían a recordar- y su producto, el vino. La viticultura aparece ya al principio de la Vida, combinada con otra metáfora también de tipo vegetal, cuando Berceo describe los antecedentes familiares del protagonista:
La çepa era
buena, engendró buen sarmiento; ca luego ansí prendió como de buen çimiento. (9abc) Otro ejemplo aparece cuando el Rey Fernando siente la satisfacción de ver que no había errado al elegir abad, "vedié que su majuelo naturalmente priso" (2I9c); mientras que el vino hace su aparición en la estrofa en que Domingo ruega al Señor que no deje sembrar veneno a los herejes (77b, como acabamos de ver), ya que su "mal vino" estropearía el bueno, "que la fe non botasse la fez de su mal vino" (77d). "Fruto", en el sentido general de "resultado", aparece cuando Santo Domingo ruega por el restablecimiento de Garçi Muñoz, el hombre aquejado de terrible gota, "el fructu de la cosa en Ti lo esperamos" (412d). Aparece también con nombre específico, como en el caso de "la devedada pera" (330c), que ya hemos visto en el apartado vi), en relación con el pecado original, y que Berceo parece haber empleado por exigencias de la rima, lo cual refuerza la idea de que se trata de una referencia más o menos vaga, pero evidentemente no literal 45. El granado, así como su fruto, la granada, aparecen en dos notables versos que encierran una referencia al monasterio, a Santo Domingo y a sus milagros. Por una parte, la repetición de la palabra "milgrana" crea una rima interna que, de hecho, transforma los dos alejandrinos en una cuarteta, mientras que, por otra, la repetición de la idea de "feliz granado/ granada" (es decir, árbol y fruto) da lugar a un encadenamiento limpiamente acabado por una oración de relativo que alude a los milagros del santo por medio de la metáfora de los granos de la granada: ond' naçió tal milgrana, feliz fa el mil grano, e feliz la milgrana que dio tanto buen grano. (675cd) La imagen se repite poco después al describir un nuevo milagro: "salió un sancto grano de la sancta milgrana" (689d) 46. La asociación de ideas según la cual "seco" viene a ser sinónimo de "estéril" o "falto de vida" debe de ser tan antigua como el propio lenguaje. En Santo Domingo aparecen algunos ejemplos, como el de la mujer que "avié la mano seca" (606b), o el de la otra, de la cual nos dice Berceo que "el braço que fa seco tornó verde e sano" (621b). Con todo, el mejor ejemplo lo encontramos en el episodio del Rey Garçía -episodio, dicho sea de paso, que, comó se habrá visto, está lleno de ejemplos de lenguaje figurado-. Cuando el Rey le pide a Domingo sus tesoros, éste responde que nada posee y añade: "xugo del fuste seco; ¿quí lo podrié sacar?" (176d). La imagen, aparte de serIo, cae también de lleno en el campo de la metáfora, ya que lo que hace el santo es compararse tácitamente a un trozo de madera seca. Mencionemos, por último, un ejemplo basado en el contraste -también tradicional- entre lo aparente y lo encerrado en el interior de algo, que es el que emplea Berceo cuando nos dice que el joven Domingo aprendía a leer y a cantar himnos sin darse descanso, pero sin olvidarse nunca de prestar atención al verdadero sentido de lo que leía, ya que "non querié el meollo perder por la corteza" (39d). Xl. Expresiones metafóricas diversas Incluyo aquí una serie de metáforas que, desde el punto de vista de la clasificación, se caracterizan por aparecer una sola vez en el poema, o muy pocas veces. Así ocurre, por ejemplo, con metáforas relacionadas con la idea de comer, que puede ser expresada por medio de la palabra "pan", sin calificar, como en 158b, o por medio de frases más completas: "si non, de mí faría a los diablos çevo" (102b), "avié a comer pan de otro molino" (l62c), "por dar el pan a ellos, tuélganlo a sos dientes" (4 73c). También aparecen alguna vez metáforas relacionadas con la caza, la pesca o la idea del juego o del deporte: "buscades la batuda teniendo el venado" (510e), "que sabié al demonio echar bien el anzuelo" (635d), "farié malos trebejos, juego desaborado" (685b). Uno de aquellos casos en que resulta algo difícil determinar con claridad cuál es la verdadera frontera entre lo literal y lo figurado ocurre con el adjetivo "quedo" y el verbo "aquedar", cuando se emplean con el valor de estar durmiendo o de estar escondido, como ocurre en "el pueblo aquedado" (377d), "la gente aquedada" (435c), y "yazién muy quedas" (439c), este último ejemplo relativo a los moros que habían huido y no querían ser descubiertos. Por otra parte, la idea contraria, la de "ruido", aparece con sentido plenamente metafórico en "por todos los roydos él non era canbiado" (157b). Los numerales se emplean a veces en un sentido que evidentemente no hay que tomar en sentido literal. Ya hemos visto un ejemplo bajo el epígrafe vii), "la millésima parte dezir non la podremos" (33d), y anteriormente, en la plegaria de Liçiniano, vimos otra clara hipérbole de este tipo, "do trobavan consejo más de çient veces çiento" (197b). Caso parecido es el de "espidióse de todos tres e quatro vegadas" (596b), que para Orduna (cuya edición es la única que comenta este verso) es el modo con que Berceo expresa "con sencillez el efusivo agradecimiento y la turbación del enfermo curado" (pág. 162), pero que posiblemente no tenga nada que ver con "turbación" y sea tan sólo un equivalente de la moderna expresión "una y mil veces"; es decir, que se despidió repetidamente y, eso sí, con efusión, pero no necesariamente con turbación 47. La misma indeterminación, aquí de tipo cronológico, ocurre en "tardar non gelo quiso por al día terçero" (370b), y de manera más pintoresca, uniendo la extensión espacial a la cronológica, én "serié luenga soga dezir las sus bondades" (93b). Tres metáforas relacionadas con la idea de tiempo o momento son el conocido "çerca era de gallos" (652b), "ca en ora estavan de ende se ermar" (450d) -donde la yuxtaposición de "ora", en el sentido apuntado. y "ermar", en el sentido de los problemas o dificultades inminentes, forma una curiosa metáfora mixta-, y "a agosto coger" (421b), que, como señala Orduna (pág.130), parece ser el predecesor de la expresión "hacer uno su agosto". Un ejemplo que encierra la idea de que el paso del tiempo ha empeorado la situación se vale de una metáfora de tipo meteorológico, "era de taÍ guisa demudado el viento / que fascas non avién ningún sostenimiento" (188cd). De otras zonas lingüísticas podemos citar una metáfora de tipo testamentario, "en todos los offiçios lo quiso eredar" (253c) -v. gr., Dios a Santo Domingo- y otra que, a pesar de no haber sido comentada por ninguno de los editores del poema (con la excepción de Ruffinatto, como veremos), creo que deja planteados problemas semánticos y textuales a la vez. Al ser nombrado abad de Silos el hasta entonces prior Domingo, Berceo nos cuenta que llevó a cabo una serie de reformas en la orden y que se rodeó de monjes dignos de confianza, "los que vedié que eran de maña pesada" (216d). Ahora bien, ¿qué es lo que significa exactamente de maña pesada? En la grafía de "maña", Orduna se atiene al MS. de la Academia de la Historia, donde aparece así la palabra, según indican en nota la edición de Fitz-Gerald como la de Labarta de Chaves. Sin embargo, todas las demás ediciones emplean la palabra "manera", evidentemente interpretando la tilde de "mana" (como en el MS. de Silos) como equivalente de "-er-" y no como contracción de "-nn-" 48. Lo primero que hay que decir es que "manera" forma un hemistiquio regular, mientras que "maña" lo deja falto de una sílaba. Por otra parte, y suponiendo que no nos hallemos aquí ante un caso de corrupción textual (lo cual, como no aparezca algún nuevo manuscrito, es peligroso postular), a mí personalmente me resulta muy difícil aceptar, desde el ángulo semántico, que "manera" sea mejor que "maña". En el sintagma "de maña pesada", creo que es posible interpretar "pesada" como sustantivo, en cuyo caso "maña" sería la palabra latina magna empleada como adjetivo. Tendríamos entonces el significado "de gran peso", es decir, "de gran importancia", "de gran valía", aunque el hemistiquio se nos quedaría corto. En cambio, si aceptamos la lección "manera", tenemos que aceptar "pesada" en el sentido de "razonado, ponderado", que es el que da Labarta de Chaves en el Glosario de su edición, aunque entonces se complica todavía más la cosa, ya que, según dicho glosario, la explicación hace referencia al verso 135d, en el episodio del Rey Garçía ("díxoI' unos dichos pesados"). Es verdad que "razonado, ponderado" puede aplicarse en el caso de "maña/manera pesada", pero no es menos evidente que en el caso de "dichos pesados" el significado es muy otro. Dos versos después, "pesado" aparece en su sentido usual de "difícil, duro, desagradable": "lo que dezirte quiero non te sea pesado" (136b); Y que éste es el sentido normal del adjetivo en las obras de clerecía puede verse en los siguientes ejemplos: éranli estas nuevas al diablo pesadas, (Santo Domingo, 17d) Escriujr en tinjebra es vn mester pesado, (Santa Oria, 10d) quando fazie el angel, el trebeio pesado, (Sacrificio, 147c) Por llamar me el fija tengo lo por pesado, (Apolonio, 11c) Alegrar te non puedes, andas triste e pesado, (Apolonio, 333c) "Ay, rey Apolonyo, de ventura pesada, (Apolonio, 537a) 49
que dies años duro la villa en arder, (Alexandre, 759ab)
con tales
palabras e otras mas pesadas, (Alexandre, 802b)
que yo so
Alixandre el del nonbre pesado, (Alexandre, 1783d)
que era grañt
peligro e cosa muy pesada, (Alexandre, 2198d) Volvieron es[s]as oras vn torneo pesado,
(Fernán
González, 83a) semeia poca cosa pesada d'entender, con trezientos caveros tan grran[d] pueblo ven!ter,
(Fernán
González, 262cd)
començaron entrramos vn torneo pesado. (Fernán González, 687d) 50 Aldo Ruffinatto, que, como queda dicho, es el único editor que hace mención al significado del pasaje (aunque no indica ninguna variante de "manera"), se expresa en estos término: "de manera pesada: nótese cómo en este caso el adjetivo pesado, que normalmente expresa cualidades negativas [ ... ], asume una connotación claramente positiva. Existe además una probable relación con la palabra-rima del verso precedente, mesurado [sic], que alude metafóricamente a la 'justa medida'" (pág. 129). Efectivamente, lo único que queda fuera de duda es que en el caso que nos ocupa "pesada" se aparta de su significado usual, y el problema, tanto o más que decidir si hay que leer "maña" o "manera", estriba en decidir, si aceptamos "maña", si nos hallamos ante un nombre o un adjetivo. (También quiero añadir, respecto a la relación indicada por Ruffinatto sobre la que él llama "palabra-rima", que "conpaña" podría haber influido sobre la elección de "maña" en el verso siguiente) 51. En resumen, pues, y dejando a un lado los problemas textuales, lo concreto es que "de maña/manera pesada" es un ejemplo más de lenguaje figurado, incluso si no podemos estar seguros del sentido preciso o de la función gramatical de "pesada". El grado de "pesadez", "importancia" o "circunspección", en todo caso, no dejará de formar parte de una frase que no puede tomarse en sentido literal. Este último ejemplo se ha apartado un poco de los demás, en el sentido de mostramos un caso en el que la transferencia de sentido literal a sentido figurado está clara a pesar de las complicaciones textuales y semánticas. Para finalizar este estudio del lenguaje metafórico citaré un par de estrofas que me parecen adecuadas como ejemplo de lo difícil que puede resultar la división y clasificación de metáforas, y como ejemplo también del arte de Berceo cuando da rienda suelta a su imaginación y crea un crescendo de imágenes metafóricas. En primer lugar, veamos la estrofa 250, claro ejemplo del apiñamiento de metáforas que conviene n |