La
estructura de los milagros es la de un retablo o pórtico gótico en el
que caben siete planos en altura, [desde Cristo a María, los ángeles
(buenos y malos), los santos del cielo, los santos y sabios de la tierra,
el resto de los hombres y, en fin, el autor y sus oyentes o lectores.]
Narrador y oyentes están dentro del retablo o pórtico, en una esquina,
como los donantes de la pintura medieval, y podemos verlos y hacernos la
idea de que allí estamos también nosotros. Que ellos nos representan. A
pesar de esos siete pisos, los dos polos son muy distintos en su función
y significado. María es el polo central y estático, que expresa el
dogma, medianera de todas las gracias, madre de pecadores, es decir, el
asunto de los milagros. Alrededor de este polo, girando en torno a él,
dinámica, existencial, argumentalmente, están los protagonistas humanos,
a los cuales miramos insistentemente, pues con esta mirada atenta
averiguamos sobre nosotros mismos y sobre nuestro destino y
comportamiento. A veces, el comportamiento de María es muy activo, a
veces, es más pasivo. A veces, el problema de los agonistas es más bien
pasivo, otras veces es muy activo, conflictivo y existencial. La dinámica
María-hombre es la dialéctica
dogma-moral. Pero estos términos -sobre
todo en milagros con poco aparato sobrenatural, en términos literarios,
con poco deus ex machina- pueden ser cambiados por otros dos:
esperanza-existencia. De esta forma, los milagros valen para ejemplificar
crisis humanas ante un mayor número de lectores actuales, creyentes o no.
En resumen: María es el centro del dogma; el agonista lo es de la moral
cristiana medieval; el lector u oyente, medieval o no, de la existencia.
No se ha intentado una clasificación funcional de los milagros berceanos.
Con lo que llevamos visto creo posible hacer una clasificación de
acuerdo con la relación María-hombre. Podemos hacer tres grandes grupos:
los milagros en que María premia y castiga a los hombres; un segundo,
que llamaremos milagros del perdón, en los que María logra salvar de la
condenación a sus devotos; y un tercer grupo, el más importante, a mi
juicio, que llamaremos milagros de conversión o
crisis. [ ...] Todos
éstos tienen una fuerte cohesión por medio de la crisis espiritual que
sufren los personajes, todos ellos conflictivos y con una carga
existencial dominante sobre el sentido doctrinal de los textos. María les
ayuda decididamente a pasar ese conflicto, que, como veremos, es una
crisis, en general, de tejas abajo, solucionable en gran parte o
totalmente sin la ayuda de lo sobrenatural. [ ...] Estos seis milagros
presentan una extensión y una envergadura, en general, mayores que la de
los grupos anteriores. [ ...] Son seis historias que nos presentan seis
pasiones radicales en el hombre y seis crisis hacia el bien, producidas
con ayuda de la Virgen y tras grandes sinsabores físicos y morales. La
ira, la gran pasión medieval, la de los nobles y poderosos, aparece en
La
iglesia profanada; el ansia de poder, en Teófilo; el amor, en
La abadesa
encinta; el alcoholismo, en El clérigo
embriagado; la vanidad del
mundo, en La boda y la Virgen, y la crisis profesional y vocacional, en
El clérigo ignorante. Con respecto a los enemigos del alma del Catecismo
se puede hacer con ellos tres claras parejas: La iglesia profanada y
El
milagro de Teófilo nos expresan pasiones demoníacas;
La abadesa y El
clérigo embriagado, pasiones carnales;
La boda y la Virgen y El clérigo ignorante, pasiones mundanas. Mundo, demonio y carne, que aparecen
prototípicamente medievales. Los héroes, los seis héroes de estas
historias (aunque en uno el héroe esté representado por tres personajes
paralelos) tienen todos unas características comunes, enlazadas a
través de tres secuencias o funciones : 1ª.- Su entrega a las pasiones del
mundo. 2ª.- La apreciación de las consecuencias que ese mal les trae y de
la crisis que esta meditación conlleva. Hay en esta parte una inmensa
soledad en todos ellos, un inmenso abandono en el que los seis son
hermanos temáticamente y psicológicamente. 3ª.- Una solución para su
crisis, en general acompañada de penitencia, por medio de la cual y con
ayuda de la Virgen se ven libres de sus tormentos físicos y psíquicos. [
...]
El de
La abadesa preñada es milagro largo, capaz de detallar todo un
estado de ánimo de la abadesa, y tiene una gran proporción entre todas
las partes, que se van estructurando como un pequeño drama en el que Berceo nos pinta un mundo que conoce
muy bien, el de las rencillas y envidias conventuales. En efecto, el
problema es doble, porque no sólo está en la crisis natural que sufre la
abadesa al sentir que va a ser madre, dada su situación religiosa, sino,
dando un paso más a esa crisis, también el enfrentamiento que se
establece entre ella, que ha gobernado hasta entonces con dignidad y
autoridad el convento, y una gran facción de las monjas que,
entendiendo lo que pasa, buscan la revancha, llamando al obispo para que
las visite y buscando que éste descubra el pecado de la abadesa. Berceo
nos cuenta la parte escabrosa con un gran cuidado, por medio de una frase
estereotipada en la poesía tradicional, que ha estudiado Daniel Devoto:
«Pisó por su ventura yerva fuert enconada, / quando bien se catido
fallóse embargada». Naturalmente es una imagen, porque Berceo no trata
de explicarnos por medios mágicos este embarazo, y ni siquiera habla de
instigación por parte del demonio en ese pecado, como hace el texto
latino. Incluso, de todos es conocida la pintoresca descripción, tomada
de la realidad, que hace de la mujer preñada, con las alusiones a las
pecas ya la condición de primeriza de la abadesa. La Virgen le ayuda a
dar a luz secretamente y -único detalle sobrenatural- manda a los
ángeles que lleven al niño a un buen ermitaño. Pero el problema central
sigue siendo su lucha contra la facción -Berceo tiene buen cuidado,
contra el texto latino, de no implicar a todas las monjas- rebelde y
vengativa, y la crisis se establece claramente en tres tiempos: antes de
parir, en su rezo desesperado ante la Virgen y en el momento en que habla
con el obispo, demostrando que no está embarazada. Una vez que ha vencido
de sus enemigas, imponiendo la autoridad, se acusa ante el obispo y le
cuenta todo lo sucedido. [ ...] Es muy interesante [la actitud de María
en La boda y la Virgen,] pues al ver que su devoto personaje, que sin duda
tenía vocación religiosa, le abandona para casarse, Ella actúa como una
mujer encelada, y poco antes de celebrarse la boda tiene un vivaz
diálogo con él, al que llama ervolado -hechizado-- con estas palabras:
«Don fol malastrugado, torpe e enloquido, / ¿en qué roídos andas? ¿en
qué eres caído? / Semejas ervolado, que as yervas bevido, / o que eres
del blago de sant Martín tannido». Esta última frase, con la imagen
hipotética de San Martín, golpeándole con su báculo, nos pinta un realísimo boxeador sonado, que oye ruidos. Ella lo remacha con imágenes
bien mundanas de mística antropocéntrica realísima:
«Assaz eras, varón, bien casado comigo, / yo
mucho te quería como a buen amigo». y acabará llevándoselo, con una
actitud de diosa mitológica clásica, como una celosa Venus, lejos de
allí, a un lugar desconocido. Sin embargo, lo que aquí vamos buscando,
sobre todo, es la crisis de cada personaje. Y, en este caso, la crisis
radicaba en que el protagonista se casaba sin amor, sólo por las
presiones del mundo, concretadas en sus parientes, sólo por la vanidad de
perpetuar una rica herencia en unos herederos directos. Se casa --como
dice Berceo-- movido por «la ley del sieglo», y fueron los parientes
los que le buscaron una esposa que le convenía, y los que determinaron el
día de su boda. Es lógica, pues, su crisis y su escapatoria final,
dejando a las gentes de la comitiva y entrando en una iglesia a hablar con
María. Después de las bodas, ricas y de gran alegría, vemos cómo
preparan a los novios «lecho en que yoguiesern
», y cómo él se
escapa literalmente de los brazos de la novia y huye, en misteriosa huida,
desapareciendo de su lugar mundano, tanto, que ni el propio narrador sabe
qué fue de él exactamente. Quedando así un halo misterioso y pagano
en toda la leyenda. Si algún milagro pudiera recibir el tratamiento del
método de Propp [Morfología del cuento] con fruto, sería éste.
Juan Manuel Rozas, Los milagros de Berceo, como libro y como género. Universidad Nacional de Educación a Distancia, Cádiz, 1976
(pp. 19-26).
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Francisco Rico
HISTORIA Y CRITICA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA
VOL 1
-EDAD
MEDIA- ALAN DEYERMON
Editorial
Crítica Barcelona 1979 (págs.155-158) |
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Esta obra quisiera mostrar una imagen nueva de la literatura española:
un panorama no compuesto ya de resúmenes y catálogos de datos, sino formado por las mejores páginas que la crítica moderna,
desde las perspectivas más originales y reveladoras, ha dedicado. a los
aspectos fundamentales de la historia literaria de España, de las jarchas a nuestros días. El núcleo de
Historia y crítica de la literatura española
es una selección de los trabajos de
mayor importancia sobre cada tema publicados en los últimos decenios y aquí
dispuestos sistemáticamente para proporcionar una visión cabal de los grandes autores, obras y épocas, según
las conclusiones de la crítica más atenta a los factores propiamente literarios y
más diestra en relacionarlos con la trama entera de la historia. Junto a ese núcleo, cada capítulo ofrece
una presentación general de la materia abordada y, por otra parte, un balance ricamente informado de los
estudios sobre la cuestión, con una rigurosa guía a la bibliografia pertinente.
(Texto de la contraportada)
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NOTAS PREVIAS de
la edición
1. A lo largo de
cada capítulo (y particular mente en la introducción, desde luego ),
cuando el nombre de un autor va asociado a un año entre paréntesis
rectangulares, [ ] , debe entenderse que se trata del envío a una ficha de
la bibliografía correspondiente, donde el trabajo así aludido figura bajo
el nombre en cuestión y en la entrada de la cual forma parte el año
indicado.*** En la bibliografía, las publicaciones de cada autor se
relacionan cronológicamente; si hay varias que llevan el mismo año, se las
identifica, en el resto del capítulo, añadiendo a la mención de año una
letra (a, b, c...) que las dispone en el mismo orden adoptado en la
bibliografía. Igual valor de remisión a la bibliografía tienen los
paréntesis rectangulares cuando encierran referencias como en prensa o
análogas. El contexto aclara suficientemente algunas minúsculas
excepciones o contravenciones a tal sistema de citas. Las abreviaturas o
claves empleadas ocasionalmente se resuelven siempre en la bibliografía.
2.
En muchas ocasiones, el título de los textos seleccionados se debe al
responsable del capítulo; el título primitivo, en su caso, se halla en la
ficha que, a pie de la página inicial, consigna la procedencia del
fragmento elegido. Si lo registrado en esa ficha es un artículo ( o el
capítulo de un volumen, etc.), se señalan las páginas que en el original
abarca todo él ya continuación, entre paréntesis, aquellas de donde se
toman los pasajes reproducidos. En el presente tomo I, cuando no se menciona
una traducción española ya publicada o no se especifica otra cosa, los
textos originariamente en lengua extranjera han sido traducidos por Carlos
Pujol. 3. En los textos seleccionados, los puntos suspensivos entre
paréntesis rectangulares, [...], de notan que se ha prescindido de una
parte del original. Corrientemente no ha parecido necesario, sin embargo,
marcar así la omisión de llamadas internas o referencias cruzadas (
«según hemos visto», «como indicaremos abajo», etc.) que no afecten
estrictamente al fragmento reproducido.
4. Entre paréntesis rectangulares
van asimismo los cortos sumarios con que los responsables de HCLE han
suplido a veces párrafos por lo de más omitidos. También de ese modo se
indican pequeños complementos, explicaciones o cambios del editor (
traducción de una cita o substitución de esta por solo aquella, glosa de
una voz arcaica, aclaración sobre un personaje, etc.). Sin embargo, con
frecuencia hemos creído que no hacia falta advertir el retoque, cuando
consistía sencillamente en poner bien explícito un elemento indudable en
el contexto primitivo (copiar entero un verso allí aducido parcialmente,
completar un nombre o introducirlo para desplazar a un pronombre en fun
ción anafórica, etc.).
5. Con escasas excepciones, la regla ha sido
eliminar las notas de los originales (y también las referencias
bibliográficas intercaladas en el cuerpo del trabajo ). Las notas añadidas
por los responsables de la antología -a menudo para incluir algún pasaje
procedente de otro lugar del mismo texto seleccionado se insertan entre
paréntesis rectangulares.
***Normalmente ese año es el de la primera
edición o versión original (regularmente citadas, en cualquier caso, en la
bibliografía), pero a veces convenía remitir a la reimpresión dentro de
unas obras completas, a una edición revisada (o más accesible), a una
traducción notable, etc., y así se ha hecho.
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