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Recientemente hemos concluido nuestra tesis doctoral, que versa sobre las glosas y notas marginales de los manuscritos visigóticos de Santo Domingo de Silos. El estudio de los códices silenses, dispersos por varias bibliotecas de Europa, nos ha dado la oportunidad de conocer otros ejemplos de glosas de manuscritos no silenses y que, aunque por razón de su origen no podían ser incorporados a nuestra tesis, ofrecen un indudable interés. Los monasterios de San Pedro de Cardeña y San Millán de la Cogolla, sobre algunos de cuyos códices ahora nos detenemos, fueron también, y en mayor medida que Silos, focos culturales de gran envergadura, como puede adivinarse por el conjunto de glosas que ahora presentamos.
I. GLOSAS A LA REGULA BENEDICTI EN UN MANUSCRITO DE SAN PEDRO DE CARDEÑA (BL, Add. 30055)
El manuscrito que nos ocupa es un Codex Regularum que, procedente del monasterio benedictino burgalés de San Pedro de Cardeña, ingresó en el British Museum en 1876. No ha pasado desapercibido a los investigadores pero en ninguno de los autores que tratan de él se halla una exacta descripción del códice y de su contenido. Lo mismo se puede decir de las glosas que publicamos, citadas sólo una vez y de forma equivocada, como luego veremos. Aunque en ellas centraremos nuestro interés, creemos útil describir previamente todo el conjunto del manuscrito.
Contenido del manuscrito Fols. 4-113v: Casiano, Institutiones: «IN NOMINE DOMINI. INCIPIT LÍBER INSTITUTIONVM BEATI IOHANNIS QUI ET CASSIANI AD PAPAM CASTOREM DIRECTVM LIBROS DVODECIM » (PL 49, cols. 53-476). Fols. 113v-l 14 : Leandro, Regula, c. XVIII: « Ne peculiarem habeat monacchus (sic) in monasterio » (PL 72, col. 890c-d). Fols. 114-115 : Gregorio Magno, Moralia in Iob, Lib. XXXIV, c. 23 (desde el principio hasta « usque ad sententiam erupit » ; PL 76, cols. 744a-745c)2. Fols. 115v-117 : Regula Macarii (PL 103, cols. 447-452). Fols. 117v-118v: Jerónimo, Prologus in Regulam Pacomii (A. Boon, Pachomiana latina, Louvain 1932, pp. 3-9). Fols. 119-127 : Incipit vita patris nostri Pacomii hominis Dei (PL 73, cols. 429-438) 3. Fols. 127-140v : Pacomio, Precepta (A. boon, op. cit, pp. 13-70). Fols. 140v-142 : Pacomio, Epístola ad Sirvm (A. Boon, op. cit., pp. 86-89) 4. Fols. 142-193v : Basilio, Regula (con el prólogo y en la versión de Rufino ; PL 103, cols. 485-554). Fols. 194-22lv : Benito, Regula (A. De Vogüé-J. Neuf-ville, La Regle de Saint Benoît, 2 vols. (con única numeración), París 1972 (Sources Chrétiennes 181-182), pp. 412-675). Fols. 221v-222v : Capitulum de ómnibus uitiis (H. Rocháis, Textes anciens sur la discipline monastique, « Revue Mabillon » XLIII (1953), pp. 41-43). Fols. 223-223v : Isidoro, Regula, pero que termina abruptamente en « quod ipse non fecerit. Singulos autem » (PL, cols. 555-557c). Al manuscrito le fueron añadidos algunos fragmentos que ahora no nos interesa describir con detalle : un cuaternión con parte de la Regula Fructuosi y la Regula communis (fols. 224231); y un cuaternión (ahora sin su bifolio central), con un fragmento del prólogo del comentario de Esmaragdo a la Regula Benedicti (fols. 232-237), ambos procedentes de dos manuscritos distintos 5.
Descripción del códice El manuscrito está formado actualmente por 236 folios numerados en el siglo XVII ó XVIII por el centro del recto de cada folio, a tinta, pero con un error, al dejar sin numerar un folio entre los fols. 162-163 (actual 166). Una nueva numeración corre por el margen superior derecho del recto de cada folio, realizada a lápiz en agosto de 1876, según consta en una nota de la guarda de la contratapa, que corrige el fallo mencionado y numera todas las hojas de guarda. Evidentemente, es esta segunda la que aquí seguimos. Prescindiendo de los fol. 224-236 que, como ya hemos hecho notar, proceden de dos manuscritos diferentes, el códice se compone de 29 cuadernos, todos ellos cuateniones salvo el primero (fols. 4-9) que es ternión. Falta enteramente el cuaderno V (entre los fols. 33-34), el séptimo folio del cuaderno IX (fols. 58-64), y el cuarto del cuaderno XXI (fols. 153-159). Todos los cuadernos van numerados por el verso del último folio. Las medidas, tomadas en el fol. 145, son las siguientes 6:
14
+ 6 + 66 + 8 + 16 + 6 + 67 + 9 + 42 x 33 + 246 + 57 mm. El texto se dispone a dos columnas de 26 líneas (fols. 4-96 ; 121-128 ; 137-144 ; 160-167) ; 27 (fols. 129-136 ; 145-152); 29 (fols. 97-120 ; 153-159 ; 168-223). En todos los folios las dos columnas van delimitadas por doble vertical a cada lado, y los pinchazos para guiar las horizontales corren por el interior de la segunda columna. Un caso especial es el del cuaderno XXIII (fols. 168-175): los bifolios 3 y 4 siguen el esquema descrito, mientras que los bifolios 1 y 2 llevan los pinchazos para guiar las horizontales en el margen exterior. El rayado ha sido realizado de forma constante en todos los casos, con el cuaderno plegado y cargando folios impares sobre pares, como es lo habitual en los manuscritos visigóticos. Fuera de las glosas que son el objeto de este estudio, pocas notas se descubren en el manuscrito. Notación musical aquitana hay en los fols. 4, 192v y 230. Hay una nota en el fol. 114, bastante borrosa, repetida parcialmente en el fol. 152, en minúscula Carolina del siglo XII, que dice : « Freno de filia de Martin Fernandes que petiuit (?) Urraca Uermudes in uoluntate leuauimus illum ad Uurgos et fecimus (?) (borroso) quadringentos et octoginta solidos (borroso)». Una carta latina, dirigida por Fr. Tomás Gómez, monje de Santa María de Palazuelos, al abad de Cardeña, Alfonso García, el 8 de mayo de 1656, nos da noticias del uso que Francisco de Bivar y él mismo hicieron de este manuscrito para su edición de reglas monásticas 7. Actualmente, la carta va pegada a la contratapa anterior. Ignoramos cuándo y en qué condiciones salió el códice de Cardeña. Sólo sabemos, por una nota de la guarda anterior, lo siguiente : « Purchased at Sotheby's (Bragge's Sale Lot 395) 710 June 1876». El manuscrito, de pergamino de gran calidad, se halla muy bien conservado, y sólo se ven afectados los remates de algunas iniciales por los sucesivos cortes que ha debido sufrir al ser encuadernado. La actual encuadenación, en piel gorrada sobre tabla, es posterior a su ingreso en el British Museum. Todo el códice parece deberse a una sola mano que no distingue ti-tj, muy cuidada y elegante, y que trabaja en un escritorio dotado con abundantes medios y donde pudo dotarse a la obra de una exquisita decoración. Producción caradignense, sin duda, viene siendo comúnmente atribuido a la segunda mitad del siglo X, fecha a la que no se opone ninguno de los datos codicológicos apuntados.
Glosas Glosar un manuscrito es una práctica normal de la Antigüedad y de la Edad Media. Los manuscritos visigóticos de Cardeña mismo, y de los cercanos monasterios de Silos o San Millán, son buena prueba de ello 8. En muchos casos, las glosas eran colocadas por el propio copista del manuscrito, quien las iba escribiendo conforme avanzaba su obra, o bien al finalizar y repasar su trabajo, tomándolas generalmente del manuscrito que le servía de modelo. En nuestro caso no fue así, ya que sólo una glosa es propia del copista del texto 9. En cambio, las recibió, y muy abundantes, para sólo el texto de la Regla de San Benito, de una sola mano, bastante descuidada por cierto, y mucho más tardía. Para llamar la atención sobre ellas, el glosador utiliza abundantes signos de llamada, tomados casi todos ellos, como suele ser lo habitual, de la notación musical hispana ; son los siguientes :
Las glosas van distribuidas por todos los márgenes, inclusive el interior (lo cual no suele ser muy habitual en estos casos, en que se ha trabajado con el manuscrito ya terminado y cosido, por la dificultad que entraña su copia y posterior lectura) ; por el desorden en que a veces se presentan no parece que tenga delante un manuscrito ya glosado que le sirva de modelo. Los rasgos paleográficos nos llevan a finales del siglo XI, a juzgar por la presencia, aunque sólo una vez, de / partida con valor de uel (glosa 308). La lectura en general no ofrece mayores dificultades, salvo en aquellos casos de desgaste por roce, o pérdida de texto por corte de los márgenes. A veces resulta arduo leer las que se hallan en el margen interior ya que el manuscrito fue nuevamente cosido cuando su ingreso en el British Museum, de forma tan concienzuda, que en ocasiones cuesta mantener abierto el códice. Todo el texto de la Regla fue repasado a mediados del siglo XII para adaptarlo a una nueva versión y acentuar casi todas las palabras. Al mismo tiempo se repasaron algunas glosas e incluso se añadieron otras (glosas 180, 240, 264b, 270, 271, 282, 285, 286, 295). Aunque no sea de nuestra competencia, queremos señalar las glosas 37, 184, 228, 239 y 251, por el interés que puedan tener para los filólogos, aunque posiblemente sean más las que llamen la atención a los que se dedican al estudio de los orígenes del castellano. Lo mismo puede decirse de algunas glosas (53, 61, 159) que, por su forma, parecen sugerir un análisis gramatical previo. Es lógico preguntarse por qué, a finales del siglo XI, un monje de Cardeña sintió la necesidad de disponer de un texto de la Regla convenientemente glosado. Notemos primero que no han sido anotados todos los capítulos del breve código benedictino. En general, exceptuando el prólogo, se orillan casi todos los capítulos doctrinales y litúrgicos y se glosan los de contenido disciplinario. Pero no se trata de una norma absoluta y parece que no hay ninguna selección previa de determinados capítulos, aunque sí parece que el glosador insiste más en aquellos que tratan los aspectos fundamentales de la organización de un monasterio. En Santo Domingo de Silos, también a finales del siglo XI, se glosó abundantemente un comentario a la Regula Benedicti, de Esmaragdo, transmitido en una copia fechada el año 945. Quizás en ambos casos lo que se intenta es explicar el texto benedictino en estos monasterios a finales de la centuria, coincidiendo con una implantación neta de la Regla de San Benito durante el reinado de Alfonso VI10. Es evidente, a la vista de algunas glosas (v.gr. 45, 46, 58, 69, 111, 126, etc.), que el glosador se sirvió para realizar su trabajo de alguno de los glosarios latinos tan manejados en la Edad Media. Por su proximidad geográfica hemos cotejado todas las glosas con el glosario silense de finales del siglo XI, copiado de un modelo emilianense del siglo X u, conservado en la Bibliothéque Nationale de París, N.a.l. 1296. A la vista de los resultados, parece seguro que no fue un glosario de estas características el que sirvió al monje de Cardeña para su trabajo. Aún así, preferimos ofrecer el resultado de esta colación en nuestra edición. Un asterisco, acompañando a la palabra glosada, significa que tal glosa se halla, con mayor o menor exactitud, en el glosario silense ; la cruz indica que tal palabra se halla en el glosario pero con significado diferente. Cuando la glosa de una determinada palabra resulte ilegible la cruz señala únicamente que tal palabra se encuentra en el glosario de Silos. Indicamos también la correspondencia entre el manuscrito y los capítulos de la Regla a fin de facilitar la labor a quien desee situar las glosas en su contexto. En todos los casos se respeta la grafía original aunque en ocasiones estemos ante evidentes errores del copista del manuscrito o del glosador. La e caudada se transcribe por e cursiva. Las palabras o letras entre corchetes corresponden a conjeturas nuestras ante una difícil lectura. En la primera columna se ofrece la palabra glosada y en la segunda la glosa correspondiente.
II. GLOSSAE super caNones SEGÚN UNOS MANUSCRITOS DE SAN MILLÁN Y SILOS El manuscrito 46 de la Real Academia de la Historia, de Madrid, es un glosario procedente del monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla (La Rioja), que ha merecido en ocasiones la atención de paleógrafos y codicólogos40. Nunca ha sido editado, pero sí, como tendremos ocasión de ver, una copia sacada de él, el manuscrito de la Bibliothéque Nationale de Paris, n.a.l. 1296, procedente del monasterio de Santo Domingo de Silos 41. Ambos traen como apéndice el texto que nos proponemos reeditar aquí, ya que el ejemplar silense (único utilizado por su editor) presenta varias lagunas, que pueden ser remediadas utilizando el modelo emilianense. Pero antes convendrá describir, siquiera sea someramente, ambos códices.
Madrid, Real Academia de la Historia, cód. 46
Manuscrito en pergamino, que comienza en el fol. lv : «A, uox est ante uerbum uel apex prima » ; el glosario termina en el fol. 168 : «zetas estuales, domus ubi ponitur thesaurum quod foris est ad cultum regium. ΦΙΝΙΤ ΔΕΩ Γ[ΡΑΤΙΑΣ]». A continuación comienza el texto que nos interesa ahora : «INCIPIUNT GLOSS[E SUPER] CANONES », que termina en el fol. 170v, seguido de un alfabeto griego con los nombres de las letras (« Litteras grecas per alfabeto sunt hec scriptas »), y una invocación casi ininteligible, tomada en parte del salmo 53,1 : «Ω ANTONHC ΔEOC HNΩMHNE TOYO CAΛBOY ME ΦAX ». Sigue un poema de Ermoldo Nigelo, Versus ad pueros, que termina en el fol. 171. El mismo copista ha añadido aquí la definición de enigma42 y una invocación musicalizada en honor de la santa cruz, que comienza : « Ho (sic) crux uiride ligno». Dejando el fol. 171v en blanco, en el fol. 172 se escribió en tinta roja el colofón final de toda la obra, enmarcado en una sencilla orla; desgraciadamente hoy es prácticamente ilegible pero, al menos, queda claro que el códice fue terminado entre el 6 y el 13 de junio del año 964 43. El fol. 172v se dejó en blanco, como protección, pero sobre él se escribió en visigótica algo que hoy resulta imposible leer.
El manuscrito consta, pues, de 172 folios, numerados sin errores en el siglo XVIII. Mide unos 290 x 208 mm. 44, y estaba compuesto originariamente por 23 cuadernos, todos cuaternio-nes, salvo el primero, que era ternión. Todos van numerados (salvo el último) por el verso de su último folio. Falta un folio al primer temión (entre los fols. 4-5); al cuaderno IV le falta también su último folio (entre los fols. 28-29), y se ha perdido enteramente el cuaderno XV (entre los fols. 108-109). Del fol. 168, donde comienza el texto que precisamente nos interesa ahora, sólo queda algo menos de su mitad superior. El texto se dispone a dos columnas de 36 líneas, delimitadas por doble vertical en todos sus extremos. El rayado se ha llevado a cabo de forma constante cargando desde el exterior del primer bifolio sobre el segundo y desde el interior del cuarto sobre el tercero. La encuadernación, en pergamino sobre cartón, es moderna, pero, al hallarse desprendida, permite ver los tres nervios dobles y la huella que un anterior cosido, de cuatro nervios, ha dejado en el lomo.
El copista, que parece único para todo el manuscrito, distingue ti-tj y ha trazado una escritura de rasgos finos y módulo pequeño, donde abundan los elementos cursivos. La decoración ha quedado reducida a las grandes iniciales con las que se marca cada grupo alfabético, llamativas pero bastante toscas.
Salvo dos o tres casos, el manuscrito no lleva glosas añadidas y son irrelevantes la mayoría de las probationes que en él aparecen, atestiguando algunas de ellas su pertenencia a San Millán45. Notación musical aquitana sólo aparece en el fol. 1 acompañando la primera estrofa del himno « O lux beata Trinitas », repetida por tres veces.
París, Bibliothéque Nationale, n.a.l. 1296 Manuscrito en pergamino y papel, uno de los más antiguos de Europa en utilizar esta materia escriptoria 46. Comienza en el fol. 1 por : « sequitur imperat » 41, y termina en el fol. 223 : «tau, y, ANT », inicio de la invocación que vimos en el fol. 170v del códice emilianense. Mide 260 x 210 mm. y consta de 223 folios más cuatro pequeñísimos fragmentos al principio, señalados con las letras A-D48. La numeración, a lápiz, es moderna y sin errores. Antes de seguir es conveniente advertir que el manuscrito fue restaurado en 1952 de forma tan desafortunada que toda descripción ha de tener en cuenta este hecho. En efecto, todos los folios de papel han sido laminados de tal modo que resulta imposible reconocer su textura original; los márgenes deteriorados han sido injertados en cartulina ; casi todos los dobleces han sido reforzados ; la encuadernación ha sido rehecha. A esto añádase que nuestro códice ya había sufrido notables pérdidas antes de ingresar en la Bibliothéque Nationale. Actualmente, los folios en pergamino son los siguientes : 16-17, 30-31, 33, 40, 53-54, 64-65, 78, 91, 104, 117-118, 139-140, 153-154, 166-167, 180-181, 194-195, 210-211. Se opera, pues, en general, con cuadernos de papel envueltos en un bifolio de pergamino, lo cual hace que siempre haya dos folios membranáceos consecutivos. Cuando esto no ocurre, y no existe pérdida de folios, cabe pensar que se dispusieron cuadernos enteros de papel entre otros dos envueltos en pergamino, con lo que resultaba así protegido. No hay norma fija para el número de bifolios de papel que se insertan en el bifolio de pergamino ; unas veces son seis (fols. 18-29; 66-77; 92-103; 141-152; 168-179; 182-193; 212-223), otra diez (fols. 119-138), otra siete (fols. 196-209). En general son cifras altas pero hay un caso claro de ternión (fols. 34-39). Los bifolios de pergamino son de mala calidad, llenos de agujeros y mal preparados. Podría pensarse que, ante la falta de esta materia, se echó mano del papel, que se fue empleando según se iba confeccionando el manuscrito. Los cuadernos no llevan reclamo ni numeración; el texto se dispone a dos columnas de 29 líneas, pero no hay huellas ni de los pinchazos ni apenas del pautado. Téngase en cuenta que, para ser restaurado, el manuscrito tuvo que ser sometido a un prensado que puede haber borrado las trazas del rayado. El fol. 31, de pergamino, conserva las guías verticales, simples en todos los casos. Huellas de las mismas quedan en los fols. 6 y 43, de papel. Pero en ningún caso se observa pautado horizontal y la disposición del texto parece confirmar que nunca existió, a pesar de la aparente regularidad que se observa a primera vista 49. La encuadernación es moderna, en piel sobre cartón, de 1952. El copista parece único para todo el manuscrito, aunque se distinguen ayudas ocasionales en los fols. 120r-v y 121-128v, de dos manos diferentes. Su escritura, fina y cuidada, denota bastantes influencias Carolinas en nexos y sistema abreviativo 50, lo que nos lleva sin duda a finales del siglo XI, a lo que no se opone la decoración, reducida a las grandes iniciales que adornan el comienzo de cada grupo alfabético. No mucho después de terminado, el códice fue repasado totalmente y enriquecido con numerosas glosas marginales. Fuera de ellas, aparecen escasas probationes de los siglos XIII y XIV, sin mayor trascendencia. Es indudable que el manuscrito silense se obtuvo a partir del emilianense 51. La identidad textual entre ambos es total, aunque se ha de notar como detalle importante que en el ejemplar silense hay siete glosas en árabe que no figuran en su original emilianense ; en cinco casos se deben al copista principal y en dos a los aportes marginales 52. Además, el glosario silense adquiere mayor valor por las numerosísimas glosas que llenan sus márgenes. Díaz y Díaz supuso que la copia silense (obtenida en el mismo San Millán o en el monasterio de Silos) se pudo realizar en 1082, apoyándose en un annus currens (la era 1120), que aparece en el fol. 171 del códice de san Millán 53. La mención se repite también en el fol. 172v : « (i)n era Ma C XXa ftút Hilegiblé) », pero como está muy gastado por ser folio final del manuscrito, resulta imposible leer más. La hipótesis, aunque indemostrable, es sugestiva y podría muy bien corresponder a la realidad. Las glosas que aparecen recogidas bajo el título Glossos super cañones están sacadas de la Collectio canonum de Dionisio el Exiguo, y son obra carolingia de finales del siglo VIII o principios del IX 54, con inclusión de algunas glosas germánicas 55. Es evidente que el manuscrito que sirvió de modelo a nuestro emilianense provenía de alguna región del imperio carolingio ; si tenemos en cuenta la poca difusión manuscrita del poema de Ermoldo Nigelo, que también se incluye, es posible que todo el material reunido en este volumen tuviera su origen en vida de éste o en fecha poco posterior y, por lo tanto, reflejar el códice emilianense (y el silense por extensión) una obra de la primera mitad del siglo LX, surgida en los ambientes del renacimiento carolingio, que, ignoramos por qué caminos, llegó a San Millán el año 964 56. Desde el punto de vista paleográfico, se constata en el códice de San Millán la presencia de algunos rasgos carolinos que, dada la fecha del manuscrito, sólo son posibles por influencia directa de su modelo Este texto fue ya publicado, siguiendo el manuscrito silense, por García de Diego en 1933, pero de forma muy fragmentaria, dado el estado de conservación de los folios finales del códice 58. Como desconocía el emilianense RAH, cód. 46, no pudo servirse de él para completar las lagunas, labor que podía haber hecho extensiva a todo el glosario que antecede a nuestro apéndice. Tampoco cayó en la cuenta de un detalle importante : la mayoría de las Glossae super canones se hallan incluidas en el glosario BNP, N.a.l. 1297, que él mismo publicó junto con el BNP, N.a.l. 1296. Se trata de un glosario procedente también de Silos y, sin duda, escrito en el mismo monasterio, como lo demuestra el carácter visigótico de la escritura que subyace en muchos de sus folios palimpsestos 59. El manuscrito es tardío, escrito a finales del siglo XII o principios de la centuria siguiente en escritura gótica primitiva. Es una copia, con ligeras variantes, del glosario BNP, N.a.l. 1296, pero enriquecida, al final de cada grupo alfabético, con glosas procedentes de otros códices. Entre ellas, y sin seguir un riguroso orden alfabético, se encuentran las Glossae super canones. Como el manuscrito está falto por el final, no podemos saber si, además, las reprodujo de nuevo en sus últimos folios. Ignoramos con qué criterios se eliminaron algunas de estas glosas, sobre todo teniendo en cuenta que se mantuvieron la mayoría de las germánicas, que debían resultar ininteligibles para un monje silense de finales del siglo XII, como lo habían sido para sus antecesores. Pero el hecho, en sí, no es nada singular, si se tiene en cuenta que esta técnica de incorporación de glosas, por extrañas que sean, es propia de todos los glosarios 60. En nuestra edición preferimos basarnos en el manuscrito emilianense, más antiguo, y utilizar la copia silense (siguiendo la edición de García de Diego) para completar sus lagunas ; en los raros casos en que ambos códices coincidan en éstas (lo cual, afortunadamente, sólo sucede en muy contadas ocasiones), utilizamos la versión del glosario BNP, N.a.l. 1297 siempre que haya copiado el lemma deseado 61. Estamos muy lejos de presentar una edición crítica, para la que habría que tener en cuenta otros testimonios manuscritos aún más antiguos 62. Sin embargo, creemos ofrecer un pequeño servicio al investigador, al publicar una versión completa de este glosario, según circuló por España, y sólo conocido hasta ahora de forma fragmentaria.
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