El cuero

Si la lana española era considerada la de mejor calidad en tiempos medievales, igualmente el cuero llevó la misma fama. Como producto derivado de la explotación ganadera, siempre hubo en los núcleos rurales una dedicación artesanal al cuero. Los pastores cameranos han curtido la piel de cabra para proporcionarse botas y pellejos, y del mismo modo curtían pieles de otros animales para elaborar zamarras, zahones, zurrones, chalecos y culeros y con las crines y colas de las caballerías hacían resistentes cuerdas de pelo. Son hoy piezas de museo etnográfico, al igual que otros objetos que fabricaban en cuerno, hueso o madera, como colodras, cuzarras o utensilios de cocina. Hace más de cinco lustros que en La Rioja no existe prácticamente demanda de albardas, jalmas, cinchas y otros arreos para animales de carga. Pero quedan guarnicioneros en Logroño, Calahorra, Arnedo, Alfaro, Quel, Nájera, Santo Domingo de la Calzada, Cervera del Río Alhama, Cenicero, San Asensio y Rincón de Soto, cuyo trabajo es ar tesanal, si no para confeccionar aperos de ganadería, sí para reparar balones de fútbol, bolsos, etc., y para hacer cinturones y albarcas y, sobre todo, piezas de botería y pelotas del juego de frontón. Existen en La Rioja ocho boteros y un afamado pelotero llamado Ramiro Viguera que en Logroño surte de pelotas a los mejores pelotaris ya los campeonatos mundiales de esta especialidad deportiva. La labor artesanal del pelotero consiste en conseguir un armonioso equilibrio entre el bolo de propileno, que antes era de madera de boj, y las sucesivas capas de goma, lana, hilo y forro de piel. En cuanto a la marroquinería, además de realizar en cuero bolsos, petacas, carteras, muñequeras, cinturones, etc., abundante en la región, hay dos especialistas artesanos, uno en Logroño, que elabora máscaras de cuero de un gran valor artístico, y el otro en Haro, que confecciona sillas de montar inglesas. El calzado de encargo ha desaparecido prácticamente.