Biblioteca Gonzalo de Berceo

La presente edición conmemora el 4º centenario de la obra del autor riojano Gregorio González.

 

 

 

ESTA EDICIÓN

 

Esta edición debe entenderse como una revisión completa de la que publicó en 1988 la editorial Almar en Salamanca. Quiere ello decir que, buscando salvar las numerosísimas erratas que por distintas razones se habían deslizado en aquel entonces, he vuelto a cotejar la reproducción del manuscrito que obra en mi poder y cuyo original se conserva en el Smith College de Massachusetts. Es un manuscrito de la época en el que se percibe la intervención de varias manos diferentes. Son abundantes en él las tachaduras y correcciones, así como en algunos casos las adiciones entre líneas o en los márgenes. El manuscrito se halla deteriorado en algunos puntos, lo cual impide por veces su lectura. He señalado las conjeturas más relevantes introducidas en el texto -bien en el propio texto mediante corchetes, bien en nota-, pero no las restantes circunstancias recién destacadas dado el carácter no crítico de esta edición.

Por lo que se refiere a los criterios de la edición, debo decir que he modernizado tanto la ortografía como la puntuación. He respetado, sin embargo, aquellas grafías que pudieran afectar la conformación fónica de las palabras, así como vacilaciones habituales en textos de este período como por ejemplo las de las formas así /ansí o ahora/agora. He deshecho, de acuerdo con la norma actual, algunas contracciones, muy poco estables en el texto por otra parte, como quel, aunques, desto, etc. Los puntos señalan fragmentos ilegibles en el original.

 

Santiago de Compostela, octubre de 1994

Fernando Cabo Aseguinolaza

 

 

Capítulo 12

Cómo Onofre se fue de Salamanca huyendo por

temor de los teatinos y cómo llegó a

Valladolid y lo que allí le

sucedió mientras estuvo desacommodado

 

 

Ordinariamente obliga la pura necesidad a cosas que los hombres no tienen en la imaginación o, a lo menos, que se pasarían sin hacerlas si las pudiesen escusar; mas, donde interviene fuerza, ni tiene voto la voluntad ni mando el gusto 1. Bien dicen que la necesidad tiene cara de hereje 2. De muy buena gana me quedara yo en Salamanca con los pavos y gallinas, porque piedra movediza no la cubre moho 3, demás que no hay mejor posada que la conocida. Pero si el teatino anduviera en mi busca, dijo que me conocía. ¡El ladrón que se le pusiera delante...! Malos años para el desdichado que cayera en sus manos. Yo le mandaba mala ventura. Acojámonos a buen vivir, que en los nidos de antaño no hay pájaros este año. Guárdate, Onofre, no te hagan jubón de sobresuela 4; que este trato no es renta cierta, no es vida para mucho tiempo, pasos son que llevan camino real enderezado a tu pronóstico; a huir, que azotan. Ya estás hecho ladrón de media talla: no confíes en tu habilidad, que las mejores son las que mejor se pierden. Aunque, si va a decir la verdad, no me había desagradado la ganancia. A no ahorcar, yo daba, desde luego, en ladrón de arte mayor, como copla de Juan de Mena; que, en este trato, con poco trabajo se ganara la vida, aunque a mí trabajos no me faltaron. Mas, porque todos los enfermos no sanen, no hemos de decir que la medicina no vale nada; que uno no deja de ser médico porque no se cure el enfermo. Fuera de que yo me tuve la culpa, que, a no volver por los pavos, demasiado había salido de bien librado, sino que quien mucho abarca poco aprieta. Mas, con todo eso, no hay que fiar de la serenidad de un buen succeso, porque una golondrina no hace verano. Ninguno es tan grosero que, ya que no le venza la honestidad, a lo menos no le mueva la deshonra. A no haber chimenea, bueno me habían parado. Adiós, choza, que se parte Garnacho. Al buen pensamiento no dilatalle la ejecución. Vámonos por el mundo, que, donde una puerta se cierra, otra se abre. No nos andemos a pescar con mazo, pues esta vida no es para morir a leche de almendras 5.

Ya que estábamos sosegados, dimos traza de vender nuestras aves, y luego se les halló venta; que, aunque las vendimos a menos precio, todavía valían dineros. Veis aquí una de las mayores miserias del ladrón, que arriesga el trabajo, crédito, honra, cuerpo y alma, y después ha de vender el hurto en la mitad menos del justo precio 6. Y aun no sé yo que tengan cosa buena que contar de su trato, sino solo haber dado la vida a los que se la dejaron de quitar.

Pues a ti digo, mohatrero 7, que andas en busca de los latrocinios: ¿para qué compras la necesidad y secreto, pues sabes que son alforjas donde van envueltos los hurtos, porque pocas ventas hay ocultas que no tengan ramo de pestilencia 8? Mas puedes responder que cada puta hile y coma 9; que quien está tan hecho a venderla no es mucho que la compre siquiera una vez en el año. Malos te los dé Dios; que aun no fuera malo, si una fuera, mas esto hay que llorar, que el mal que se había de olvidar se va arraigando y veo que andas en busca suya y tus tratos y contratos son para darles favor para que te den ganancia. Huélgate, que buen rey mozo tienes. Dios te le guarde. A la P te espero 10. Ya veo que esto es hablar a un muerto, porque es grande trabajo mandar bien donde no hay quien obedezca. Mas no lo puedo dejar de decir, que no son verdaderamente buenos los que no reprueban los malos 11 y, al fin, si no valiere por testamento, valdrá por codicilo 12. ¿Dices que lo haces por remediar necesidades? Ya lo entiendo, mas ¿para qué me arrojas esas flores? ¿Soy yo de Sayago 13? Acábote de vender gallinas, ¿y me quieres vender que remedias necesidades? ¿Al maestro, cuchillada 14? El necio mira las cosas para alimentar los ojos, pero el prudente míralas para alcanzar sus secretos. Conocido te tengo. No te me hagas bueno; que el que ha de mostrar su bondad, cuánto mejor sea,

tanto con más buen ánimo ha de conocer las cosas justas, y, pues tú no las conoces, cogido te tengo. Allá te las hayas; que ya llueve sobre mojado.

Yo me partí de Salamanca hecho una pelota de culebrina según iba de ligero. Piqué para Valladolid, que, como ya es Corte 15, es el paradero de los carros. Y allí, con las blancas que de las aves llevé, me di unos cuantos días de buena vida, holguéme a costa de bobillos; mas en balde se adquieren los bienes, si después de adquiridos no se saben conservar. El trabajo de alcanzar una cosa es breve, pero el cuidado de conservalla es prolijo y largo. Un capitán con la espada desnuda alcanza una victoria en corto espacio, mas, para mantenella en su estado, ha menester el sudor de su vida. Mi compañero, como no estaba culpado, con la poca parte que le cupo no quiso hacer mudanza. Yo desfruté la heredad y quedáronle a él las ahechaduras 16. Mas no fue mucho, que, cuanto mayor es el trabajo, necesariamente ha de ser tanto mayor el premio.

Estuve en Valladolid algunos días que me andaba a la flor del berro 17. La mayor felicidad es no servir a ninguno; no conocía rey ni Roque, ni aun lo quería conocer. Andaba por aquellas calles hecho un estafermo 18, ni sosegaba el paso ni la bolsa, porque en la Corte estas dos cosas caminan por la posta 19. Amores y dineros no pueden estar quedos; que, como los hombres son menos inclinados a la virtud que a los deleites y éstos son consumidores de todos los bienes, como me di a ellos, presto despaché lo que tenía. En un promptu llegué a la posada del descanso, porque el día que faltan los dineros llega el del verdadero reposo. No hay cosa más contraria a la quietud del ánimo que la abundancia de bienes de fortuna. Halléme tan sosegado con la necesidad, a lo menos en la bolsa, que ya me condolía de mi poca prudencia. Comer un día para ayunar un año. Al fin, no hay hombre cuerdo a caballo 20. El calor de la edad apenas deja a los mozos guardar modo en las cosas 21.

Luego me hice estrellero y andaba inventando más astrologías para buscar de comer que un matemático 22, porque el hurtar no me parecía seguro, ni aun lo era. El pedir es de desvergonzados, y eso tuve yo de bueno, que toda mi vida me precié de corresponder -ansí con la vergüenza, que es con quien se consigue la alabanza y huye la deshonra, como con todos los demás actos puros y honestos- a mis antepasados y progenitores 23. No tenía yo cara para andarme hecho follón 24. Los hombres no somos tan virtuosos por el modo que nos ordenaron los muertos para alcanzar la virtud como por el que los vivos hemos hallado para sustentalla. Vivamos como virtuosos, aunque no lo seamos, que, en realidad, de verdad estoy mal de muerte con unos galloferos 25 que veo ponen su bienaventuranza en el pedir limosna, y mucho peor con otros madrigados como toros zamoranos que hacen mil embelecos para sacarla a los que algo pueden 26, como son los que se hacen llagas fingidas en lo exterior para curar el estómago. Y, si lo puedo decir, repeor estoy con los bribones que, hechos quintilianos de la mendiguez, han inventado más retóricas y arengas para pedir que él para saber bien hablar. Todo esto es indecente a personas de mi cualidad, porque el ser limosnero no pertenece a guitones honrados, sino sólo a pícaros que lo estudiaron en la corte de los beneficios. Allí, entre aquellos cardenales que corre esta moneda y suben el pobre a su misma cama 27, no me espanto yo que haya quien estime el oficio, pero acá, que el agua dan a empellones, persona de consideración no es justo que lo codicie. Perdóneme, si hay alguno a quien le toque, que no es más en mi mano; porque la nobleza, gravedad y virtud de los buenos no se ha de emplear en honrar y autorizar los malos. Bien sé que me dirán que quien ha de condenar las tinieblas ha de mirar la luz, porque el que ha de reprehender costumbres ajenas ha de carecer de pecado en las suyas. Pero respondo que, ya que yo peque en otras, para podello hacer me basta no incurrir en lo que culpo, y así, ayuno de todas estas sciencias que he dicho, jamás me acogí al refugio de los miserables, porque la sciencia que se aparta de la verdadera razón antes se ha de llamar callosidad que sabiduría, demás que la vergüenza es el matiz de la virtud 28.

De mí lo había de sacar; que no hacía yo confianza en dádivas gratuitas. No hay donde mejor se remedie un hombre que en su posada 29, que por eso se dice: salí de mi casa y avergoncéme, volví a ella y remediéme. Consideren agora los que me oyen qué haría yo en la Corte sin blanca, sin posada, sin amigo, sin dueño, sin hurtar y sin pedir: papar viento como camaleón 30. Sabe Dios si lo hice más de un día. y aun llegué a estremo que quisiera que corriera para que me sustentara. En triste punto me vi, mas en eso consistía el ser Onofre, que el trabajo todo lo vence. Al hombre ingenioso el imaginar le es vivir. Quien más hace más vale. No hay que confiar de la fortuna, que al que hoy entroniza abate mañana. Todas sus obras son como juego de pasa-pasa 31: lo que vemos dentro es luego fuera, que parece criada entre gitanos; y sin duda ella lo es, pues tanto se le apegó de sus importunidades. Vime en la misma necesidad. Eso tiene malo este negro menester, que, en faltando el plus ultra con que se remedie 32, cuanto más falta tanto mayor hambre, porque hambre y necesidad son correlativos que se pueden convertir: necesidad ergo hambre, hambre ergo necesidad.

Halléme desafiuzado de todo remedio y aun imposibilitado de tenelle 33, porque yo conocía que era tan dificultoso llegarme, si no era que milagrosamente bajase el cuervo de Sant Antón a traérmele 34, como caminar a las veinte en carros de Sant Leonardo 35. Conociendo, pues, esta cuita, para mejor llorarla a mis anchuras, me salí al campo, adonde, imaginando en mi calamidad, comencé de pasearme por diversas partes como si hubiera comido cazuela. La soledad algunas veces alivia la pena, porque, como dicen, al solo consuélale el olmo, mas al solo solo, Dios y todo.

Andaba contemplando mi poca consideración y quejándome de mi ruin fortuna. Mil veces la maldije. Dios me lo perdone, que aún a mí no me perdoné, y es el día que, cuando considero cuál estaba, se me arrasan los ojos y levantan las telas del corazón. Mas tal me vi que no me espanto, porque, según estaba, quien me conociera me desconociera. A pocos días como aquellos no hubiera Onofre en el mundo, no anduvieran sus infelicidades de boca en boca como palabra de capitán 36. Mas el Sumo Hacedor, que no desampara sus criaturas, aunque sean los más mínimos gusanos, hubo mancilla de mí 37 y en este trabajo me dio, ya que no refugio, a lo menos pie para hallarle. Todas las cosas, aunque vengan por remotos caminos, vienen de la mano de Dios, que, como prevé los pensamientos y sabe dónde han de ir a parar, encamina a unos por los atajos y a otros por los rodeos. Ansí fue a mí, que me dio de comer, sea por donde fuere. No sabe del mal de que se libra el que no ha entrado en el mar de la miseria.

Estando, pues, paseando, como he dicho, casi 38 desesperado de la comida y aun de mí, acerté a pasar por junto de unos muladares adonde vi unos zapatos, que, a vuelta de la basura 39, habían venido en algún carro de los que acostumbran a sacarla. Su valor no había que decirlo, pues el puesto que tenían bastaba para relación. Ellos eran de hombre pulido: chinelados 40, alparagatados y acuchillados 41. Sin duda eran de algún alférez, porque éstos, como todos son matamoros acuchillantes, hasta en los zapatos quieren probar sus fuerzas 42. Tales eran, que estaban, conforme a su merecimiento, condenados a las minas de la hediondez. No hay cosa más bienaventurada que poder un hombre hacer que no haya cosa nueva para su ánimo. Yo estaba tan acostumbrado al mal, que no había novedad para mí, y aun tal que aquéllos me parecían de provecho. Y así me humillé a cogerlos, porque quien había en Salamanca aprovechado un dedal, presumpción era que, cualesquier que fuesen, aprovecharía los zapatos en Valladolid, pues valdrían más que él. Pero entre ruin ganado poco hay que escoger. Pareciéronme pieza soberana, y ansí luego dije entre mí:

-¡Miren, por amor de Dios, por dónde remedia los suyos! ¿Quién pensara que del muladar había de salir remedio para el muladar de mi vientre?

Que yo, a lo que es vientres, todos 43 los juzgo por muladares. Por eso dicen que del monte sale quien quema el monte; del muladar lo que sustentará el muladar. Comencélos de asear, limpiar y pulir lo mejor que pude después de haberlos saludado con mil arengas y echado mil bendiciones, porque a tan buen punto me habían venido a socorrer, a tan buena coyuntura reparado parte de mi necesidad y dado, o a lo menos prometido, algún alivio a mi tormento intolerable, que no fue poco bien. Con ellos me alegré cuanto pude, si es verdad que en mí podía caber alegría; que, según estaba, por dificultoso lo tengo. El verdadero saber es doblar el ánimo adonde hay necesidad. Luego se me puso en la cabeza que tenía tan segura la comida como en la bolsa, mas, a no estarlo más, buen lance hubiéramos echado.

Finalmente, después que, como he dicho, los puse en debido punto, yo di con ellos en las manos de sus padres creyendo que, por lo menos, hallaría por ellos quien me diera para pan. Ya mi buena gana no andaba a buscar almodrotes 44: no era tiempo de salsas ni de buscar adherentes, que a la hambre no hay pan malo. Pero, después de haberme molido en limpiarlos y en llevarlos de mano en mano, de zapatero en zapatero, todos me consolaron con un 'no los he menester'. Que plegue a Dios que a mi puerta los encuentre cual me vieron. Aunque no lo digo de corazón, porque no me venga lo que digo; que es cierto que muchas veces nos sucede el mal que por los otros deseamos. En conclusión, no hallé quien me dijese 'Dios os dé salud'. Según estaban, aun de balde ninguno creo quisiera que ocuparan su tienda. Llevémelos con harto mayor desconsuelo que los truje, que, en efecto, los hallé en el depositario de lo que eran. Consideraba yo mi poca felicidad, que adonde entendí que había hallado amparo de mi trabajo, hubiese sido el que hallé tomarle en balde. Esto tienen los desdichados, que, cuando con más seguridad están esperando el bien, sale el mal de la emboscada y les arroja una zancadilla que da con sus esperanzas en el suelo. Pues en verdad que no sé yo por qué conmigo tanto mal, que harta abundancia echaba de devociones y plegarias; mas, por entonces a lo menos, poco me aprovecharon. Otro tiempo vendrá en que aprovechen, que lo bueno tarde o temprano lo hace según nuestros merecimientos; que a mí sin duda me faltaban.

Suelen decir que aquella tierra es bienaventurada donde los mozos se acostumbran a comer poco; pero, si esto fuera verdad, por mi sola necesidad, no tuviera el mundo tierra más feliz que Valladolid. Anduve mirando con buenos ojos qué podría hacer, que ya, como había tenido por cierta la comida, no podía sufrir verme sin esperanza de comer. No hay mayor pérdida que la de la esperanza, porque queda un hombre desesperado, lo que no hace si pierde la posesión. Afligido estaba; y era justo estallo, que quien en los trabajos se consuela con facilidad es señal de poco sentimiento. Hice entre mí tantas conjecturas como suelo, y, después de no hallar cosa suficiente a lo que buscaba, acogíme, como dicen, ad fidelium 45. Fui a una tienda como la del dedal en Salamanca y en ella hice lo que entonces, creyendo que me sucediera tan bien; pero, como no todos los tiempos son unos, son diferentes los juicios de Dios. Al tiempo de la paga, después de haber comido, porque no hubiese lugar al arrepentimiento, di mis zapatos por prenda de mi gasto, y comenzóse de ensoberbecer 46 la tendera de suerte que en dos por tres revolvimos la feria, alborotamos el bodegón, juntamos gente y hicimos corro; con que yo quedé corrido. No hay mayor aflictión que verse uno en medio de muchos contrarios, y más cuando le falta razón, que ésta es dueño de la virtud. y así, como todos me culpaban, avergoncéme, porque es peor caer un hombre de su estado que levantarse más de lo que merece. Todos me decían que era mal hecho no pagarle, que le pagase lo que le debía; como si yo no lo viera y tuviera echada cuenta con mi bolsa 47. Mas, si no le alcanzaba maravedí de deuda 48, ¿con qué querían que le pagase? Más sabe el cuerdo en su casa que el loco en la ajena 49. Naide sabe tan bien lo que puede uno como él mismo, y aun, cuanto menos puede, mejor lo sabe.

Según mi aspecto, sospechaban que venía de las Indias, mas yo, que me conocía, ya alcanzaba a tener entendimiento para saber si podía pagar o no. Pocos hay tan sobrados que no sepan lo que traen en su bolsa, a lo menos ha de ser grande la suma que no la pueda comprehender la cuenta. Esforzábame a decirles, porque no me tuviesen por tan pobretón, que los dineros se me habían quedado en casa, pero que los traería al punto, que para aquella miseria era persona de crédito, y, según lo que vi, creyéranme, porque se iban enterneciendo, a no llegar a aquel punto el marido de la tendera con una carga de fruta que de la plaza traía comprada. Mal estoy con su alma, porque me parece que era de Garibay 50. ¡Oh hideputa ladrón!, con la desenvoltura que dijo: 

-¿Qué pleito es éste?

Un presidente de Castilla no hablara con más satisfación, y, si viene a mano 51, estaría azotado siete o ocho veces. Como hincha la sciencia, hincha la desvergüenza; porque siempre veréis que de la disolución procede el atrevimiento. Con todo eso, dije yo con paciencia (como quien no lo conocía, aunque luego imaginé quién era):

-Señor soldado, acá nos entendemos. Déjenos Vm., que esta señora tiene razón.

Al bueno porque te honre y al ruin porque no te deshonre. Bien sabe el de lo alto con el pecho que hablé 52, mas el interés corrompe las razones, porque, donde él interviene, siempre vienen tocadas de peste; y ansí, aunque contengan misterios, puede más un real que una carga de ellas. Poco valía para estos tiempos Cicerón, porque no se gasta prosa: todo es verso escripto con letras de oro. Muy bien hizo en vivir en tiempos pasados, que a la fe, y a la retórica, la pulicía y la gracia, quien tiene la tiene 53. Las arengas no son moneda que corre; pasó solía: vino mal pecado 54.

Llegó mi hombre y, sin decir huy ni ay, como yo había dicho que tenía razón la tendera, me dijo:

-Pues, cuerpo de Dios con él; si la tiene, páguesela.

Y, asiéndome del ferreruelo, se hizo dueño de mis bienes. Sin duda nos había escuchado porque dijo:

-Quien tantos dineros tiene vaya y venga; que abonados somos para darle su prenda 55.

No faltó quien se lo pidiese y yo que se lo rogaba todo lo posible, porque no es de sano consejo cometer muchas veces a la fortuna lo que se puede hacer por concordia 56. Demás que, según yo andaba, ni la conocía favorable ni tampoco era muy valiente para llevarlo por rigor; que, si el no echara de ver esto, no tuviera ánimo para atreverse, porque el conocer flaqueza en el enemigo dobla el esfuerzo del contrario. Y así hube de pasar por ello por parecerme que es necedad intentar aquello con que no se puede salir. Sea como fuere, que ello fue sermón de bulas, que al que no tiene dineros, en cuanto al recebillas, no le aprovecha.

Vime en el espino de Sancta Lucía 57, afligido hasta el postrer maravedí; mas, ya que los ruegos no aprovechaban, hallé que en los trabajos se conoce el valor de los corazones. Muchas veces no es lícito al hombre estar como querría, que la ocasión no se lo permite. Pero, con todo eso, me consolé, porque vi que no hace varón ilustre el vestido galán, aunque, por no afrentarme más de lo que estaba y despedir la gente, me partí la calle adelante con más vergüenza que entendí podría tener, porque jamás imaginé que era vergonzoso hasta este punto. Mi ida fue como baile de desposorio, que, así como la hora de dormir despide la gente, así el partirme fue decirles: andad en hora buena. Allí no paró persona, ni yo en el pueblo, porque la indecencia del hábito me forzaba a no parecer entre gentes; que, aunque pocos me conocían, ninguno es en más tenido de como se trae, porque, al fin el honrado vestido -entre quien no la conoce- hace honrada la persona. No lo dejaba yo de ser, que, aunque me faltase el ferreruelo, pues dicen que debajo de ruin capa hay buen bebedor, argumento es que donde no la hay ruin ni buena puede haber un hombre honrado, pues hay tan poco de ruin a nada 58. El negocio fue de suerte que, con capa o sin ella, por lo menos yo comí y por aquella vez satisfice mi estómago; que, aunque me costó mi afrenta, más vale vergüenza en cara que mancilla en corazón.

 

 

 

 

Notas  al  CAPÍTULO 12

 

1. Compárese con el discurso de Guzmán sobre la necesidad, a propósito de su desamparo en Cazalla (ed. cit., I, p. 264 y ss.).

2. Frase proverbial que Correas explica como deformación del aforismo jurídico Necessitas caret lege.

3. Es proverbio. «Piedra movediza, nunca moho la cobija, o nunca la cubre moho» (Correas).

4. jubón de sobresuela: expresión germanesca pan! referirse a la pena de azotes, porque «se los ajustan a las espaldas del delincuente» (Covarrubias).

5. La primera expresión se refiere a la necesidad de adecuar los instrumentos a los fines perseguidos: Horozco recoge el proverbio No es cosa cierta pescar con mazo, y lo glosa en el sentido que acabamos de exponer (Teatro universal de proverbios, p. 441); no es para morir a leche de almendras: ¿ 'no es camino de rosas ' ? .

6. Lo que es tanto como decir que se trataba por esa sola razón de un negocio recusable en la tradición del derecho romano: la mitad del justo precio era el margen a partir del cual el precio de una operación podía ser reclamado. Véasela nota de F. Rico a su edición del Lazarillo, p. 300, así como el artículo del mismo autor «Resolutorio de cambios de Lázaro de Tormes», en Problemas del «Lazarillo», Madrid, Cátedra, 1988, pp. 93-112.

7. Mohatrero es el que hace mohatras; es decir, 'prácticas comerciales fraudulentas'. En este caso, Onofre se refiere a la compra a bajo precio de género robado. También Guzmán los hace blanco de sus críticas (ed. cit., II, p. 369 y ss.).

8. ramo: 'enfermedad incipiente o poco determinada ' .

9. Forma proverbial de expresar que cada cual debe dedicarse a su oficio, sea éste el que sea, para buscarse el sustento. Téngase en cuenta que hilar, en contexto erótico, significa frecuentemente, 'fornicar'.

10. Carrasco cita la Enciclopedia del idioma de Martín Alonso: «A la PE te espero, compañero. Quiero ver con mis ojos en qué ha parado esto». También registra el dicho Corrreas.

11. Es decir, 'Ios que no reprueban a los malos'.

12. codicilo: 'declaración de últimas voluntades, menos solemne que el testamento'. Covarrubias aclara así el sentido del proverbio: «cuando se duda si una cosa ha de tener efecto en todo aquello que se pretende, y la parte dice: Que valga lo que valiere, si no fuere tanto que será algo».

13. Sayagués, o de Sayago, es por antonomasia el hombre rústico y grosero. Una expresión similar es ser de las gallaruzas, ya señalada.

14. al maestro, cuchillada: frase proverbial, cuando al autor de la treta le aplican lo que él pretendía hacer a otros.

15. La Corte tuvo su sede en Valladolid entre 1601 y 1606.

16. 'Ios restos'; ahechaduras: «Lo que se desecha del trigo» (Covarrubias); de ahechar, «Limpiar con harnero o criba el trigo u otras semillas» (DRAE).

17. «Andarse a la flor del berro, no trabajar y holgarse picando en una y otra parte, como hace el buey, cuando en el prado esta harto de yerba, anda en los lugares húmedos paciendo las florecitas de los berros» (Covarrubias).

18. A pesar de su significado etimológico, aquí indica la continua movilidad del personaje. Covarrubias: «Es una figura de un hombre armado, que tiene embrazado un escudo en la mano izquierda y en la derecha una correa con unas bolas pendientes o unas vejigas hinchadas; está espetado en un mástil, de manera que se anda y vuelve a la redonda. Pónenle en medio de una carrera, y vienen a encontrarle con la lanza en el ristre, y dándole en el escudo le hacen volver, y sacude al que pasa un golpe con lo que tiene en la mano derecha, con que da de reír a los que lo minan».

19. Acerca del papel de la ciudad populosa, y por supuesto la Corte, en la vida picaresca, véase: José Antonio Maravall, La literatura picaresca..., p. 698 y ss. Caminar por la posta es ir con toda velocidad y presteza; la locución contraria sería caminar por sus jornadas.

20. «Frase con que se da a entender que con gran dificultad suele obrar y proceder templada y prudentemente el que se ve metido en la ocasión» (Autoridades).

21. modo: 'moderación, medida'.

22. estrellero: 'astrólogo, matemático'; astrologías: 'predicciones o juicios astrológicos'.

23. El motivo de la vergüenza es capital en la picaresca: piénsese, por ejemplo, en el lugar que ocupa en el Buscón. Suele ser usualmente uno de los primeros indicios de la usurpación social casi siempre ligada a las pretensiones de los pícaros. A partir de ahora, su papel será cada vez más relevante en el Guitón.

24. follón: «el holgazán que está papando viento como el fuelle flojo, que cada cuarto se le cae por su parte» (Covarrubias).

25. gallofero: 'el pobre y vago que anda a la sopa boba'.

26. madrigado: 'malicioso, resabiado'. Covarrubias: «Se dice el toro padre, que por cubrir las vacas, que hace madres, se dijo madrigado. A éste dejan envejecer, y así cobra mucha malicia y recato».

27. Nueva referencia polémica a los antecesores picarescos. En este caso, la pulla de Onofre va dirigida claramente a Guzmán. Téngase en cuenta, de otro lado, la crucial importancia del tema de la mendicidad en la obra de Mateo Alemán.

28. matiz: aquí, 'adorno, distintivo'.

29. posada: 'casa, morada'.

30. Era creencia común, basada en la Historia natural de Plinio, que el camaleón se alimentaba exclusivamente del aire.

31. juego de pasapasa: 'juego de manos, similar al de los actuales trileros, que consiste en figurar que se pasan una bolitas de un cubilete a otro'.

32. Señala Carrasco que plus ultra es una leyenda que aparecía en las monedas, por lo que, metonímicamente, sirve para referirse al dinero en general.

33. desafiuzada: 'desesperado, sin ninguna confianza'.

34. Según señala Covarrubias, el cuervo con un pan en el pico «significa aquel que, por mandado de Dios, aunque de suyo es malo y mal inclinado, ministra a sus santos lo necesario en tiempo oportuno». Onofre es, pues, irónico en esta alusión. El sentido más concreto del comentario se aclara con lo que añade inmediatamente Covarrubias: «A San Pablo, primer ermitaño, le traía un cuervo cada día medio pan y, teniendo por huésped a San Antonio, lo trujo entero».

35. Caminar a las veinte: es locución equivalente a 'caminar a la posta', esto es, 'a toda velocidad'. Alude al número de leguas recorridas en veinticuatro horas por el correo. Al parecer, como parte del culto de San Leonardo, se celebraban procesiones de carros; imaginamos que muy lentos. Véase la nota de Carrasco.

36. Se refiere Onofre a la práctica del ejército de transmitir las órdenes pasando la voz de unos a otros.

37. mancilla: 'llaga, herida', y metonímicamente, 'lástima, compasión'.

38. Es una conjetura. En el manuscrito sólo se lee la primera letra.

39. a vuelta de: 'entre medio de' .

40. chinelas: 'calzado humilde caracterizado por carecer de talón y servir indistintamente para los dos pies'; chinelados, por tanto, debe de referirse, teniendo en cuenta el contexto, al primero de los rasgos: 'abiertos o rotos por detrás'.

41. alparagatados: probablemente, 'de cuerda'; acuchillados: quizá quiera decir 'con rotos, con aberturas'; acuchilladas se decía de las calzas que llevaban aberturas por adorno. La frase siguiente habría que entenderla como un juego de palabras, trivial por otra parte.

42. Se apunta a la figura satírica del mílite pretendiente. Recuérdese, sin ir muy lejos, el alférez Mellado del Buscón.

43. ms.: todo

44. almodrote: 'salsa elaborada con aceite, ajo, queso, etc.'. Con almodrote estaba aderezada la uña de vaca con que Lázaro convidó al hambriento escudero (ed. cit., p. 90).

45. acogerse ad fidelium: 'volver a lo trillado; acudir a procedimientos ya conocidos, y de efectividad probada, ante la inseguridad de otros distintos'.

46. ensoberbecer: aquí, 'airarse'.

47. 'y no supiera hasta dónde llegaba mi dinero'.

48. 'si no le admitían [a la bolsa] ni un maravedí de crédito...'.

49. Éste, como El necio en su casa sabe más que el cuerdo en la ajena, son refranes bien conocidos.

50. Del alma de Garibay se dice «que no la quiso Dios ni el diablo»; por ello, «cuando algo se da por perdido, se dice: Tan perdido es como el alma de Garibay» (Correas).

51. 'acaso, probablemente'.

52. con el pecho: 'con la intención, con el ánimo' .

53. Crítica y denuncia del poder del dinero, que, como otras veces, resulta absolutamente desproporcionada respecto al caso al que se aplica; pulicía: 'esmero, delicadeza'.

54. «Pasó 'solía'. Da a entender que ya no es el tiempo que solía ser»(Correas); mal pecado: 'desgracia'.

55. abonados: 'acreditados, bien considerados '.

56. cometer: aquí, 'encomendar'.

57. verse en el espino de Santa Lucía: «Por estar en aflición» (Correas).

58. El énfasis sobre el vestido, dentro de la estrategia de usurpación social, es otra nota común a la mayor parte de los pícaros y, desde luego, a los antecesores de Onofre. Compárese: «Esta diferencia tiene el bien al mal vestido, la buena o mala presunción de su persona, y cual te hallo tal te juzgo, que donde falta conocimiento el hábito califica; pero engaña de ordinario, que debajo de mala capa suele haber buen vividor» (Guzmán, I, p. 339). Vemos que el proverbio utilizado por Onofre, aunque en otra variante, reaparece aquí; también se servía de él el protagonista de Sayavedra en un erudito discurso sobre lo engañoso de la vestimenta (ed. cit., p. 389).

 

 

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Gregorio González

EL GUITÓN ONOFRE

Edición a cargo de

FERNANDO CABO ASEGUINOLAZA

BIBLIOTECA RIOJANA

Nº. 5

Gobierno de La Rioja

LOGROÑO, 1995

 

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