Canecillos del ábside románico de la Iglesia de Butrera (Burgos): Nuestra Señora de Septiembre

 

 

 

 

 

El Victorial, o Crónica de Pero Niño, Conde de Buelna (según la edición de Juan de Mata Carriazo, de 1940)[1] está fechada en la primera mitad del siglo XV (1435 aproximadamente) y fue escrita por Gutierre Díez de Games, quien relata la vida del caballero Pero Niño, su señor. El estudio general del prólogo de El Victorial –en el cual estoy trabajando desde hace un tiempo- se basa en una perspectiva que propone entender este paratexto, en principio subsidiario, como una trama que –deslizando el estatuto argumentativo propio del exordio- ha absorbido el discurso de la historia, característico del relato cronístico, mediante la incorporación de narraciones. El autor introduce una serie de relatos de varia procedencia y diferencia temática, de lo que resulta un exordio rico y extenso, tanto cuantitativa como cualitativamente. Dicha serie está conformada por la relación de las historias de “cuatro príncipes mayores”: Salomón, Alejandro, Nabucodonosor y Julio César, y otros relatos. El trabajo que presento hoy se propone como objetivo verificar algunas cuestiones referidas a la elaboración de la materia narrativa de la historia de Alejandro Magno -la segunda de la serie- y la incidencia de dicha estructura en la composición del relato histórico[2].

 

La historia de “Alixandre Almaçedón” que se relata en el prólogo de El Victorial constituye, en la edición de Mata Carriazo, el capítulo segundo. Se trata de un cuento acabado, coherente, que refiere a las hazañas del héroe macedónico, desde la mención de su ascendencia hasta su muerte. Todos los episodios que se suceden allí, aparecen, claro está, en el Libro de Alexandre castellano, aunque en esta oportunidad no se trata de afirmar cuál ha sido la o las fuentes que ha empleado Games para reelaborar esta materia narrativa, pues el estudio de las versiones francesas y latinas de la historia de Alejandro serían objeto de otro estudio[3]. Lo cierto es que en este capítulo se encuentran insertadas unas estrofas del Poema[4] consideradas por la historia de las Letras castellanas como uno de los tres fragmentos que se conservan del Libro de Alexandre[5], además de los dos manuscritos (O y P).

 

Díez de Games, entonces, copia un fragmento del Libro de Alexandre en El Victorial. Tal método de conformación del relato, la cita textual, el engarce del verso dentro de la  prosa, resulta partícipe de un proceso que “...ocurre con los géneros literarios del siglo XV, que van rompiendo sus rasgos heredados, en busca de nuevas fórmulas, y cuyo rasgo predominante es la hibridación”[6]. Se trata de un episodio inicial del texto de clerecía -el del adoctrinamiento de Aristóteles al macedonio en su primera juventud-, cuya trascripción en El Victorial respeta el privilegiado espacio del comienzo de la historia alejandrina que se presenta. No obstante, tal trascripción no se acota únicamente a las palabras del estagirita, sino que el recorte textual incluye también las palabras del narrador que introduce la lección en el Poema de Alexandre (51ab):

Fue dado a enseñar al gran filósofo Aristótiles [...] E por qanto Aristótiles savía bien que Alixandre se auía de ver en grandes trauaxos antes que sacase a Greçia  de subieción de Darío [...] enseñábale e castigábale en aquesta manera:

Començó Aristótiles, como honbre bien lenguado,

e dixo: Hijo, a buena hedad eres llegado [...] (13)

Lo significativo de este hecho radica en la incoherencia de la frase introductoria que formula Games respecto de la cita extractada, basada en la duplicación de los narradores.

Además de la larga tirada de estrofas con los consejos de Aristóteles, aparecen otros versos copiados del Poema; se trata de los versos 2490cd y 2491bc correspondientes al episodio en que Alejandro conversa con los árboles del sol y de la luna. Allí:

Fablóle el árbol del sol:

Señor serás del mundo, en poca de sazón,

mas nunca tornarás en tu región.

Calló, e fabló el de la luna:

Por esto que te digo, no seas desmayado,

matarte an traydores, que ansí es hordenado. (17)

Ahora bien, ¿qué particularidad comparten estos fragmentos que se transcriben textualmente? Ambos pasajes son, en esta reelaboración de la materia alejandrina, los dedicados a los “enseñamientos” directos que recibe Alejandro. Primero, los de “arte de cauallería” y luego los de su “ventura”. Games desvía la voz de la enunciación a la fuente, desvío que queda reforzado aún más en el quiebre que produce el cambio de ritmo marcado por la introducción de la cuaderna vía. De esta manera, el recurso de la copia asume en este relato un doble valor: por un lado, legitima y pone en relevancia el estatuto didáctico de la palabra escrita al transcribir directa y exclusivamente los “enseñamientos” en versos y, por otro lado, se observa que estas directivas de conducta se refieren por medio del estilo directo, es decir, se citan las palabras, no del narrador del Libro de Alexandre, sino de los consejeros autorizados en el Poema. Este hecho, creo, podría potenciar la idea de que es al héroe a quien le cabe la absoluta responsabilidad de sus actos y hazañas, una vez advertido y enseñado de las artes, los peligros y su destino final. La potestad moral de héroe se conforma por medio de este recurso.

 

El resto del relato alejandrino que aparece en el prólogo de El Victorial responde a una versión prosificada, fragmentaria y abreviada de la historia de Alejandro. Como dije anteriormente, responde a una estructura coherente, de carácter unitario. Tales condiciones se sostienen a través, básicamente, de dos procedimientos: en primer lugar, la presencia de un único personaje, quien acapara exclusivamente la acción y que aparece de principio a fin en la narración; en segundo lugar, la secuencia argumental responde a un hilo conductor en el que se insertan componentes del relato, tales como las digresiones, que se conectan con la lógica del discurso. Podría pensarse en un tercer procedimiento que otorga unidad al relato, realizado esta vez por el lector/ escucha, y es el del reconocimiento de una historia harto familiar.

 

Los principios de las retóricas medievales aconsejaban, para la composición de un nuevo texto, la adopción de un tema ya conocido, prestigiado por una tradición. Lo nuevo de una historia debía buscarse, más que en el contenido, en la configuración formal que había de proporcionársele[7]. Según Curtius, “La teoría poética latina de hacia 1200 concibe [que] el arte del poeta se ve ante todo en el tratamiento retórico que da a su tema; el autor puede escoger entre dos procedimientos, puede alargar artísticamente el tema, o bien tratarlo de manera sucinta”[8]. Mediante el empleo de estos medios -la amplificatio y la abbreuiatio- y algunos otros como los tropos, las figuras, etc.-, las obras lograban distanciarse de la tradición textual más inmediata y promovían tendencias y giros composicionales renovadores[9]. La novedad del relato alejandrino de El Victorial reside, precisamente, en la configuración definitiva que Games proporciona a su propia composición apelando especialmente a la reducción de la materia legendaria. El carácter que le imprime y la estructuración que le confiere a unos materiales extraídos de una amplia tradición son las notas capaces de diferenciar e individualizar la historia que reelabora respecto de los textos precedentes de esa tradición.

 

Además de la presencia de una parte del Poema de Alexandre (de lo que, por su acercamiento al ms. P, podría especularse con que fue, al menos, una de las fuentes leídas por Games) llama la atención a simple vista otro aspecto de esta versión: la marcada brevedad, la economía en la narratio de las hazañas del héroe. La presencia del extracto referido permite suponer la idea de que, si bien Games reproduce textualmente sólo los “enseñamientos” que recibe Alejandro, no obstante tiene que haber tenido acceso a una versión completa del Poema, ya que elabora una versión “personal” prosificada de la leyenda, en correspondencia con algunos de los pasajes más significativos de la vida del rey macedonio testimoniados previamente. Esto, a su vez, lleva necesariamente a sostener que el autor seleccionó deliberadamente algunos episodios y eliminó otros. La secuencia argumental del relato quedaría conformada de la siguiente manera:

 

-1- Mención de la ascendencia e instrucción de Aristóteles

           1.1  Hijo del rey Felipo e de la reyna Olipias.

           1.2  Fue dado a enseñar a Aristótiles

 

-2-  Enfrentamiento con Darío

      2.1 Sacó gran hueste

      2.2 Peleó con el rey Nicolao, vençiólo e matólo.

      2.3 Fue a batalla con Darío

      2.4 Fízole Darío muchas artes de guerra

      2.5 Bençiólo, pero lo mataron sus vasallos

      2.6 Casó con Resiana

      2.7 Fue conquistando las tierras

      2.8 Matavan los reyes tiranos

  

-3-  Enfrentamiento con Poro

      3.1 Peleó con Porón e vençiólo

      3.2 Fuyó Poro, y lo siguió hasta Yndia

      3.3 Convienen que lidiasen ellos solos

      3.4 Conquistóle a Poro, mas no lo quiso matar

      3.5 Dióle sus leyes y dexólo rey

 

-4-  Episodio del ascenso a los cielos

      4.1 Hizo unir dos grifos

      4.2 Mostrándoles la carne, volaron alto en pos de la espera de fuego

      4.3 Conosçió que non podían pasar

      4.4 Fueron por donde los él quiso guiar

      4.5 Miró la tierra, e las yslas y el mar

      4.6 Baxó la carne e vinieron a la tierra.

 

-5-  Episodio del descenso al fondo del mar

      5.1 Hiço arca de bidrio

      5.2 Mandó calar en alta mar

      5.3 [Mandó] que le dexasen çinco días

      5.4 Conosçió los pescados

      5.5 Sus basallos  sacáronle al terçero día

 

-6-  Episodio de los árboles del sol y de la luna

      6.1 Fue en romería

      6.2 Dio grandes ofrendas e hizo sacrefiçios, e fizo su petiçión

      6.3 Quiso saber quién sería [el que le daría muerte]

 

-7-  Entrada en Jerusalén

      7.1 Tornóse a sus gentes

      7.2 Fue a Judea, e conquistóla

      7.3 Fue a Jerusalém, e entró con grand triunfo

      7.4 Resçibió las parias; e allí le fue tratada la muerte

      7.5 Fue a Caldea, e conquistó las tierras

      7.6 Fue a Vabilonia

      7.7 Manadó fincar las tiendas en el campo, e predicó

      7.8 Resçibió las parias con gran gloria

 

-8-  Muerte

      8.1 Le dio Xouas, su basallo, las yerbas en la copa, por consexo del conde Antipater

      8.2 Conosçió su muerte, e partió las tierras a sus moços

      8.3 Murió e mandóse llevar a la çivdad de Corintro

 

De este listado se advierte un recorte de los episodios que conforman la leyenda, una reducidísima mención de sucesos y detalles que constituyen, a su vez, cada episodio, y un reordenamiento de ellos, todo respecto del texto castellano del siglo XIII.

 

Otra marca innovadora en la reelaboración de la materia alejandrina es el giro de carácter que adquiere tal historia respecto de la tradición. Si bien hay una fuerte impronta moralizadora, que se realiza a través de la figura aristotélica y de su prédica, cuyo valor didáctico es indiscutible, por otro lado, esta instancia de transferencia moral se desarrolla más en lineamientos del accionar político que en términos de cristianización. Además, la innovación en el giro de carácter se produce por la presencia de un marcado antisemitismo: “Dize aquí el autor que desde la muerte de Alexandre acá que nunca traición se hizo en que no fuese judío o de su linaxe” (17). A la denuncia de la traición judía la presenta el narrador con ciertos reparos: emplea la fórmula ampliamente desarrollada “dize aquí el autor”, pero en este caso no refiere, como suele emplearse, al posicionamiento autoral de quien redacta la obra, sino, por el contrario, a la fuente que aporta tal idea. Quizás esa fuente haya sido apócrifa y el comentario sobre los judíos, una adición procedente de una maniobra de legitimación del autor, o no. Lo curioso del caso es que este carácter antisemítico no pervivió en otra historia de Alejandro. Por otro lado, y en concomitancia con la apreciación otorgada a la fórmula de remisión a la fuente, aparecen otras dos de idéntico valor enunciadas en una posición previa a la recién referida. Son los encabezados que introducen los relatos digresivos del vuelo por el cielo y la inmersión en el mar: el primero, “Dice su ystoria...”; el segundo, “E dize...” (16). Como era por todos sabido que ambos episodios pertenecían sin lugar a dudas a la historia de Alejandro, el uso explícito del tópico en el tercer caso, creo, refuerza la hipótesis de que se trata de una suerte de estrategia de Games para garantizar tanto la credibilidad del receptor en las palabras que lee o escucha, cuanto la legitimidad de tales palabras en el marco de la tradición.

 

La inclusión directa del autor dentro de la narración se hace presente, en cambio, en la transitio que se da al finalizar la tirada de estrofas y al retomar el hilo de la historia. En ese momento, el narrador advierte: “Estos enseñamientos puse aquí por quanto son de arte de cauallería. Fablé en ellos remiçe porque vienen más a la boluntad que no faze prefaize” (15). Tal apreciación personal es otro elemento configurante de la refundición legendaria: otorga un nuevo sentido a las palabras aristotélicas. Ya lo notó Juan de Mata Carriazo, y es opinión compartida por la crítica:

“Las empresas del héroe macedónico se presentan aquí como fazañas de un caballero medieval. Todos los detalles están meticulosamente adaptados o traducidos a la mentalidad caballeresca; especialmente la educación de Alejandro, que es un penetrante y detallado manual de la Caballería” (XXXI)

El relato está estructurado sobre la base de la narración biográfica; los distintos episodios se conforman a partir de la acumulación de predicados que ubican a Alejandro en el centro de sucesos bélicos o políticos. Se trata de una enumeración de acontecimientos que se mencionan de forma llana y concisa, desprovistos prácticamente de descripciones amplificatorias, de notas de color y de comentarios del narrador[10]. Pero promediando este hilo narrativo principal, se introduce una serie de tres digresiones (episodios 4, 5 y 6)[11] que logra condensar la efectividad del carácter caballeresco del relato.

 

Estas digresiones son relatos independientes del hilo narrativo, no a causa de un corrimiento de la figura heroica, sino porque las coordenadas espacio temporales resultan fuera del continuum de los demás sucesos y, especialmente, porque se introduce la materia maravillosa[12] como artificio que mueve al héroe a sus aventuras. Allí se encuentran varios de los motivos sobrenaturales de la leyenda de Alejandro (que también están en el Libro de Alexandre[13]): el vuelo en los grifos[14], la advertencia del árbol del sol y de la luna[15] y la aventura submarina (aunque aquí se enfrenta con adversidades naturales)

 

Los episodios fantásticos referidos son recuperados para satisfacer el gusto por esta materia que ya existía en el siglo XV. Las historias de caballería estaban en su apogeo y la incorporación, no sólo de los relatos digresivos, sino de toda la “mençión” de Alejandro, es un pretexto del autor para acercarse a un modelo genérico semejante al que quiere producir en su Tratado: una narración cuyo basamento es biográfica (a partir de la observación directa) en la que se insertan relatos de esta índole fantástica.

 

La configuración de Alejandro como un caballero medieval se realiza por varios rasgos caracterizadores que arman su investidura: recibe la más alta educación (es aleccionado en la carrera de las armas), concreta una larga serie de hazañas en las que aparece como único responsable de las victorias (tiene ansias de dominio, pero también de aventuras), se bate en duelos singulares, es portador de “altos valores” como ser gentil con las damas: “Óvolo todo Alixandre [luego de matar a Darío]. Soltó a la reyna con todas las mugeres” (15); ser justo: “Matauan los reyes tiranos e los que no façían justicia” (15); o ser piadoso: “Dixo Poro que si él hera fuerte, más que con más fuerte hera topado; e por aquello no lo quiso matar” (16) (no siente “rencura” contra sus adversarios). Estos contenidos conforman la visión del mundo de la obra. No aparecen en esta reelaboración los temas de la honra y el honor (típicamente épicos), ni se advierte ninguna cualidad negativa ligada al héroe, ni se refiere al “pecado de soberbia” que conduce a Alejandro a la muerte: sólo un acto de traición cierra la fortuna del protagonista y, con ella, se cumple la función de elevar su figura al grado más excelso de la Caballería.

 

A modo de conclusión es preciso decir que cada elemento configurante de este relato de Alejandro incorporado en El Victorial está dispuesto en la narración con la intención de establecer a proiri un sentido de lo que Games entendía por lo caballeresco, para sentar las bases ideológicas sobre las que articular los pasos de Pero Niño en su derrotero por el mundo, materia que desarrolla en su Tratado.
 

 

Bibliografía

 

-          A.A.V.V., Comentarios de textos 4, Madrid, Castalia, 1983.

-          Blecua, Alberto, Manual de crítica textual, Madrid, Castalia, 1990.

-          Cañas Murillo, Jesús (ed.), Libro de Alexandre, Madrid, Editora Nacional, 1978.

-          Curtius, Ernst R., Literatura europea y Edad Media latina, II, México, FCE, 1998

-          Gómez Redondo, Fernando,  Historia de la prosa medieval castellana, III, Madrid, Cátedra, 2002.

-          Lacarra, María Jesús, Cuentística medieval en España: los orígenes, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 1979.

-          Lausberg, Heinrich, Manual de retórica literaria, Madrid, Gredos, 1984

-          Le Goff, Jacques, Lo maravillosos y lo cotidiano en el Occidente medieval, Barcelona, Gedisa, 1994

-          Mata Carriazo, Juan (ed.), El Victorial. Crónica de Pero Niño, Conde de Buelna, Madrid, Espasa Calpe, 1940.

-          Patch, Howard Rollin, El otro mundo en la Literatura medieval, México, FCE, 1983.

-          Willis, Raymond S. (ed.), El Libro de Alexandre, Princeton, Princeton University Press, 1934.


 

 

 

NOTAS

 

[1] Juan de Mata Carriazo (ed.), El Victorial. Crónica de Pero Niño, Conde de Buelna, Madrid, Espasa Calpe, 1940. Las citas de esta obra se siguen por esta edición y entre paréntesis son consignados los números de páginas correspondientes.

[2] El trabajo que presento en esta oportunidad es el resultado de una etapa de un estudio mayor que tiene por objeto el proemio de El Victorial en su totalidad, que corresponde a la primer parte del desarrollo de mi tesis doctoral: “La materia  ficcional en un texto castellano de matriz historiográfica del siglo XV: El Victorial de Gutierre Díez de Games”, dirigida por el Dr. Leonardo Funes.

[3] A este respecto, en su estudio preliminar, Juan de Mata Carraizo, op. cit., p.xxx, sostiene: “...las fuentes escritas que Games alega, y con evidente complacencia, son una Historia de Alexandre (16, 317) [...] La Historia suya que Games conoce y utiliza con reiteración es el poema o Libro de Alexandre, el magnífico texto castellano de mediados del siglo XIII...”; más adelante, en xxxii, declara: “No me es posible decidir ahora si Games hace excepción absoluta con el Poema al transcribirlo intacto. Me inclino a pensar que si...”

[4] Se trata de una “copia del Poema”, de dieciocho estrofas seleccionadas. Son las 51-55, 57-58, 61, 66-67, 73, 75-77, 80-82 y 84 de la edición de Willis. La copia de Games tiene interés para la fijación del texto del Poema, más próxima a la versión del ms. de París que a la del códice comprado al duque de Osuna por la Biblioteca Nacional.

[5] Jesús Cañas Murillo (ed.), Libro de Alexandre, Madrid, Editora Nacional, 1978, p.87. Asimismo lo señala Francisco Marcos Marín: “También en el siglo XV escribió Gutierre Díez de Games el Vitorial, o Crónica de don Pero Niño, con la cual se relacionan dos fragmentos de nuestra obra, G comprende diecisiete estrofas incluidas en las páginas 221-222 de la edición de la crónica que hizo Llaguno y Amirola en Madrid, en 1782, mientras que G’, escrito seguido, como prosa, corresponde a un manuscrito madrileño, de la Academia de la Historia: tiene una estrofa más que G, la 77 (ambos tienen en común 51-55, 57-58, 61, 66-67, 73, 75-76, 80-82 y 84)”, “La confusión de las lenguas. Comentario filológico desde un fragmento del Libro de Alexandre”, en Comentarios de Textos 4, La poesía medieval, Madrid, Castalia, 1983, p.151.

[6] Fernando Lázaro Carreter, Teatro medieval, Madrid, Castalia, 1970, p.68. En la misma obra, Lázaro Carreter señala: “la mezcla de verso y prosa que se observa en la Queja [se refiere a la Queja que da su amiga ante el dios de Amor, de Escrivá], se produce también en El siervo libre de Amor, de Rodríguez del Pradón, como resultado de la ya aludida indefinición de géneros”, pág. 77

[7] Dice Alberto Blecua: “La refundición es un fenómeno frecuente en una sociedad habituada a las glosas, a los contrafacta, a la traducción-imitación, y que todavía siente la obra literaria como un bien común que puede modificarse al cambiar las circunstancias de tiempo y lugar”, en Manual de crítica textual, Madrid, Crítica, 1990, p. 211.

[8] Ernst R. Curtius, Literatura europea y Edad Media latina, II, México, FCE, 1998, p.686.

[9] “[...] admitimos la unidad insobornable de la creación poética, pero hemos de estimarla compatible con una participación en determinadas concepciones de grupo. Y esto ocurre tanto en el proceso, mientras la obra está creándose, como en la imagen que cada obra ofrece después en cada uno de los que la perciben como una entidad acabada. En el curso del proceso por el que el autor hace la obra y en el de aquel otro por el que el receptor la percibe mediante su audición o lectura, opera un sentido de unidad constitucional en el que se juntan el propósito de novedad que guía al autor y su participación en este entramado de medios expresivos integrante de estos conceptos de grupo”, Francisco López Estrada, “Poética medieval. Los problemas de la agrupación de las obras literarias”, Comentarios de textos 4, Madrid, Castalia, 1983, p.14

[10] Es necesario advertir, no obstante, que tales marcas existen, como es el caso de la descripción que da cuenta de las “artes de guerra” de Darío: “abroxos de fierros emponçoñados, hechados so la tierra, elefantes con castillos de madera donde venían gentes que peleavan, basiliscos que mataban los hombres con la vista, gentes innumerables” (15), o la apreciación sobre el linaje de Poro: “hera de linaxe de gigantes” (16), etc.

[11] El relato de Games altera, respecto del texto de clerecía, el orden de aparición de los relatos maravillosos, hecho que no ocurre con el resto de los episodios.

[12] “Lo maravilloso había irrumpido como elemento importante en la cultura erudita medieval en los siglos XII y XIII. Está vinculado a la literatura cortesana que representa los intereses sociológicos y culturales de un capa social que se hallaba en ascenso y a la vez amenazada: la pequeña y mediana nobleza, la caballería. Lo que la hace recurrir al acervo cultural existente, a la cultura oral donde lo maravilloso es un elemento importante, es el deseo de esa capa social de oponer a la cultura eclesiástica vinculada con la aristocracia otra cultura que le pertenezca más. Lo maravilloso está integrado, entonces, en esa búsqueda de la identidad individual y colectiva del caballero idealizado”, en Jacques Le Goff, Lo maravillosos y lo cotidiano en el Occidente medieval, Barcelona, Gedisa, 1994, p.11-12.

[13] María Rosa Lida, “La visión de trasmundo en las literaturas hispánicas”, en Howard Rollin Patch, El otro mundo en la Literatura medieval, México, FCE, 1983, p.374.

[14] “En la literatura oriental y clásica no es raro encontrar vuelos de varias clases al cielo [...] más sorprendente que todas estas historias es la del vuelo de Alejandro el Grande. Se la encuentra interpolada, en apariencia tardíamente, en el Seudo-Calístenes; pero según se la halla reflejada en el De proeliis del Archipresbítero Leo, debe haberse conocido por lo menos desde el siglo X. [...] Según el primero de estos relatos, cuando Alejandro llegó al país de las tinieblas [...] encontró grandes pájaros mansos [...] que deben haber sido buitres. Alejandro ordenó que uncieran dos de ellos a un palo del cual pendía un trozo de hígado. Al lanzarse los pájaros en persecución de la carne, Alejandro se elevó con ellos por el cielo. Entonces se le apareció una criatura alada de forma humana, preguntándole cómo él, que no comprendía las cosas terrenas, pretendía comprender las celestes, y ordenó al monarca mirar hacia la tierra. [...] obedeció y volvió a la tierra. [...] En el De proeliis aparece un episodio que es sustancialmente el mismo. [...] El carro o carroza de Alejandro está encadenado a los grifos, y no aparece ningún monstruo alado para hacer comentarios”, en Howard Rollin Patch, El otro mundo en la Literatura medieval, México, FCE, 1983,pp 33-34).

[15] “Otro episodio del pseudo-Calístenes es la historia de los árboles del sol y de la luna. Nos cuenta cómo Alejandro llegó a un jardín [...] En aquel bosquecillo, con el santuario de los dioses del sol y de la luna, había dos árboles que llegaban casi al cielo, uno de ellos masculina y el otro femenino; el árbol masculino es el del sol y el otro el de la luna. Dicen a Alejandro que conquistará el mundo pero que no regresará a su tierra. Los árboles se describen cuidadosamente.”, Patch, op. cit., p.166.

 

 

 

 

“La configuración narrativa del Proemio de El Victorial:
la mençión de Alejandro”

Evelyn Klein
Centro de Estudios Clásicos & Medievales
Universidad
Nacional del Comahue

Las Actas del II Congreso Internacional CELEHIS de Literatura (Argentina / Latinoamericana / Española), Facultad de Humanidades de la UNMdP, 2004