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La figura de Alejandro no pudo sustraerse a los juicios éticos de filósofos, historiadores y educadores que desde época ya contemporánea proyectaron los prejuicios de las escuelas a las que representaban -como la peripatética de Aristóteles y su sobrino Calístenes- y en nombre de cuyos principios reivindicaron las distintas facetas de nuestro personaje. Unos reconocieron en él las virtudes que en determinadas épocas resultaron poco más que proverbiales: la generosidad, la templanza, el compañerismo, el afán de conocimientos, la gran capacidad de liderazgo, la rapidez y clarividencia de pensamiento, el alto concepto de la lealtad, exhibida ante su propio ejército (por ello el macedonio había perseguido a los asesinos de Darío), etc; otros, en cambio, le atribuyeron las mayores barbaridades y lo presentaron como un dechado de vicios: los excesos etílicos (causa más que probable de su muerte antes de los treinta y tres años), la heterosexualidad disoluta (quizá herencia de las costumbres persas), la megalomanía o aires de grandeza, la desmesurada ambición, la pertinaz insistencia de matar en combate, ofuscado por la sangre fría, las maquiavélicas estrategias para eliminar a falsos enemigos (es reveladora en ese sentido la injusticia cometida para con Parmenión y su hijo, especialmente en el caso del primero, brutalmente asesinado sin antes haber sido sometido a un juicio militar). Durante la Edad Media, Alejandro constituyó más un emblema de virtudes que de vicios, y por ello sus historiadores pasaron por alto los episodios en que el macedonio fue más arbitrario y caprichoso con los suyos, además de otros en los que se revelaban sus facetas más decadentes, como las celebraciones báquicas, no exentas de una sexualidad ambivalente y contra naturaleza1. Gautier de Châtillon, por ejemplo, eliminó las alusiones más comprometedoras sobre las costumbres de su protagonista tras la conquista de Babilonia, y siempre se muestra excesivamente parco cuando aborda un asunto espinoso sobre su vida, sea cual sea la índole del mismo. El autor del Libro de Alexandre tiene, en líneas generales, una mayor voluntad -incluso que la de su fuente principal- por preservar la integridad moral de su personaje, al que presenta con un saber muy característico (más allá de los "scholares clerici" de finales del siglo XII y principios del siglo XIII): con un dominio de las artes liberales, mezclado con conocimientos de medicina, especialmente práctica, "Aprís toda la física, só mege natural,/ connosco bien los pulsos, bien judgo'l orinal" (43 ab), y así lo demuestra el autor -mucho menos el protagonista- en varios pasajes de la obra; la medicina no formaba parte del currículo de la facultad de artes, y sólo en la escuela de Chartres el obispo Fulberto la enseñaba -como una disciplina especialmente verbal- desde su fundación en el año 990 en pie de igualdad con la gramática, la dialéctica, la aritmética y la astronomía, utilizando varios textos de Aristóteles y de Galeno, además de tratados árabes procedentes de España2. El Libro de Alexandre suele concebirse como un ejercicio escolar, en el que su autor va traduciendo y ampliando la Alexandreis de Gautier de Châtillon, según la técnica de la poetarum enarratio y merced al uso de otras fuentes de información sobre el personaje, como las Res gestae Alexandri de Julio Valerio, el Román d'Alexander, la Historia proeliis... En ese complicado entramado de fuentes -bien asignadas por Ian Michael4- la crítica sobre nuestro poeta no ha prestado demasiado interés por las glosas que desde un primer momento formaron parte de los manuscritos que habían difundido la Alexandreis5. Por ahora sólo he manejado un corpus limitado de escolios (los publicados por Marvin L. Colker), si bien han sido suficientes como para ya obtener resultados satisfactorios al respecto, especialmente a propósito de la profecía contenida en Daniel VIII, 5-20, y la negociación sobre el perdón de Nabarzanes, que en el texto castellano resulta ininteligible sin la ayuda de las notas al latino. En otras cuestiones no resultan menos significativas las posibles influencias de los escolios a la Alexandreis. Así, por ejemplo, los accessus podían haber aportado información importante para el nacimiento y la educación del príncipe macedonio, de la misma manera que las notas sobre diversos personajes de la obra podían haber influido en la decisión de justificar o incriminar a su protagonista en las presuntas insurrecciones que hubo de sofocar. La mayoría de escolios se ha conservado en manuscritos posteriores al Libro de Alexandre, pero podía remontar a fechas anteriores a la de la composición de nuestra obra. De los cinco editados por Marvin L. Colker, sólo el genovense (conocido con la sigla G) data de la segunda mitad del siglo XII; el efurtense (C) y el vindobonense (V) pertenecen a la segunda del siglo XIII (el período de mayor difusión del texto latino); y el vaticano (R) está copiado por un amanuense del siglo XIV6. Los comentarios mencionados tienden a restituir noticias y datos simplemente sobrentendidos o aludidos en el poema latino utilizando la obra de Quinto Curcio, y asimismo ofrecen información geográfica, mitológica y bíblica -junto a otras de índole distinta- a partir de las Etimologías de San Isidoro. Sus autores no siempre recogen con exactitud los datos tomados de Quinto Curcio (como ocurre, por ejemplo, con las muertes de Clito y Hermolao, en cuyas sinopsis introducen importantes y a veces inexplicables alteraciones), y por ello constituyen un punto de referencia bastante inequívoco para estudiar las posibles deudas directas del historiador latino sobre el texto castellano (de difícil valoración por la sistemática dependencia de nuestro autor con los escolios a su fuente principal).
El nacimiento y la educación de Alejandro
En el Libro de Alexandre, su autor concentra en las primeras coplas datos de diversa índole, desde los signos que pudieron contemplarse durante el nacimiento de su protagonista a su iniciación en las artes liberales a través de Aristóteles, pasando por referencias insidiosas -por más que tópicas- a su origen bastardo; la crítica, de hecho, había imaginado a nuestro autor espigándolos de diversas fuentes, repartidas entre el Román d'Alexandre y la Alexandreis, si bien, como veremos, extensible a otros textos, especialmente la Historia de proeliis:
En uno de los accessus al Alexandreis, conservado entre los scholia del códice Vaticano (del siglo XIV), antes de abordar los puntos más tradicionales del género, el comentarista considera necesario una breve introducción sobre su personaje ("necesse nobis est scire quid fuit Alexander iste"), empezando por la relación de sus padres y siguiendo por los fenónemos paranormales que pudieron contemplarse durante la noche y el día de su nacimiento: "Nectanabus iste in arte mágica peritissimus Olimpiade matre Alexandri abusaseret. Quod quondam Alexandro improperatum fuit, in hac causa eum interfecit, sed prius artem magicam ab eo didicit. Siquidem nocte qua de partu mater Alexandri laborarat, multa signa euenerunt: lapides de celo durissimi ceciderunt quia lapis qui mondum concussit natus erat; due aquile super domum matris tota die et nocte prelia commiserunt quia rex qui contra reges debellaret nasceretur; bos sanguineus cecidit quia Ule ueniebat qui humanum sanguinem effunderet super terram; agnus locutus fuit in Egypto secundum uerbum Danielis [VIII, 5-7]... Cum enim Alexander duodenis esset, scolas Aristotelis intrauit per octennium et sub eo studuit artesque liberales ab eo didicit et ad plenum memorie commendauit... Nota quod primo Grecia accipiebat tributum a Persis sed Perse surrexerunt contra Grecos et illos uice uersa sibi tributarios effecerunt" (491-492). Por lo que respecta a las señales producidas durante el parto de Olimpia, el comentarista se ha inspirado a la letra en un pasaje de la Alexandreis en el que se recordaban estos prodigios para contraponerlos con los aparecidos ante la inminencia de la muerte del protagonista (y, en ese aspecto, lo sitúa en el lugar que le corresponde dentro de la dispositio general de la obra)7: Funus Alexandri mortis presaga futurae omnia lugebant. Moriturum fleuit Olympus, quem modo nascentem signis portenderat istis: de celo ueri lapides cecidere; locutus agnus in Egypto est; peperit gallina draconem, et nisi fide mentitur opinio uulgi, teda patris culmenque super gemine sibi tota qua peperit regina die uelut agmine facto conflixere aquilae... (X, 340-348).
Gautier, al igual que su comentarista, había tenido en cuenta la versión más novelesca de las hazañas de Alejandro, la del arcipreste napolitano Leo, conocida con el título de Historia de proeliis, aunque conservada en una versión posterior con distintas interpolaciones: "Et sedit et peperit. At ubi puer cecidit in terram,statim factus est terremotus et fulgura et tonitrua magna et signa pene per totum mundum. Tunc siquidem dilatata, est nox et usque ad plurimam diei partem extendi visa est. Tunc etiam saxa de nubibus cum grandine mixta ceciderunt et terram veris lapidibus verberaverunt" (IX, 5-10); el anónimo castellano tampoco debió de ser ajeno a los signa que se acaban de describir, no sólo en los ya conocidos, como las piedras procedentes del cielo, sino también en las no documentadas: "el aire... cambiado", por ejemplo, debe entenderse como fenómemo afín a "fulgura et tonitrua magna", de la misma manera que "la tierra tremeció" a "factus est terremotus" y "el sol escureçió" a "Tunc siquidem dilatata est nox et usque ad plurimam diei partem extendi visa est" (y quizá "por poco que el mundo todo non pereció" podría presentarse -si no como fenómeno- al menos con muchos elementos en común con "signa pene per totum mundum"). En cuanto a la lluvia de piedras, el Libro de Alexandre introduce una ligera variante con respecto a su modelo más cercano y más evidente: sustituye "caelo" por "nubes", en clara coincidencia con la Historia de proeliis, "saxa de nubibus... ceciderunt" ("cayeron de las nubes unas piedras como puñales"), y utiliza el adjetivo "puñales", quizá en el sentido de 'agudas, cortantes como puñales' (o, tal vez, aún mucho mejor, en el de 'grandes como puños'), cuando Gautier había empleado "veri" ('auténticas') y el autor del accessus "durissimi" ('durísimas'); el prosista de la Historia, al igual que Gautier, había recurrido a "veri", aunque no para las rocas que caían desde arriba, sino para las piedras terrestres contra las que éstas chocaban, seguramente con un gran estruendo, como refleja la versión castellana de Alfonso X ("e fínense con las otras piedras que yazién en la tierra e fazién gran roydo" ), y la recensión del napolitano podía haber sugerido las "piedras como puñales" con "saxa... cum grandine mixta", subrayando no tanto la caída de piedras sino su impacto al estrellarse contra el suelo. En las Res gestae Alexandri, Julio Valerio se limita a subrayar dos fenómenos que llegaron a afectar a todo el orbe: "motus protinus terrae insequitur et tonitruum crepor ventorumque conflictus, tum etiam fulgurum coruscatio, prorsus uti viseres omni mundo cura cum illa partitudine laborantem" (XII, 295-300); y, en cuanto a lo último, el autor del Libro habría podido pergeñar el verso "por poco que el mundo todo non pereció" (8d). Asimismo habría podido tomar de diversas fuentes -especialmente, el Román d'Alexander- el contenido de las enseñanzas de Aristóteles al joven príncipe; pero, en cambio, no habría podido elegir entre demasiadas cuando describía la eficacia del aprendizaje de su protagonista: "Nada non olvidaba de cuanto que oye;/ non le cayé de mano cuanto que veÿé..." (18 ab); y por ello podía postularse una influencia de un accessus muy similar al de R: "ab eo didicit et ad plenum memorie commendauit" (p. 492). El incógnito autor recoge de manera sentenciosa el sentido de los fenómenos sobrenaturales que pudieron verse durante el nacimiento de Alejandro ("era por Alexandre tod'esto demostrado"; 10 b), seguramente con un modelo como el del accessus de R, ocupado en establecer una relación entre los signa más importantes y la vida del príncipe macedonio. El autor del accessus introduce el personaje de Nectanebo, sus conocimientos en las artes mágicas y su muerte por Alejandro, indignado con aquél por la paternidad que se arrogaba y por haber injuriado a su madre: "Quod quondam Alexandro improperatum fuit, in hac causa eum interfecit, sed prius artem magicam ab eo didicit" (y quizá el "sotil engeño que tant' apoderaba" podía explicarse merced a las enseñanzas del astrólogo a su presunto hijo); en cuanto a las circunstancias de la muerte, nuestro autor debió basarse en la versión del arcipreste Leo, más que en la del Román d'Alexandre, donde el futuro rey arroja al mago desde una montaña o montículo ("Por ce que de sa mere et de luí fu privés,/ dïent qu'il iert ses fieus et de lui engenrés./ Un jor le prist as mains, d'un tertre u iert nontés/ sel bouta contre val que sempres fu tüés"9). En la Historia de proeliis, Alejandro arroja a Nectanebo a un foso desde uno de los muros de la ciudad, aprovechando que el astrólogo le ofrece explicaciones sobre las distintas estrellas que aparecen en el cielo: "Taliter respiciendo sursum Nectanebus accessit ei propius Alexander et fecit impetum in eum atque proiecit eum in fossatum quod erat circa murum civitatis..." (XIII); en esta obra, el episodio se caracteriza por el diálogo entre el joven macedonio y su padre, en que se pone de manifiesto el conocimiento por parte del segundo de las intenciones criminales del primero. En el Libro de Alexandre, Nectanebo se dirige a su hijo, tras ser despeñado desde una torre (no antes, como sugiere Jesús Cañas, p. 140); y esa acción sólo puede explicarse si el astrólogo no ha muerto inmediatamente después de la caída, al igual que en la Historia de proeliis, donde responde a las observaciones del príncipe, con las fuerzas suficientes, antes de morir, para revelarle su paternidad: "et [Alexander] dixit: 'Sic decet te morí, vetule; sciendo terrenas causas quaere voluisti scire secreta astrorum?'. Cui Nectanebus respondit: 'Cogniturn mihi fuit hoc quia sic mihi debuit evenire. Et non dixi tibí quia a filio meo debeo mori?'. Alexander dixit: 'Ergo ego filius tuus sum?'. Nectanebus respondit: 'Certe filius meus es'"(ibid.); en el libro castellano, Nectanebo también aprovecha su estado próximo a la muerte para descubrir a Alejandro su verdadera identidad: "Fijo -dixo su padre-, Dios te dexe vivir" (20 b); y, en ese sentido, resuelve las dudas que había planteado el narrador sobre la autenticidad de los rumores que circulaban entre el vulgo. El autor del accessus subraya que Alejandro decidió asesinar a Nectanebo a causa de las afrentas que por su culpa había recibido ("Quod quondam Alexandro improperatum fuit, in hac causa eum interfecit..."); y, en semejante aclaración, el comentarista de R habría podido sugerir a nuestro autor la imagen de un príncipe muy molesto por la difusión de las veleidades de su madre: "El infant el roído nol pudo encobrir;/ pesól de coraçón, non lo pudo sofrir" (20 ab). Gautier de Châtillon nos ofrece una estampa -bastante tópica- de Aristóteles, del que destaca su dedicación casi absoluta a la lógica, cuya disciplina había despertado una auténtica fascinación en la época, incluso más allá del ámbito escolar; el poeta francés parece presentarlo construyendo argumentos combativos, después de haber terminado algún tipo de tratado sobre la materia, y siempre con un torpe aliño indumentario, propio de los intelectuales que como él se han entregado por completo al estudio10:
Forte macer pallens incompto crine magister (nec facies studio male respondebat) apertis exierat thalamis ubi nuper corpore toto perfecto logyces pugiles armarat elencos. O quam difficile est studium non prodere uultu! Liuida nocturnam sapiebant ora lucernam... (1,60-66).
Los escoliastas tienden a aclarar las expresiones bélicas utilizadas por Gautier, y sólo en un caso se identifica la posible obra de Aristóteles a la que éste parece estar aludiendo: "Sed Liber elenchorum fuit ultimus inter libros loycales Aristotelis" (p. 359). El libro De sophisticis Elenchis (Περι σοφιστικων ελεγχων) se suele publicar como apéndice o último libro (el IX) de los Tópica de Aristóteles, de los que se han conservado varios comentarios anónimos de principios del siglo XII: en semejante caso, "púgiles... elencos" podría interpretarse como el libro en el que el filósofo había trabajado, mientras que "corpore/ toto perfecto logyces" debía de considerarse el tratado que ya había acabado, en una posible alusión a los Tópica del mismo autor (Tópica cum libro De sophisticis elenchis). El escoliasta V, al igual que el C, se preocupa, como ya hemos dicho, por explicar los términos pugilísticos: "Armatos dicit quia loycos sicut púgiles pugnare docuit disputando, et loycam propriis armis, id est, argumentis, inuniuit" (ibid.); el G, por su parte, aporta una paráfrasis del vocablo "elencos" en consonancia con la actividad que el Libro de Alexandre atribuye al filósofo: "Púgiles quia sophistae hiis pugnant. Elencos, id est contradictiones in sylogismis" (p. 278). El autor castellano brinda una estampa de Aristóteles afín a la de su modelo, si bien introduce modificaciones explicables a partir de los escolios aducidos:
Maestro Aristótiles, que lo habié criado, seyé en est comedio en su casa Çerrado, habié un silogismo de lógica formado: esa noch nin es día nunca habiá folgado.
Más era medio día, nona podrié seer, ixió don Aristótiles su crïado veer; quisquier ge lo podrié por vista connoçer, que veyél'al cresuelo que viniá de leer.
Los ojos tenia blancos e la color mudada, los cabellos en tuerto, la maxilla delgada, nos le tenié la cinta, viso yaziá colgada, podría caer en tierra de poca empuxada (32-34).
El anónimo castellano convierte "púgiles armarat elencos" en "habié un silogismo de lógica formado" seguramente por influencia de la ecuación "elencos"-"contradictiones in sylogismis" que establece el comentarista G; y, en ese sentido, transforma otros aspectos de la caracterización de Aristóteles utilizando fuentes similares, como, por ejemplo, el "Liuida nocturnam sapiebant ora lucernam" en "quisquier ge lo podrié por vista connoçer,/ que veyél´ al cresuelo que viniá de leer". La construcción "por vista" podía entenderse gracias al texto latino, "Liuida... ora", explicable por el reflejo en el rostro de la llama del fuego (o simplemente, según aclaran algunos escolios, como sinónimo de 'pálida'), y por ese motivo "al cresuelo" debe relacionarse con la acción del estudio del filósofo más que con la contemplación de éste cuando aparece en escena, si bien lo hace en una hora, hacia las tres de la tarde, después de la "sexta", en que podía haber empezado a anochecer, especialmente en invierno ('cualquiera por sí mismo podría conocerlo por la cara [de color morado o pálido]: quien lo viera que venía de leer a la luz del candil'). El incógnito autor parece interpretar "nocturnam... lucernam" por "al cresuelo" a partir de varios escolios al pasaje: "LÍVIDA NOCTURNAM quia studentes in nocte uigilabant ad crucibulum" (p. 306) o "LUCERNAM crucibolum siue candelam quamdiu nocte studuerat" (p. 496); y establece una conexión -a pesar de los obvios obstáculos fonéticos- entre el vocablo castellano y el latino "crucibulum", documentado ampliamente en la segunda mitad del siglo XII, con el sentido de 'candil con cuatro picos, en forma de cruz'. En la sintaxis, por ejemplo, ya se ciñó a la construcción de los comentaristas ("ad crucibulum", "al cresuelo"), y a ellos también se plegó al aludir al uso que Aristóteles debía hacer del candil ("crucibolum siue candelam quamdiu nocte studuerat"): ¿qué sentido tiene por ejemplo la presentación de Aristóteles, lejos de su habitación, con la luz del candil para reconocer en su rostro las señales de la vigilia? El anónimo, por otra parte, respeta la descripción de la excesiva delgadez y fragilidad del filósofo, aunque introduce algún rasgo original, como los ojos en blanco o la demacración del rostro, incapaz de sostener la cinta que el maestro solía llevar ceñida en la parte superior de la cabeza ("no.s le tenié la cinta, viso yazía colgada', 'la cinta no se le mantenía, estaba colgada del rostro').
La destrucción de Tebas y el juglar Cleades
Tras asumir en Corinto el gobierno de Macedonia, Alejandro reclutó sus tropas y se propuso intervenir en las ciudades que se habían comprometido con su padre por virtud de un pacto que en principio prescribía sólo en vida de Filipo; para escarmentar a las otras, el nuevo y joven rey ordenó destruir y quemar Tebas, cuyos habitantes, especialmente jóvenes, se habían apiñado en las murallas, intentando evitar la entrada de Alejandro en la ciudad. Entre las voces discordantes sobre tan severo castigo para los rebeldes, Gautier de Châtillon menciona a Cleades, a quien caracteriza por su dominio de la lira: "Accésit Cleades, fíde conspicuus, cecinitque/ regi dulce melos lyricisque subintulit ista..." (I, 326-327); y, entre otras razones, esgrime la vinculación que tuvieron con la ciudad algunos de los antepasados del rey, así como el origen de dioses importantes: "His sedibus ortus/ Líber, thuricremis sua quem colit India templis./ Heccine terra deos tulit auctoremque tuorum/ nutriit Alcidem...?" (335-338). El Libro de Alexandre a veces abrevia su fuente, a veces la amplía, con intenciones eminentemente explicativas, como, por ejemplo, la sustitución de "Liber" por "Bacus" o de "auctorem" por "abuelo" (aunque en el último caso "abuelo" podía tratarse de un sinónimo de 'antepasado', según se documenta en latín, en género plural, aví):
Un juglar de grant guisa -sabia bien su mester-, homne bien razonado que sabia bien leer; su viola tañiendo vino al rey veer; el rey, cuando lo vio, escuchól volenter....
Alçides, tu abuelo, d'aquí fue natural...
Aquí naçió don Bacus, un cuerpo venturado, que conquistó a India, ond'es hoy adorado... (232,238 a y 239 ab);
El incógnito autor podía haber traducido "Aquí naçió don Bacus..., que conquistó a India,/ ond'es hoy adorado" directamente a partir de "His sedibus ortus/ Liber, thuricremis sua quem colit India templis"; pero, sin duda, debió de hacerlo mucho mejor a través de las explicaciones del comentarista V: "quia Liber, id est Bachus,natus fuit hic..." (p. 366); y, en ese sentido, "Aquí" ha de concebirse como una equivalencia exacta de "Hic", en lugar de "His sedibus", en la misma medida que "nació don Bacus" ha de considerarse inspirado por "Bachus natus fuit", en vez de por "ortus/ Liber"; la aposición "un cuerpo venturado" podía tener origen en las explicaciones del nombre del dios ofrecidas por el escoliasta V a zaga de San Isidoro, Etimologías (VIII, 11, 3, y 43: "Liber a libértate"):"Liber... dictus a libero -as quia liberat hominem a curis" (p. 366); podía aludir más específicamente al delicado cuerpo de mujer con que solía representarse el dios: "Liberum a liberamento appellatum volunt..., quod idem Liber muliebri et delicato corpore pingitur", "Libidinosus a Libero, qui puellarum corpore pingitur" (Etimologías, 43; X, 160). De la misma fuente podía proceder la referencia a la conquista de la India, tomada del comentario de G, donde se relaciona a "Liber" con "Bachus" y se recuerda que éste había sometido a la India mediante batalla ("INDIA quam bello deuicit"; p. 279): "Dionysius, qui et Liber pater, cum Indiam victor perambulasset..." (XV, 1, 6). El autor castellano transformó "Heccine térra déos tulit auctoremque tuorum/ nutriit Alcidem" en "Aludes, tu abuelo, d'aquí fue natural" (239 a), seguramente gracias a las observaciones de los escoliastas V y R. El primero, por ejemplo, incluye dentro del mismo campo semántico los verbos "tulit" y "nutriuit": "TVLIT id est nutriuit, unde 'tollit, alit, remouet, gerit, erigit, accipit, aufert'" (p. 366); y por ello nuestro autor se decide a presentar a Hércules no como educado sino como nacido en Tebas, en coincidencia con San Isidoro: "ubi et Thebas urbem construxit..., et ubi nati sunt Apollo et Hercules maior ille Thebanus" (XTV, 4, 11). El segundo, por su parte, cree necesario clarificar la expresión "auctoremque tuorum" (literalmente, 'fundador de los tuyos')11, introduciendo una confusión de héroe, al considerar que Alejandro procede de Hércules por parte de madre: "Respicit ad illud quod inferius dicetur, quod Alexander asseruit se esse filium Iouis, et in hoc capitulum 'Alchidem actorem tuorum' quia Alexander a parte matris erat de genere Herculis" (p. 499); y, en ese aspecto, ha deslizado un error que explica la consideración de abuelo que nuestro autor concede a Hércules, cuando el hijo de Zeus y Alcmena sólo había sido presentado como el precursor bastante lejano de los reyes macedonios (y, en ese sentido, la vinculación se establece por vía paterna): "Macedonum reges credere ab illo deo ipsos genus ducere..." (Quinto Curcio, IV, 2, 3)12. Al mencionar la línea materna, el comentarista debió de haber pensado en Aquiles (y por ahí resulta fácil la confusión con Alcides, acentuada por la grafía Achiles13), en tanto su hijo Neoptólemo de Molosia había dado a luz a Olimpia, la madre de Alejandro14; y, por supuesto, el mismo autor pudo estar al corriente de la división establecida por los historiadores entre las dos ramas familiares: "Pues bien, Alejandro era por parte de padre descendiente de Heracles y por parte de madre de los eácidas..." (Dionisio Sículo, XVII, I, 5) y "Que Alejandro era descendiente de Heracles, a través de Carano, por parte de padre, y por parte de madre un Eácida, a través de Neoptólemo, es algo aceptado por los autores de mayor crédito" (Plutarco, Alejandro, II, l)15. Aquiles, pues, había sido su bisabuelo, seguramente el "abuelo" del que habla el autor castellano a propósito de Hércules; y, por ahí, la sustitución de "auctorem" (el sustantivo más apropiado para definir las verdaderas relaciones entre Alejandro y Hércules, fundador de toda una dinastía de reyes macedonios, pero no padre reconocido de ninguno de ellos) por "abuelo" sólo parece concebible por un escolio en que se aduzca una pista tan falsa como la aportada en R, al remontar la búsqueda de esos orígenes divinos del macedonio, no por la línea paterna, sino por la materna (y, en el verso siguiente, nuestro autor aduce a "Achiles" como otro de los héroes naturales de Tebas, cuando habitualmente se le suele presentar como oriundo de Ptía, ciudad de Tesalia, y responsable de la destrucción de la Tebas Misia, según explican Ovidio,Metamorfosis, XII, 108-110; y Pomponio Mela, Cronographia, I, 18, 2). En cuanto al nombre del músico, Cleades (como ninguna de las variantes recogidas por otros manuscritos: Cloades o Cleadas) difícilmente puede explicar "Cleor", a mi modo de entender sugerido por "Cleo", un personaje con características afínes mencionado por Quinto Curcio como adulador del Magno: "et ex Sicilia Cleo, -hic quidem non ingenii solum, sed etiam nationis uitio adulator-, et cetera urbiurn suarum purgamenta, quae proplnquis etiam maximorumque exercituum ducibus a rege praeferebantur, hi tum caelum illi apariebant Herculemque et Patrem Liberum et cum Polluce Castorem nouo numini cessuros esse iactabant" (VIII, 5, 8). Tanto Cleades como Cleo recuerdan el origen divino de Alejandro, aduciendo los mismos antepasados (Hércules y Dionisio); Cleor, al igual que Cleo, recibe la recompensa del monarca, seguramente como pago por su 'mester de juglaría' ("Cleor finó su cántica, el rey fue su pagado,/ dióle cuanto él quiso de haber monedado"; 242 ab), mientras que Cleades, después de acabar su discurso, no resulta ni beneficiado ni perjudicado, al no influir como Cleor en la decisión del rey: "Finierat Cleades, sed stat sententia regis,/ propositique tenax irae permittit habenas..." (I, 345-346); en ese oficio juglaresco, Cleor canta a la vez que aconseja a Alejandro ("Cleor finó su cántica..."), cuando Cleades entretiene y alecciona al rey por separado, en momentos sucesivos, no simultáneos (y quizá por ese motivo no obtiene ningún tipo de retribución por su trabajo): "cecinitque/ regi dulce melos lyricisque subintulit ista" (I, 326- 327)16.
Babilonia y el perdón para Nabarzanes
A propósito de la entrada de Alejandro en Babilonia, nuestro autor introduce modificaciones y ampliaciones respecto a la Alexandreis, las más de las veces inspiradas en el Román d'Alexandre, aunque en algunos casos sugeridas por los escolios al poema latino. En este pasaje, el autor castellano ha decidido reducir al mínimo exponente las alusiones a la degradación del rey macedonio en contacto con la cultura y sociedad persa, bastante suavizadas en su modelo, al menos con relación con las Gesta Alexandri Magni de Quinto Curcio, bastante explícito en ese asunto: "Diutius in hac urbe quam usquam constituit rex, nec alio loco disciplinae militaris magis nocuit. Nihil urbis eius corruptius moribus, nihil ad inritandas inliciendasque inmódicas cupiditates instructius. Liberos coniugesque cum hospitibus stupro coire, modo pretium ñagitii detur, parentes maritique patiuntur. Cornuales ludi tota Perside regibus purpuratisque cordi sunt, Babylonii máxime in uinum et, quae ebrietatem sequuntur, effusi sunt. Feminarum conuiuia ineuntium in principio modestus est habitus, dein summa quaeque amicula exuunt, paulatimque pudorem profanant, ad ultimum, -honos auribus habitus sit-, ima corporum uelamenta proiciunt; nec meretricium hoc dedecus est, sed matronarum uirorumque, apud quos comitas habetur uulgati corporis uilitas" (V, 1, 36-38). El Libro de Alexandre revela una lectura más o menos directa de los comentarios a la Alexandreis en dos momentos muy específicos: en la reorganización-reestructuración del ejército practicada por el rey y en la justificación del nombre de Babilonia, así como en el número de lenguas habladas en ella como consecuencia del castigo divino. Por lo que respecta al primer momento, Gautier de Châtillon se limita simplemente a recordar la asignación de "quiliarcas" para cada grupo de mil soldados: "Vtque suos habeant cyliarchas, queque quiritum/ milia constituit, quibus indubitata probetur/ iudicibus uirtus equitum dignusque probatis..." (VI, 38-40); nuestro autor, por su parte, omite el término técnico, propiamente persa, de "quiliarca" y, a cambio, ofrece una aclaración,en la misma medida que adopta conceptos de la antigua milicia romana: "Ordenó miliarias por mandar mili varones,/ otros que guíen ciento, que dizen centuriones,/ otros quincuagenarios e otros decuriones,/ puso legionarios sobre las legiones" (1551). En semejante proceder, podía haber actuado a partir de las dudas que había suscitado la anotación de la palabra "quiliarca", bien como 'príncipe de cien' bien 'de mil soldados': "Ciliarcha dicitur a cyros quod est centum et archos quod est princeps quasi princeps centum militum, uel dicitur a cylia quod est mille et arcos quasi mille princeps" (p. 331). El escoliasta vindobonense precisa que'Alejandro había introducido un cambio en el número de componentes de cada uno de sus escuadrones: "officia militaría constituerunt scilicet quingenti milites haberent choortem unam" (p. 441); y en ello sigue, como en otros casos, las Gesta Alexandri Magni de Quinto Curcio: "qui fortissimi iudicati essent, singulis militum milibus praefuturi erant, -chiliarchas uocabant-, tune primum in hunc numerum copiis distrubitis: namque antea quingenariae cohortes fuerant..." (V, 2, 3). En cuanto al segundo momento, Gautier de Châtillon no se había permitido la más mínima digresión sobre Babilonia como emplazamiento donde los gigantes habían desafíado a los dioses y donde éstos habían sembrado la confusión lingüística entre aquéllos como represalia a su osadía:
Setenta e dos fueron los hombres
mayorales;
El comentarista vindobense de la Alexandreis siente la necesidad de precisar la fundación mítica de la ciudad, recordando primero la división lingüística y después la equivalencia en la lengua latina: "diuisit ydioma illorum in 72 ydiomata. Hanc autem turrim edificabant in Babilone, et indi dicitur a bael quod est confusio quia in Babilone facta fuit confusio ydiomatum" (p. 437); el autor castellano, consciente desde un primer momento del abandono en ese punto de su modelo principal ("ca Galter non las pudo, maguer quiso, complir..."; 1501c), pudo haberse ceñido a un escolio como el recién aducido, con una formulación más cercana al Commentarius in Danielem de San Jerónimo: "Unde et a confusione linguarum locus nomen accepit Babylon, quae in linguam nostram transferetur confusio"11; los versos c y d parecen pergeñados literalmente sobre la versión de San Jerónimo: "Unde et a confusione" se corresponde con "por tanto... de confusión honrada" ("honrada" porque la sembró Dios a través de sus ministros), "nomen" con "nombre" y "Babilón confusio es en latín llamada" con "Babylon,quae in linguam nostram transferetur confusio" (para nuestro autor, el latín ya no es la lengua propia). Los "homnes mayorales" (1512 a) podrían identificarse con los gigantes que sobrevivieron en el mismo número que los idiomas en que Dios había escindido la lengua común, el hebreo, o (de acuerdo con San Isidoro) con los patriarcas de los que procedieron los distintos pueblos o naciones (los "mayorales" como los 'antepasados, principales'); y tanto este verso como el siguiente podrían concebirse a partir de un escolio muy próximo al de R y casi prácticamente igual al texto de San Isidoro ("Setenta e dos...;/ tanto son por el mundo los lenguajes cabdales", "in lxx ii ydyomata. Tot erant Gygantes" o "Gentes autem a quibus divisa est térra... septuaginta duae; totidemque linguae..."): "Videns Deus nequiciam illorum mutauit ydioma, quod prius erat commune, in diuersa ydiomata est, ut puto, in lxx ii ydyomata. Tot erant Gygantes" (p. 502)18. Al apoderarse de las satrapías de Asía septentrional tras la muerte de Darío, Alejandro también se apropió de los vicios persas, empezando por el harén de su antiguo enemigo, compuesto por trescientas sesenta concubinas y un grupo de eunucos encabezados por Bagoas y entregados a la prostitución. El héroe macedonio se había impuesto la persecución de los sátrapas que se habían revelado contra Darío y que le habían dado muerte, después de atarlo y encadenarlo. La historia no se muestra concorde con el nombre de los sediciosos ni con la suerte que corrieron: Nabarzanes y Beso aparecen como los autores más importantes del regicidio, si bien el primero logró negociar el perdón con Alejandro, mientras que el segundo no consiguió librarse de la ira del monarca, a pesar de refugiarse en el reino de Bactria y haber cambiado se personalidad, haciéndose llamar Artarjerjes y vistiéndose con la indumentaria real; Ariobarzanes (o Ariobazanes) y Beso, según otras fuentes, suelen aducirse como responsables directos de la traición, y los dos recibieron el mismo castigo por parte de Alejandro, ante quien no pactaron ningún tipo de indulto o gracia para sus personas. En el Libro de Alexandre, el incógnito autor presta primero atención -como Quinto Curcio y Gautier de Châtillon- a las vicisitudes de Nabarzanes, quien ya se había desmarcado de Beso y había huido a Hircania tras participar en la muerte de Darío:
Entendió Alexandre que estaban pagados,
El pasaje, como en otros lugares de la obra, amplifica unos cuantos hexámetros del Alexandreis de Gautier de Châtillon: "Ergo auidis pugnae tentoria uellere Magnus/ imperat et rápido cursu bachatur in hostem...ille/ terrarum domitor, in cuneta pericula preceps,/ Hyrcanos subiit armato milite fines./ Quos ubi perdomuit uitamque cruentus ab ipso/ Narbazanes molli Bagoa supplicante recepit.." (VII, 537-538, y VIII, 4-7); Alejandro había exhortado a los suyos a no dar tregua a los traidores del rey persa y, aprovechando el calor de los ánimos, les había ordenado lanzarse sobre ellos: "auidis pugnae... imperat" origina, con los habituales cambios, "mandóles mover luego, ant que fuessen escalentados", así como "rápido cursu bachatur in hostem" contiene "en carrera entrados,/ contra los traidores"; y, tras penetrar en territorio hircano, con su ejército armado, el joven rey había sometido a sus habitantes, además de capturar a Narbazanes, a quien no castiga por la intervención absolutamente convincente de Bagoas. A esa altura del relato, nuestro autor introduce en la copla 1862 unas reflexiones que carecen de sentido y que parecen inspiradas por alguna fuente de absoluta credibilidad, en principio a partir de los comentarios que habían crucificado la Alexandreis: "Hic dicit quod Narbazanes reconciliatus fuit Alexandro per blanda uerba, sed auctor subticet ueritatem quoniam Narbazanes dúos filios pulcerrimos habuit quibus abutebatur Alexander. Qui ab Alexandro impetrauerunt pacem patri suo Narbazani, sed quoniam hoc Alexandro fuit dedecus, et ideo tacuit auctor". En este caso, el escoliasta del siglo XIII interpreta -por si había alguna duda, sobre todo por el uso del adjetivo "molli"- el texto de Gautier, parafraseándolo primero para refutarlo a continuación: Narbazanes había conseguido la reconciliación de Alejandro gracias a las persuasivas palabras de Bagoas; pero, en semejante caso, el anónimo comentarista se impone el descubrimiento de la verdad, al recordar que el sátrapa había tenido dos hijos bellísimos, de los que Alejandro había abusado sexualmente, y por ese procedimiento aquéllos habían alcanzado el perdón para su padre: al constituir una deshonra para su protagonista, considera que Gautier prefirió omitir tan penosos detalles. En esa línea, otro glosador, también del siglo XIII, ofrece los mismos datos, aunque de forma más escueta, con ciertas reminiscencias de Quinto Curcio, quien describe la belleza de Bagoas ("specie") y su influencia sobre Alejandro ("motus"): "Dicitur quod Narbazanes duos filios habuit mire pulcritudinis, quorum specie motus Alexander dedit ueniam patri eorum"; recuerda la belleza de los dos hijos de Narbazanes, por la que Alejandro concedió el perdón al padre, sin establecer mayores divergencias con respecto al texto. En las coplas 1861 y 1862, el autor castellano parece estar aludiendo a Bagoas, al que trata de "ric'omne", y le atribuye una conducta similar a la de los hijos de Narbazanes, vanagloriándose de poseer unas fuentes de información fidedignas ("segund mi conocencia") y ateniéndose a la verdad, de la que es ajena Gautier de Châtillon ("cuido dezir verdat"): de hecho, los versos c y d de la copla 1862 se explican por influencia de una glosa similar a la del códice vindobenensis (la "verdat" del castellano se hace eco de la "ueritatem" del glosador, así como "menoscabó el rey mucho de su bondat" traslada el "hoc Alexandro fuit dedecus" del escolio latino)20. El autor del Libro de Alexandre y Gautier de Châtillon se remontan en última instancia a Quinto Curcio, quien presenta a Bagoas como uno de los muchos regalos con que Narbazanes había agasajado a Alejandro, a pesar de haber recibido las garantías de perdón ("accepta fide"): "Iam ad urbem Hyrcaniae, in qua regia Darei fuit, uentum erat: ibi Nabarzanes accepta fide occurrit, dona ingentia ferens. ínter quae Bagoas eral, specie singulari spado atque in ipso flore pueritate, cui et Dareus adsuetus fuerat, et mox Alexander absueuit; eiusque máxime precibus motus Nabarzani ignouit" (VI,v, 22). El episodio no está exento de unas cuantas contradicciones, al margen de la historicidad de sus personajes más importantes, como, por ejemplo, Bagoas. En el relato de Quinto Curcio, Alejandro, en efecto, había dado su palabra a Nabarzanes de respetarle la vida a cambio de su entrega, después de haber leído la carta que éste le había enviado y en la que intentaba justificar su crimen: "Nec dubitauit Alexander fidem, quo Persae modo accipiebant, daré, inuiolatum, si uenisset, fore" (VI, 4, 14); en tal situación, pues, no parece necesaria la intervención de Bagoas, del que se subraya su belleza ("specie singulari spado"), su mocedad ("in ipso flore pueritate") y sus dotes oratorias, capaces de conmover al gran emperador ("eiusque máxime precibus motus..."); y tampoco resultaba demasiado oportuna la mención dé los servicios que el eunuco había prestado a Darío y que al poco prestaría a Alejandro: "cui et Dareus adsuetus fuerat, et mox Alexander adsueuit" ('al que Darío se había acostumbrado y al que en seguida Alejandro se acostumbró'). En la Anábasis Arriano simplemente narra que Nabarzanes se pasó al bando de los griegos. En ese sentido, Gautier de Châtillon, al igual que nuestro autor, no compartió los propósitos de Curcio, al eliminar la carta de Nabarzanes al macedonio y al restringir la caracterización de Bagoas; el autor castellano, en cambio, seguramente ajeno al texto de Curcio, decidió suprimir su nombre, desconcertado por los escasos datos de que disponía ("molli Bagoa supplicante") y por la cruda verdad que desvelab un comentarista del francés: había de casar o compaginar el nombre de Bagoas con la noticia de los hijos de Nabarzanes que habían intercedido por su padre de forma poco honesta (y, así, se entiende que convierta a un esclavo o criado en un "ric'omne"21); y debía de estar perplejo al comprobar que el nombre de Bagoas no aparecía anotado, y, en su lugar, el escoliasta se había explayado sobre Nabarzanes, del que mencionaba unos hijos que no constaban en ninguna parte22.Nabarzanes y Beso habían planeado derrocar a Darío para ofrecérselo a Alejandro como moneda de cambio, y por ello el primero propone al rey abdicar a favor del segundo en tanto el ejército persa no haya expulsado a los enemigos de Asia; cuando Darío, desenvainando la espada, se disponía a castigar la insolencia de Nabarzanes, Beso abogó por su compañero, afectando una gran indignación (en el Libro de Alexandre intercede Artabazo). Tras dicho incidente, Nabarzanes y Beso -contando con el apoyo de una parte importante del ejército- encadenan a Darío; pero, al ver acercarse las tropas macedonias, resultan acometidos por un gran pavor, a pesar de la superioridad numérica con respecto a sus enemigos, instan al monarca a bajar del carromato -en que lo habían instalado y aherrojado- para subir en un caballo, y, ante la negativa del monarca, vencidos por la precipitación y el miedo, acaban por acuchillarlo, dejándolo en compañía de buena parte de sus tropas, en un número difícil de precisar por su dispersión en una situación tan incierta para ellos. Entre los efectivos persas que por sí mismos llegaron a reagruparse, Gautier de Châtillon menciona en un primer momento quinientos soldados, si bien después parece incurrir en contradicción al contabilizar hasta tres mil víctimas tras el enfrentamiento contra el ejército macedonio:
Quingenti tantum
se collegere quintes,
En el Libro de Alexandre el anónimo se muestra absolutamente coherente al dar solo la cifra de tres mil caballeros, sin establecer diferencia entre los que se habían congregado antes de la batalla y los que llegaron a caer como consecuencia del ataque de las tropas de Alejandro; y, en ese pasaje, considera la resistencia de los persas un obstáculo importante para el macedonio de alcanzar a los traidores Nabarzanes y Beso, entre otras cosas porque aquéllos se reúnen con el único propósito de morir junto a su señor, además de procurar demostrar su inocencia en la conjuración contra Darío:
De compañas de
Darío, homnes de fuert ventura, de fincar en el campo, perder toda rencura (1751);
Nuestro autor no vacila en ningún momento seguramente atento a las notas a la Alexandreis, que subrayan la incongruencia del texto, dejando claro que tres mil soldados persas se habían agrupado para esperar al enemigo, aunque de ellos quinientos correspondían a señores importantes: "QUINGENTI quasi diceret: quinquies centum milites remanserunt ex parte Bessi et Narbazanis qui pro defensione patrie melius mori quam fugere uoluerunt. In congregacione illa fuerunt secundum quosdam tria milia sed quingenti tantum principes" (p. 450); el mismo escoliasta, un poco más abajo, se hace eco de la contradicción, volviendo a recordar que quinientos eran jefes y los demás vasallos: "Hic uidetur auctor sibi ipsi esse contrarius... Hic uero dicit quod ualde multi erant. Ad hoc dicendum quod quingenti erant principes et múltos alios subditos secum habuerunt" (ibid.). Quinto Curcio, por una parte, refiere que los bárbaros se desparramaron, como causa de la deserción de sus jefes más importantes (Nabarzanes y Beso), y solo quinientos jinetes permanecieron unidos, indecisos sobre si esperar o emprender la fuga; el historiador latino, por otra, explica que Alejandro había enviado a Nicanor al frente de la caballería para atajar la desbandada de los persas y que los macedonios llegaron a abatir tres mil soldados, entre los que había de contabilizar a alguno de los quinientos jinetes que decidieron unirse: "Barban ducibus destituti qua quemque aut spes ducebat aut pauor dissipabantur; D tantum equites congregauerant se, incerti adhuc resistere melius esset an fugere. Alexander hostium trepidatione conperta Nicanorem cum equitum parte ad inhibendam fugam emittit; ipse cum ceteris sequitur. Tria ferme milia resistentia occisa sunt..." (V, XIII, 18-19). Quinto Curcio podía haber propiciado la confusión de Gautier de Châtillon, que el autor del Libro de Alexandre ha eludido gracias a la aclaración del escoliasta V: el primero establece una diferencia entre los jinetes que, sin sus cabecillas, determinan aunar sus fuerzas y los soldados a los que sorprende la caballería de Alejandro (soldados que se habrían unido a los jinetes -de los quinientos- que no se rindieron); el segundo, además de tratar por igual a unos y a otros (emplea el término "quirites"), parece identificar a los combatientes agrupados con los caídos en la lucha (en ambos casos oponen resistencia, no como en Quinto Curcio, donde los dos grupos se deciden sobre la marcha).
LA PROFECÍA BÍBLICA
En el Libro de Alexandre, su autor introduce unas cuantas referencias a las visiones de Daniel sobre la derrota de Darío por Alejandro, situadas más o menos en los mismos lugares que en la Alexandreis, con propósitos muy similares, aunque con interpretaciones divergentes con respeto a las más conocidas en la época, en un intento de ofrecer una imagen homogénea del rey de Macedonia. Daniel había contemplado un carnero frente al río Ulay, que doblegaba fácilmente a cualesquiera de las bestias que lo acometían hasta que fue herido por un macho cabrío, que, en su embestida, le rompió las astas, lo derribó y lo pisó; el macho cabrío, tras haberse agrandado, asimismo sufrió la fractura de la única asta que tenía entre los ojos, y en su lugar le crecieron cuatro en dirección a los cuatro vientos. El carnero se había identificado con Darío, quien durante mucho tiempo había gobernado sin apenas obstáculos; el macho cabrío, por su parte, era la encarnación de Alejandro, a quien sucedieron sus cuatro generales, siempre inferiores a él en fortaleza: "Aries, quem vidisti habere cornua, rex Medorum est atque Persarum. Porro hircus caprarum, rex Graecorum est; et cornu grande, quod erat inter oculos eius, ipse est rex primus. Quod autem fracto illo surrexerunt quattuor pro eo, quattuor reges de gente eius consurgent, sed non in fortitudine eius..." (VIII, 20-23). Gautier de Châtillon aduce tres veces la simbólica representación de Daniel: antes de la decapitación de Aristómenes, en el primer enfrentamiento con las tropas de Darío; durante la entrada de Alejandro en la ciudad de Babilonia, antes de su degradación moral; y, por último tras la la muerte del rey persa, en cuyo mausoleo su enemigo mandó bordar los versos de la profecía bíblica. El autor del Libro de Alexandre la menciona tres veces, si bien sólo la recuerda dos, a la misma altura que su modelo, del que ha eliminado la segunda (cuando Alejandro decide cercar Babilonia) y ha desplazado ligeramente la primera, interponiendo entre ella y la decapitación de Aristómones la declaración del desertor persa y la alocución del emperador a sus soldados. En semejante proceder, nuestro autor presumiblemente ha intentado dotar a las visiones bíblicas de un contenido heroico, lejos de las connotaciones peyorativas a que aquéllas podían dar lugar, al relacionarlas con la perversión moral del rey durante su estancia en Babilonia.Tras rechazar el plan de paz que había sugerido Darío, Alejandro decide enfrentarse contra su antiguo enemigo en campo abierto (y no en celada nocturna, según había propuesto Parmenión), y, antes de arengar a su ejército y recibir la información de un desertor persa, nuestro autor introduce por primera vez la profecía de Daniel ("los regnos doblados" son una traducción exacta de "gemini... regni" de la Alexandreis, citada a continuación):Dan ïel el profeta, niño de Dios amado,dentro en Babilonia l'ovo profetizado: que vernié en la sierra un cabrón mal domado, quebrantarié los cuernos al carnero doblado.
Este fue Alexandre, de los fechos granados, ambos él los mandaba, mas fueron quebrantados (1339-1340)23; En la Alexandreis, Gautier de Châtillon había situado la profecía al principio del libro quinto, inmediatamente antes de la aparición de Aristomenes, seguramente con el propósito de subrayar al paso implacable y demoledor del rey macedonio:
concurrere duces,
emenso tempore cuius
y, casi con respetuosa simetría, la había recordado al comienzo del sexto, cuando interpela a la ciudad para confesarle las virtudes de su rey y los vicios que a partir de este momento van a subyugarle como principio de su fin:
Ecce lues
mundi, regum tinor unicus, ecce
Alejandro se había encargado de sepultar el cuerpo de Darío de acuerdo con los honores que éste merecía y había delegado en Apeles la construcción de una pirámide, en cuyo mármol el artista judío había grabado una inscripción inspirada en una de las profecías de Daniel:
Et quia non latuit sensus Danielis
Apellem, Por su parte, el autor del Alexandre convirtió los dos primeros versos en toda una cuarteta, transcribió los dos siguientes (con una muy leve modificación), a los que añadió otros dos, no procedentes directamente de las Sagradas Escrituras24, e improvisó una interpretación, sólo concorde en la primera parte con el texto latino que había reproducido:
Fizóle un pitafio
escuramente ditado, Para la línea latina unida a los dos hexámetros de Gautier, nuestro autor no se basa en la biblia, donde en ningún momento se identifica los cuernos del carnero con el reino de Darío ("Aries, quem vidisti habere cornua, rex Medorum est atque Persarum"; Daniel, VIII, 20), sino en un escolio similar a los que aparecen en la mayoría de glosarios, y en especial el V: "Prophetia Daniellis fuit. 'Venit hyrcus a siccis Aquilonibus, qui confringet duo cornua arietis'. Per hyrcum intelligimus Alexandrum, per arietem Darium, per duo cornua arietis duo regna Darii scilicet Persarum et Medorum" (p. 456). A propósito de otros lugares en que se cita la profecía, el mismo comentarista ha reiterado idénticas interpretaciones, aportando algún dato nuevo: "...et ecce prophetia Danielis: 'Venit hyrcus a siccis Aquilonibus, qui confringet duo cornua feruecis', id est arietis. Per hyrcum debemus intelligere Alexandrum petulantem et fetidum ad modum hyrci quia sodomita fuit; per arietem Darium; per duo cornua arietis duo regna Darii scilicet regnum Persarum et Medorum; per siccas Aquilones intelligimus Europam, in qua fíat uentus Ule, et de Europa fuit Alexander" (pp. 430-431) y "Multi predicauerunt et prophizauerunt de Alexandro, et máxime Daniel, qui dixit 'Venit hyrcus a siccis Aquilonibus, qui confringet duo cornua feruecis'. HYRCUM quia sicut aries dignior est'hyrco, ita Porus et Darius potenciores erant Alexandro, tamen iste maior fuit in uirtute ómnibus, et ideo superauit istos dúos" (p. 440). Asimismo los comentaristas de G y R reproducen la misma información, con alguna ligera novedad: "GEMINI REGNI id est Pori et Darii, uel melius secundum prophetám scilicet Danielem, qui dixit 'Veniet hyrcus a Scytis horis qui arietis duo confringeret cornua'; arietis id est Darii, duo regna scilicet Medorum et Persarum" (p. 287) y "Hec est prophetia Danielis: ab Aquilone ueniet hircus, qui confringet duo cornua arietis. Per hircum, qui est lascivus, intelligitur Alexander; per arietem Asia, cuius difficilis est introitus. Per cuius duo cornua intelliguntur duo regna, scilicet Persarum et Medorum" (p. 326)25.
La visión del obispo Jado
Gautier de Châtillon sitúa fuera del contexto cronológico la entrada de Alejandro en Jerusalén (cuando todos los autores -especialmente Flavio Josefo, Antigüedades Judías, XI, 8, 4-5, y la Historia de proeliis- la habían presentado después de la toma de Tiro y Gaza); y, así, el clérigo francés incluye la revelación del pontífice judío Jado como parte del discurso que el macedonio dirige a sus soldados durante la visita a las ruinas de Troya, donde se ha detenido ante el sepulcro de Aquiles para apelar en principio a la mudable fortuna:
Dumque uetustatis saltim uestigja querit
sed quoniam michi barbaries incógnita linguae El anónimo castellano desplaza el episodio del encuentro de su protagonista con Jado al lugar que le corresponde según la cronología y sustituye el discurso del emperador en Troya por otro mucho más extenso sobre la guerra y la destrucción de la ciudad, inspirado básicamente en la Mas latina; en el recorrido de Alejandro por las ruinas de Troya, introduce modificaciones con respecto a la Alexandreis explicables por el conocimiento de los escolios al poema latino, como ocurre con el reconocimiento del álamo de Enone o el valle en que París otorgó la manzana a Venus a cambio de la entrega de Elena (y, en este caso, nuestro autor convierte al príncipe troyano en diablo, pecado, en una clara proyección del episodio del Génesis):
Tanto pudo el rey la cosa acu çiarfasta que lo hobiera el árbol a fallar do escribió Oenone de viersos un buen par, cuando dizen que París la hobo a dexar.
Aprés falló un
val, un lugar apartado,
Nuestro autor, por ejemplo, no menciona el álamo, y, a cambio, alude al genérico "árbol", además de tener muy presente el dístico que París había escrito en él, según recuerda Ovidio en las Heroidas, V, 29-30 ("Cum París Oenone poterit spicare relicta/ ad fontem Xanthi uersa recurret aqua"); podía haber leído en la fuente original, si bien más verosímilmente lo debió hacer a través de un comentario próximo al de V, donde también se emplea el término "árbol" por "populus": "París autem ipsam dilexit et eam cognouit et scripsit in quadam arbore, que fuit iuxta Xantum fluuium, 'Cum París Oenone poterat spirare [sic] relicta/ ad fontem Xanti uersa recurret agua', secundum quod patet in Ouidio Heroydum" (p. 369). Por lo que respecta a la entrada de Alejandro en Jerusalén, describe dos veces a Jado al utilizar en cada caso una fuente distinta, primero la Historia de poeliis y después la Alexandreis, con cambios en la segunda de ellas achacables a los comentaristas del clérigo francés, fácilmente reconocibles en la indumentaria del obispo o en su naturaleza angélica:
Vistióse el obispo de la ropa sagrada,
Gautier de Châtillon describe al obispo con un hábito ajeno al de su cultura, de una gran suntosidad, y lo presenta como una visión sobrehumana, siguiendo el testimonio de Flavio Josefo ("lesus sapiens vir, si tamen virum eum nominare fas est", Ant. Judaic XVII, III, 63): "Cum timor incuteret mentem testemque pauoris/sentirem trépidos sudorem errare per artus,/ affuit etheris, hominem si dicere fas est, ingenua grauitate plagis..."; sus comentaristas coinciden en tratar de angélica la aparición de Jado o presentarlo como un sacerdote enviado de Dios ("Bien sepades, amigos, que aquel mandadero/ mensaje fue de Dios..."; 1162 ab): "Ultimum capitulum primi libri, in quo habetur quomodo ángelus apparuit Alexandro in specie sacerdotis" (p. 316) y "Parre uero mortuo apparuit ei Dominus uel ángelus in specie sacerdotis qui ei promisit dominium tocius mundi" (p. 369). En cuanto al atuendo del obispo, el incógnito castellano introduce cambios, no sólo siguiendo la moda y costumbre medieval al respecto, sino inspirándose en la anotación a la Alexandreis, al hallar sugerencias como las del glosador de V, quien se había detenido en la descripción de las partes del vestido del sacerdote ("Notandum quod Ule habebat ornamentum sacerdotis"): "Hic tanquam mitratum debet habere caput" (p. 317); "puso en su cabeca una mitra preciada" (1139 b) parece satisfacer la propuesta del comentarista, al igual que "Obispo semejaba en toda su figura:/ en mitra, en capatas e en su vestidura" (1154 ab), sobre todo cuando para la primera vez contaba con el dato "et super habentem cidarim" (Historia de proeliis, 28), si bien podía conocer las explicaciones de San Isidoro: "Cidarim et ipsud sacerdotum erat, quod a plerisque mitra vocatur" (Etimologías, XLX, 30,6). Alejandro envió su "notario" a Jerusalén para obligar a sus habitantes a pagarle la "renta" que hasta ese momento había satisfecho a Darío; pero, al conocer la renuencia de Jado, decidió cercar la ciudad; el obispo, al verse hostigado por el ejército peleo, invocó el auxilio divino y, en sueños, recibió instrucciones desde el más allá sobre su conducta al contemplar al Magno (especialmente vestirse como para decir misa); así procedió y consiguió la rápida sumisión del macedonio, quien no sólo les exoneró de cualquier tipo de retribución sino también les ofreció una paz vitalicia. Ante la sorpresa y dudas de sus súbditos, para apaciguar los ánimos, Alejandro se sintió obligado a disiparlas, refiriéndoles la visión que había tenido cuando niño, al poco del asesinato de su padre por Pausanias: en ella estaba estupefacto por la aparición del obispo, gracias a quien se había cerciorado de sus futuras victorias. En la Alexandreis, el caudillo había desvelado la visión a sus hombres como ejemplo ilustrativo de los vaivenes de la fortuna; y el narrador, por su parte, había querido abordar -de forma apresurada- su cumplimiento, incluso a costa de incluirla fuera de su contexto, mencionando el encuentro del emperador con el pontífice, aunque sin entrar en mayores detalles. En la Historia de proeliis, Alejandro escribió cartas para Jado exigiéndole la prestación de ayuda, la venta de víveres para su ejército y el pago de los bienes que antes había dado a Darío ("invitans eum ut auxilium sibi mitteret, venale quod vulgo mercatum dicitur exercitui suo prepararet et quantum censum prius Darío dabat ei daret"); y, en lugar de complacer tales demandas, el pontífice de la ciudad santa hizo saber a los portadores de las cartas ("portatoribus litterarum") que no podían faltar a los juramentos ofrecidos al emperador persa: ante la llegada del macedonio, había impuesto a los suyos el ayuno durante tres días, además de oraciones y sacrificios a Dios, a quien vio en sueños ordenarle recibir al Magno vestido de una manera especial y facilitarle el acceso a la ciudad, abriéndole sus puertas. En las afueras de Jerusalén, Alejandro había divisado al pontífice acompañado por su séquito y, después de reconocerlo, se postró ante él, y enseguida -por tal actitud sumisa- hubo de satisfacer las preguntas de Parmenión revelándole la visión de que había sido objeto en Macedonia. El Libro de Alexandre, pues, ha reproducido dos veces con detalle la descripción del pontífice, una de acuerdo con la Historia y otra con la Alexandreis: la primera in situ, al poco de la entrada de Alejandro en Jerusalén, y la segunda como aclaración de su conducta en la ciudad, con la divulgación de su sueño a Parmenión y a todo su ejército. Como en otros casos, el anónimo ha sido un tanto reiterativo, si bien ha ofrecido resultados bastante diferentes de un mismo episodio, quizá por no contar con una Historia anotada. En la primera de las descripciones de Jado, analizada arriba parcialmente, no parece entender de forma completa el modelo: "en la fruent' una carta que era bien ditada,/ que de nombres de Dios era toda cargada" (1139 cd); el autor de la Historia había aludido simplemente a uno de los nombres de Dios, compuesto de cuatro letras: "et desuper laminam auream in qua erat scriptum Dei nomen tetragramaton" (XXVIII); y el nuestro, en cambio, bien tenía en su antígrafo "in qua erant... Dei nomines", bien pretendía introducir un elemento de variación, consciente de la repitición. En la segunda de las descripciones, ofrece una lectura correcta del original, del que ha omitido el término griego "tetragramaton": "Tenié cuatro caractas en la fruent debuxadas,/ de obscura materia, obscuramente dictadas;/ non las sope leer, ca eran muy ferradas;/ de oro fino eran, semejaban sagradas" (1155); y, en ese aspecto, se atiene a la Alexandreis: "Nescio quod nomen pretendere uisa figuris/ signabat mediam tetragrammata linea frontem,/ sed quoniam michi barbaries incógnita linguae/ huius erat, legere hanc me non ualuisse fatebor" (I, 524-527). A pesar de su fidelidad al modelo, convierte el desconocimiento del alfabeto hebreo en un ejemplo de trobar clus ('versificar cerrado'), de dicción enigmática y complicada ("ca eran muy cerradas"), y aporta nuevos elementos, comprensibles gracias a los escolios al poema latino. Los comentaristas a la Alexandreis insisten, por ejemplo, en la explicación de "tetragramata", influidos bien por San Jerónimo,Epístolas, LXIV, 17 ("Octava est lamina áurea... in qua scriptum est nomen dei Hebraicis quattuor litteris 'ioth', 'he, 'uau', 'he', quod apud illos ineffabile nuncupatur"), bien por San Isidoro, Etimologías, XIX, 21,7 ("Petalum áurea lammina in fronte pontificis, quae nomen Dei tetragrammaton Hebraicis litteris habebat scriptum"). El glosador de C se limita a elucidar el sentido de la palabra griega: "TETRAGRAMATA id est quatuor litterarum, dicta a tetra quod est quatuor et grama quod est littera, et erant tales littere 'ioth', 'he', 'vau', 'he'" (p. 318); el de V, en cambio, se extiende en otros pormenores, como la falta de comprensión de Alejandro: "TETRAGRAMATA LINEA id est quatuor litterarum. Dicitur autem a tetras quod est quatuor et grama quod est littera, quasi diceret: in medio frontis erat quoddam nomen scriptum quatuor litteris Ebreis, unde Alexander, cum Graecus esset, intelligere non poterat, et erant tales littere: e I Z H. Prima dicitur 'yoth', secunda 'he', tercia 'uau', quarta 'he'..." (p. 372); y el de R, en notas distintas, ofrece otra enunciación de las cuatro letras: "Littere erant Hebree et Alexander Grecus, et ideo dicit 'Nescio quod nomen'" y "Agia nomen Dei ineffabile" (p. 500). En esta ocasión, el incógnito autor habría deslindado fácilmente entre el nombre bíblico de Dios por antonomasia (el revelado a Moisés) y otros nombres menos comunes, seguramente por disponer de la aclaración oportuna al respecto, esto es, la identificación de "tetragrammaton" con "quatuor litteris" ("cuatro caractas"); y, en ese aspecto, habría simplificado la fuente, con la omisión de la lámina o cinta en que aparecían estampadas las mencionadas letras, también atento a la glosa vindobenense: "Tenié cuatro caractas en la fruent debuxadas" parece acomodarse con bastante exactitud a "in medio frontis erat... scriptum quattuor litteris", más que a "signabat mediam tetragrammata linea frontem" (I, 525). Asimismo habría podido atribuir la obscuridad de las letras, no al alfabeto en que debían leerse, sino a la materia que encerraban a partir del sentido enigmático que el mismo comentarista les asigna, siguiendo a Pedro Coméstor, Historia scholastica: "de obscura materia, obscurament dictadas" podría hacerse inteligible merced a "et sonant tantum 'Iste est principium passionis uite', quasi dicat: 'iste est principium uite qui debet pati pro nobis'" (p. 372); los 'cuatro caracteres' parecen ocultar una materia oculta o impenetrable para Alejandro, a pesar de la cultura con que se le ha caracterizado: una materia que podría aludir a la encarnación en Jesucristo, como 'principio de la vida' y como 'el que sufrió por nosotros'. En el episodio de Gordio y los inmediatamente posteriores, nuestro autor parece seguir bastante de cerca los escolios a la Alexandreis, que en algunos casos explican las discrepancias entre los dos manuscritos que han conservado el texto castellano. Tras la muerte de Memnón y el cerco de Sardis, Alejandro acomete la empresa de desatar el famoso nudo Gordiano, reservada al futuro dominador de Asia, según habían prescrito los hados: "Certa fides urbis ita disposuisse tenacem/ fatorum seriem qui uincula solueret illum/ regno totius Asiae deberé potiri" (I, 80-82); el Libro de Alexandre simplifica bastante la sintaxis de su modelo, al convertir "ita disposuisse tenacem/ fatorum seriem qui uincula solueret" en "Así era fadado, en escrito yazié,/ qui soltar lo podiese emperador serié,/ los emperios de Asia todos los mandarié" (833 ac), no tanto por decisión propia, sino por disponer de otras opciones, como la del escolio V: "et fatatum erat quod quicumque nodos illos solueret, in Asya regnaret..." (p. 375). En el primer enfrentamiento directo contra Darío, Alejandro, con gran deseo de habérselas con él, había recorrido una gran distancia, cuando se dirigía hacia Capadocia: "Mane iter accelerat Macedo spacioque diei/ unius stadia trepidis quingenta peregit/ gressibus, accelerans pauidum preuertere regem" (I, 93-95); en el Libro de Alexandre se produce una discordancia respecto al modelo y, como hemos dicho, entre sus dos manuscritos: "sesenta e tres millas [sesenta e tres leguas O] cabalgó en un día" (842 d). El anónimo castellano sustituye la medida por "estadios", en desuso en la época, por otra más corriente, quizá indeciso entre las "millas" y "leguas"; y, al resolverse por la cifra de sesenta y tres, ha tenido en cuenta un comentario similar al de V, donde su autor maneja distintas cifras y ofrece las equivalencias en "millas" y "leguas: "MANE ITER accelerans quasi diceret: Alexander spacio unius diei 31 leucas et quatuor stadia transiuit', quod habetur per hos uersus: 'Quinqué pedes passum faciunt, passus quoque centum uiginti quinqué stadium. Si milia des re, octo facit stadia, duplicatum dat tibi leucam'. Notandum ergo quod stadium est spacium centum et uiginti quinqué passuum, octo stadia faciunt miliare, sed quod sunt miliaria in Lombardia et non in Alemannia, duo miliaria leucam, unde sciendum quod Alexander iuit triginta leucas et unam et quartam partem unius..." (p. 376). El escoliasta de V ha identificado los quinientos estadios con 31,5 leguas (exactamente 31 más una cuarta parte de otra), y por añadidura ha facilitado el cálculo en millas, simplemente al multiplicarla por dos ("dúo miliaria leucam"), brindando de esa manera la de "sesenta y tres millas" del poema castellano. Nuestro autor podría haber barajado cifras parecidas a través de las Etimologías de San Isidoro: "Miliarium mille passibus terminatur; et dictum miliarium quasi mille adium, habens pedes quinqué milia. Leuga finitur passibus mille quingentis. Stadium octava pars miliarii est, constans passibus centum viginti quinqué" (XV, 16, 2-3); según tales cálculos, los quinientos estadios equivalen a 62,5 millas (muy próximas a las 63 ofrecidas por uno de los manuscritos del Libro de Alexandre), aunque no a 31,5 leguas, sino a 41,6 (porque, de acuerdo con esa cuenta, la legua sólo comprende 1500 pasos, y no el doble con respecto a la milla). En la descripción de las tres partes del mundo, nuestro anónimo se inspiró básicamente en la Alexandreis, aunque a veces introdujo cambios, bien sugeridos por los escolios, bien propuestos por la fuente del clérigo francés, el libro XTV de las Etimologías de San Isidoro. En la caracterización de Arabia, por ejemplo, modifica completamente su modelo, mientras en la de Armenia se atiene bastante a él, si bien guiado por los comentaristas de ese lugar: Arabia de do a
Chisto vinieron con pitança,
Gautier de Châtillon había conservado los elementos más paganos de la geografía árabe, si bien ya había presentado la armenia como escenario de algún episodio del Antiguo Testamento: "Hec Arabum terras redolentes thure Sabeo,/ in quibus ille labor logicorum nascitur una/ semper auis phenix uicinaque cinnama myrrae./ Hinc Siriam Eufrates, Hinc Armenia tangit/ diluuiique memor superis caelo minatur" (I, 415-419); el autor castellano ha preferido eliminar las referencias a las fragancias y al ave fénix por las de los Reyes Magos, al considerarlos como personajes genuinos de las tierras de oriente y al recordar implícitamente los regalos que éstos habían traído para el niño Jesús, el incienso y la mirra ("redolentes thure Sabeo... uicinaque cinnama myrrae"); y, en ese sentido, debió considerar Arabia como el lugar de donde procedían los reyes, y no el sitio hacia donde se dirigieron en busca de Cristo, según atestigua el manuscrito O ("Arabia do a Christo vinieron en pitanca")26. En el Libro de la infancia y muerte de Jesús, se emplea una sintaxis muy similar: "de los tres reyes que vinieron buscar a Jhesú Xpristo..." (2-3)27; y, en las Etimologías, San Isidoro ofrece una construcción también bastante afín: "secunda, in qua ex gentium populis stella indice prasepis cunabula Magos adoraturos exhibuit" (VI, 18, 8). "Arabia", pues, debe corresponder a la patria de origen de los Reyes Magos, porque de ella traen los productos característicos de la zona, mencionados por Gautier de Châtillon y, antes, por San Isidoro: "hoc enim significare interpretatur; eo quod sit regio turifera, odores creans... In cuius saltibus et myrrha et cinnamum provenit: ibi nascitur ave phoenix, sardonyx gemma..." (XIV, 3,15). En cuanto a Armenia, el Libro de Alexandre hace explícita una mínima referencia al diluvio universal contenida en la Alexandreis, seguramente a partir de las distintas explicaciones de los comentaristas de la obra, la mayor parte de ellas inspiradas en la de San Isidoro ("Ararat mons Armeniae, in quo arca historici post diluvium sedisse testantur. Unde et usque hodie ibidem lignorum eius videntur vestigia"; XIV, 8, 5). Nuestro autor convierte la mención del diluvio ("illinc Armenia tangit,/ diluuiique memor superis caelo minatur", 'por otro, [el Eufrates] limita con Armenia, que, al recordar el diluvio, amenaza a los dioses y al cielo') en otra del "arca de Noé", y, en ese aspecto, aclara el sentido de la amenaza, al conocer la gran altitud de los montes de la región, que concibe como testimonio de la supervivencia de la famosa arca: "ARMENIA est térra monticulosa et montes eleuati in rnari uidentur" (p. 314); "ARMENIA térra est uel regio monticulosa et montes elevati, unde uidentur minari celo" (p. 368); "DILUUIIQUE MEMOR quia archa Noe ibi remansit, unde Teodulus 'Superest Armenia testis'" (ibid.); y "ARMENIA est térra altissima in qua requieuit archa Noe post diluuium. Et in illa requieuit et requiescit uentus quia illam non tangit..." (p. 500). Algunos de estos escoliastas presentan a Armenia como tierra muy alta, que, en el episodio del diluvio, se erigió como amenaza del cielo y de los dioses (quizá por tratarse del único lugar que escapó al castigo divino y en el que encalló el arca de Noé); y, tomándolo del Génesis ("Requievit arca mense..."; VIII,4), apuntaron la idea de descanso y/o permanencia desarrollada por el Libro de Alexandre: "do [el arca de Noé] fizo la folganca" traduce más o menos libremente "archa Noe... remansit" o "requieuit archa Noe". Sobre la India, el incógnito castellano ha suprimido las alusiones a las piedras preciosas y ha añadido un adjetivo para su animal más representativo, aunque ha reproducido muy al pie de la letra la mención de la siembra doblemente productiva:
El clérigo francés ha tomado íntegramente la información del libro XIV de las Etimologías de San Isidoro: "India vocata ab Indo flumine..., et a septentrione usque montem Caucasum pervenit..., gemmis et elephantis refertam... in anno bis ínetit fruges" (XIV, 3, 5-6); el castellano también ha tenido acceso a la misma fuente, especialmente en el uso del adjetivo para los elefantes, si bien en el del caso, aunque no en el del género ("elephantas"), de no suponer un error del propio autor, consistente en la aplicación de una palabra femenina en su forma masculina (la corriente en el castellano de la época), en una cuarteta con la rima -anta: "grandes elefantas" parece obtenerse por influencia de "elephantos ingentes" (ibid.), bien de forma directa, bien a través de algún escolio (ninguno de los conservados ha anotado el término "elefante", y sólo uno se ha referido a los sonidos que este animal emite, frente a otros más conocidos). Asimismo nuestro autor, aparte de sustituir "Arctos" por "septentrión" por cuestiones de rima (aunque no cabe descartar un conocimiento directo de San Isidoro, quien, a propósito de Mesopotamía, alude al Norte como "autem a septentrione ínter montem Taurum et Caucasum"), ha aportado un dato geográfico sobre el Cáucaso -por más que archisabidísimo- inspirado en uno de los escolios que establece la siguiente ecuación "CAUCASUS mons": "Cáucaso, un mont'alto, l'y yaz' en un rencón,/ como dizen, aparte yaze de septentrión..." (288 ab); y ha incorporado la mención de uno de los ríos que nacen en sus montañas, quizá también birlada de las etimologías: "India vocata ab Indo flumine... Habet et fluvios Gangen et Indum et Hypanem inlustrantes Indos" (XIV, 3, 5-6).
Alejandro en el santuario de Amón
Tras la destrucción de Tiro y la conquista de Gaza, Alejandro tuvo el deseo de visitar el santuario de Amón, del que creía ser descendiente, porque había oído referir que Nectanebo sedujo a Olimpia haciéndose pasar por el mencionado dios; Gautier de Châtillon no ofrece demasiados detalles sobre el viaje del macedonio a Egipto, y sólo se concentra en la descripción del clima y de las propiedades de las aguas de la "fuente del sol", convertidas en tópico literario no únicamente en el mester de clerecía, sino también en la épica y en la historiografía:
Iam quater
irrigues librauerat aere currus El Libro de Alexandre no sólo reproduce las propiedades de la fuente, sino también se consagra a referir sus orígenes, cuando Baco, vencido por el calor, en un paraje absolutamente inhóspito, imploró a Júpiter (el dios con el que en Roma se identificó a Amón) el abastecimiento de agua; y el dios romano, adoptando la forma de un carnero, cavó en la seca arena del desierto y extrajo el agua tan deseada:
Marras cuand'hobo Bacus a India
sobjudgada,
La tierra era seca de fuentes muy mañera,
Pareçió
yus un árbol,
çerca d'una
costana,
Mandó allí cavar, salió luego la
vena,
Consagró la fuent Júpiter que fuese perenal,
Con todas estas buenas, habié otra natura:
Habié
çerca
la fuent una grant santidat:
La información que maneja nuestro autor en principio parece tomada de algún escolio a la Alexandreis, muy similar, por ejemplo, a la usada por el vindobenese del siglo xiii: "Hamon in lingua Lybica idem est quod Iuppiter harenosus, et in Libia est quedam silua ubi erat templum Iouis, ubi dabat responsa per eneas columbas. Notandum quod cum quodam tempore Bachus transiret per Libiam, ipse siciens orauit Iouem patrem suum ut daret ei aliquid ad bibendum. Iuppiter uero in specie arietis apparuit et pede terram percussit, et inde emanauit fons, de quo dicit hic" (403); entre las cuadernas en castellano y la prosa latina existen incuestionables coincidencias, empezando por la identificación de Amón con Júpiter: la ubicación del episodio en el pasado ("marras cuand'hobo Bacus...", "cum quodam tempore Bachus transiret per Libiam"), la petición de Baco a Júpiter ('^ogó Bacus... que les diese carrera...","ipse siciens orauit Iouem... ut daret ei aliquid ad bibendum"), la aparición de un carnero ("Pareció yus un árbol... / un cabrón todo blanco...", "Iupiter uero in specie arietis apparuit...") y los golpes que el animal dio con el pie en la tierra, de donde manó el agua ("firié con el pie diestro sobre la tierra llana;/ asmaron que podrié allí haber fontana", "et pede terram percussit, et inde emanauit fons")28. La referencia a la salubridad de las aguas de la fuente podía estar sugerida por Quinto Curcio, quien alude a la homogeneidad de su temperatura a lo largo de todo el año: "Coeli quoque mira temperies, uemo tepori máxime similis, omnes anni partes parí salubritate percurrit" (TV, 7, 17). El escoliasta de V ofrece una explicación más o menos científica sobre las distintas temperaturas del agua a lo largo de las veinticuatro horas del día; y, en ese sentido, atribuye la tibieza o el calor del agua durante la madrugada, la tarde y la noche a una obturación de los poros de la tierra a causa del frío y de la humedad (cualidades características del invierno): "Mane disponitur aer in humiditate et frigiditate, et propter frígiditatem pori terre obturantur nec terre uapores et humiditates possunt emitti, unde aqua fit tepida..." (p. 403). Asimismo cree que por el calor los poros de la tierra se abren, provocando una salida de sus vapores: "In meridie uero disponitur in calore et propter calorem pori terre apperiuntur, et ita exeunt uapores, et inde fit aqua frígida" (ibid). El rearme y reagrupamiento de las tropas de Darío, después de su dispersión y destrucción durante el primer enfrentamiento con él, admiró a Alejandro no sólo por la rapidez con que el rey persa llegó a ejecutarlo, sino también por el número de efectivos -entre nobles y campesinos- que consiguió reunir; y, en ese sentido, se equipara la perplejidad del macedonio con la de Hércules cuando el hijo de Júpiter abatió a Anteo y cortó la cabeza de la hidra, maravillado por la recuperación del primero (sólo lo redujo cuando lo alzó del suelo) y por la multiplicación de las cabezas de la segunda (siempre de dos en dos): "Non secus Antheum Lybicis Ioue natus harenis/ post lapsum stuouit maiorem surgere donec/ sublatum rapiens 'uana spe duceris', inquit/ 'Huc, Anthee, cades' uel cum tot ceda suorum/ fecundam capitum domuit Tyrintius Ydram" (Alexandreis, III, 431-435). En el Libro de Alexandre se pone en boca del rey los dos símiles y establece explícitamente la relación entre la reproducción de soldados y la de las cabezas de la hidra, apelando primero a los "actores" y después a los "actoristas", en una implícita alusión a los escoliastas de la Alexandreis29: Por uno que
matamos más de
çiento naçieron,
El escoliasta V señala la comparación y resume el trabajo de Hércules en términos afines al poeta anónimo: "Ostendit per comparacionem quomodo miratus est Alexander, dicens quod ita miratus est Alexander plures uenire ad bellum quemadmodum Hercules mirabatur Antheum, cadentem ad terram, uires resumere et resurgere forciorem. Siquidem Antheus iste fuit quidam Gigas qui homines interficiebat. Hercules autem cum illo pugnauit, et quociens cecedit Antheus ad terram, resumebat uires suas et surrexit forcior. Quod percipiens Hercules ualde miratus est, et sustulit eum supra pectus suum..." (p. 404); así, por ejemplo, "quociens" equivale a "cuanto más", "cecidit... ad terram" a "lo echaban" y "surrexit forcior" a "mayor fuerza cogié"; de la misma manera "Hercules autem cum illo pugnauit" podía haber inspirado "don Hércules que oon él contendié". Por idéntico procedimiento, el mismo comentarista aclara la propiedad más importante de lá hidra, si bien -dada la discordancia al respecto- no ofrece el dato sobre el número inicial de sus cabezas: "YDRAM id est serpentem qui talis nature erat quod quando abscidebatur ei unum caput, crescebant dúo, et ita locuplecior fuit per cedem suam. Hercules autem cum ipsa pugnauit et est multum miratus. Qui tum ad ultimum ipsam interfecit" (ibid.); por ese motivo, nuestro autor podría haber escrito "cuando le tollién una, [dos] le nacién espesas", como traducción bastante exacta de "quando abscidebatur ei unum caput, crescebant duo", y algún copista podía haber introducido el error, por atracción de las "siet cabecas" del verso anterior. En cualquier caso, San Isidoro aporta datos ligeramente distintos, bien sobre el número de cabezas del animal (indeterminado o nueve), bien sobre el de las cabezas reproducidas tras cortar una de ellas (tres, en lugar de dos): "Hydra draco multorum capitum... Haec latine excetra dicitur, quod uno caeso tria capita excrescebant" y "Dicunt et Hydram serpentem cum novem capitibus, quae Latine excetra dicitur, quod uno caeso tria capita excrescebant" (Etimologías, XI, 3, 34).
Las arbitrariedades de Alejandro: Parmenión-Filotas y Clito-Hermolao
En Tarso, durante un día
caluroso de verano, Alejandro decidió arrojarse a las aguas frías
del río Cidho, en las que por el contraste de temperaturas llegó a
perder el conocimiento y de las que fue sacado por los suyos; tras
recobrar el sentido, ante la inminencia del primer enfrentamiento con
Darío, arrancó a su médico, Filipo, la promesa de reestablecerse
en el plazo máximo de tres días; y,
estando atendido por él,
recibió la carta de su general, en la que se incrimina al médico de haber
sido sobornado por el rey persa a cambio de oro y del
matrimonio con una de sus hermanas: "Hic premisa ducis deturbat
epístola regem/ que medicum dampnat auro tedaque sororis/ corruptum a
Darío. Iam tercia sparserat ignes/ explicitum tenebris rútilos
Aurora per orbem..."
(Alexandreis,
II, 224-227). En el
Libro de Alexandre,
su autor, en un principio, no desvela el nombre del
general, aunque le dedica especial atención, otorgándole el calificativo
de "mesturero", y prepara al lector para presentarlo como culpable de
una de las numerosas conspiraciones contra el emperador, a raíz
de la relajación moral que éste había experimentado tras la
conquista de Persia ("tóvole a Parmenio siempre muy mal taliento,/ e
bien ge lo mostró en el acabamiento"; 912 cd):
Nuestro autor difícilmente podía adivinar la identidad del autor de las insidiosas cartas a partir de los datos que podía leer en la Alexandreis: "Hic premisa ducis... epístola"; y podía tener la certidumbre al respecto gracias a las notas al texto latino, posiblemente inspiradas en Quinto Curcio: "Legitur quod Alexander Parmenione partem sui exercitus commisit ut quasdam ciuitates, sicut Tharsum et alias, ab incendio Persarum liberaret. Qui cum audiret Alexandrum infirmatum et deberé curan a Philippo, corruptas inuidia legauit Alexandro epistulam que continebat Philippum corruptum esse a Darío ut Alexandrum uenenosa pocione interficeret. Alexander uero tradidit Philippo epistulam legendam, sed Philippus in legendo nullum signum timoris habuit. Cognouit ergo Alexander quod falso accusatus esset, et ei se commisit sanandum, et sanatus est" (p. 379). Los cambios introducidos por Libro de Alexandre con respecto a su modelo sólo se pueden explicar por influencia clara de un escolio similar al recién aducido: la envidia que Parmenión sentía hacia el médico ("habiéle muy grant envidia, por eso lo fazié", "O de mí ha envidia, o la tu muert querrié") resulta concebible ante afirmaciones como las registradas por el escoliasta vindobenense ("Qui [Parmenio]..., corruptus inuidia..."); y, en ese aspecto, nuestro autor no debió recurrir a la obra de Quinto Curcio, quien destaca la fidelidad de Parmenión y omite cualquier explicación sobre la conducta del general: "ínter haec Parmenione fidissimo purpuratorum litteras accipit, quibus ei denuntiabat ne salutem suam Philippo committeret: mille talentis a Dareo et spe nuptiarum sororis eius esse corruptum" (VI, 6, 4). Asimismo el autor castellano tampoco pudo haber tenido en cuenta la Epitoma Historiarum Philippicarum Pompei Trogi de Justino, donde Parmenión decide enviar las famosas epístolas desde Capadocia y antes de conocer la enfermedad de Alejandro: "Unus erat ex mediéis, nomine Philippus, qui solus remedium pollicetur; sed et ipsum Parmenionis pridie a Cappadocia missae epistulae suspectum faciebant, qui ignarus infírmitatis Alexandri scripserat, a Philippo medico caveret, nam corruptum illum a Darío ingenti pecunia esse" (XI, 8, 5-6). Gautier de Châtillon, en cualquier caso, también baraja la envidia como posible incentivo del autor de la carta, cuando, más adelante, pone en boca del médico unas palabras que tienen por objeto tranquilizar al rey: "sedulus aut nostra marcescit liuidus arte,/ verius ut fatear, aut in tua dampna proteruit/ qui notat innocuum sceleris" (II, 237-239); y, de forma incuestionable, constituye la fuente de las reflexiones de Filipo en el Libro de Alexandre, 911 a: "O de mí ha envidia, o la tu muerte quemé".Al abordar la conspiración de Filotas, nuestro autor defiende la conducta adoptada por Alejandro, quien castigó duramente al sedicioso y a su padre Parmenión, a pesar de los servicios que el segundo le había prestado como general suyo; el autor del Alexandre se muestra reticente a aducir cualquier excusa para justificar el silencio de Filotas, invocando el testimonio de otros que lo habían hecho:
Demandó a Filotas por seer lapidado,
Gautier de Châtillon, fiel a Quinto Curcio, no había dado ninguna opinión, si bien había reproducido con detalle el interrogatorio de Alejandro a Filotas y los tormentos que por orden del primero habían aplicado al segundo, con el propósito de arrancarle una confesión que lo inculpara más alia de su inocencia. El comentarista del manuscrito vindobonense se sentía con la obligación de aclarar el origen de la mencionada conspiración para por último barajar diversas hipótesis sobre el silencio que Filotas había decidido guardar, bien porque había creído infundada la conspiración, bien porque había tenido la posibilidad de hablar con Alejandro:"Ad euidentiam eorum que hic dicitur, uidendum est unde conspirado ista habuerit ortum... Qui Philotas hoc reuelatum per triduum tacuit, aut forte quod credebat hoc esse falsum aut ideo quia copiam loquendi cum Alexandro non habuit..." (460); por lo que respecta a la muerte de Parmenión, Gautier no la narra en su poema, y el comentarista resume sus circunstancias más importantes, basándose en el relato de Quinto Curcio: "Cum Alexander Philotam ligan fecisset, misit quasdam litteras Parmenioni, sigillo Piulóte sigillatas, et continebatur in illis quod cito faceret quod intendebat, et alias litteras misit suis, et in illis continebatur quod si uidissent Parmenionem premissas litteras wultu hylari legere, ipsum interficerent. Quod nesciens Parmenio litteras illas cum hylari vultu legere cepit. Qui uidentes milites ex precepto Alexandri ipsum interfecerunt" (ibid.). Después de la celebración de sus bodas con Roxana, la hija del rey persa Darío, Alejandro, a pesar de su condición de recién casado ("maguer novio" aparece escrito en el texto), no se concedió ningún tipo de descanso y decidió penetrar en el territorio indio con el propósito de enfrentarse con Poro; en ese punto, nuestro autor introduce tres estrofas dedicadas a las muertes de Clito y Hermolao, que considera injustas, al igual que Gautier de Châtillon, mucho más parco que su adaptador, especialmente a la hora de asignar responsabilidades (en cuanto al primero, por ejemplo, lo había hecho -a pesar de silencio que se impone el autor- cuando lo menciona en la batalla de Gaugamela, al describir su enfrentamiento contra Sangas: "Sed que prouenerit illi/ gratia pro meritis magis arbitror esse silendum")
El anónimo castellano sólo ha tomado de su modelo una sentencia que en él tenía el aspecto de universal: "etenim testatur eorum/ finis amicitias regum non esse perhennes" proporciona al menos el arranque del verso 1971 a, "Amistat de los rëys non la tengo por sana" (y el atributivo "perhennes" parece desgranarse en los últimos versos de la estrofa, "regálase aína, de noch' a la mañana:/ ha homne en balde por lavarge la lana"31); el incógnito, inducido por el tratamiento que les concede Gautier de Châtillon, presenta a las víctimas como implicadas en un mismo incidente, además de ejecutadas por orden del monarca, no por intervención directa suya, como llegó a suceder en uno de los casos, sino por decreto; y, en esa última actitud, pudo basarse en una información similar a la brindada por el escoliasta de R, quien utiliza "fecit illum occidi" y "interfici iussit illum", la misma fórmula empleada por nuestro autor, desdoblada, "fizólos matar ambos, mandó gran crueldat" (1970 b), quizá como reminiscencia de los de V y G, donde se presenta a Hermolao y Calístenes ajusticiados a la vez ("et utrumque iussit occidi"; p. 294; "Vnde Alexander precepit ut ambo interficerunt"; p. 468): "Hermolaus fuerat magister Alexandri post Aristotelem, unde se iactitauit quod aliquando illum docuerat, et inuidia ductus Alexander fecit illum occidi quando de fuga reuersi fuerunt quadam fera capta. Clitus erat frater nutricis Alexandri: iactitauit se quod aliquando fuerat ductor et socius eius et hac de causa interfici iussit illum" (pp. 509-510). Al igual que con Filotas y Parmenión, el castellano considera a Clito y a Hermolao el blanco de la maledicencia de los cortesanos; y, en ese aspecto, a diferencia de los primeros, los cree inocentes, cuando en su modelo no podía haber leído nada en uno u otro sentido. En las Gesta Alexandri Magni, Quinto Curcio dedica una atención preferente e independiente a la muerte de los dos personajes, situada antes y después de la boda de Alejandro con Roxana, al comienzo de la campaña militar en la India. Durante uno de los muchos banquetes que mandó celebrar, Alejandro se vanaglorió en exceso de su valentía, en menoscabo de su padre Filipo, a quien no se abstuvo de denigrar; Clito, por su parte, irritado por la conducta del rey, no sólo defendió a su primer señor, sino que incluso culpó al actual de las ejecuciones de Parmenión y Átalo, y, por último, acabó alardeando de haberle salvado la vida, p rotegiendo su cabeza con el escudo. En el mismo banquete, Alejandro, indignado, se apoderó de la lanza de uno de los escuderos e intentó lanzarla sobre Clito, pero hubo de ser disuadido por la fuerza, y, a pesar de los consejos de Ptolomeo y Perdicas, se dejó llevar por la cólera, cuando, tras arrebatar otra lanza a un centinela, esperó la salida de Clito -el último de los comensales en abandonar la tienda- para atravesarlo con ella: a causa de los escrúpulos por tan horrendo crimen, permaneció encerrado durante tres días en su tienda. En otro episodio, un joven noble de la cohorte del rey, discípulo de Calístenes, Hermolao fue azotado por orden de Alejandro, después de haber dado muerte a un jabalí que el rey se disponía a cazar; y, por esta razón, capitaneó una conjuración contra el monarca, quien, tras descubrir el complot, lo entregó -junto a los participantes- a sus compañeros de cohorte: éstos lo sometieron a la tortura y lo mataron (y Calístenes también pereció en medio del tormento).
Alejandro, pues, ejecutó con sus propias manos a Clito, si bien ordenó -de forma indirecta- la muerte de Hermolao, al igual que la de Calístenes, a quien Quinto Curcio considera ajeno a la conjuración tramada contra la vida del rey (y nuestro autor, por ejemplo, ha suprimido cualquier referencia al sobrino de Aristóteles, quizá explicable por las omisiones de los comentaristas, quienes no aportan ninguna información sobre él, salvo alguna excepción). En el Libro de Alexandre, Clito y Hermolao aparecen acusados por hablar mal del rey ("que Clitus e Hermólaeus, leales por verdad ,/ dizién en su persona cosa de liviandat"; 1970 be); y, en ese sentido, sus acciones criminales podrían relacionarse con las aducidas por el comentarista de R, quien insiste en manifestaciones públicas -sin especificar si en presencia o en ausencia del implicado como el origen de la malquerencia regia: "unde se iactitauit quod aliquando illum docuerat..., iactitauit se quod aliquando fuerat ductor et socius eius..." (tanto Clito como Hermolao se habían vanagloriado de sus conductas, siempre en menoscabo de la de su rey). De todos los comentaristas, el de V sigue más de cerca el relato de Quinto Curcio, en el que introduce alguna modificación, como la del animal que había matado Hermolao (un ciervo en lugar de un jabalí) o el castigo que Alejandro le impuso por tal acción (le dio una bofetada en vez de mandarlo azotar); y, al igual que el de R, atribuye a Calístenes el papel que en realidad había desempeñado Sóstrato, en cuya presencia Hermolao no había podido reprimir las lágrimas y bajo cuya admonición había empezado a planear el asesinato de Alejandro: "Dedit ergo alapam Hermolao, unde Hermolaus flebat. Quod uidens Calístenes ipsum increpauit dicens Memento quod uir es', quasi dicat 'Noli flere quia uir es', sed Alexander in deteriorem partem illud interpretatus est scilicet 'Memento quod uir es', id es 'Vindica te quia uir es'. Vnde Alexander precepit ut ambo interficerentur" (p. 468). En la mayoría de los escolios, Clito y Hermolao parecen objeto de las arbitrariedades de Alejandro, quien los manda ejecutar (o los ejecuta él mismo), bien porque consideraba deshonrosa la narración de las proezas del primero (consistentes en haberlo protegido muchas veces con su escudo), bien porque había otorgado un sentido peyorativo a las palabras de Calístenes. A partir de tales explicaciones, el anónimo castellano habría podido creer en la inocencia de susdos personajes, a quienes presenta marginados y separados del resto de cortesanos ("yazién mal esquivados, sin milla compañía",1972 c); y, en ello, recrea un tópico en torno a los desnaturalizados,seguramente por desconocer la rapidez con que, por ejemplo, Clito perdió el favor real, en el curso de una misma noche, después de haber sido nombrado sátrapa de la provincia de la Bactriana (Hermolao, sin embargo, no debió gozar de demasiadas simpatías por parte de Alejandro, dada la admiración que aquél profesaba hacia Calístenes).El autor del Libro de Alexandre, pues, manejó los escolios que solían acompañar -como libro escolar- los hexámetros de la Alexandreis en los manuscritos de finales del siglo XII y del siglo XIII; y, en esa línea, debió usar especialmente los de la península, difundidos en un número nada desdeñable según nos consta en la lista -absolutamente provisional- de Marvin L. Colker (pp.xxxvii-xxxviii). Por semejante procedimiento, el anónimo castellano pudo afrontar -en solitario, sin la colaboración de otros autores de la universidad palentina- su difícil y complicada empresa, consistente en la introducción de material heterogéneo para las diferentes digresiones que ilustran su extensa obra; y, en ese sentido, podría incurrir en contradicciones dentro de su plan general: si, por ejemplo, tiende a suprimir las referencias a la degradación moral de su protagonista, en cambio, reproduce -no sin cierto misterio y con gran dosis de enigma- su homosexualismo en el perdón a Nabarzanes (nadie, salvo los comentaristas del poema latino, baraja los favores de carácter sexual como factor decisivo en las negociaciones con el sátrapa persa); si inculpa a Parmenión y a su hijo frente a la opinión de la mayoría, en cambio, defiende a Clito y a Hermolao, a quienes cree víctimas de las intrigas cortesanas. En los muchos problemas planteados a propósito del reinado de Alejandro, el poeta castellano no ha mostrado una tajante uniformidad (difícilmente achacable a varios autores con diferentes intereses), quizá porque se había propuesto ilustrar las situaciones que debía afrontar un príncipe medieval (y, así, habría querido ser crítico con su personaje para poner de manifiesto las debilidades en que podía caer un rey y las injusticias que podía haber cometido con sus súbditos). En ese aspecto, podía ofrecer la vida del macedonio como espejo a los monarcas castellanos a quienes habría enderezado su obra (y por ello había otorgado una desmesurada importancia a la destrucción de Troya, en tanto la concebía -de acuerdo con una mentalidad generalizada en la Edad Media desde el siglo VII- como el origen de la civilización occidental y la presentaba como la exaltación de la dinastía de unos determinados reyes, al igual que, por ejemplo, Enrique II la había utilizado para promocionar la Gran Bretaña de los Plantegenet)32. Nuestro poeta, pues, había inaugurado en nuestra literatura la materia de España bastante antes que Alfonso X.
NOTAS 1 Un resumen sobre las distintas escuelas que inspiraron a los historiadores alejandrinos ofrece Antonio Guzmán Guerra y Francisco Javier Gómez Espelosín, Alejandro Magno. De la historia al mito, Madrid, Alianza Editorial, 1997, pp. 203-257. 2 Para la escuela de Chartres, véase Peter Dronke, "New Approaches to the School of Chartres", y "Bernard Silvestris, natura, and personification", en Intettectuals and Poets in Medieval, Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, 1992, pp. 15-61; y para la influencia sobre el Libro de Alexandre a propósito de su cosmología naturalista, véase Jorge García López, "La alegoría de la naturaleza en el Libro de Alexandre", en Actas del VIII Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval (Santander, 22-26 de septiembre de 1999), eds. Margarita Freixas y Silvia Iriso, con la colaboración de Laura Fernández, Santander, 2000, vol. I, pp. 797-807; para un estudio de la medicina en la obra (sugerencia original de Jorge García), véase Amaia Arizaleta, "La transmisión del saber médico: Libro de Alexandre y Libro de Apolonió", en Actas del VIII Congreso Internacional..., vol. I, pp. 221-231. Después de recordar las tres asignaturas del trivium, Alejandro empieza el quadrivium citando la medicina, sigue mencionando la música y termina aludiendo a la astronomía, en un campo intermedio entre la ciencia médica y la natural Gas cualidades de los cuatro elementos constituían el objeto de investigación de ambas disciplinas). En cierta coincidencia con el texto castellano, Amaia Arizaleta aduce el Sacerdos ad altare y el Setenario de Alfonso X, la primera obra para documentar el canon tradicional de las siete artes mas la medicina, el derecho y la teología, la segunda como testimonio de una ligera alteración del canon, en que se concibe el trivium como una unidad y en que se reemplazan las dos plazas vacantes con la medicina y la metafísica (en un futuro, sin embargo, convendrá estudiar mucho mejor la tradición escolar de la que depende el texto castellano). 3 En los últimos años, sin embargo, la critica ha querido reconocer en nuestro protagonista la encamación de una ideología monárquica próxima a la de Alfonso VIII o a la de Femando III, y, en ese sentido, ha creído concebir la obra dirigida a ellos dentro de un contexto eminentemente cortesano más que intelectual (véanse al respecto Amaia Arizaleta, La translation d'Alexandre. Recherches sur les structures et les significacions du "Libro de Alexandre", París, Klincksieck, 1999; y "Alexandre en su Libro", La Corónica, XXVIII (2000), pp. 5-20).4 Ian Michael, The Treatment of Classical Material in the "Libro de Alexandre", Manchester, Machester University Press, 1970, pp. 287-295. 5 En cuanto alcanzo, sólo Pedro M. Cátedra ha sugerido la influencia en el Libro de Alexandre de las glosas a la Alexandreis a propósito del episodio de las amazonas ("El entramado de la narratividad: tradiciones líricas en textos narrativos españoles de los siglos XIII y XIV, Journal of Hispanic Research, II [1993-1994], pp. 329-330, n. 8); nuestro autor introduce una pequeña digresión sobre el modo de vida de las amazonas en términos afines al comentarista de R: "Quodam uero tempore postmodum uxores insurrexerunt contra mantos et ipsos deuicerunt et de térra expulerunt et induerunt arma et totam regionem hostium suorum sudiderunt; ne autem gemís ipsarum deficeret, constituerunt quendam locum in patria sua, ad quem licebat uins uenire ut ab eis prolem gignerent [ne gemís ipsarum deficeret]. Talis enim erat conswuetudo earum quod si parerent matrem, in primo atino nutrirent et in fine illius patri remitterent; si uero feminam parerent, semper ab eis nutriretur, et eis dextra mamilla eripiebatur ut magis expedite essent ad bellandum, et remanebat eis sinistra ad pueros nutnendos" (p. 459); describe, muy gráficamente y de forma original, su abstención de las relaciones sexuales con varones incluso para combatir enfermedades como el "mal de madre" ("non trayé un varón sólo por melezina"; 1863 d).6 Véase Marvin L. Colker, ed, Galteri de Castellione Alexandreis, Padua, Antenore, 1978, pp. xxix-xxx; disponemos ahora de una magnífica traducción castellana del poema 7 Los versos de Gautier de Ch âtillon ya fueron aducidos por Raymond S. Willis, The Debt of the Spanisch "Libro de Alexandre" to the French "Roman d'Alexandre", New York, Kraus Reprint Corporation, 1965, p. 6, n. 2.
8 Alfonso X el Sabio,
La Historia novelada de
Alejandro Magno,
eds. Tomás González Rolan y Pilar Saquero
Suárez-Somonte, Madrid, Universidad Complutense, 1982, p. 59.
9 Alexandre de Paris, Le roman d'Alexandre, con el texto de E. C. Armstrong, ed. Laurence Harf-Lancner, París, Líbraire Genérale Française, 1994, p. 94; la versión de B trae "Desor un mur l'enpeint el fondement" (82); Raymond S. Willis descarta la influencia de la Historia de proeliis, al echar en falta la mención de las águilas, el cordero y la serpiente salida del huevo de una gallina (The Debt of the Spanish..., pp. 10-11). Julio Valerio, por su parte, antes del parto de la reina, alude al nacimiento de una serpiente del huevo de una gallina como una visión que estremeció a Filipo: "Enimvero pavens cum in qudam regiae parte Philippus sessitaret in qua aves plurimae circumerrarent isque intentus agenchs rebus animum occupavisset, repente gallina supersiliens eius in sinum considensque enixa est ovum. Sed ovum illud evolutum sinu eius hutni concrepat, cuiusque testula dissultante dracunculus utpote e tantillo conclavi pertenuis egredi visitur isque saepe circumcursans et ambiens ovi testulam velle se rursus eo unde emerserat condere..." (XI). 10 Para las relaciones entre el Libro de Alexandre y la Alexandreis, véase el estadio clásico de Raymond S. Wülis, The Relationship of the Spanish "Libro de Alexandre" to the "Alexandreis" of Gautier de Châtillon, Kraus New York, Reprint Corporation, 1965; sobre las diferencias entre la Alexandreis y las Gesta Alexandri Magni de Quinto Curcio, véase ahora Charles F. Fraker, The "Libro de Alexandre". Medieval epic and Silver Latín, North Carolina Studies in the Romance Languages and Literatures, Department of Romance Languages, 1993, pp. 151-181. 11 Una expresión similar emplea Quinto Curcio para expresar la creenda en la paternidad de Júpiter-Amón por parte de Alejandro: "Haec Aegyptii uero maiora iactabant; sed ingerís cupido animum súmulabat adeundi Iouem, quem generis sui auctorem haud contentus mortali fastigio aut credebat esse aut credi uolebat" (Gesta Alexandri Magni, IV, 7,8). 12 El escoliasta de R podía estar pensando en d origen bastardo de Alejandro, hijo del mago Nectanebo, quien sedujo a Olimpia, haciéndose pasar por el dios Júpiter-Amón, bien disfrazado de serpiente, bien de camero (Plutarco, Alejandro, trad castellana por Antonio Guzmán Guerra, Madrid, Akal, 1986, p. 33; y Pseudo-Calístenes, Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, I, 7; trad castellana por Carlos Garda Gual, Madrid Gredos, 1977, pp. 47-48); en la versión A, Nectanebo anunda a Olimpia que podrá ver al dios en diversas transformaciones, entre las que menciona los aspectos de Heracles y de Dionisios (ibid., p. 47, n. 11). En ningún momento, en cualquier caso, cabría aducir esta escena como el punto de referencia del famoso comentarista de la Alexandreis, quien podía haber llegado a la conclusión de que Olimpia engendró a Alejandro al unirse con Heracles; asimismo difícilmente podría estar recordando la relación entre este dios y Leonasa, a quien Neoptólemo había raptado en Epiro y con quien tuvo ocho hijos, los antecesores de los epirotas (Leonasa, nieta de Heracles, podía haber sido la madre de Olimpia y abuela del héroe macedonio), como, por ejemplo, explica Justino en sus Epitoma historiarum Philippicarum Pompei Trogi, XVII, 2,3: "Sed Pyrrus cum in templum Dodonaei Iovis ad consulendum venisset, ibi Lanassam, neptem Herculis, rapuit, ex cuius matrimonio octo riberos sustulit"... 13 En el Libro de Alexandre, por ejemplo, se confunde "Archiles" por "Alcides" (27 a), según el manuscrito P, el único que ha conservado la estrofa (véase Dana Arthur Nelson, ed. cit., p. 156; y Ian Michael, The Treatment of Classical Material..., p. 258); el héroe, consciente de la infamia de sus mayores, tributarios del rey persa, reclama un parecido con la conducta de "Archiles", y no con la de "Netamo" (en alusión a Nectánabo), su auténtico padre, según las fuentes más novelísticas (se me antoja casi prácticamente imposible que nuestro autor, en lugar de a Nectánabo, se refiera a Neoptólemo, hijo de Aquiles y abuelo del protagonista, llevado por el error del primer verso; sólo podría aceptarse tal hipótesis si se sabe que Neoptólemo, en el asedio y destrucción de Troya, dio muestras de un valor irreflexivo y sanguinario, muy diferente del de su padre, según se pone de manifiesto en la Eneida, U, 535-550). Dana Arthur Nelson conserva la lectura de P ("Aquiles"), mientras que Jesús Cañas la considera un error de copista, que subsana teniendo en cuenta la Alexandreis,I, 39-41 y 46-47: "uerumne dracones/ Alcydem puerum compressis faucibus olim/ in cunis domuisse duos?.../ Semperne putabor/ Nectanabi proles?" (ninguno de los manuscritos del texto latino introduce un error similar, y solo vacila en el uso de abreviaturas y grafías:"Alcidem", "Alciden", Alcyde", "Alcide"); pero la grafía "Archiles" (quizá en el original"Archides") podía estar sugerida por el escolio de C: "Alcides dicitur ab árchos et ides quod est forma quia uirtuosus et formosus fuit" (p. 305); o podía estar influida por la adoptada por el de V ("Alchides"), quien explica el episodio y establece una conexión entre la situación del dios y la de Alejandro: "Vnde argumentum est a minori: ex quo Herculis in cunis potuit faceré tantam probitatem, multo forcius ego, qui sum maior, deberé símilem probitatem" (p. 358); estas últimas reflexiones parecen inspirar "e yo ya bien debía en algo parecer" (27c). 14 El rey alude varias veces al hijo de Aquiles como antepasado suyo (Amano, Anábasis de Alejandro Magno, I,11, 8; trad. castellana por Antonio Guzmán Guerra, Madrid, Gredos, 1982, p. 150; Julio Valerio, Res gestae Alexandri, I, 1460-1465: "Hic Molossorum/ regni potitus auctor exstitit stirpis/ nostrae..."; y Gautier Châtillon, Alexandreis, I, 471-472); nunca, sin embargo, lo trata de abuelo (ni a Aquiles de bisabuelo, proavus). 15 El comentarista de V, a propósito de la expresión "uidit Achillis/ forte sepulchra sui..." (Gautier de Châtillon, Alexandreis, I, 471-472), se limita a señalar la pertenencia de Aquiles al mismo linaje que Alejandro: "SEPVLCRA SVI dicit eo quod Grecus fuit uel fortis et probus tamquam Alexander uel quia Alexander erat de genere eius" (p. 370). 16 Ian Michael estudia el episodio de Cleadas como una de las muchas medievalizaciones introducidas por nuestro autor; y, en ese sentido, señala su alteración en la parte final como reminiscencia de las recompensas ofrecidas en la época a los juglares (The Treatment of Classical Material... ,pp. 182-183). 17 En la Civitas Dei, San Agustín ofrece reiteradas veces la misma explicación: "Ista civitas quae appellata est confusio, ipsa est Babylon... Babylon quippe interpretatur confusio", "ita quando merito elatioris impietatis gentes linguarum diversitate punitae atque divisae sunt, et civitas impiorum confusionis nomen accepit, hoc est, appellata est Babylon..." (XVI,4 y 11). 18 Beda el Venerable, por ejemplo, ofrece la misma cifra de idiomas y personas que los hablan: "De Japhet nati sunt XV, de Cam XXX, de Sem XXVII, simul LXXII, de quibus ortae sunt gentes LXXTJ." (cf. Celso Bañeza Román, Las fuentes bíblicas..., pp. 105-109); al igual que San Isidoro, Etimologías, IX, 2: "Gentes autem a quibus divisa est terra, quindecim sunt de Iaphet, triginta et una de Cham, viginti et septem de Sem, quae fíunt septuaginta tres, vel potius, ut ratio declarat, septuaginta duae; totidemque linguae, que per terras esse coeperunt, quaeque crescendo provincias et insulas inpleverunt" (y antes había delimitado el sentido de "gens" como "multitudo ab uno principio orta, si ve ab alia natione secundum propriam collectionem distincta, ut Graeciae, Asiae"). Los distintos pueblos descendientes de los "hombres mayorales" y mencionados entre los coplas 1513 y 1516 tienen como modelo a San Isidoro (Di, 2, 3-125). En cuanto a la cifra, véase también San Agustín, Civitas Dei, XVI, 10: "Cum ergo quaerimus in illis septuaginta duabus genubus civitatem Dei..."19 Jesús Cañas, ed. Libro de Alexandre, Madrid Cátedra, 1988, pp. 452-453. 20 Los comentaristas de C y de V podían estar confundiendo a Nabarzanes con Artabazo, a quien Alejandro siempre respetó (por su fidelidad a Darío) y a quien, cuando viejo, dejó regresar a su patria; Artabazo tuvo varios hijos, de los cuales el más conocido fue Ariobarzanes, quien ofreció dura resistencia al monarca macedonio: "Ariobarzanes tamen XL ferme equitibus et V milibus peditum stipatus per mediam aciem Macedonum cum multo suorum atque hostium sanguine erupit.." (Quinto Curcio, Gesta Alexandri Magni, V,4, 33). Ariobarzanes, quien se identifica con Nabarzanes tanto en la obra de Pseudo-Calístenes como en sus descendientes más directos (Julio Valerio, Res gestae Alexandri; la Historia de proeliis y la Epitoma rerum gestarían Alexandri Magni), murió en el mencionado enfientamiento, mientras, según otros historiadores, huyó a las montanas con un puñado de jinetes (Amano, m, 18, 9). Después de haber presentado cierta resistencia en su refugio en la región de Jenipa, Sisimetres, desobedeciendo a su mujer (a la vez que madre), se rindió a Alejandro, a quien entregó sus dos hijos: "Duos illi iuuenes patre tradente secum militaturos sequi iussit" (VIII, 2, 33). Sobre los honores especiales que Alejandro rindió a Artabazo y a sus hijos, véase N. G. L. Hammond, Alejandro Magno. Rey, general y estadista, vers. castellana por Adolfo F. Domínguez Monedero, Madrid, Alianza Universidad, 1992, p. 252.21 Sobre este episodio, Ian Michael sólo llama la atención sobre la imagen del hierro (Alejandro) ablandado por el fuego (Bagoas), quizá aducida con intenciones maliciosas (The Treatment of Classical Material, pp. 229-230).22 Para un estudio, ya clásico, sobre la historicidad de Bagoas como síntoma de la relajación de costumbres de Alejandro, véase E. Badián, "The Eunuch Bagoas. A Study in Method", The Classical Quarterly, LII (1958), pp. 144-157; los hijos de Nabarzanes, en cambio, carecen de cualquier fundamento histórico y se nos antojan como una traslación de los hijos de otro sátrapa. Otros estudiosos aducen los encantos del famoso eunuco y la adhesión al nuevo régimen del regicida como explicación del cálido recibimiento de que éste fue objeto por parte de Alejandro (A. B. Bosworth, Alejandro Magno, versión castellana por Carmen Francí Ventosa, Cambridge, Cambridge University Press, 1996, pp. 133-134 y 242).23 A partir del texto de la vulgata podría introducirse alguna corrección en el texto castellano: "Ecce autem hircus caprarum veniebat ab occidente super faciem totius terrae, et non tangebat terra; porro hircus habebat comu insigne inter oculos suos" (Daniel, VIII, 5); nuestro autor podía haber escrito "tierra", en lugar de "sierra" (y la confusión entre ambas palabras no parece demasiado difícil de explicar), ateniéndose al texto bíblico: "hircus caprarum veniebat.. super faciem totius terrae..." marcó la pauta para "que vernié en la [tierra] un cabrón mal domado" (1339 c; cf. Celso Bañeza Román, Las fuentes bíblicas, patrísticas y judaicas del "Libro de Alexandre ", p. 30).24 Ian Michael se percata de que la frase añadida en el Libro de Alexandre no procede de la Biblia: "and then quotes the lines from Gautier, adding a third taken from Daniel, 8, 20: 'duo cornua sunt duo regna persarum et medorum' (1801 c), which does not exactly correspond to the Vulgate..." (The treatment of classical material in the "Libro de Alexandre", Manchester, University Press, 1970, p. 116).25 Los comentarios bíblicos introducen interpretaciones bastante similares: "Et ego intelligebam. Ex superioribus enim visionibus, in quibus secundum regnum per arietem et hircum significatum est, etiam nunc intelligit, quod Medorum atque Persarum cernat imperium... Aries, inquit, quem vidisti habere duo cornua, rex Medorum est atque Persarum. Darius videlicet Arsanii filius, in quo Medorum et Persarum regnum destructum est Porro hircus caprarum, qui ueniebat ab occidente, et propter nimiam velocitatem terram tangere non videbatur, Alexander est, rex Graecorum, qui, subversis Thebis, in Persas arma corripuit, et apud Granicum fluvium inito certamine, Darii duces superávit, et ad extremum ipsum percussit arietem, et duo ejus confregit cornua, Medos atque Persas: misitque cum sub pedibus suis, et utrumque cornu suo subjugavit imperio" (San Jerónimo, Comentariorum in Danielem Prophetam, 673-674); para la bibliografía sobre la profecía en relación con Alejandro, véase Francisco Pejenaute Rubio, 1998, p. 205, n. 4.26 Por lo general, los editores modernos de la obra han tendido a reproducir la lectura de O (véase Dana Arthur Nelson, ed, El libro de Alixandre, Madrid Gredos, 1979, p. 222).2 7 Libro de la infancia y muerte de Jesús (Libre deis tres reys d'Orient), ed Manuel Alvar, Madrid Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 196S, p. 35.2 8 San Isidoro ya había recordado la forma en que solía representarse Júpiter-Amón: "Nam Arietem primum signum..., propter Ammonem Iovem ideo vocaverunt, in cuius capite, qui simulacro faciunt, arietis cornua fingunt" (Etimologías, UT, 71,23).29 Sobre estos términos, véase Giuseppe Billanovich, Auctorista, humanista, orat or, Bellaterra, Barcelona, Universidad Autónoma de Barcelona, 1989. 30 Los dos manuscritos han introducido en los versos 1970 b y 1972 a un error común conjuntivo: "que Clito y Ardófilo..." y "Ardófilo e Clitus...". Ardófilo, en la batalla de Iso, había luchado contra Clito: "At conto Clytus Arthofilon euertere temptat.." y "Inque pedes sese recipit Clytus Arthofiloque. " (III, 35 y 45); los códices de la Alexandreis vacilan entre las siguientes formas: "Ardophilon", "Androphilon", "Ardosylo" (seguramente con un antígrafo *Ardo⌠ilo).31 Parece difícil decidirse entre "regálase" y "regálanse", con sentidos muy diferentes, en función del sujeto que se les asigne, bien "amistat", bien "reyes" (en consonancia con el modelo resulta, sin duda, preferible "regálase", según aparece en P): '[la amistat] se derrite muy pronto, se deshace en seguida, de la noche a la mañana', '[los reyes] se divierten, se deleitan o se agasajan fácilmente a todas horas' (en este caso podría postularse una figura etimológica, sobre todo si se concede a "regalar" la acepción francesa de 'conceder los derechos propios de los reyes'); en el primer sentido, aparece, con la forma de participio pasado, en la misma obra: "El plomo regalado ['derretido'] bebrán todos los días" (2366 c). En cuanto a "deslanar la lana" (¿esquilar el ganado lanar?) es una expresión no documentada, a diferencia de "lavar la lana", atestiguada con el significado de 'examinar la conducta sospechosa de alguien para descubrir la verdad' (y por ello Dana Arthur Nelson sugiere la lectura de "deslavar la lana", en lugar de "lavarge la lana", sugerida por el manuscrito O, con una ligera modificación "levarge", seguramente dialectal; ed cit, p. 603); y el verso en conjunto debe interpretarse en las dos versiones, bastante distintas, que nos han conservado los manuscritos: "ha homne en balde a deslanar la lana" (P), tiene cualquier hombre por vano rebatir las acusaciones de que es objeto'; "contra homne en balde por lavarge la lana" (O), 'contra hombre sin causa por abrirle algún expediente' (los reyes, pues, se deleitan acusando de forma arbitraria). De acuerdo con el modelo (en que se insiste sobre la idea de la amistad real como deleznable y efímera), se ajustan mucho mejor las lecturas de P ("regálase" y "ha homne en balde a deslanar la lana"): tras desvanecerse la amistad con el rey, el súbdito inútilmente intenta averiguar la verdad o congraciarse con él. Los editores del texto, sin embargo, prefieren editar -a pesar de la idea formulada por Gautier y del testimonio de los manuscritos- el verbo "regalar" en plural (véase Francisco Marcos Marín, Madrid Alianza Editorial, 1987, p. 363).32 Así lo plantea Amaia Arizaleta, "Alexandre en su Libro", p. 17, donde cree que la representación de Alejandro en nuestro poema coincide con la de Alfonso VIII, ofrecida en las cartas de la Curia pontificia, tras la victoria de las Navas de Tolosa en 1212; para la introducción de la materia de Bretaña y clásica (la de Troya) en relatos franceses de la segunda mitad del siglo XII, véase Emmanuéle Baumgartner, Le román de Troie de Benoît de Sainte-Maure, París, Union Genérale d'Éditions, 1987, pp. 11-13; y en cuanto al tema de Troya ha estudiado el poema -aunque no directamente relacionado con el nuestro, más allá del contraste entre poesía e historia- de Joseph de Exeter, Frigii Daretis Yliados, Charles F. Fraker, The "Libro de Alexandre". Medieval Epic and Silver Latín, Chapel Hill, Department of Romance Languages, 1993, pp. 130-151.
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