Estatua de la portada de la catedral de Calahorra (La Rioja)

 La trayectoria intelectual
de
Gonzalo de Berceo
 

 


 
Andréia Cristina Lopes Frazão da Silva  1  

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" ... en Sant Millán de Suso, fue de niñez criado "

 

    El presente artículo busca reconstruir la biografía de Gonzalo de Berceo, poeta y clérigo secular, planteando algunas reflexiones sobre la formación intelectual clerical en Castilla durante la Plena Edad Media.
     Nuestro artículo se sitúa en el campo de la microhistória por ser un trabajo cualitativo, que se detiene en el estudio de la trayectoria de un único personaje, estudiando sobre la educación clerical en Castilla Medieval a través de las "... racionalidades y las estrategias accionadas por las comunidades, parentelas, las familias, los individuos" (Chartier, 1994, p. 102).
     Partimos de las siguientes cuestiones: ¿quién fue Gonzalo de Berceo? ¿Cuál era su papel en la jerarquía eclesiástica castellana? ¿En qué centros de saber logró su formación educacional? ¿A qué tipos de conocimiento tuvo acceso? Y, fundamentalmente, ¿La formación intelectual obtenida por Gonzalo de Berceo lo transformó en un caso límite y singular o en un individuo representativo de un grupo?

Gonzalo de Berceo: un hombre culto

     No sabemos el año exacto en que nació Gonzalo de Berceo. Sin embargo, partiendo de las fechas presentes en los documentos notariales, Brian Dutton concluyó que éste habría nacido en 1195 o un poco antes (1978, p. 266).
En cuanto al lugar de su nacimiento, ocurrió en un pueblo denominado Berceo, antigua ciudadela fundada por los romanos, situada en el lado oriental de la Serra de la Demanda, en La Rioja.
      No poseemos ninguna  noticia sobre a su familia. Solo podemos afirmar que tenía un hermano, también clérigo, ya que ambos figuran como testigos, como "clerigos de Berceo", en el documento notarial de 25 de julio de 1242, elaborado en el monasterio de San Millán de la Cogolla, y que trata de la compra de propiedades en Madriz (CDRM, IV, N. 142; DLE, N. 94).
Gonzalo de Berceo informa que fue criado en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, desde niño: " ... en Sant Millán de Suso, fue de niñez crïado " (VSM 489b grifo mío) y "... de Sant Millán criado, en la merced seo..." (VSD 757b). Según Cláudio Garcia Turza (1992, p. 652), el término criado utilizado en estos versos posee el mismo sentido que criados presente en Mil 354 y significa discípulos, pupilos, alumnos. Ya Martin Alonso (1986, p.812) define criado de forma más amplia: persona creada por alguien o discípulo educado en casa de su maestro. Combinando las definiciones propuestas por éstos dos autores, podemos concluir que nuestro poeta no solo recibió educación, como también residió en el monasterio emilianense.
     A pesar de haber sido educado en un cenobio, Gonzalo de Berceo no se hizo monje, sino que siguió la carrera eclesiástica como clérigo secular: en la documentación notarial emilianense, figura como diácono en 1221 (JPJ, N. 5 y 6) y preste en 1237 (JPJ, N. 9 10). Actuó, al lado de otros clérigos, incluso su hermano, junto a la feligresía del pueblo de Berceo. Como tal, recibía beneficios y se encontraba subordinado a un párroco, ejerciendo todas las actividades comunes a los clérigos: predicar, catequizar, cantar la misa, celebrar la eucaristía, etc.
     Aunque haya optado por la vida religiosa secular, Gonzalo de Berceo continuó manteniendo vínculos con el Monasterio de San Millán de la Cogolla, como testifican los documentos notariales elaborados en este cenobio en los que figura como testigo. ¿Sin embargo, cuál era la naturaleza de esas relaciones?
Basado en las noticias presentes en el manuscrito de Paris del Libro de Alexandre, Brian Dutton defendió la hipótesis de que Berceo fuera notario del abad de San Millán de la Cogolla, Juan Sanchez. Para reforzar su teoría, apunta que las obras berceanas revelan familiaridad con el lenguaje judicial y con las formalidades legales, además que demuestren antipatía para con los merinos. Para el historiador inglés, el hecho de  haber sido notario Gonzalo de Berceo explicaría su ligazón con la vida monástica, a pesar de clérigo secular, bien como el acceso a los documentos y a la biblioteca del cenobio emilianense (1968, p. 285).
     Sin embargo, ni todos los estudiosos de la obra berceana concuerdan con esta hipótesis. Isabel Úria (1981, p. 11), por ejemplo, la rechaza totalmente, basándose en el hecho de que la única prueba documental apuntada por Brian Dutton, la estrofa del Libro de Alexandre, es proveniente de un manuscrito tardío. En este sentido, otras respuestas fueron presentadas para identificar las relaciones entre Gonzalo de Berceo y el cenobio emilianense.
     Francisco Rico (1985, p. 145), proponiendo una interpretación distinta para el último verso del manuscrito de Paris, destaca que Berceo habría estado a servicio o habría sido nombrado por Juan Sanchez, entre 1209 a la 1253, para tratar, únicamente, de cuestiones fuera del monasterio, no habiendo ejercido, necesariamente, la función de notario.
     Cátedra también presenta una hipótesis (1992, p. 940), basado en tres datos: en un canon del concilio de Valladolid, que ordenaba que en todas las iglesias conventuales fuesen establecidos letrados para predicar y oír confesiones; en el hecho de que Gonzalo de Berceo figurara como testigo en una transacción comercial hecha por el obispo calagurritano, entre 1220 a la 1237, Juan Pérez; y, por fin, en el título de Maestro de Confessión con lo cual nuestro poeta es presentado en un documento notarial (JPJ, N. 13; CDMR, IV, N. 272).
     En el siglo XIII, la diócesis de Calahorra era una de las mayores y más importantes de la Península Ibérica, ya que absorbía los centros episcopales de Alava y Nájera. En los primeros años este siglo, esta diócesis estuvo marcada por problemas: durante cuatro años el obispado calagurritano se relajó en virtud de un cisma que resultó de la elección, por parte del cabildo, de dos obispos, que, despues de muchas discusiones, fueron considerados inválidos por el Papa. El nuevo obispo de Calahorra, Juan Pérez, fue escogido por el arzobispo de Toledo a petición del papa. Este prelado, a pesar de figurar como elegido en la documentación desde 1220 (CDRM, III, N. 480; CDRM, IV, N. 55), solo llegó a ser consagrado en 1227 (CDRM, III, N. 494, 495).
     Así, con la ausencia de un obispo consagrado en la diócesis, fueron constantes las intromisiones de los legos en cuestiones eclesiásticas; el obispado perdió o tuvo la suspensión de diversos derechos y privilegios; ocurrieron muchas irregularidades canónicas; el obispo no fue reconocido oficialmente por los reyes de Castilla y Navarra y brotó una sedición popular contra el señorío jurisdiccional del obispo.
     Ante tantos problemas, el obispo Juan Pérez buscó apoyo en el papado, a fin de reorganizar el diócesis: Participó en  el Concilio de Valladolid, realizado en 1228 bajo la dirección de Juan de Abeville, legado papal, con el objetivo de introducir las resoluciones del IV Concilio de Letrán en la Iglesia Ibérica y buscó divulgar y aplicar tales resoluciones en su diócesis.
En este sentido, Cátedra defiende que Juan Pérez, un obispo comprometido con el papado y la reforma eclesiástica, podría haber ordenado al sacerdocio a Gonzalo de Berceo y haberlo instituido, como proponem los cánones de Valladolid, para predicar y oír confesiones en el monasterio de San Millán de la Cogolla.
     Apuntamos, aún, otras dos hipótesis. Durante la Edad Media, en los cenobios y en las parroquias existían escuelas que estaban facultadas para la instrucción de clérigos y legos. Como en algunos casos los clérigos seculares acumulaban funciones y beneficios eclesiásticos con otras actividades, a fin de aumentar sus rentas, y como Gonzalo se presenta como maestro, defendemos que éste actuó no solo como sacerdote en la feligresía de Berceo, sino también como maestro en la escuela del Monasterio de San Millán de la Cogolla.
     Y, por fin, añadimos una última posibilidad, que, además, no excluye las formulaciones anteriores. Gonzalo de Berceo, como ya fijamos, además de  clérigo secular fue poeta. Según Brian Dutton (1984, p.179-180), aparte de las obras doctrinales, todos los demás poemas berceanos presentan temáticas en estrecha relación con el cenobio emilianese: Millán, según la tradición, fuera el fundador del cenobio emilianense en el siglo VI; Oria fue emparedada de este mismo monasterio en el siglo XI; Domingo, el reformador del Monasterio de Silos, fuera monje y prior del cenobio de la Cogolla en el siglo XI; Lorenzo, martirizado durante la persecución a los cristianos bajo Decio, a mediado del siglo III, habría sido honorado por Millán, que dio su nombre a una montaña donde vivió como eremita; en cuanto a las obras marianas, estarían relacionadas a la Iglesia de San Millán de Yuso, dedicada a la Virgen.
     El cenobio de San Millán de la Cogolla empezó a presentar señales de crisis en el fin del siglo XII, una vez que,  entre otros factores, las donaciones decrecieron y fueron constantes los litigios contra el episcopado calagurritano. Como ocurriera con otros monasterios riojanos, dejó de tener el monopolio como centro intelectual, local de peregrinación, en la organización de la producción y en la práctica de la asistencia. Así, además de una crisis económica, el cenobio emilianse sufría una crisis de identidad en la primera mitad del siglo XIII.
     Con base en esos datos, inferimos que Gonzalo de Berceo podría haber sido contratado por la comunidad cenobítica emilianense para componer poemas que estimulasen las peregrinaciones y las donaciones al monasterio, bien como recordarían los años de gloria de esta institución. El clérigo-poeta, por tanto, habría actuado como una especie de propagador de esta casa monástica.
Sea como notario, confesor, maestro o hasta poeta contratado para loar el cenobio por intermedio de sus versos, indubitablemente, Gonzalo de Berceo actuó junto al cenobio emilianense. Qué nos interesa realzar, sin embargo, es que para ejercer cualquiera de esas actividades era requerida una formación intelectual que sobrepasase el nivel elemental.
     Aún  dedicándose a la vida religiosa, Gonzalo de Berceo se fue conocido no por sus tareas como sacerdote o por sus actividades junto al monasterio emilianense, sino por haber sido el primer autor conocido en escribir en castellano. Compuso: Vida de San Millán de la Cogolla, Vida de Santo Domingo de Silos, Vida de Santa Oria, Martirio de San Lorenzo, Milagros de Nuestra Señora, Loores de Nuestra Señora, El Duelo que hizo la Virgen, El Sacrificio de la Misa, Los Signos Del Juicio Final y tres himnos - dedicados a Jesus, al Espírito Santo y a la Virgen.
     Estas obras están redactadas en castellano, tomando por base fuentes escritas, especialmente latinas. Están organizadas en estrofas de cuatro versos de catorce sílabas, divididos en hemistiquios simétricos, con acento rítmico en la sexta sílaba y rima consonante, conocidas como cuaderna via o tetrásforo alejandrino. En estos poemas fueron utilizadas las técnicas literarias recomendadas por los retóricos medievales, tales como la tipologia, la metáfora, a símil y la anáfora. Estos textos también desvelan que el autor poseía conocimientos musicales, bíblicos, doctrinarios, jurídicos y hagiográficos.
¿Sin embargo, dónde logró Gonzalo de Berceo los conocimientos qué permitieron la elaboración y están presentes en sus poemas? A continuación, vamos reconstruir las principales etapas de la formación intelectual de nuestro personaje.

Gonzalo de Berceo y la educación monástica

     Como ya fijamos en el apartado anterior, Gonzalo de Berceo fue criado en el Monasterio de San Millán de la Cogolla. No conocemos las circunstancias que lo llevaron a ser educado allí desde niño: ¿fue  acogido por los monjes emilianenses por haberse quedado huérfano? Fue un oblato, esto es, ¿un niño dedicado al monasterio? Provenía de una familia rica y, por tanto, ¿pudo dedicarse a los estudios? Aunque nos faltan datos para conclusiones más concretas, independiente de los eventos que motivaron la educación de Gonzalo de Berceo en el cenobio de la Cogolla, sabemos, con certeza, que fue allí donde inició su formación intelectual.
     San Millán de la Cogolla, por su riqueza y localización estratégica, fue un "... punto de encuentro de gentes, textos y costumbres de las distintas regiones " (Díaz y Díaz, 1991, p.155). Allí se establecieron monjes provenientes de León, Castilla, Pireneus, Gália y de las regiones bajo control musulmán. También era un centro de peregrinación, ya que abrigaba el túmulo del patrono de Castilla, y prestaba asistencia a los viajantes y necesitados en general. Así, este cenobio fue un espacio privilegiado en la recepción y transmisión de ideas. Como muchos otros monasterios de la Europa Occidental, poseía una escuela, un scriptorium - donde eran copiados y producidos manuscritos - y una biblioteca.
     La escuela atendía tanto a los monjes como a los niños que eran candidatos a la vida monástica en la schola interior claustri, bien como a los legos, en la schola exterior. En ellas estudiaban las llamadas siete artes liberales: el trivium, que comprendía la gramática, la retórica y la dialéctica, y el quadrivium, integrado por la aritmética, geometría, astronomía y música. También estudiaban la Biblia, los textos patrísticos, las hagiografías, además de  los textos de gramática y  retórica de la antigüedad. Lo objetivo era desarrollar el raciocinio y el arte de hablar, aprender a leer y escribir en latín, a contar, a calcular fechas, además de los rudimentos de la geometría y de la música, dando especial importancia a la métrica.
     El método de enseñanza se basaba en la lectura, discusión y memorización. Los alumnos realizaban anotaciones en forma de glosas, loci communes y reportationes. Las clases eran divididas en tres etapas:   lectio, cuando el maestro realizaba la lectura de un texto bíblico, patrístico o clásico y les comentaba;  quaestiones, en que eran hechas preguntas al maestro y  disputatio, cuando maestros y alumnos debatían diversa cuestiones. Se seguían ejercicios de memorización y escritos - pensa.
     En la biblioteca eran encontrados los libros que servían de base para los estudios escolares y la elevación intelectual y espiritual de los monjes. Partiendo de las obras que nos fueron preservadas, es posible reconstruir el acervo de la biblioteca emilianense, que puede ser clasificado en cinco grupos básicos: obras bíblicas, incluyendo ahí no solo Biblias, sino también comentarios de textos bíblicos; liturgias; textos de carácter histórico; obras de carácter jurídico y, por fin, textos de disciplina y espiritualidad monásticas. En el siglo XIII, momento en el que Gonzalo de Berceo fue educado en el cenobio emilianense, este acervo, como el de las demás bibliotecas monásticas hispánicas, mantenía un marcado conservadurismo, demostrando una gran fidelidad para con la tradición visigótica y la escasa penetración de obras relacionadas al derecho canónico o a la filosofía aristotélica.
     Muchos de los libros encontrados en la biblioteca del Monasterio de la Cogolla eran copiados en el scriptorium de este cenobio. Allí eran preparadas los pergaminos y se realizaban copias e ilustraciones. En los grandes cenobios, como lo de San Millán de la Cogolla, los manuscritos eran producidos por equipos de personal especializado. En su mayoría, los copistas e iluminadores eran los monjes. Las copias eran hechas con un  cierto margen de autonomía: muchos copistas incluían o no las anotaciones de su modelo, redactaban colofóns al final, incluían glosas para auxiliar el lector, alteraban el orden de los textos copiados o introducían elementos nuevos en vista de los manuscritos-modelo.
     Es bien verdad que en el inicio del siglo XIII el Monasterio de San Millán de la Cogolla ya no poseía el esplendor y el carácter protagonista de los siglos anteriores, sin embargo, Gonzalo de Berceo, al mantener contactos con la vida monástica riojana, fue receptor de una larga tradición cultural, síntesis de diversos influjos. En el cenobio emilianense fue educado, habiendo sido, por tanto, instruido en las artes liberales; pudo tener acceso a muchos libros que, directa o indirectamente, influenciaron su visión de mundo, y conoció las tradiciones y la memoria del período de gloria de este gran  cenobio.
     Entretanto, para escribir sus poemas, nuestro autor empleó mayores conocimientos de lo que su formación monástica lo dotara. Como entre 1222 a 1237 Gonzalo de Berceo no figura como testigo en ningún documento emilianense, podemos inferir que estuvo ausente de su parroquia, probablemente completando su formación intelectual, adquiriendo nuevos conocimientos técnicos. ¿Pero dónde habría estado?

Gonzalo de Berceo y la universidad de Palencia

     Las obras de Gonzalo de Berceo presentan grandes semejanzas formales con un conjunto de textos literarios castellanos contemporáneos, conocidos como obras de Mester de Clerecia, especialmente con las de la primera fase: Libro de Alexandre; Libro de Apolonio y el Poema de Fernan González.
     Esta unidad formal de los poemas demuestra, según Isabel Uría (1981, p. 179-188), que éstos fueron fruto de la aplicación de una técnica que no fue desarrollada por un único poeta, sino por diversos poetas separados. Luego, la semejanza entre las obras no sería una mera coincidencia. Por otro lado, la técnica usada en estos poemas no podría ser transmitida únicamente a través de los textos, ya que éstos no revelan, por sí mismos, todos los principios y reglas utilizados en su composición. En este sentido, concluye que sus redactores aprendieron esta técnica en un mismo local, durante la primera mitad del siglo XIII.
     Aún según Isabel Úria, sería improbable que esta técnica poética se hubiera desarrollado en diversa escuelas catedralicias y monásticas del Norte de la Península Ibérica y que, en todos estos centros, esta técnica sufriese las mismas transformaciones. La autora concluye: "...nuestros poemas no solo constituyen una unidad técnica, sino  que suponen, además, una unidad de escuela en el sentido riguroso de la palabra." (1981b, p. 188). Pero, que centro o escuela sería éste ?
     Isabel Úria (1981b, p. 188), Menéndez Peláez (1984, p. 35), Aguadé Nieto (1994, p.164) y Francisco Rico (1985, p.8-19) proponen que esta "... escuela poética pudo muy bien desarrollarse en la entonces recién fundada Universidad palentina" (Úria, 1981b, p. 188).
De acuerdo con estudios recientes de Adeline Rucquoi, el studium de Palencia, probablemente derivado de la escuela episcopal allí existente, ya se encontraba en pleno vigor desde fines del siglo XII. En este centro escolar desarrollaronse estudios de Derecho y de las siete Artes Liberales. Después de un período de crisis, que se siguió a la muerte de Afonso VIII, la universidad palentina fue refundada por el obispo Don Tello Téllez de Meneses, en el inicio del siglo XIII. Esta nueva fundación se inspiró en el modelo parisiense.
     Según apuntan los documentos, en el studium generalia de Palencia existían cuatro cátedras: Teología, Derecho Canónico, Lógica y Artes (gramática). Dentro de estas, los estudios de gramática, con gran influencia francesa y catalana, ganaron mayor importancia e implicaban el estudio del trivium, del latín y, sobretodo, de la prosodia. nos revelan los libros utilizados en esta universidad que fueron conservados: un formulario notarial, con documentos de los años de 1220 a 1226, que presentan el Alexandreis, de Gautier de Chatillon - modelo y fuente para el Libro de Alexandre -, como un de los libros estudiados en la universidad; el Verbiginale, tratado de morfología verbal y prosodia, escrito en dos mil versos entre de 1215 a 1220, por Pedro de Blois, maestro de Chartres y dedicado a D. Tello; el Serviolus o Opusculum Servioli, otro manual de prosodia, en versos; el Ars Dictandi palentino, que reunía un conjunto de 39 modelos de cartas, cuyo contenido refleja fielmente la teoría de los dictadores de Órleans; y un sumario de prosodia.
Estos estudios de gramática visaban, tal como en Italia, "La rhétorique plutôt que la dialectique" (Rucquoi, 1998a, p. 745). Su objetivo era bien pragmático y estaba relacionado al desarrollo del Derecho. Más que servir como instrumento para la buscqueda de la "verdad", la gramática debía estar a servicio de la moral y del bien común.
     Se debe también subrayar que la gramática latina figura como principal disciplina en los cánones de los III y IV Concilio de Letrán. Soto Rábanos, en el artículo ya mencionado, afirma que este énfasis en el estudio del latín también fue resaltado por el legado papal Juan de Abeville en el Concilio de Valladolid. Aprender a hablar en latín sería una exigencia mínima impuesta por el legado, que era consciente de las dificultades del clero hispano (1996, p. 265). Tal atención dedicada al estudio del latín y de la gramática servía, sobretodo, para formar a los clérigos en el conocimiento de las escrituras y, fundamentalmente, en la transmisión de las verdades de la fe a los fieles.
     La Universidad de Palencia fue, por tanto, un importante centro intelectual, que, desde el inicio del siglo XIII, floreció en el Norte de la Península Ibérica, bajo influencia francesa y con dimensión europea, cuyos protagonistas - con una preparación intelectual distinta de la recibida en los centros monásticos y de la cual eran conscientes y se enorgullecían - utilizaron una nueva forma de versificación como un manifiesto de un innovador tipo de saber, el universitario.
      Según Úria, en esta escuela fue escrito el Libro de Alexandre, la primera obra en castellano utilizando el nuevo mester, entre 1220-1230 (1981b, p. 14-16). Este poema sería fruto de un trabajo de equipo, teniendo adelante un director que habría planificado la obra, organizado el trabajo y dirigido su confección. La técnica utilizada para la elaboración de textos en lengua vernácula, completamente innovadora en la Península Ibérica, tenía como punto de partida una fuente básica a la cual eran incorporadas diversa otras fuentes, creando así una obra de estructura compleja, pero con gran unidad.
     No fueron preservados muchos documentos que permitan reconstruir, de forma más completa, la historia de esta universidad. De cualquier modo, sabemos que sus momentos de esplendor fueron los períodos de 1215 a 1217 y, posteriormente, 1220 a 1225. A mediados del siglo XIII, sobretodo por falta de recursos materiales para su mantenimiento, esta universidad se extinguió a pesar del apoyo papal. Según los cánones del concilio de Valladolid todos los clérigos debían aprender el latín, incluidos los más viejos. A tal efecto se instituyen ayudas o becas por un período mínimo de tres años. Los clérigos solo podrían ser consagrados a los órdenes mayores o recibir beneficios eclesiásticos después de aprender esta lengua. Como la ciudad de Palencia estaba situada en el centro del Reino de Castilla y enfatizaba los estudios de gramática, es posible que muchos clérigos decidieran realizar, allí, sus estudios.
¿Gonzalo de Berceo habría estudiado en esta universidad? Como ya afirmamos arriba, la técnica que permitió la elaboración de los poemas de la primera fase del Mester de Clerecia, incluyendo los textos berceanos, no surgió en un medio monástico, sino en el universitario y urbano y estaba íntimamente ligado al nuevo modelo de clérigo culto.
     Estos nuevos intelectuales tenían como objetivo lograr y difundir el saber, al mismo tiempo que ansiaban  la fama y  el dinero. Diferentes de los monjes, estos clérigos letrados no se apartaban del siglo: estudiaban, enseñaban y trabajaban en el mundo. También poseían una relación diversa con los libros, no solo se preocupaban de preservarlos, sino que los traducían, comentaban, discutían. Anhelaban no solo aprender, sino también compartir lo que aprendían. En virtud de sus conocimientos, sea en derecho, teología, filosofía o gramática, encontraban ocupación junto a las cancillerías señoriales, reales, monásticas y episcopales y, a través de estas funciones, ascendían socialmente.
     Francisco Rico apunta la dualidad que marcaba estos nuevos clérigos letrados. Al mismo tiempo que se empeñaban en ser comprendidos, ostentaban y se enorgullecían de su saber. Los religiosos que no compartían  sus conocimientos eran vistos, muchas veces, con desaire. Un de los milagros narrados por Gonzalo de Berceo, en la obra Mil, es ilustrativo de este fenómeno. Tratase del milagro nueve, que presenta un clérigo ignorante: "Era un simple clérigo pobre de clerecía, / dicié cutiano misa de La Sancta María, non sabié decir otra, diciéla cada día, / más la sabié por uso que por sabiduría / Fo est missacantano al bispo acusado/ que era idïota, mal clérigo provado...(Mil 220, 221ab).
     Estos versos berceanos revelan y sintetizan las críticas dirigidas a los clérigos no letrados: eran pobres de conocimientos; cantaban las misas de memoria, muchas veces sin tener conciencia de lo que decían; en algunos casos, solo sabían una única misa, que repetían infinitamente; por su poca instrucción eran considerados mal clérigos y, por eso, deberían ser increpados por los obispos. Gonzalo de Berceo, por tanto, no solo dominaba las técnicas de la cuaderna vía, sino que compartía  el "espíritu" de este grupo de clérigos universitarios.
     Para Brian Dutton (1964, p. 12), Isabel Úria (1981a, p. 12) y Menéndez Peláez (1984, p. 36), Gonzalo de Berceo estudió en Palencia debido a las evidencias presentes en las obras berceanas: el uso de la cuaderna vía; sus conocimientos jurídicos; las referencias irónicas a D. Tello, comol si éste fuese un íntimo conocido suyo (Mil 325); bien como a los datos que presenta sobre la ciudad de Palencia (VSD 462ab).
     Yndurain niega la educación palentina de Berceo, basado en el hecho de que éste no hace propaganda de su formación universitaria, destacando solamente la educación lograda en el cenobio de San Millán de la Cogolla (1976, p. 5). Es importante resaltar que el poeta solo nos informa sobre su educación en el monasterio emilianense en dos de sus obras - VSM y VSD - en que presenta la biografía de individuos relacionados derechamente a este cenobio. Gonzalo de Berceo no podría haber destacado esta información personal solamente porque anhelaba engrandecer los monasterios con sus obras o, aún, ¿para demostrar su identificación con los Santos biografiados? No creemos que la ausencia de referencias sobre sus estudios en Palencia sea un argumento consistente para negar la formación universitaria palentina de nuestro poeta.
     Francisco Rico presenta una posición intermediaria. Como no hay pruebas directas de que Gonzalo de Berceo estudió en Palencia, cree que el poeta podría haber tenido acceso a las técnicas del Mester de Clerecia por medio de libros o de estudiantes y maestros que pasaron por esta universidad. Concluye, sin embargo, que este autor riojano poseía la cultura de los scolares clereci (¿1985, P. 143). Si Gonzalo no estudió en la universidad palentina, dónde entró en contacto con la nueva maestria?

Gonzalo de Berceo y la Escuela Catedralicia de Calahorra

     Además de las escuelas monásticas, parroquiales y de los Estudios Generales, en el Reino de Castilla también existían escuelas en las catedrales. Así como las nacientes universidades, estas escuelas eran urbanas y presentaban innovaciones delante de los estudios ofrecidos en los cenobios, dedicados, fundamentalmente, al cultivo de la espiritualidad ascética. Si Gonzalo de Berceo no estudió en Palencia, podría haber tenido acceso a los nuevos saberes en una escuela catedralicia.
     En las escuelas catedralicia, tal como en las nacientes universidades, el énfasis recaía en los estudios de derecho canónico, gramática, teología y filosofía. Esta renovación de los contenidos estaba relacionada con cuestiones más bien prácticas: la consolidación del poder episcopal y la obtención de beneficios eclesiásticos y de rentas. Por tanto, era necesario que las diocésis dispusieran de clérigos que  lucharan y garantizan , jurídicamente, los derechos de las diócesis frente a sus opositores, en especial, el clero regular y los legos.
Así como ocurría en otras diócesis hispanas, en el obispado calagurritano existía una escuela catedralicia, un scriptorium y una biblioteca, que fueron fundados durante el siglo XII. Eran dirigidos por el magister, miembro del cabildo, y estaba sometida al obispo, atendiendo a los clérigos y a los estudiantes pobres. No poseamos informaciones directas sobre esta escuela, pero, gracias a las actas de los sínodos calagurritanos del siglo XIII, sabemos que la educación fue una preocupación constante de sus obispos, atentos a la formación intelectual de los clérigos, a la pastoral y catequesis de los fieles. El propio crecimiento de la Escuela de Calahorra, comparada a las de Bolonia y Paris, (Bujanda, 1946, p.124), señala, al menos, un crecimiento numérico de los alumnos.
Como sacerdote de este diócesis, Gonzalo de Berceo fue, ciertamente, motivado a completar sus estudios monásticos. Sin duda, como las obras berceanas comprueban, el clérigo-poeta adquirió nuevos conocimientos, cultivados en las escuelas urbanas. No poseemos, sin embargo, documentos directos que indiquen donde nuestro personaje estudió. Como ya fijamos, ni todos los autores concuerdan con su formación universitaria palentina. Así, preguntamos: ¿dónde, además del Estudio General de Palencia, Berceo podría haber complementado sus estudios?
     Como informamos, Gonzalo de Berceo no figura en la documentación emilianense durante casi 15 años, de 1223 a 1238. En este período, sabemos que estuvo en Bañares, al lado del obispo calagurritano Juan Pérez, en 1228. Durante este tiempo, el poeta podría haber estado viajando, llegando quiza hasta Roma, como sugirió Cátedra (1992, p. 939), o estudiando en Palencia, Calahorra e incluso en Paris. Como no poseemos la documentación, no podemos aventurarnos en conjecturas... A continuación, presentamos tres hipótesis.
En primer lugar, si aceptamos la posibilidad propuesta por Rico, de que Berceo habría conocido el arte de la clerecia indirectamente, podemos suponer que éste habría estudiado en la propia escuela catedralicia de Calahorra. En este sentido, habría conocido la técnica de la cuaderna vía por medio de un alumno o maestro proveniente de Palencia. Al final, Berceo se encontraba junto a Juan Pérez, obispo calagurritano, en 1228. Además, el dominio de las técnicas del Mester de Clerecia, las aplicó con un estilo propio: sus obras son las únicas que presentan informes personales del autor e incorporan nuevos trazos formales, tales como la forma de enlace de la estrofa, el uso de diminutivos, las intromisiones constantes del autor y narrador y en cuanto al vocabulario.
     Podemos suponer, por tanto, que Gonzalo de Berceo entró en contacto con la cuaderna vía sin haber estado en la universidad palentina. Aprendió la nueva maestria y la aplicó, incorporando nuevos elementos.
Proponemos una segunda hipótesis: Berceo podría haber estudiado en Calahorra, pero tras haber estado durante algún tiempo en Palencia, quiza por invitación del propio D. Tello, que, como defendió Solalinde (1922, p. 399), habría conocido en Silos, quizá por orden de Juan Pérez.
     Aún apuntamos una tercera y última posibilidad: como el propio Brian Dutton afirma, la primera obra berceana, VSM, fue escrita cerca de 1230 (1976, p. 67-76). Para escribirla, Gonzalo de Berceo debía haber tenido a  mano diversos manuscritos emilianenses que le sirvieron de fuente. Luego, el poeta ya debía estar manteniendo estrechas relaciones con este monasterio, al menos, desde los años finales de 1220.
     Posiblemente agraciado con una bolsa de estudios, Gonzalo de Berceo podría haber permanecido por algún tiempo en la Universidad de Palencia, sin haber llegado a alcanzar el grado de Doctor. De 1223 a 1230 se suman ocho años, el suficiente para cursar la facultad de artes. De esta forma, es probable que participara en la composición del Libro de Alexandre, que, como ya fijamos, según Isabel Úria, fue fruto de un trabajo de equipo hecho en esta década.
     Posteriormente, nuestro poeta habría alcanzado una licentia docendi para actuar en su obispado. Por determinación del III y IV Concilio de Letrán,era permitido al magister scholae conferir licentia docendi, todavía restringida a la diócesis a que el nuevo maestro pertenecía. Este nuevo magister pasaba a actuar en las iglesias parroquiales y conventuales. Luego, el título de Maestro que Gonzalo de Berceo ostentaba no sería, necesariamente, un título adquirido en una universidad o Estudio General.
     No podemos presentar conclusiones cerradas. Podemos afirmar, sin embargo, que Berceo conocía, dominaba y cultivó a nueva maestria durante varios años. Además, era versado en derecho, gramática y retórica. Todo éste saber lo vincula al mundo urbano y a la educación universitaria o catedralicia.

Bibliografia

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LA TRAYECTORIA INTELECTUAL DE GONZALO DE BERCEO   
Andréia Cristina Lopes Frazão da Silva

(Doctora en Historia Social especializada en Historia Medieval. Adjunta del Departamento de Historia de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Una de las coordinadoras del Programa de Estudios Medievales (IFCS-UFRJ). Investigadora del Conselho Nacional de Pesquisa Científica (CNPq).

Agradecemos a la Profesora Andréia Cristina Lopes Frazão da Silva la desinteresada y entusiasta colaboración en nuestra página. La traducción del presente artículo es obra también de la autora , y la realizó para nuestra "summa berceana". 

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